Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.
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El bocadillo de tocino

Lebrillo, exactamente igual que el que había en mi casa

Cuando Pancho era entre niño y joven, recuerda que a las comidas se les añadía gran cantidad de tocino (digo tocino, blanco sin ninguna hebra de carne). Por eso no digo panceta ni beico -bacon, escriben los finos, que además pronuncian béicon, con n- que tiene su poquito de hila añadida, casi para hacer chicharrones. No exageremos, alguna hilita siempre venía, pero esa era de la carne que a mi madre le mandaban de la matazón del cochino.

Siguiendo con la historia, en su casa al gofio amasado se le añadían trocitos de tocino de unos 2/3 centímetros de lado, frito con aceite y  ajos. Cuando empezaban a dorarse un poco se volcaba la sartén con la grasa y la manteca  resultante en el gofio, removiendo bien para distribuirlo uniformemente   y que no quedaran los trozos de tocino en un lado solo. Cuando empezábamos a comerlo calentito, recuerdo las palabras de mi madre:
- ¡ Niños, no hagan cuevas, cada uno come por su lado!

 Y es que buscando los trocitos de tocino frito que eran un delicia, hacíamos con las cucharas verdaderas grutas que llegaban hasta el otro lado del lebrillo, invadiendo espacio ajeno.
No es exactamente la imagen que permanece en  mi retina, pero para fijar la idea
El tocino se vendía en las tiendas y las lonchas de entre 3 y 7 kilos,  untadas en sal, se exponían colgadas sin ningún tipo de protección a la vista y por encima del mostrador.   No se molesten los escrupulosos, pero el aparcamiento natural de las moscas en el establecimiento era allí, en el tocino. El tendero extendía la mano y cortaba según el deseo del cliente la cantidad solicitada, lo envolvía en un papel y a la báscula –que entonces se decía la pesa-.

También recuerdo que  cuando venía de jugar al futbol paraba en la tienda  y pedía un bocadillo de tocino. El tendero -se llamaba Isidrito-  abría un pan pequeño, lo ponía sobre un papel vaso –así se decía  al papel gris de envolver- y cortaba una tirita fina de la loncha. Tira que cubría todo el pan. Y ese era el bocadillo de tocino crudo. Precio de esa época: Pan, 0,35; tocino, deduzco que  0,15; porque el total era 0,50 céntimos o mejor, media peseta. Ni refresco ni nada que no había para eso.
Y mi reflexión: ¡Oiga, comíamos grasa animal pura y  nunca oí decir que fuera malo, ni que existiera el colesterol! . Hoy todo es malo y los infartos están a la orden del día. Pero, quiero dejarles clara una cosa

¡Que rico era y es el tocino frito!
 Saludos.

