Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.
Mostrando entradas con la etiqueta tradiciones. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tradiciones. Mostrar todas las entradas

El macho del cabildo

La estampa de hoy se sitúa en la parte cumbrera de la Vega de San Mateo. En los tiempos a que me refiero, la gran mayoría -por no decir todos- los vecinos tenían, o mejor, criaban dos o tres cabritas para abastecerse de leche y algún quesito "cuando cuadraba".
Entre los moradores había uno que no tenía cabras y poseía solo tres machos cabríos. Se llamaba Ignacito. Nuestro hombre salía de su casa, de vez en cuando, y acompañado por uno o más de sus animales hacía un recorrido por el pueblo ofreciendo sus servicios, a la vez que dejaba los caminos impregnados del perfume característico de los machos. ¡Fuerte olor, cristiano!
Conocía al dedillo el itinerario. Paraba con su animal a la puerta de una casa y decía:
-¡Margarita ¡ ¿Necesita macho?
-¡No, Ignacito. De las dos que tengo, una cogió macho y la otra no queda. A mi me da que se va a quedar machorra!
Proseguía su recorrido pues conocía perfectamente las casas a visitar…
-¡Antoñita! ¿Quiere macho?
-¡Pase pacá, Ignacito! ¡A ver si esta vez damos en la diana porque esta jodida cabra hace tiempo que no menea el rabo!
Siguiendo con mi historia, el que fueran mujeres las que contestaban al llamado tiene su explicación. Las mujeres se encargaban de todo el trabajo de la casa. Los hombres, rompiendo el alba, salían a sus distintas labores. Trabajar la tierra o cualquier empleo relacionado con la agricultura, principalmente: armar la tierra, arar, sembrar, plantar, recoger fruta, etc. etc...
Está claro que también había chóferes, albañiles, trabajadores por cuenta ajena y otros muchos más.
Hoy esta forma de vida no es posible. Las cabras están marcadas en las orejas con una chapita. Si alguien tiene un animal, los vecinos se quejan de los olores. En fin ¡que nos hemos vuelto muy finos! Y sin darnos cuenta, nos hemos alejado de la naturaleza. No vayan a creer porque la historia se sitúe en San Mateo, que esto no pasaba en la gran ciudad. En todos los barrios, se escuchaba balar a las cabras y cantar a los gallos. El ganado iba por la calle y el cabrero ordeñando y despachando la leche. Hoy, cuando un niño tiene alergia se le receta leche de cabra. Y que difícil es encontrarla en estado natural.
Para terminar mi historia con algún elemento gracioso, este es mi remate:
Uno de los machos de Ignacito era todo un campeón. Se lo arrendaba al Cabildo y en un año llegó a dejar embarazadas a 500 cabras. A la vista de que se pagaba por cubrición, los cabezas pensantes de la Casa Palacio, decidieron que había que comprarlo aunque fuera caro. Con el correr del tiempo fue el famoso macho del Cabildo, del que ustedes habrán oído contar. Una vez comprado por la Corporación para cubrir las cabras propiedad del Cabildo, no volvió a subirse a una. Dicen que cuando preguntaron que le había pasado al animalito, alguien contestó:
¡Es que el macho ahora es de plantilla y ¡caballero… es un funcionario!.
 



 

Toque de lapas


Tocadas por un zurdo (Pancho)

 Hoy vamos a tratar de una manifestación cultural y musical, como es el toque de lapas, que  tiene en las islas  orientales de Canarias (Fuerteventura, Lanzarote y La Graciosa)  su campo de actuación más notorio. Donde tiene plena vigencia y se pueden encontrar de forma natural, muchos tocadores  en romerías y encuentros festivos de todo tipo.  Dan un toque muy singular a los temas.
Encuentro una mención a las mismas en  “Líquenes” (1928), libro de poemas de  Pedro García Cabrera (1905-1981), nuestro poeta de ascendencia gomera, también residente en Sevilla y Tenerife y canario universal. Ahí va 

“Me hice unas castañuelas
con dos lapas de la mar.
Cuando suben las mareas
se ponen a repicar.”
 

