-
Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.
El pandero de chapas
Llegando el mes de septiembre, mes de la Virgen del Pino, patrona de Gran Canaria, empezábamos a hacer los panderos para llevar a la romería (caminata, se decía o, "ir caminando a Teror")
Así que nos poníamos a "rejuntar" chapas, a buscar una tabla, unas tachas que enderezábamos ya que eran usadas y a hacer el pandero.
He hecho uno, tomando fotos de los pasos para que vean como se hace.
Sé de la escasa importancia que tiene esto que les muestro. Es fruto de otro tiempo de privaciones sin cuento.
Ahora bien, si sirve para que ustedes recuerden o se les ocurre hacer uno, me quedaré totalmente satisfecho.
Estamos en época de avances tecnológicos y no creo que a ningún niño de hoy le apetezca retroceder tanto, casi casi hasta la época de los mamuts. ¡Van a la tienda y lo compran!
Brujas en el Camino de La Plata.
Hace algunos años, estaba echándome unas cervecitas con Dieguito y otro amigo más, a la puerta de la casa, allá arriba en El Sequero. Nos las tomábamos directamente del botellín, porque de todos es sabido que el vaso calienta la cerveza.
Hablaban despacito de aquellos tiempos en que habían brujas que, por cierto -y como todos sabemos- desaparecieron cuando llegó la luz eléctrica y se pusieron bombillas en la calle. En medio de la conversación salió esta historia que hoy recuerdo para ustedes. ¡Ah! El amigo que estaba era Pepe Armas pero no lo vamos a decir porque a él no le gusta que lo nombre. Sigo con la historia de Dieguito.
En esos tiempos -decía- la carretera llegaba por el Centro, solo hasta San Mateo. Quiero decir con esto que no había carretera hasta Tirajana, solo llegaba por el Este hasta la entrada de Santa Lucía, al lugar conocido ayer y hoy como la Plaza del Paradero. El amigo Dieguito, salía al alba con su burrita del país, de nombre Carmela, cargados que da gusto de fruta desde su Tunte hasta la Vega. Allí mercaba, hablaba con la gente de los otros puestos, se echaba su cafecito y almorzaba pronto pues no le gustaba que le cogiera la noche y aparecieran las brujas. Bueno. Ya son las cinco y media de la tarde y ya está mi hombre con su burrita cargada de vuelta pá Tunte. Pasa un ratito, ya es noche oscura y está llegando a la bajada del Camino de La Plata. Ya está llegando donde empieza el camino empedrado y a la derecha, está la represa de Juan Domingo, raída hasta arriba de agua porque hubo buen invierno. Las estrellas se reflejan claritas en el agua y Dieguito, al verlo, dice: -¡Me cago en la madre que me parió! ¡Si no lo veo, no lo creo! ¡En lo que fuí y vine se hizo ahí un pueblo! Esto son cosas de brujas!
- ¡Parta, burra, coño!¡Venga, Carmela, tire pá San Bartolomé! Mi agradecimiento a JJAD.
Dorita, señora singular
![]() |
| Misal romano antiguo |
Dorita, persona piadosa, inculta, poseedora de buen patrimonio y con disposición de bastante dinero en efectivo ¡la ricachona, vamos!, va a ir a misa.
En el tiempo de ocurrida esta historia, -in illo tempore, se decía en latín-, todas las mujeres llevaban al oficio religioso un librito llamado misal (1) Ver foto más arriba. Y un velo cubriendo su cabeza.
Dicho misal venía escrito en latín y las señoras acompañaban la misa leyendo para sí lo que allí estaba.
Dorita lo había prestado -muy a su pesar- a una vecina y aprovechó para pasar por la casa y recogerlo. Con él en la mano entró en la iglesia, se arrodilló y empezó a balbucear palabras en latín (o parecido). La señora que estaba a su lado se dió cuenta que tenía el libro al revés. O sea, lo de arriba "pa" bajo.
Y discretamente se acercó a su oído hacíéndole constar el error.
Ella para no quedar mal ante la parroquia y disimular su analfabetismo, muy diligentemente, exclamó:
¡Jesús, Jesús (y girando el libro, 180 grados, sentenció!:
¡Esto es lo que pasa por los "empréstamos"!
