Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.
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En Las Nieves, te espero.


A mí me gustan las historias en las que aparece la burrita, medio de transporte ahora en desuso pero que fue imprescindible en otros tiempos. También las mulas, pero eran más para cargas de tipo profesional:  las de los arrieros.
Mi historia de hoy  tiene como protagonista a la burrita y ahí empieza

Principios de Agosto en la cumbre, allá por Artenara.  Sol de justicia. Candelarita camina junto a su burra que va “cargada hasta los topes” de esteras, sombreros, escobas, cestos, bolsos, etc. Todo hecho con palma que se hace allá abajo en el Ingenio Blanco de Santa Lucía de Tirajana.
Su destino, las Fiestas de Las Nieves, en Agaete. De repente, el animalito que se para. No hay Dios que la mueva, ni pa’ lante, ni pa’ trás. Venga a tirar, a tirar y suculúm. Que la burra no quiere andar.

Pasaban otros arrieros siguiendo su camino y el último le preguntó
      - ¿Qué pasó, Candelarita?

      - ¡Mire usted, Juan Gregorio, que la burra no quiere andar!
Juan Gregorio para, se baja de la mula y dice

      - Haga lo que le digo. Vamos a darle agua y un pizco paja, si tiene. Cuando esté fresca, le damos el remedio de la gasolina.
      - ¿Gasolina? ¿Qué remedio es ese?.

      - ¡Cogemos  un chispero que tenga gasolina, levantamos  el rabo a la burra, le raspamos  el culo (1)  con una piedra,  se le echa un pisco de gasolina en lo raspado y ya verá como la burra camina.
Dicho y hecho. La burra se quejaba un poco al rasparla con la piedra, pero  cuando le echaron la gasolina, brincó y salió como un tiro con la carga arriba, perdiéndose de vista.

Candelarita se quedó sorprendida al quedarse sin su animal y le pregunta a Juan Gregorio
       -          ¿Y ahora que hacemos, Juanito? ¡Me quedé sin burra!

-          ¡Si usted quiere Candelarita, le doy el mismo remedio y así seguro que la alcanza!

-          ¡Bueno, cristiano y que vamos a hacer! ¡Todo sea por Dios! ¿Usted me la pone?
Juan Gregorio le hace el correspondiente raspado en dicha sea la zona y cuando le echa la gasolina, ocurrió lo esperado, pero en grado superlativo porque, o le echaron mucha o rasparon demasiado  y  Candelarita salió a más de cien por hora en  la misma dirección por la que  se fue el animal.

Dicen que cuando Candelarita llegó a la altura de la burra, no pudo frenar  adelantándola  y que chillando a voz en grito, dijo
          -¡En Las Nieveees, te esperooooo!

 Saludos y gracias a un  confidente de Armas tomar.

(1).- Sé que a algunos les parecerá una procacidad o una zafiedad, aclaro que sé también otras palabras sinónimas, pero a la historia hay que darle lo que lleva. Y esto fue en la cumbre, mis hermanos. ¡No sean tan finos!

El abuelo de Paola

Pancho tiene una nieta: Paola. Como buen abuelo está que se le cae la baba hablando de lo lista y guapa que es su niña.
Hace algún tiempo la llevó de excursión a conocer la Fortaleza de Ansite, lugar donde la tradición indica que Bentejuí y otros alzados, al grito de Atis Tirma, prefirieron lanzarse desde la cima al vacío, antes que rendirse a los conquistadores.

Fueron equipados con agua, bocadillos y chocolate. Cuando subieron a la gruta, la niña iba preguntando por todo y Pancho aprovechaba para entre bromas intentar explicarle lo que allí ocurrió, según la historia. Desde luego, obviando la tragedia citada que todavía no tiene la niña maduración suficiente para según qué cosas.

Entre sus bromas le contaba que los antiguos canarios eran muy altos, tan altos que apenas cabían en la cueva. Cada uno era más o menos como tres hombres de alto y dos de ancho. Como decía Pancho, eran como solares. Hoy somos todos enanos. Hablando desde el púlpito de piedra que allí existe parecía un maestro de escuela, mientras la niña escuchaba atentamente sus palabras .
Al salir de la gruta por la puerta norte y sabiendo que existe eco, el abuelo empezó a gritar:

- ¡Paoooola, Paola!

El eco respondía, hasta seis veces

-¡Oooooooolaaa, oooooola, oooola, oola!

La niña intentó hacer lo mismo gritando:

- ¡Paooola, Paola!