Para la preparación de las lapas, nos dirigimos al trabajo realizado por el Colectivo Mafasca, de Fuerteventura,  http://www.fundacionmafasca.org/pdf/ganigo09.pdf, que transcribimos a continuación y publicado, con apoyo del Cabildo Insular,  en la Revista Gánigo en el año 2009, con motivo de la Feria insular de Antigua, en Fuerteventura
1.- Conseguimos dos buenas lapas, que sean grandes para un manejo más fácil. Tienen que estar secas de un par de meses. A veces se encuentran en la orilla del mar ya limadas por las olas. ( No valen las lapas de concheros aborígenes ya que están demasiado secas y se
romperían rápidamente, y porque son un bien de interés patrimonial para todos).
 
2.- Tienen que ser más o menos del mismo diámetro, y no estar demasiado “asoliás” pues esto daría lugar a que se rompieran fácilmente.
3.- Con una piedra porosa o una lima, alisamos los bordes de la lapa y algunas asperezas
de la concha.
4.- La forma de agarrarla es: la parte más larga, hacia la cresta, se coloca la primera, entre el dedo corazón e índice, y la segunda, entre índice y pulgar.

5.- Para saber si están bien asidas hacemos que coincidan las dos crestas de la conchas.
 
6.- Para tocarlas se mueven dentro de la mano concavada, haciendo que toquen el dedo meñique y pulgar. En esto hay que pasar las dos lapas hacia arriba, logrando así un retoque.
 
 

Añado, siguiendo los criterios del maestro Suso Morán,  que las lapas deben ser lo más “chatas”  posible de altura. Son las denominadas lapas de sol y su longitud debe rondar los 6-8 centímetros.

Delicioso ver como suenan en las manos de don Antonio Corujo, especialmente cuando recita las Coplas del Salinero, Víctor Fernández Gopar. Para más datos, oír el disco Aulaga, de Domingo Rodríguez Oramas, "El Colorao" y Juan Carlos Pérez Brito, donde suenan en repiqueteo fino, tocadas por la esposa del primero de los citados. Asimismo, les ofrezco una dirección donde se deleitarán al escucharlas en un ambiente más clásico. Se trata del Vals de Bertrand. Enlace: http://www.goear.com/listen/9c0958d/vals-de-bertrand-pedro-guerra

Asimismo en Gran Canaria, concretamente en la zona de  Isleta, se usaban  las lapas en las parrandas como acompañamiento. Hay que recordar que La Isleta, fue fundada por conejeros, majoreros y grancanarios del interior, me comentaba Suso Morán, quien añadió: "Mi memoria me premia con esos gloriosos momentos de aquellas parrandas isleteras, donde se abrazaban las seguidillas con las polcas al marcado ritmo de las lapas".

 Como una manifestación cultural, que nos legaron nuestros antepasados, tenemos la obligación y el deber de transmitirla a las generaciones futuras.  Alabo, por tanto, la labor institucional que se muestra en el vídeo final  de un curso de Lapas, Timple y Bailes  Tradicionales, impartido en Tetir (Fuerteventura) en el año 2008.

Saludos.

Instinto maternal


Hace algunos años Pancho (yo) estaba de concejal en un ayuntamiento que no viene a cuento nombrar. Allí se recibió una carta de una chica que solicitaba ayuda al ayuntamiento para conseguir material para una tesis o trabajo de fin de carrera en la Universidad de La Laguna. Establecido contacto telefónico dijo que procedía del Sureste de Gran Canaria y el ruego de si podía conseguirle algunas fotos de los aparceros de los años 40 al 60 del siglo pasado en su ambiente donde se reflejara esa vida llena de penalidades y privaciones.