Burritos gemelos




Hoy me contaron una historia cortita, casi un chiste. Se la muestro al final de este escrito porque para entenderla se hizo necesaria una pequeña averiguación.
Se trataba de conocer las crías que pare una burra, dato necesario para comprender la anécdota final.
 Búsqueda de datos.-
Una vez concluida, sabemos
1.-Los sinónimos de burro: jumento, borrico, asno, pollino, rucio, rozno
2.- Que los burros tienen 16 cromosomas más que los seres humanos, y son capaces de reproducirse con animales de especies diferentes a la suya: una mula nace del cruce de un asno macho y una yegua. La reproducción de una burra y un caballo origina un burdégano; y los cebroides son frutos del apareamiento entre cebras y burros. Eso sí, la mayoría de estos animales no producen descendencia.
3.- Que en ambos casos son estériles debido a incompatibilidades genéticas, aunque se han dado casos que han conseguido reproducirse.
4.-Se podría decir que las crías obtienen el físico materno y el carácter paterno, por lo que siempre han sido más valiosos los mulos y mulas, al ser grandes y fuertes como los caballos pero de un carácter tranquilo y sufrido como los burros. Además suelen ser más fáciles de criar y más sanas, debido a que deben ser más compatibles sus cromosomas paternos y maternos entre sí, que en el caso de los burdéganos.
5.-Que en las últimas décadas la población de burros española así como la caballar y mular han ido disminuyendo, de forma general.
6.-Los asnos (burros), mejor dicho las burras, no tienen camadas, pues éstas son cuando hay varias crías en cada parto.
7.- Al igual que los caballos, sólo paren una cría cada vez, y en raras excepciones dos. Los equinos nacen con las patas muy largas, bastante desarrollados, y difícilmente cabrían 2 en el útero de una burra...o yegua, o cebra, etc...
8.-Que la gestación puede durar entre los 360 y 380 días.
9.- Otra curiosidad es que el mejor momento para quedar preñada la burra es una vez acabado un parto, pues la burra no se muestra cansada y durante un intervalo de 10 dias (ni uno más, ni uno menos) continúa su estado de celo. El índice de abortos puede ser de un 10%.
Lectura interesante
Aguda y certera es la reseña acerca del burro que Sebastián de Covarrubias ofrece en su 'Tesoro.., (1)'de 1611.
Da comienzo así: -asno (doc. 1076, del lat. asinus ) m. «Animal conocido, doméstico y familiar al hombre, de mucho provecho y poco gasto, de grande servicio y que no da ruido, salvo cuando rebuzna, que aquel rato es insufrible. No ha menester trabas ni maniotas, porque no da coces ni es malicioso, un niño le lleva donde quiere, no huye aunque se suelte, a todos ministerios se acomoda, con él nos acarrean el pan y el vino y las demás vituallas, él trae la rueda de la noria, el agua del río, muele en la tahona, lleva el trigo al molino y lo vuelve harina, limpia la casa de la basura y estercola el campo, acarrea materiales para los edificios, a veces ara y a su tiempo trilla y recoge la mies; todo esto con gran paciencia y simplicidad, porque, según refiere Aristóteles, lib. 3, cap. 20, de Historia animalium, no tiene hiel.»,
Búsqueda en el territorio
Mis primeros pasos se encaminaron hacia una instalación situada en la subida a Taidía en Santa Lucía de Tirajana. Su nombre Burro Safari Las Tirajanas.
 Allí me atendió, con mucha amabilidad D. Mateo Martín. Le expliqué el motivo de mi visita –número de crías en el parto de una burra-y su respuesta fue:
-¡Las mismas que una mujer, una. Y a veces, muy raras veces, dos. Pero cuando pare dos, es muy difícil que las logre. Y casi siempre muere una!
En las instalaciones habían unos setenta burros de tres razas canarias: la palmera, más alta y fuerte; la majorera, más pequeña; y la grancanaria, a la que también se conoce como “de la tierra”, de tamaño un poco más grande que la majorera. Al parecer las tres razas o variedades tienen una gran capacidad de carga y trabajo.       Me estuvo enseñando don Mateo una cría de 4 días, preciosa, limpita, de las que les muestro alguna fotografía. Causaba admiración como la trataba, casi como si fuera una niña pequeña. La cogía en sus brazos, hablándole con cariño.
Y para demostrarme lo dócil que era, la acostó, tapándole la cara con la manta o con un sombrero, quedándose la cría –de nombre Fortunata- totalmente quieta.
Y ahora la anécdota motivadora de esta historia:
: A un campesino -que tenía alguna dificultad al hablar- le parió una burra dos crías. Lo tenían harto con la pregunta
-¿Qué te parió la burra?
contestaba, hastiado
-¡Burriburra! (2)
Cuando iba con el animalito por el pueblo, con los dos pollinos sueltos saltando  detrás, todo eran preguntas al pasar
-¿Y como se hacen pá comer?
A lo que contestaba, muy tranquilamente
-¡Una mama, la ota mira!
Saludos..............