-------o0O0o-------
Y segunda historia de la virtuosa Dorita:
Un día fue a comprar unos yogures al carrillo que diariamente pasaba por la
puerta de su casa.
Hizo la compra, pagó, se despidió y, escuchen el comentario del pequeño comerciante al siguiente cliente:
¡Fuerte burra la Dorita esta, a los YOYURES, le dice BOYURES.
Y discretamente se acercó a su oído hacíéndole constar el error.
Ella para no quedar mal ante la parroquia y disimular su analfabetismo, muy diligentemente, exclamó:
¡Jesús, Jesús (y girando el libro, 180 grados, sentenció!:
¡Esto es lo que pasa por los "empréstamos"!
-------o0O0o-------
Y segunda historia de la virtuosa Dorita:
Un día fue a comprar unos yogures al carrillo que diariamente pasaba por la
puerta de su casa.
Hizo la compra, pagó, se despidió y, escuchen el comentario del pequeño comerciante al siguiente cliente:
¡Fuerte burra la Dorita esta, a los YOYURES, le dice BOYURES.
Fin de la historia.
Mi agradecimiento a GDM
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Las perdices y el trabuco
Juan García, es cazador desde niño. Su
especialidad son las perdices. Él les llama “las alperdices”.
Tiene sus perros perdigueros de los buenos,
de esos que levantan la pata delantera y la nariz cuando huelen a la
alperdiz, en un rictus de concentración.
Hoy es jueves, la veda está abierta y nuestro
hombre está buscando territorios nuevos por esas cumbres de Dios.
Caminando a la orilla de la carretera, se
cruza con un paisano al que le pide fuego para encender el cigarro. Y de paso,
preguntarle que si ha visto algún bando de perdices por allí.
- ¡Buenas tardes! ¿Tiene fuego, amigo?
- Sí, hombre, ¿qué ganas tengo de dejar “la
fuma”?
- ¡Gracias, caballero! Yo mismo me presento
¡Soy Juan García, de ahí abajo del Vecindario, en la costa! Gusto en conocerle.
Se dan la mano y Juan le espeta de nuevo
- ¿Y cuál es su gracia? (1)
- ¡Bienvenido Pérez, señor!
- ¡Mire, don Bienvenido, le quería preguntar
una cosita! ¿Ha visto por aquí algún bando de alperdices en estos días?
- ¡Pues mire que sí! Casualmente ayer, vi
uno. ¿Usted ve el barranco grande aquel allí abajo?
- ¿El de la casa de alto y bajo con la
palmera solitaria?
-Sí. Pues, en ese no. En el siguiente barranco, fue donde las vi.
- ¡Pues voy a acercarme, a ver si hay suerte!
Se despiden y mi hombre coge el trabuco, saca
la pólvora, le echa un poco por el caño, la aprieta bien con la baqueta. Saca
munición, la echa también dentro del caño. Coge un trapito y tapona bien para
que no se caiga. La escopeta está cargada.
Alguno de ustedes se las dará de enterao
y dirán que no puso el fulminante. Pero eso se pone por fuera, a la altura del
percutor del gatillo, “es como una
cabecita de fósforo”.
A las dos horitas, Juanito estaba en el sitio
señalado. Soltó sus perritos perdigueros y hasta sol puesto, estuvo dando
vueltas “parriba” y “pabajo” sin hallar rastro de “las
alperdices”.
Cayó la noche y mi hombre, cansado ni
descargó la escopeta. Se subió en la guagua de Global y, ¡pá Las Palmas!
Saltamos la historia y hoy es Domingo.
Juanito está en el mismo sitio en que empezamos este relato. Bienvenido viene otra vez por la orilla de la
carretera. Y empieza el diálogo.
- ¿Cómo anda hombre? ¿Otra vez vino a dejarnos
sin alperdices?
- ¡Qué dice, cristiano? ¡Ni las vi el otro
día!
- ¿Usted fue a donde le dije? ¿Al siguiente
barranco, al chico?
-¡Sí a ese mismo!