Me puse a la tarea y preguntando, preguntando, pude saber que mi amigo Manuel Afonso  (+), Juez de Paz en el municipio de Santa Lucía, también  Presidente del Club Social San Rafael en Vecindario, tenía fotografías de esa época. Manuel fue un hombre bueno, amante de nuestra historia y tradiciones, persona cabal y de mucho respeto. Las preparó y un día quedamos para verlas. Más que fotos eran fotocopias de fotos y recortes de periódicos colocadas sobre cartulinas. Entre ellas había una que me enterneció. Se trataba de una foto en la que aparecían tres personajes: una mujer, su bebé y una cabra. Lo llamativo estaba en que la señora con un pañuelo cubriendo su cabeza mantenía a su hijo mamando de la cabra. Pasado un tiempo Manuel me llamó para decir que la chica ya había pasado y también le gustó mucho esa foto. Misión cumplida, fueron nuestras palabras.
Hace dos días, estuve en el Club otra vez, esta vez con otro amigo Francisco Miguel Jiménez G.(Paco Miguel) ahora presidente del Club y también estuvimos mirando fotos de personas mayores que allí tienen expuestas. De repente, apareció la foto que les estoy contando, pero esta vez, con mayor calidad, enmarcada y acristalada, con una cita en su parte baja que les escribo por si no la pueden leer en la fotografía. Me parece precioso el contenido. Dice así

14 febrero 1958
"Esto sí es instinto maternal"

Segunda Pérez Concepción es una buena mujer de los campos. Un desteñido pañuelo cubre a diario su cabeza, una triste sonrisa siempre en sus pálidos labios. Tiene el matrimonio cuatro hijos, todos ellos han sido amamantados por ella, menos el pequeño que ha sido alimentado de la cabra. Como pueden ver en el grabado, Eduardo que así se llama el niño, se alimenta de esta cabra directamente.
La madre dice
Desde que por cualquier motivo el niño empieza a llorar, el animal viene a la habitación y mirando a la cama del pequeño empieza también a "balar" (1)

¡Que lindo!. Saludos.
______________________________________________o0o____________________________________________

Para el que no lo sepa
1.-balar.
intr. Dar balidos.
 
balido.  (De balar).
m. Voz del carnero, el cordero, la oveja, la cabra, el gamo y el ciervo.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

Estero/a con alas

Mi estero con alas
Hubo un tiempo en que no había interruptores para encender la luz. No hacían falta, pues no había corriente eléctrica. Las personas se iluminaban con quinqués –los antiguos, aún dicen quinkle- y las velas –bujías de parafina- para alumbrar eran un producto de uso común. Las cocinas utilizaban como combustible la leña, artículo muy valorado entonces y en estos tiempos  abandonada en esos campos para pasto de incendios veraniegos. Eso en cuanto a la energía eléctrica, ahora vamos a hablar del agua.

Los ayuntamientos no disponían de un servicio de agua de abasto a domicilio. En su defecto,  disponían para uso de los vecinos de agua potable, ya fuera en fuentes naturales o en pilares construidos a tal fin, siendo su uso gratuito. Desde allí se trasladaba a los domicilios en cacharros, lecheras o cualquier otro recipiente limpio. O sea, ni luz ni agua.
Al no haber luz eléctrica, no habían neveras o frigoríficos, como dicen los finos. Por tanto, los alimentos no disponían de ese medio de conservación tan importante.  La salazón de carnes y pescados, como método destinado a preservar los alimentos, de forma que se encuentren disponibles para el consumo durante un mayor tiempo era -y sigue siendo en menor medida- vital.
Los barcos de pesca salían a faenar cargados de sal y de unos artilugios, llamados en otras islas patacones y en Gran Canaria, esteros con alas que servían de embalaje al pescado.
Éste, recién cogido de la mar era  descabezado, desviscerado, abierto en canal y metido en sal dentro del estero con alas que cosido con tira de plataneras se convertía en un bulto de pescado salado.


Saber de este “embalaje” manufacturado con penca de palma –hoja de la palmera-, su pervivencia, recuerdos, importancia económica en su momento, dimensiones, palabras relacionadas, etc. etc.. y circunscrito a la caldera de Tirajana, municipios de Santa Lucía y San Bartolomé de Tirajana es el motivo de esta entrada.
En un estudio oficial de finales de los años ochenta del siglo pasado llegado a mis manos, se afirma señalando al detalle –lugar y número de ejemplares- que solo en la zona alta de Santa Lucía,  había 22.500 palmeras de porte, el  60% de las que existen en la isla de Gran Canaria. Los palmerales más importantes están en: La Sorrueda, Ingenio, Rosiana, Cuesta Garrote, Charco, Pueblo, Casita Balos, El Valle, El Mundillo, etc. En cuanto al municipio de San Bartolomé y desconociendo el número de ejemplares existentes, es muy importante el situado en Casas Blancas, lugar de buenos artesanos de la palma.