Dedicado a Manuel López Ojeda, de Tirajana, fiel seguidor de estas historias.


                                ___________________________________
    (1) El Tesoro de la lengua castellana o española es un diccionario del español obra del erudito Sebastián de Covarrubias publicado en 1611. Es el primer diccionario general monolingüe del castellano, es decir, el primero en que el léxico castellano es definido en esta misma lengua.
(2) Burro y burra.















Estero/a con alas

Mi estero con alas
Hubo un tiempo en que no había interruptores para encender la luz. No hacían falta, pues no había corriente eléctrica. Las personas se iluminaban con quinqués –los antiguos, aún dicen quinkle- y las velas –bujías de parafina- para alumbrar eran un producto de uso común. Las cocinas utilizaban como combustible la leña, artículo muy valorado entonces y en estos tiempos  abandonada en esos campos para pasto de incendios veraniegos. Eso en cuanto a la energía eléctrica, ahora vamos a hablar del agua.

Los ayuntamientos no disponían de un servicio de agua de abasto a domicilio. En su defecto,  disponían para uso de los vecinos de agua potable, ya fuera en fuentes naturales o en pilares construidos a tal fin, siendo su uso gratuito. Desde allí se trasladaba a los domicilios en cacharros, lecheras o cualquier otro recipiente limpio. O sea, ni luz ni agua.
Al no haber luz eléctrica, no habían neveras o frigoríficos, como dicen los finos. Por tanto, los alimentos no disponían de ese medio de conservación tan importante.  La salazón de carnes y pescados, como método destinado a preservar los alimentos, de forma que se encuentren disponibles para el consumo durante un mayor tiempo era -y sigue siendo en menor medida- vital.
Los barcos de pesca salían a faenar cargados de sal y de unos artilugios, llamados en otras islas patacones y en Gran Canaria, esteros con alas que servían de embalaje al pescado.
Éste, recién cogido de la mar era  descabezado, desviscerado, abierto en canal y metido en sal dentro del estero con alas que cosido con tira de plataneras se convertía en un bulto de pescado salado.


Saber de este “embalaje” manufacturado con penca de palma –hoja de la palmera-, su pervivencia, recuerdos, importancia económica en su momento, dimensiones, palabras relacionadas, etc. etc.. y circunscrito a la caldera de Tirajana, municipios de Santa Lucía y San Bartolomé de Tirajana es el motivo de esta entrada.
En un estudio oficial de finales de los años ochenta del siglo pasado llegado a mis manos, se afirma señalando al detalle –lugar y número de ejemplares- que solo en la zona alta de Santa Lucía,  había 22.500 palmeras de porte, el  60% de las que existen en la isla de Gran Canaria. Los palmerales más importantes están en: La Sorrueda, Ingenio, Rosiana, Cuesta Garrote, Charco, Pueblo, Casita Balos, El Valle, El Mundillo, etc. En cuanto al municipio de San Bartolomé y desconociendo el número de ejemplares existentes, es muy importante el situado en Casas Blancas, lugar de buenos artesanos de la palma.

Antes de entrar en materia, quiero con el permiso de los propietarios, mostrarles  la página http://www.pataconpuf.eu/  que, con una claridad de exposición que yo no podría mejorar, nos introduce en el tema.
Patacón es el nombre que recibían las esteras con dos aletones a ambos lados que se plegaban para formar un fardo para empaquetar el pescado salado.  Desde los años veinte hasta mediados de la pasada centuria muchas familias canarias complementaron su economía doméstica confeccionando esta pieza tejida de palma. Los caseríos próximos a palmerales fueron los principales abastecedores de este comercio. Conocedores de técnicas ancestrales, en perfecta simbiosis con el medio natural, no les fue difícil cubrir la demanda de las compañías de salazón de pescado.
Información etnográfica.
 La  palmera canaria es una especie endémica de nuestro archipiélago. Su cultivo se remonta a los tiempos de los antiguos, antes de la Conquista.