-¡Pues, aspéreme cinco minutos que voy a
hacer una diligencia, vengo pabajo y voy con usted!
En lo que esperaba por Bienvenido, Juanito se
puso a limpiar el trabuco y a prepararlo. Le quitó el trapo e hizo la operación
de carga completa: pólvora, baqueta, munición y puesta del tapón. Todo ello, sin
reparar en que ya estaba cargada de antemano.
Llega Bienvenido y ambos se ponen en marcha
hacia el lugar. Empezando a entrar en el barranquillo, suelta los perros y se
levanta un “bando” de alperdices.
Juanito atento, apunta y dispara.
Se arma tremenda explosión y queda él
(Juanito) todo envuelto en humo. Bienvenido pregunta:
-¿Cayó alguna, Juanito?
Y éste -con la boca ensangrentada y tapándosela
con la mano-, dijo esta frase que ha pasado a la posteridad en el mundo
cinegético:
-¡De arriba, todas! ¡De abajo, más de la
mitad! ¡Menos las del fondo, volaron
todas! ¡Y, ahora, cómo como?
Fin.
----------oO0Oo----------
Vocabulario
(1)
¿Cuál es su gracia? Significa en lenguaje antiguo:
¿Cómo se llama, usted? o ¿Cuál es nombre?
Cuentos de Tirajana.
Dos cuentos
de Tirajana. Uno de cazadores y otro de jubilados.
Primero.-
4
conejos están "echando una zanga" en la "Gollá" (Degollada) de Manzanilla. (Para los que no lo sepan, la zanga es un juego de baraja,
muy popular en ese Sur y Sureste de esta isla nuestra de Gran Canaria)
De
repente, se oye a alguien silbar (silbiar, también se dice)
¿Quien
viene áhi?
Reparen en el lugar que está situado el acento ortográfico o tilde
Reparen en el lugar que está situado el acento ortográfico o tilde
-Manolo
Zacarías
El jefe
los conejos, dice:
¡Sigan
jugando!
Lo que
quiere decir que no tiene puntería maldita y los conejos lo saben.
Al ratito, se oye ruido otra vez.
El jefe
los conejos, dice:
¿Quién
viene áhi?
-Salvador,
el de La Rueda (De La Ruéa, se dice)
¡Sigan
jugando!
Y continúan la partida tan tranquilamente
Por tercera vez, vuelve a oírse ruido
¿Quién
viene áhi?
-Pepe,
el Macho
Me cago
en la madre que lo parió ¡Recojan la baraja que nos vamos!
---------o0o---------
Segundo
Pareja de
personas mayores que están perdiendo la memoria y van al médico de cabecera.
Lo
único que les receta es que deben apuntarlo todo, para no olvidarse.
Ya con la respuesta del médico, se van
para la casa. El caballero se echa en el sillón y le dice a la parienta
¡Tráeme
un helado de la nevera y…lo apuntas!
Prosigue
¡Ah, y también le pones un poco de nata por
arriba y… lo apuntas!
Y, continúa
¡Ponle
también unas nuecitas salteadas (sartiás)
y… lo apuntas!
La
señora entra en la cocina y a los quince minutos sale con una tortilla de papas en las manos
¡Toma:
áhi tienes la tortilla!
A lo
que él contesta:
¿Y la tostada?
Mi
agradecimiento al amigo J.J.A.D.
El borracho del día de Reyes
![]() |
| El Policía local José Batista, en el año 1968, dirigiendo el tráfico en la esquina de Tomás Morales, con Bravo Murillo, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Foto de Krlos Lag. |
Casualmente hoy, día de Reyes, tengo otra y se produce de nuevo
la circunstancia de incluir una palabrota. Dado que
sin ella, -la palabrota- la historia queda coja y sin gracia, vamos
entonces a prepararles a ustedes
convenientemente para que no vayan a pensar que este es un blog descocado y de
personas mal habladas.
La palabra o el palabro polla, es vulgarmente sinónimo de aparato reproductor masculino.
Y, de uso común y diario –vulgar, es cierto-
entre la población, especialmente masculina.
