Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.
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Un parecido símico



Pancho lleva tiempo preparando algunas historias y en el interín, siempre va mirando para los celajes.   Así, a veces, descubre - mejor repara en- rocas que le parece tienen similitudes con algo en concreto. Hace algún tiempo les mostró algunas, ver   Mi durmiente hermafrodita    e  Iberia en los Cuchillos.        

Últimamente se para a admirar los hermosos paisajes que se divisan desde las carretera de Los Cuchillos: El macizo de Amurga, Morro y Lomo del Gallego, Los Sitios de Arriba y Abajo, la Presa de   Tirajana, Casas Blancas, etc.)
 Esta vez les muestra una imagen que aparece,  una vez pasado -aproximadamente un kilómetro- el mirador de Guriete,  en sentido San Lucía - Vecindario.  Está en la cresta de una montaña a la izquierda y es la que está situada en el extremo de la formación. Ha hecho una composición de 4 fotos, según se va acercando a la misma. Primera, cuando se ve por primera vez desde la carretera y luego en cada curva según se va a cercando a la figura.

Ahora, les toca a ustedes decir a que se les parece. Por  “unsiacaso”  ya se adelantó y preparó la foto. ¿Que me va a venir algún "paisajista" a echarme a perder la tarde, diciendo que se le parece a otra cosa? ¡Se parece a lo que se parece!
Saludos.

Día de excursión


Ayer Pancho fue con su pareja de excursión. Había quedado con ella a las nueve de la mañana. Como siempre ocurre, tuvo que esperar 40 minutos más, para que saliera de la casa. Seguro que se estaría probando una y otra prenda a ver como quedaba más guapa.
Habíamos quedado en ir a la cumbre a coger piñas de pino que, una vez pintadas de distintos colores, adornarían el árbol de Navidad. Paramos en Ayacata, para saludar a un amigo común: Juan Castro. Desde allí seguimos hasta la entrada del Roque Nublo. Aparcamos y provistos de las correspondientes botellitas de agua, empezamos la subida. Mi muchacha, muy interesada con la naturaleza, preguntaba el nombre de diferentes plantas : salvia blanca, jaras, etc. Al llegar a la altura del Fraile, paramos . Ella trepó hacia la cueva del alto y cuando bajó, una persona que pasó les tiró una foto. La mente de Pancho echó a volar recordando una situación similar – o un sueño- que le gustó recordar…. Pero esta vez no había botones de oro, una bella planta de flor amarilla que parece plástica.
Ya un poco cansados -¿porqué no decir extenuados?- llegamos a la llanura del Roque Nublo. Allí estaba, radiante, majestuoso, junto a su Rana. El día precioso, con el cielo totalmente azul y ese fresco característico que enfría la cara. Mi pareja dijo:
-¡Bueno, ya lo vimos, vámonos ya!
Le contesté :
-¡Si tu llegas hasta aquí y no tocas el Roque Nublo, te caerá la maldición del guanche!
- ¿Qué maldición?
-¡No se puede decir, porque si no, me cae a mí!
Seguimos caminando, nos hicimos muchísimas fotos, buscando encuadrar el Roque Nublo como si lo tuviéramos entre las manos, tal como se muestra. Caminamos hasta el Roque, lo tocamos y nos sentamos delante de él un buen rato admirando el paisaje, mientras ella tiraba fotografías. Al marcharnos, se alegró al descubrir el Teide sobre el mar de nubes en la lejanía.
La bajada estuvo ocupada con temas ecológicos, sobre cómo debemos cuidar de la naturaleza. Hizo una foto a un bejeque en flor que también les muestro.
La vuelta la hicimos por La Pasadilla y Pancho contaba el susto que pasó una vez cuando se quedó sin frenos en esa carretera. Que después paró en Ingenio para comprobar la avería y Lamariya no quiso ponerse en marcha. Que tuvo que llamar a Carlos, el padre de ella, para que resolviera el problema.
Pues, ya ven que sin querer se descubrió quien era mi chica. Es mi nieta: Paola, la más guapa, la que me tiene aburrido con su saxofón soprano.
El viaje terminó al llegar a casa, salió del coche corriendo y gritando:
-¡Fuimos al Roque Nublo y lo toqué para que no me maldijera el guanche!
-¿Qué guanche?
A lo que contestó:
-¡No sé, pero tampoco se puede decir! ¿verdad, abuelo?