En la Gomera se dice que no hay  parte de este árbol que no se aproveche.


Cubrir las necesidades del mundo agrícola, ganadero y pesquero, hizo que se desarrollara esta práctica artesana que aprovecha  las hojas de la palma. El trenzado de la penca verde o el palmito blanco para hacer rollos de estera que después se transformaba en elementos de uso cotidiano, para la casa, el campo o la mar. Era una de las tareas desempeñadas por las mujeres, productos destinados al autoabastecimiento.
Hubo un tiempo en que esta actividad se convirtió en algo más que una tarea doméstica.
En las primeras décadas y  hasta ya entrada la década de los cincuenta del siglo XX, se necesitaron esteras para empaquetar el pescado salado. Empresas de Las Palmas, que traían pescado de la  costa africana, hicieron pedidos de miles
de estas esteras también conocidas como patacones. Las gentes de Tazo, Alojera y Taguluche encontraron así una fuente más de ingresos en la economía familiar. Las mujeres llevaron el peso de la producción, si bien, dada la importante demanda, hombres y chiquillos también ayudaron.
Los palmerales de estos pagos no fueron suficientes para abastecer de materia prima. Piensen ustedes que el ganado también se alimentaba de la penca verde, la hoja de la palma. Entonces se trataba con propietarios de palmas de Vallehermoso, Valle Gran Rey,… hasta Benchijigua se fueron a buscar.
Una vez en casa todo el tiempo era poco, así que muchas esteras para el pescado se tejieron de noche. La niñas se iniciaban en el oficio haciendo aletones que se cosían a la pieza mayor tejida por mujeres más experimentadas. El resto de la familia, abriendo las hojas. Listo el trabajo, se llevaba a las ventas del pueblo recibiendo y pagando con dinero o con productos necesarios, café, azúcar, jabón….

Los venteros preparaban fardos con los patacones y se bajaban con bestias hasta la playa de Alojera para embarcar la mercancía. Ya arreglarían cuentas con los compradores de Gran Canaria.
Pero todo se acaba, y ya dejaron de pedir los patacones. Ya las esteras no se usaban para empaquetar el pescado salado, ahora lo hacían con sacos de yute. Las mujeres de Tazo, Alojera y Taguluche siguieron tejiendo como antes lo hicieran, aunque ya no reportara los beneficios deseados. Esteras para el suelo de las casas, esteras para poner las papas, las judías, para despiezar el cochino y salar la carne, los días de matanza, seretas para ir a pescar, sombreras…..
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Otra página http://campoadentro.es/blog/author/antonio-ballester/page/2/ nos  muestra  el siguiente contenido
La semana pasa conocí a Demetria, una señora de Alojera que trabaja la penca desde ni se acuerda- dice.
Empezó haciendo esteras para secar todo tipo de frutos y cereales. Recuerda que durante los años cuarenta y cincuenta hubo mucha demanda de patacones, esteras con dos alas a los lados que se cerraban a modo de caja y que se mandaban a Tenerife destinados a la exportación de pescado salado – esto dio mucho trabajo – cuenta con un brillo en los ojos.


Lo señalado en estas dos páginas, es copia literal de lo que ocurrió en la Caldera de Tirajana en esas mismas fechas y para que se pueda comprobar la tradición de Tirajana en la artesanía de la hoja de palma o penca, les ofrezco la importante visión referencial que nos indicó, en su visita a Santa Lucía de Tirajana, la escritora viajera inglesa Olivia Stone a finales del siglo XIX.
Dice así:

El camino era serpenteante y bajaba atravesando las casas pobres que habíamos visto desde el risco que se elevaba sobre ellas. Alcanzamos la parte baja del valle, cuyos lados son empinados y están cubiertos por una buena cantidad de arbustos y palmeras.
Una mujer está fabricando esteras de palma junto a una casa cerca del agua, trenzando las tiras, con el dorado maíz extendido delante de la puerta secándose al sol.
(…) Nos encontramos camino de Santa Lucía. El camino cruza ahora el curso del barranco…, sobre nuestras cabezas, se ven racimos dorados de dátiles, las hojas de las palmeras cortadas para permitir que el fruto se madure al sol... Los dátiles de color rojo dorado, dominados por algunos plumones verdes, parecen guirnaldas que coronan las altas y majestuosas palmeras.