En el caso de que estemos suficientemente
preparados, empecemos con el cuento, anécdota o historia de hoy. Para los que no le agrade el asunto, aquí
termina su participación. Buenas tardes. Para los demás valientes, vamos allá:
Era de uso común, en la ciudad de Las Palmas
de Gran Canaria que por Navidades en el
cruce de Bravo Murillo con Perojo, se pusiera una especie de peana de madera, en
la que estaba subido un guardia (hoy Policía Local) dirigiendo el tráfico.
Había
uno, muy famoso, el guardia Gregorio, que hacía su trabajo de forma muy
simpática y llamativa –semejando a
Cantinflas-, haciendo gestos de que tenía retortijones de estómago, se tocaba
el abdomen con una mano y con la otra daba el paso a los conductores que,
paraban y depositaban el aguinaldo, ya fueran cajas de ron, botellas de coñac, polvorones, turrones, etc, junto al redondel
de madera. Ver fotos.
![]() |
| Aguinaldo 1965/70 |
![]() |
| Aguinaldo 1965/70 |
Bien. Demos ahora un salto temporal y ya pasó
Navidad. Es día de Reyes. Gregorio sigue con sus gestos graciosos y en la
acera, un borracho, le grita a cada instante
-
Guardia ¿qué te echaron los Reyes?
El guardia seguía impertérrito con sus
gracias. Y el borrachito, cada dos minutos a vueltas con
-
Guardia ¿qué te echaron los Reyes?
Repitamos la historia, dos veces más, y de
repente, el guardia, cansado de la “paliza” y aprovechando un “jacío” (1), se vira para él y dice, también
gritando
-
¡Una polla!
El borracho, raudo y veloz, le contestó también chillando
- - Eso es que pusiste el culo, porque yo les puse una bota boyera y ¡me
pusieron un timple!
Rogando disculpen el uso de la palabrota,
aprovecho para desearles a todos ustedes
¡Feliz Año Nuevo!
……………………………oO0Oo…………………………………
Vocabulario
(1)
Jacío.- Para mí, es un momento de descanso. Un hueco
de tiempo sin actividad.
La Academia Canaria de la
Lengua, lo define así:
1. m. Calma
momentánea del mar, que se produce en las proximidades de la orilla tras un
continuado oleaje. Había que esperar a que hubiera un jacío para poder
meter el barco en la playa.
2. m. Escampada en
el llover. Cuando haya un jacío, vas a la tienda y compras el pan.
3. m. Fv, GC, Go y LP.
Cese momentáneo de una actividad laboral. En un jacío de las ventas, se
echaba un cigarrito.
Aplicaría la tercera
acepción: Cese momentáneo de una actividad
laboral.
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anécdota,
Las Palmas de Gran Canaria
El letrero de Lajares y Los Ratones.
EL LETRERO DE LAJARES
Entré en un establecimiento de Lajares
(Fuerteventura) en busca de una lata de pintura, para usar en un mirafondos que estoy
arreglando.
Me están atendiendo en el mostrador, cuando un
señor toca mi espalda y dice:
-¡Caballero! ¿Y dónde está el mostrador!
Me dí cuenta que estaba un poco bebido – beodo, para los finos- y le
contesté
-¡Este es el mostrador, señor!
-¡El mostrador del bar, digo yo!
-¡Es que esto no es un bar! Es una ferretería.
-¿Usted me va a tomar el pelo o qué? Venga conmigo pá aquí fuera. ¡Mire lo que dice el letrero!
El hombre me señaló el anuncio sobre la puerta que dice claramente: Bazar Ferretería Lajares (ver foto recortada).
Y al
verlo, lo deletreó varias veces exclamando
-¡Ñoós, fuerte chispa, cristiano! Usted perdone, mi hermano. Y yo que leí: ¡Bar Cafetería!
Me dió un fuerte abrazo de complicidad, en el que contribuyó con su correspondiente olor a alcohol.
Y, poniendo cara de: ¡Que esto no se sepa!, se metió en la tienda de al lado que, efectivamente, era una cafetería de nombre: Cafetería Canela.
Hasta luego, amigo. ¡Hay días en que los árboles impiden ver bien el bosque!