Antes de entrar en materia, quiero con el permiso de los propietarios, mostrarles  la página http://www.pataconpuf.eu/  que, con una claridad de exposición que yo no podría mejorar, nos introduce en el tema.
Patacón es el nombre que recibían las esteras con dos aletones a ambos lados que se plegaban para formar un fardo para empaquetar el pescado salado.  Desde los años veinte hasta mediados de la pasada centuria muchas familias canarias complementaron su economía doméstica confeccionando esta pieza tejida de palma. Los caseríos próximos a palmerales fueron los principales abastecedores de este comercio. Conocedores de técnicas ancestrales, en perfecta simbiosis con el medio natural, no les fue difícil cubrir la demanda de las compañías de salazón de pescado.
Información etnográfica.
 La  palmera canaria es una especie endémica de nuestro archipiélago. Su cultivo se remonta a los tiempos de los antiguos, antes de la Conquista.


En la Gomera se dice que no hay  parte de este árbol que no se aproveche.


Cubrir las necesidades del mundo agrícola, ganadero y pesquero, hizo que se desarrollara esta práctica artesana que aprovecha  las hojas de la palma. El trenzado de la penca verde o el palmito blanco para hacer rollos de estera que después se transformaba en elementos de uso cotidiano, para la casa, el campo o la mar. Era una de las tareas desempeñadas por las mujeres, productos destinados al autoabastecimiento.
Hubo un tiempo en que esta actividad se convirtió en algo más que una tarea doméstica.
En las primeras décadas y  hasta ya entrada la década de los cincuenta del siglo XX, se necesitaron esteras para empaquetar el pescado salado. Empresas de Las Palmas, que traían pescado de la  costa africana, hicieron pedidos de miles
de estas esteras también conocidas como patacones. Las gentes de Tazo, Alojera y Taguluche encontraron así una fuente más de ingresos en la economía familiar. Las mujeres llevaron el peso de la producción, si bien, dada la importante demanda, hombres y chiquillos también ayudaron.
Los palmerales de estos pagos no fueron suficientes para abastecer de materia prima. Piensen ustedes que el ganado también se alimentaba de la penca verde, la hoja de la palma. Entonces se trataba con propietarios de palmas de Vallehermoso, Valle Gran Rey,… hasta Benchijigua se fueron a buscar.
Una vez en casa todo el tiempo era poco, así que muchas esteras para el pescado se tejieron de noche. La niñas se iniciaban en el oficio haciendo aletones que se cosían a la pieza mayor tejida por mujeres más experimentadas. El resto de la familia, abriendo las hojas. Listo el trabajo, se llevaba a las ventas del pueblo recibiendo y pagando con dinero o con productos necesarios, café, azúcar, jabón….

Los venteros preparaban fardos con los patacones y se bajaban con bestias hasta la playa de Alojera para embarcar la mercancía. Ya arreglarían cuentas con los compradores de Gran Canaria.
Pero todo se acaba, y ya dejaron de pedir los patacones. Ya las esteras no se usaban para empaquetar el pescado salado, ahora lo hacían con sacos de yute. Las mujeres de Tazo, Alojera y Taguluche siguieron tejiendo como antes lo hicieran, aunque ya no reportara los beneficios deseados. Esteras para el suelo de las casas, esteras para poner las papas, las judías, para despiezar el cochino y salar la carne, los días de matanza, seretas para ir a pescar, sombreras…..
--------------------------------------

Otra página http://campoadentro.es/blog/author/antonio-ballester/page/2/ nos  muestra  el siguiente contenido
La semana pasa conocí a Demetria, una señora de Alojera que trabaja la penca desde ni se acuerda- dice.
Empezó haciendo esteras para secar todo tipo de frutos y cereales. Recuerda que durante los años cuarenta y cincuenta hubo mucha demanda de patacones, esteras con dos alas a los lados que se cerraban a modo de caja y que se mandaban a Tenerife destinados a la exportación de pescado salado – esto dio mucho trabajo – cuenta con un brillo en los ojos.