P.D.:
Sé que le acaba de nacer un nietito a mi amigo A. Alba. En primer lugar las felicidades de rigor para sus padres y familia. Esta historia pretende mentalizarle que ya no es lo mismo. Que vaya preparándose para sacar a los nietos de excursión . ¡Ay, su babita!

Iberia en Los Cuchillos

Pinche en la foto para agrandarla

Hoy quiero mostrarles la fotografía de una piedra, situada a la orilla de la carretera de Los Cuchillos, entre los kilómetros 12 y 13 de la misma, en dirección Santa Lucía de Tirajana. Está cerca del letrero que indica la máxima altitud de Los Cuchillos (570 metros).

Su forma me recuerda el contorno de la Península Ibérica. ¿Se les parece a ustedes? Cuando paso por el lugar conduciendo, la observo (se parece también a un espadachín con bigote) y la saludo

-¿Cómo estás, español?

Seguro que a ustedes les pasará lo mismo y tendrán sus propias piedras, lomas, roques, montañas… Paisajes en fin, que les recordarán alguna figura humana o animal cuya visión les retrotrae a su niñez o juventud.

No crean por ello que son ustedes unos débiles, como rápidamente alguien intentará catalogarles, significa por el contrario que algunos vamos por la vida con la cabeza levantada, por eso vemos más que los demás y disfrutamos con la observación de las cosas, porque mantenemos intacta la curiosidad del niño.

Hay determinadas formas que se han incorporado a nuestra vida y figuran en nuestro imaginario colectivo: El Nublo, Bentaiga, Fraile, Dedo de Dios (después de la caída: El Dios sin dedo), la Rana, Salmor, Chipude, Ucanca, Tindaya, Teide, Lobos, etc.

La vida no solo puede ser trabajar y trabajar, también debemos dar alguna vez rienda suelta a la imaginación y para ello, nada mejor que levantar la cabeza, especialmente las personas que viven en ciudad. Lo más alto que ven es la segunda planta de los edificios, siempre con la vista baja, sinónimo de tristeza.

Quiero terminar con la letra de una canción canaria, que dice:


Y me preguntas a mí

De qué color es el cielo

Como lo voy a saber

Si dende el amanecer

Me encuentro cavando el suelo.



Adiós.

Mi durmiente hermafrodita

El pasado día 16 de diciembre, escribí una historia titulada: Roque, el del Sitio Bajo. A la hora de subirla al blog no disponía de foto alegórica. Y, no era buen día para hacerla. Estaba lloviendo en la caldera de Tirajana. Por ello, decidí poner un pequeño mapa indicativo del lugar donde están situados Los Sitios.
Ayer, con un día esplendoroso, me decidí a hacer la foto que ahora incorporo en la historia correspondiente. Mientras hacía la fotografía observaba una parte del Macizo de Amurga con forma de cabeza que para mí guarda un precioso recuerdo y que me impulsó a compartirlo con ustedes.
Fotografía tomada desde la puerta de mi casa

Esta imagen me ha acompañado muchos años, pues está situada justo frente a la puerta de mi casa. Todos los días al levantarme, le lanzaba el saludo:

-¿Cómo estás, pariente?
Y sin esperar respuesta, seguía rumbo a mis ocupaciones.
Siempre me pareció un guerrero dormido. En la propia foto les señalo las partes de su cuerpo que ha idealizado mi imaginación. Distingo claramente, su cabello, la cara, el pecho, el sexo, las rodillas… Cuando acaba la figura, la montaña desciende para dejar claro que allí acaba la imagen.
La bauticé, sin sacramento religioso ni registro civil, como: Mi Durmiente Hermafrodita, pues posee pecho femenino y un sexo masculino prominente. En la parte más elevada del imaginario pecho, existe un almogarén de los antiguos canarios, en perfecto estado que bien merece una visita.
Les muestro una fotografía. El camino no es muy bueno, por lo que les recomiendo ir acompañados de personas conocedoras del lugar.
Cuando subo a la Caldera y desde el momento que veo Amurga, voy mirando como el paisaje cambia y la imagen del guerrero se revuelve, estira, encoge y nunca pierde la forma. Seguro que ustedes tendrán algún recuerdo similar. Un paisaje que se les parece a algo concreto y que guardan en su memoria visual. Este es uno de los míos, pero les advierto que tengo más.
Feliz año 2010.