Recogida de información: 
Hablando con personas mayores de 70 años, he recogido la siguiente información
Doña María Vega y Doña Flora Vélez
Los esteros se empaquetaban en bultos de 20 unidades. El mayor comprador era Rafael Ramos, en su comercio situado a la entrada del pueblo de Santa Lucía. La gente entregaba los esteros y les pagaban con mercancía que hiciera falta: café de cebada, azúcar, garbanzos, etc. (Don Juan Gutiérrez)
Para su confección, nos entregaban un pírgano (1) con las medidas: el largo –entre 1,20 y 1,40 metros- ,  y que tenía dos marcas, a la mitad que era el ancho y la cuarta parte: las medidas de las alas. (Doña Matilde Jorge)
Cuando se lo mencioné a doña Flora Vélez (1927) hizo este gesto: girando el cuello a la izquierda y poniendo un dedo en la comisura de la boca, extendió el brazo derecho y dijo: Una braza y… una cuarta. Por curiosidad medí la distancia  y.…  la braza (2) de ella mide justo un metro hasta el dedo corazón, y la cuarta (3) 20 centímetros. Por tanto, el estero medía 120 centímetros de largo, pero ella misma señaló que a veces se hacían más grandes. Asimismo dijo que las alas tenían una cuarta y cinco dedos: 25 centímetros.


Un camión de esos grandes –americanos- de un hombre de Sardina, que se llamaba Ruano era el que llevaba los esteros para Las Palmas. Fíjese si llevaba mercancía que un día le dije si me llevaba y fuí atrás en el camión sobre los esteros. Al llegar al túnel de La Laja, ¡fíjese si era alto,oiga! que toqué el techo con las manos. (Salvador Almeida, 1940)
Doña María Vega (1926) dijo: Mi padre nos daba unas ramas de arco para hacer esteras  de alas para venderlas y así ayudar a la casa. Aparte nos regalaba a mi hermana y a mí una rama para que hiciéramos para nosotras, para el dote. Las cambiábamos por platos, cucharas, etc.
La gente de Fataga no confeccionaba las esteras, solo hacía metros y metros de empleita y las vendían así.  ¡Porque no sabían cabecear! (Doña Flora Vélez)
En Fataga no se hacían esteras, solo hacían rollos de empleita. Pero, metros y metros. Luego venía gente de Santa Lucía a comprarla. (Doña Clara Cabezas)
Se hacían en todo el pueblo: En Rosiana, en Casas Blancas, en la Sorrueda y, sobre todo, en el Ingenio de Santa Lucía. Varias fuentes.
Para recrear la historia he confeccionado con ayuda de doña María Vega un estero grande y dos pequeños para aprender a hacerlo y de esta manera hacer unas fotos que hagan más agradable y comprensible la historia.

Espero que les haya gustado.
_________________________
1.-pírgano.  m. Can. Vástago con que se une la rama al tronco de la palmera, utilizado para mangos de escobas y en cestería.