Lo señalado en estas dos páginas, es copia literal de lo que ocurrió en la Caldera de Tirajana en esas mismas fechas y para que se pueda comprobar la tradición de Tirajana en la artesanía de la hoja de palma o penca, les ofrezco la importante visión referencial que nos indicó, en su visita a Santa Lucía de Tirajana, la escritora viajera inglesa Olivia Stone a finales del siglo XIX.
Dice así:

El camino era serpenteante y bajaba atravesando las casas pobres que habíamos visto desde el risco que se elevaba sobre ellas. Alcanzamos la parte baja del valle, cuyos lados son empinados y están cubiertos por una buena cantidad de arbustos y palmeras.
Una mujer está fabricando esteras de palma junto a una casa cerca del agua, trenzando las tiras, con el dorado maíz extendido delante de la puerta secándose al sol.
(…) Nos encontramos camino de Santa Lucía. El camino cruza ahora el curso del barranco…, sobre nuestras cabezas, se ven racimos dorados de dátiles, las hojas de las palmeras cortadas para permitir que el fruto se madure al sol... Los dátiles de color rojo dorado, dominados por algunos plumones verdes, parecen guirnaldas que coronan las altas y majestuosas palmeras.

Recogida de información: 
Hablando con personas mayores de 70 años, he recogido la siguiente información
Doña María Vega y Doña Flora Vélez
Los esteros se empaquetaban en bultos de 20 unidades. El mayor comprador era Rafael Ramos, en su comercio situado a la entrada del pueblo de Santa Lucía. La gente entregaba los esteros y les pagaban con mercancía que hiciera falta: café de cebada, azúcar, garbanzos, etc. (Don Juan Gutiérrez)
Para su confección, nos entregaban un pírgano (1) con las medidas: el largo –entre 1,20 y 1,40 metros- ,  y que tenía dos marcas, a la mitad que era el ancho y la cuarta parte: las medidas de las alas. (Doña Matilde Jorge)
Cuando se lo mencioné a doña Flora Vélez (1927) hizo este gesto: girando el cuello a la izquierda y poniendo un dedo en la comisura de la boca, extendió el brazo derecho y dijo: Una braza y… una cuarta. Por curiosidad medí la distancia  y.…  la braza (2) de ella mide justo un metro hasta el dedo corazón, y la cuarta (3) 20 centímetros. Por tanto, el estero medía 120 centímetros de largo, pero ella misma señaló que a veces se hacían más grandes. Asimismo dijo que las alas tenían una cuarta y cinco dedos: 25 centímetros.


Un camión de esos grandes –americanos- de un hombre de Sardina, que se llamaba Ruano era el que llevaba los esteros para Las Palmas. Fíjese si llevaba mercancía que un día le dije si me llevaba y fuí atrás en el camión sobre los esteros. Al llegar al túnel de La Laja, ¡fíjese si era alto,oiga! que toqué el techo con las manos. (Salvador Almeida, 1940)
Doña María Vega (1926) dijo: Mi padre nos daba unas ramas de arco para hacer esteras  de alas para venderlas y así ayudar a la casa. Aparte nos regalaba a mi hermana y a mí una rama para que hiciéramos para nosotras, para el dote. Las cambiábamos por platos, cucharas, etc.
La gente de Fataga no confeccionaba las esteras, solo hacía metros y metros de empleita y las vendían así.  ¡Porque no sabían cabecear! (Doña Flora Vélez)
En Fataga no se hacían esteras, solo hacían rollos de empleita. Pero, metros y metros. Luego venía gente de Santa Lucía a comprarla. (Doña Clara Cabezas)
Se hacían en todo el pueblo: En Rosiana, en Casas Blancas, en la Sorrueda y, sobre todo, en el Ingenio de Santa Lucía. Varias fuentes.
Para recrear la historia he confeccionado con ayuda de doña María Vega un estero grande y dos pequeños para aprender a hacerlo y de esta manera hacer unas fotos que hagan más agradable y comprensible la historia.

Espero que les haya gustado.
_________________________
1.-pírgano.  m. Can. Vástago con que se une la rama al tronco de la palmera, utilizado para mangos de escobas y en cestería.