----------------------------------oO0Oo--------------------------------------
Para completar esta entrega que ha resultado hasta ahora algo breve, añadamos otra de ambiente rural.
LOS RATONES
Gonzalo es un hombre listo y sencillo, eso sí
con un toque socarrón que le hace simpático y agradable.
No se calla ante nadie y, si está en posesión de la verdad, para que tercie(1) habrá que matarlo.
No se calla ante nadie y, si está en posesión de la verdad, para que tercie(1) habrá que matarlo.
Falta describir el antagonista: Don Néstor, hombre adinerado al que “no hay quien le tosa”(2).
Cuando él habla, se cierra el diálogo: ¡Si lo dice don Néstor, cualquiera le planta cara! O sea, como si dijera: Amén o suculúm.
Y comienza la historia:
A Gonzalo le han roído los ratones un quesito
duro de Pajonales. El hombre cogió un cuchillo, lo limpió, raspándolo un poco,
dejándolo perfecto para el consumo.
Para
que se oriara(3), lo puso sobre un paño, en alto y
a la vista.
Del asunto de los ratones y de lo que pasa en el pueblo, está hablando con otros vecinos sentados, sobre el banco de piedra que está a la puerta de la casa.
En esto que pasó don Néstor por la calle, se detuvo y como burlándose, dijo:
-¿Este es el queso que te comieron los ratones, Gonzalo?
-¡No, don Néstor, este no fue! ¡Este es el que dejaron!
Con la respuesta y la risita sorda de los vecinos, el cabreo de don Néstor fue de época. Sin decir palabra, se perdió de vista.
Saludos.
--------------------------------oO0Oo---------------------------------
Vocabulario
(1) Tercie.- En este caso: Cambiar de opinión.
(2) No hay quien le tosa.- En este caso: No hay quien le lleve la contraria.
(3) Oriara.-
Oreara, de orear:
1.- Airear
una cosa para refrescarla, secarla, desenmohecerla o quitarle el olor.
2.- Ventilar
o airear un lugar.
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El café de cebada
Hubo un tiempo en que la gente no tenía para
comprar café, y usaba la cebada (oí decir que también le llaman achicoria(*1).
Pero, como verán en la aclaración, no se trata del mismo producto.
Recuerdo que se vendían unos paquetes
cilíndricos de papel, de más de una cuarta de largo (unos 30 cms.) y de unos
tres centímetros de diámetro que decían por fuera: Café tostado de cebada.
Y, es un suponer, si el café de ¼ kilo costaba
10 pesetas, en aquel entonces, el paquete de cebada de 100 gramos valía 1
peseta. Recuerdo más, si alguien quería ½
paquete, el tendero cogía un cuchillo finito de esos de cortar jamón y lo
cortaba por la mitad. Luego, cogía un papel vaso y tapaba
tanto la parte que se vendía como la que se quedaba en la tienda, para
que no se saliera. Esa era la cebada tostada y molida, sustitutivo del café.
Bueno, esto es el aspecto culinario (qué
fino), vamos ahora a hablar de una historia que me contaron sobre la cebada.
Igual que se llevaba (y lleva) el grano al molino, también la cebada tostada se
llevaba para hacer gofito de este cereal.
Como ocurrió en el caso presente:
Juanito
Pérez, agricultor, llega al molino con un saco de cebada tostada, requintado
hasta arriba, unos 80 kilos de nada. Como hay que ponerle un nombre a las
personas, vamos a ponerle Miguelito Santana, al molinero, hombre astuto, despacioso, socarrón y "listo" como un lince.
Pues nada, que al día siguiente, vuelve
Juanito a por el gofio de cebada, saluda a Miguelito que ya le había hecho la martingala (**):
-¡Ya estás aquí, Juan! ¡Acabo de terminar de
moler tu cebada!
Y, pone en sus manos el saco con unos 40
kilos de gofio.
Extrañado, le dice: ¡Mano, yo a usted le
traje 80 kilitos que tuve cargar la burra porque era mucho pa mí solo! Si la maquila es el
10%, ¿donde están mis setenta kilos?
Sin inmutarse, el molinero le dice:
¡Coño, Juan, tu sabes que la misma palabra lo
dice! Cebá, se vá,.......... eso se vá casi todo en las piedras del molino! Eres un desconfiado!