(2).- Braza .- Nada que ver con la braza canaria, que según  (DOLORES DE LA COBA GARCÍA),  medía la  braza.:.... 1,6718 metros, equivalente a  2 varas de Castilla
(3).- Cuarta. En este caso, casi concuerda, según la misma autora:   Cuarta.............. 0,2105 metros

El serón del millo




Serón remendado
 La última entrada, denominada Mi serón, impulsó a Pancho a conocer -hurgando en la memoria de nuestros mayores-   la cultura del millo (maíz),  cereal del que se obtiene el gofio, elemento integerante de la dieta del canario y en otros tiempos indispensable para el alimento de la población isleña.
La búsqueda se centró en el uso, recipientes para su conservación y transporte, fiestas, palabras, cultivo, etc., etc.,. Temporalmente,  que se relacionara   con los tiempos de escasez -tal vez  hambruna-,  sufridos  por nuestra gente en el segundo tercio del siglo pasado.
Hoy quedan pocos lugares en las Islas donde aún se cultive millo  -cereal introducido en Canarias a partir de la conquista de América- para la obtención del gofio del país.
Su cultivo y la recogida de las piñas se ha ido reduciendo con el paso de los años y hoy pocas  personas  pueden comer gofio de millo del país cultivado, desgranado y tostado en su propio entorno. La mayor parte del gofio de millo se hace con grano peninsular o extranjero.
Para cultivarlo, hay que hacer estas tareas:
Arar,  surcar,  plantar (1), replantar, desyerbar (2), desflorar o cortar la espiga y  coger las piñas(3).
piñas
A partir de ese momento,  hay que descamisar, secar, elegir semilla (4), desgranar,  aventar, guardar,  tostar, llevar al molino y obtener el gofio tras pagar la correspondiente maquila (5).
Una estampa de la parte final del proceso puede ser esta:
 Es la tarde de un día de principios de verano, las piñas están bien amarillas -momento óptimo para la recolección- y estamos recogiéndolas en el cercado. Les vamos partiendo el tronco para soltarlas  de la planta y las tiramos sobre unas mantas extendidas en el suelo. Desde allí otras personas las van cargando a lomos de un burro. Cuando los dos serones están casi hasta arriba,  les añaden unos pírganos para que cojan más altura y  ya repletos marchan para el patio de la casa. Detrás de cada animal va un niño o niña recogiendo las piñas que se caen.
Llegados al amplio patio de la casa se descargan haciendo montón en una esquina.
La siguiente tarea es el descamisado.  No creo que se pueda escribir mejor que lo hizo D. Eduardo Benítez Inglott en unas notas a “Recuerdos de un noventón” de Domingo J. Navarro donde viene a decir que “la descamisada es la operación de despojar a la mazorca del país (llamada en nuestras Islas “piña”) de las envolturas  que, a modo de membrana, la recubren y protegen. Una descamisada es un festejo muy típico que consiste en reunir gentes jóvenes de ambos sexos en una era o en un gran patio, donde están dispuestas las piñas de la cosecha, ya secas, para quitarles la camisa, que así se denomina en el campo la envoltura membranosa de aquéllas. Hay música de guitarras y timples, con isas, malagueñas y folías a todo pasto”. Los dueños del millo, no pagaban jornales, sino que en dichas juntas se invitaba a ron o anís según el sexo. La descamisada era motivo de fiesta y amoríos y casi siempre de las juntas salían algunos noviazgos.  
Ahí va una letra de isa por si les gusta y la usan
No digas peninsular,
Que a ti no te gusta el gofio,
que si llegas a una piña,
te comes hasta el carozo(6).
desgranando
Una vez que la piña era descamisada, se dejaba secar al sol amarrando las hojas (camisas) a los pies derechos de los corredores o a las vigas de los graneros.
Con la desgranada tenemos el millo suelto, solo le queda aventarlo para quitarle el tamo(7)


serón sobre burro
Y con el millo limpio de polvo y paja,  aparece el tiempo de guardarlo en los serones(8) que  se encuentran sobre una empalizada(9) en una esquina del cuarto más fresco y oscuro de la casa. Estos serones son diferentes a los que se usan para las caballerías. Son contenedores específicos para guardar granos. Los dos más grandes, de la misma medida, contienen trigo y millo. A su lado hay  otros más pequeños con lentejas,  chícharos,  chícharos moros, garbanzos, judías y  el que guarda la semilla de millo. 
Nos detenemos solamente en el del millo. En la última entrada aparece la foto de un serón, regalo de Pepe Castro (+) y expliqué  el estado en que llegó a mis manos y mi promesa de remendarlo.