(2).- Braza .- Nada que ver con la braza canaria, que según  (DOLORES DE LA COBA GARCÍA),  medía la  braza.:.... 1,6718 metros, equivalente a  2 varas de Castilla
(3).- Cuarta. En este caso, casi concuerda, según la misma autora:   Cuarta.............. 0,2105 metros

El serón del millo




Serón remendado
 La última entrada, denominada Mi serón, impulsó a Pancho a conocer -hurgando en la memoria de nuestros mayores-   la cultura del millo (maíz),  cereal del que se obtiene el gofio, elemento integerante de la dieta del canario y en otros tiempos indispensable para el alimento de la población isleña.
La búsqueda se centró en el uso, recipientes para su conservación y transporte, fiestas, palabras, cultivo, etc., etc.,. Temporalmente,  que se relacionara   con los tiempos de escasez -tal vez  hambruna-,  sufridos  por nuestra gente en el segundo tercio del siglo pasado.
Hoy quedan pocos lugares en las Islas donde aún se cultive millo  -cereal introducido en Canarias a partir de la conquista de América- para la obtención del gofio del país.
Su cultivo y la recogida de las piñas se ha ido reduciendo con el paso de los años y hoy pocas  personas  pueden comer gofio de millo del país cultivado, desgranado y tostado en su propio entorno. La mayor parte del gofio de millo se hace con grano peninsular o extranjero.
Para cultivarlo, hay que hacer estas tareas:
Arar,  surcar,  plantar (1), replantar, desyerbar (2), desflorar o cortar la espiga y  coger las piñas(3).
piñas
A partir de ese momento,  hay que descamisar, secar, elegir semilla (4), desgranar,  aventar, guardar,  tostar, llevar al molino y obtener el gofio tras pagar la correspondiente maquila (5).
Una estampa de la parte final del proceso puede ser esta:
 Es la tarde de un día de principios de verano, las piñas están bien amarillas -momento óptimo para la recolección- y estamos recogiéndolas en el cercado. Les vamos partiendo el tronco para soltarlas  de la planta y las tiramos sobre unas mantas extendidas en el suelo. Desde allí otras personas las van cargando a lomos de un burro. Cuando los dos serones están casi hasta arriba,  les añaden unos pírganos para que cojan más altura y  ya repletos marchan para el patio de la casa. Detrás de cada animal va un niño o niña recogiendo las piñas que se caen.
Llegados al amplio patio de la casa se descargan haciendo montón en una esquina.
La siguiente tarea es el descamisado.  No creo que se pueda escribir mejor que lo hizo D. Eduardo Benítez Inglott en unas notas a “Recuerdos de un noventón” de Domingo J. Navarro donde viene a decir que “la descamisada es la operación de despojar a la mazorca del país (llamada en nuestras Islas “piña”) de las envolturas  que, a modo de membrana, la recubren y protegen. Una descamisada es un festejo muy típico que consiste en reunir gentes jóvenes de ambos sexos en una era o en un gran patio, donde están dispuestas las piñas de la cosecha, ya secas, para quitarles la camisa, que así se denomina en el campo la envoltura membranosa de aquéllas. Hay música de guitarras y timples, con isas, malagueñas y folías a todo pasto”. Los dueños del millo, no pagaban jornales, sino que en dichas juntas se invitaba a ron o anís según el sexo. La descamisada era motivo de fiesta y amoríos y casi siempre de las juntas salían algunos noviazgos.  
Ahí va una letra de isa por si les gusta y la usan
No digas peninsular,
Que a ti no te gusta el gofio,
que si llegas a una piña,
te comes hasta el carozo(6).
desgranando
Una vez que la piña era descamisada, se dejaba secar al sol amarrando las hojas (camisas) a los pies derechos de los corredores o a las vigas de los graneros.
Con la desgranada tenemos el millo suelto, solo le queda aventarlo para quitarle el tamo(7)


serón sobre burro
Y con el millo limpio de polvo y paja,  aparece el tiempo de guardarlo en los serones(8) que  se encuentran sobre una empalizada(9) en una esquina del cuarto más fresco y oscuro de la casa. Estos serones son diferentes a los que se usan para las caballerías. Son contenedores específicos para guardar granos. Los dos más grandes, de la misma medida, contienen trigo y millo. A su lado hay  otros más pequeños con lentejas,  chícharos,  chícharos moros, garbanzos, judías y  el que guarda la semilla de millo. 
Nos detenemos solamente en el del millo. En la última entrada aparece la foto de un serón, regalo de Pepe Castro (+) y expliqué  el estado en que llegó a mis manos y mi promesa de remendarlo.