Fin de la historia.
________________________________________________________________________________
(*) achicoria.
(De chicoria).
2. f. Bebida que se hace por la infusión de la raíz tostada de esta planta
y se utiliza como sucedáneo del café.
No es, pues la cebada y muestro aquí lo que dice la red: “Achicoria como sustituto del café. Hace muchos, muchos años, cuando el consumo de
café no estaba tan extendido en nuestro país como lo está ahora, y sobretodo
porque muchas personas no podían permitirse el ‘lujo’ de adquirirlo en unos
momentos tan complicados y difíciles como lo fue durante la postguerra española, se utilizaba la achicoria como sustituto del café. Por este motivo fue también conocido
popularmente como café
de achicoria”.
Añado y aclaro que la achicoria, es la escarola y se utilizaba la raíz para hacer el café de los pobres.
Añado y aclaro que la achicoria, es la escarola y se utilizaba la raíz para hacer el café de los pobres.
(**) Martingala. (Del fr. martingale). 1. f.
Artificio o astucia para engañar a alguien, o para otro fin.
Una vez terminado de editar esta entrada, una amiga - Paqui Santana - me recuerda dos datos, que incorporo:
1.- Que su abuela decía cafécafú para referirse al café de cebada solo.
2.- Que la marca de los paquetes era: LA ALDEANA. Lo recuerdo ahora, perfectamente.
Muchas gracias, Paqui, por tu memoria y por permitir la publicación.
Una vez terminado de editar esta entrada, una amiga - Paqui Santana - me recuerda dos datos, que incorporo:
1.- Que su abuela decía cafécafú para referirse al café de cebada solo.
2.- Que la marca de los paquetes era: LA ALDEANA. Lo recuerdo ahora, perfectamente.
Muchas gracias, Paqui, por tu memoria y por permitir la publicación.
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socarronería
Los papagüevos
Ustedes
saben que en cada pueblo hay uno o varios “borrachitos”. Son personas que por
las vueltas que da la vida, tienen
problemas familiares, personales, de ausencias de familiares, etc. etc. que les
ayudan a entrar en esa espiral de me emborracho hoy para olvidar, mañana
también y terminan “arcolizados”.
Los hay
de los que llamamos “de mala leche”,
malcriados. Esos son a los que se les dice: Borracho cochino, no pierde tino.
Pues
bien, en la historia que sigue mi borrachito, Venancio, al que no le pondré su nombre
verdadero para no molestar nos hizo vivir esta preciosa, para mí, anécdota.
Día de
la patrona. Al amanecer, llega al pueblo la Banda de Agaete que va a tocar la
Diana por todo el pueblo.
No
hay más de 4 personas esperando. Ya están preparados los papagüevos, en una
camioneta. Son cuatro: el maestro, el diablo, la mujer y el marinero.
No
estando previsto por la Comisión de Fiestas y aprovechando la asusencia de
algún comisionado, a Venancio se le ocurrió llevarlos a un barrio cerca del
pueblo, donde viven no más de siete familias.
Los de
la Banda que no le conocían, pensaron que era el Presidente de las Fiestas y en
otro camioncillo tiraron para allí.
Ya
estamos en el barrio. Músicos colocados, esperando la orden de empezar. Tres personas (entre ellas Venancio), se meten dentro de los
papagüevos. No sé la razón pero nadie quiere coger el de
la mujer. Se inicia la música y empiezan
a bailar dando vueltas sin parar, frenéticamente, al ritmo de La Madelón.
Venancio
que lleva el papagüevo del Diablo se desestabiliza y después de varios
tropezones queda en el suelo metido dentro del muñeco.
Las
maderas de las patas, todas partidas. La música para en seco, la gente corre asustada a ayudar, pensando que
le ha pasado algo.
Venancio sale por las enaguas del Diablo
arrastrándose ¡oh, milagro! y dice con su hablar ronco y arrastrado de “chispa vieja”:
¡No ha pasado nada! ¡Solo el alma… que se separó del cuerpo!
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tunte
¡Ay, que ascua!