diferencias
Pues  ¡ya está hecho! Una semana de tarea y aquí tienen el resultado (foto inicial). Les hago una composición del antes y después para que comprueben el trabajo
Curiosidades:
En los serones llenos de millo, se guardaba el queso
-¡Ay, me acuerdo cuando mi madre metía la mano en el serón y sacaba aquel queso curado. Con su manita, le limpiaba el tamo que se quedaba pegado en la cáscara! ¡Todavía me llega el olor! Salvador Almeida, de La Sorrueda
O también  la lata o el pomo de cristal de los dineros.
-¡ La lata tenía dentro: duros, reales, perras negras grandes y chicas!  María Vega Quintana (1926)
Para comprobar si hace los 500 kilos de millo, medimos su diámetro= 86/90 centímetros y su altura: 100 a 130; media 110 centímetros. Aplicando la fórmula 
π r2           3,14 x (43 x 43) x 110 = 638,644 = caben 638 kilos


Ya está bien de serones y millo. Vamos a descansar de estos temas y a buscar otro motivo.
Saludos y mi agradecimiento a doña María Vega, Salvador Almeida y Juanito Gutiérrez por su paciencia.
                                                          ... oO0Oo...
1- Plantar. La siembra normalmente la hacían las mujeres, haciendo en los lados del surco un pequeño agujero con el palillo, depositando uno o dos granos de millo. La distancia suele ser de una cuarta entre cada hoyo. En los terrenos de regadío se podían obtener dos cosechas de millo, sembrando en marzo y en junio.
2.- desyerbar.(De des- y yerba). tr. desherbar. Quitar o arrancar las hierbas perjudiciales
3.- Piña de millo. Mazorca de maíz que todavía está en la planta que la produjo (tanto maduras como inmaduras), o bien a la que fue recientemente cosechada y en la cual los granos todavía guardan la humedad natural.Partes de una piña : Tronco, Camisa -también conocido por camisota- , grano, pelo y caroso
4.- Las mejores piñas, de grano sano, grande  y de color rojo/ morado eran las elegidas para ser la semilla de la nueva plantación, se apartaban y una vez secas y desgranadas  guardadas  en su lugar. Este era el auténtico millo del país.
5.-maquila  f. Porción de grano, harina o aceite que corresponde al molinero por la molienda.
6.- En Canarias, al corazón de la piña le llamamos caroso, palabra que no está registrada en el Diccionario.  Si lo está carozo.(Del lat. vulg. carudĭum, der. del gr. καρύδιον, avellana). m. Corazón de la mazorca.
Lógico, debido al esfuerzo de pronunciación que para un canario representa  la letra zeta y  no están los tiempos para esfuerzos baldíos.
7.-tamo m.Polvo o paja menuda de semillas trilladas
Palabra bíblica: EL HOMBRE SIN DIOS (Salmo 1:4-6)  El hombre sin Dios, lejos de ser árbol, es como un tamo que arrebata el viento. El tamo no tiene ningún valor. El tamo permanece mientras está cerca del trigo, pero al separarlo es llevado por el viento.  Sinónimos para tamo: pelusa, vello, lanilla, polvillo
8.- serón. m. Sera más larga que ancha, que sirve regularmente para carga de una caballería.
sera.  f. Espuerta grande, regularmente sin asas.
espuerta. f. Especie de cesta de esparto, palma u otra materia, con dos asas, que sirve para llevar de una parte a otra escombros, tierra u otras cosas semejantes.
 (9).-  Debajo  del serón se hacía una empalizada para separarlo del suelo, evitando las humedades y los ratones.  Salvador Almeida, de La Sorrueda.