diferencias
Pues  ¡ya está hecho! Una semana de tarea y aquí tienen el resultado (foto inicial). Les hago una composición del antes y después para que comprueben el trabajo
Curiosidades:
En los serones llenos de millo, se guardaba el queso
-¡Ay, me acuerdo cuando mi madre metía la mano en el serón y sacaba aquel queso curado. Con su manita, le limpiaba el tamo que se quedaba pegado en la cáscara! ¡Todavía me llega el olor! Salvador Almeida, de La Sorrueda
O también  la lata o el pomo de cristal de los dineros.
-¡ La lata tenía dentro: duros, reales, perras negras grandes y chicas!  María Vega Quintana (1926)
Para comprobar si hace los 500 kilos de millo, medimos su diámetro= 86/90 centímetros y su altura: 100 a 130; media 110 centímetros. Aplicando la fórmula 
π r2           3,14 x (43 x 43) x 110 = 638,644 = caben 638 kilos


Ya está bien de serones y millo. Vamos a descansar de estos temas y a buscar otro motivo.
Saludos y mi agradecimiento a doña María Vega, Salvador Almeida y Juanito Gutiérrez por su paciencia.
                                                          ... oO0Oo...
1- Plantar. La siembra normalmente la hacían las mujeres, haciendo en los lados del surco un pequeño agujero con el palillo, depositando uno o dos granos de millo. La distancia suele ser de una cuarta entre cada hoyo. En los terrenos de regadío se podían obtener dos cosechas de millo, sembrando en marzo y en junio.
2.- desyerbar.(De des- y yerba). tr. desherbar. Quitar o arrancar las hierbas perjudiciales
3.- Piña de millo. Mazorca de maíz que todavía está en la planta que la produjo (tanto maduras como inmaduras), o bien a la que fue recientemente cosechada y en la cual los granos todavía guardan la humedad natural.Partes de una piña : Tronco, Camisa -también conocido por camisota- , grano, pelo y caroso
4.- Las mejores piñas, de grano sano, grande  y de color rojo/ morado eran las elegidas para ser la semilla de la nueva plantación, se apartaban y una vez secas y desgranadas  guardadas  en su lugar. Este era el auténtico millo del país.
5.-maquila  f. Porción de grano, harina o aceite que corresponde al molinero por la molienda.
6.- En Canarias, al corazón de la piña le llamamos caroso, palabra que no está registrada en el Diccionario.  Si lo está carozo.(Del lat. vulg. carudĭum, der. del gr. καρύδιον, avellana). m. Corazón de la mazorca.
Lógico, debido al esfuerzo de pronunciación que para un canario representa  la letra zeta y  no están los tiempos para esfuerzos baldíos.
7.-tamo m.Polvo o paja menuda de semillas trilladas
Palabra bíblica: EL HOMBRE SIN DIOS (Salmo 1:4-6)  El hombre sin Dios, lejos de ser árbol, es como un tamo que arrebata el viento. El tamo no tiene ningún valor. El tamo permanece mientras está cerca del trigo, pero al separarlo es llevado por el viento.  Sinónimos para tamo: pelusa, vello, lanilla, polvillo
8.- serón. m. Sera más larga que ancha, que sirve regularmente para carga de una caballería.
sera.  f. Espuerta grande, regularmente sin asas.
espuerta. f. Especie de cesta de esparto, palma u otra materia, con dos asas, que sirve para llevar de una parte a otra escombros, tierra u otras cosas semejantes.
 (9).-  Debajo  del serón se hacía una empalizada para separarlo del suelo, evitando las humedades y los ratones.  Salvador Almeida, de La Sorrueda.