Nos
ponemos en situación, Pancho paseando por Las Palmas. Al lado, van caminando dos
mujeres, una mayor, pongamos 65 años, con su pañuelo negro a la cabeza. La otra
debe ser su hija, de alrededor de cuarenta. En este momento la está corrigiendo
-¡Ascua, no se dice madre, se dice: asco!
-¡Pues a
mí me suena más bonito, ascua!
-Pues
dígalo como usted quiera madre, pero no
esté hablando tan alto. ¡Se tiene que enterar todo el mundo de lo que estamos
hablando, cristiana!
-¡Yo le
debo ná a nadie! Porqué tengo que esconderme. ¡Fuera del agua, que bien se ená
(1)
Tanto
se fue “cabriando” la hija que chascó un murmullo que se entendió clarito:
¡Enaquíqueteamaaarro!,
que se traduce al castellano, por : ¡Ven
aquí que te amarro!
Solita
la señora mayor, dio la vuelta y se fue
para el coche. La hija que marchaba detrás, lo abrió.
La madre se sentó, le puso el cinturón de seguridad, le dió su tapita de
pan bizcochado y allí se quedó tranquilita, mirando el panorama; mientras la hija se iba a comprar a la calle
de Triana.
Si les
ocurre se ponen hablar de violencia verbal y esas cosas. ¡Esténse, tranquilas!
Aunque
ustedes crean que no, añoro estas cosas.
Una vida sin prisas, sin móviles que a la vez nos dejan sin comunicación. Sentarse
a comer toda la familia junta, comentando las cosas que pasan, etc., etc.
O cuando iba a mi pueblo a ver a los abuelos y
al pasar por la calle, una señora que no conocía cruzaba y no se cortaba, preguntando:
-¿Y de
quien “sos(2)” tu?
Y yo
que contestaba sin problemas:
-¡De
Mariquita, la de Antoñito Francisco, el de la Almatriche!
-¿Y tu
padre, Miguelito, cómo está? ¿Siguen viviendo en Las Palmas, verdad?
¡Bien,
gracias a Dios! ¡Sí, allí vivimos!
¡Pós(3),
le das recuerdos a los dos, de parte mía!
-¡Y quién
es usted?
-¡Lorencita,
tú se lo dices que ella sabe quién soy!
-¡Pues,
muchas gracias, señora!
Saludos.
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(1).- Se nada (del verbo nadar)
(2).- Sos.- Eres
(3) .- Pues.
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Fuerteventura,
palabras,
Tenoya
Los alisios
Desde siempre
a los canarios nos gusta la música mejicana, tanto que parece incorpada a la música
nuestra. La he oído cantar desde
pequeñito a mi familia, a nuestra gente mayor y en las parrandas todavía hoy es
raro que no se cante un corrido, una
ranchera, las mañanitas del Rey David o
“Ay,
Jalisco no te rajes….”
“Ya vamos
llegando a Pénjamo”, ya brillan allá sus
cúpulas……
“Me he
de comer esa tuna” en la que se dice: Guadalajara en un llano, Méjico en una
laguna…..
“La
feria de las flores”, la de: En mi
caballo retinto he venido de muy lejos, y llevo
pistola al cinto y con ella doy consejos. …..
Se lo
digo porque un servidor lo hace y recuerda vagamente un tiempo (el de su niñez) en que en el cine habían muchas películas mejicanas
y actores como Jorge Negrete , Pedro Infante (ambos cantantes ) y muchos más, eran muy
seguidos y solicitados.
En fin,
esta pequeña introducción, sirve para poner en escena la pequeña y breve
historia que a continuación empieza:
En estos
días estamos los canarios pasando algo de frío y, ya saben que no estamos acostumbrados. El
amigo Pepe, tapado hasta los ojos, pasa por la calle y saluda a Carmelo:
-¡Fuerte
tiempo hace, amigo!
La repuesta
a mí me hizo mucha gracia
-¡Mientras
no se vayan estos jaliscos, vamos a pasar más frío que el
diablo!
Lo ven
ustedes la influencia mejicana en nuestro hablar e imaginario popular.
Algunos finos le dicen:
alisios.
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