Pero incluso chillando su voz es muy bajita, y no llega a percibirse el eco.

- Abuelo ¿porqué a mí no me contesta?

- ¡Porque a mí me conoce desde hace mucho tiempo. Por eso me saluda y me dice hola.

Lo intentó un par de veces más y como no le contestaban dejó de llamar y seguimos caminando entre las cuevas. Ella se escondía y al pasar salía a asustar al abuelito, que se hacía el sorprendido. Después de merendar fuimos a ver la presa desde el Mirador de la Sorrueda y después de hacerle unas fotos nos fuimos para la casa. Al llegar a la plaza me dijo que parara. Lo hice y salió del coche hasta donde estaban los niños jugando. Desde lejos, escuché el comentario que orgullosamente les hacía:

- ¡Niños, ¿Ustedes saben una cosa? ¡Mi abuelo habla con las montañas! ¡Yo lo oí!

¡Qué linda es la inocencia!

Un parecido símico



Pancho lleva tiempo preparando algunas historias y en el interín, siempre va mirando para los celajes.   Así, a veces, descubre - mejor repara en- rocas que le parece tienen similitudes con algo en concreto. Hace algún tiempo les mostró algunas, ver   Mi durmiente hermafrodita    e  Iberia en los Cuchillos.        

Últimamente se para a admirar los hermosos paisajes que se divisan desde las carretera de Los Cuchillos: El macizo de Amurga, Morro y Lomo del Gallego, Los Sitios de Arriba y Abajo, la Presa de   Tirajana, Casas Blancas, etc.)
 Esta vez les muestra una imagen que aparece,  una vez pasado -aproximadamente un kilómetro- el mirador de Guriete,  en sentido San Lucía - Vecindario.  Está en la cresta de una montaña a la izquierda y es la que está situada en el extremo de la formación. Ha hecho una composición de 4 fotos, según se va acercando a la misma. Primera, cuando se ve por primera vez desde la carretera y luego en cada curva según se va a cercando a la figura.

Ahora, les toca a ustedes decir a que se les parece. Por  “unsiacaso”  ya se adelantó y preparó la foto. ¿Que me va a venir algún "paisajista" a echarme a perder la tarde, diciendo que se le parece a otra cosa? ¡Se parece a lo que se parece!
Saludos.

Unas décimas. Verso improvisado.

He hecho seis décimas y comprendo el valor que tienen estas personas.
A  las personas que figuran en este cartel, hay que añadir a la joven valor, Lydia Moreno, que también intervino en Tenteniguada.
 

 1
Un encuentro singular
Allí  en Tenteniguada  
De rimas improvisadas
pude anoche disfrutar.
Eran fiestas de San Juan
la plaza estaba sellada  
personas entusiasmadas
escuchaban  poesías
en décimas que veía
perfectamente ligadas.
 
2
Encuentro  Internacional
De Manolito el Pastor
Al que con todo el honor
este pueblo sin igual
celebra como un ritual
al recordar  cada año
a ese hombre solidario
que décimas componía
haciendo así  poesía
al cuidar de su rebaño
Acto en Casa Pastores (Santa Lucía de Tirajana)
3
Mucho me tuvo que gustar
Pues  fui al dia siguiente
en un lugar diferente
a un evento similar
Que se vino  a celebrar
Allá  en  Casa Pastores
Lugar que unos señores
Al ganado, dedicados
En estos lares fundaron
Regando con sus sudores.
 
4
Y cuando estaba sentado
allí muy cerca del cielo
cantó un señor Curbelo
con su sombrero tocado   
Y en lo que canta un gallo  
supimos que es uruguayo  
y tiene el  verso labrado  
No he de  olvidar aquí
A la argentina Marta Suint
Con su verso floreado
5 
¿no creerán que olvidé
Que allí estaban  Yeray,
 Expedito, ex Mestisay?,
Y con ambos dos disfruté
reí, aplaudí y  canté
Lograron emocionarte
al oir  en la tarima
que allí en segunda fila
estaba Miguel Ricarte.
Expedito Suárez, Miguel Ricarte, Yeray Rodríguez y Antonio Guedes
 6
Y cuando ya  al terminar
 fuera del escenario
Con abrazo solidario
a los dos  fui a saludar
se me ocurrió preguntar
que quien tiraba la foto
Fué desde  sitio remoto
La foto salió oscura
aviso a quien la mire
autor: Carmelo Ramírez
Y dicen no tiene cura(1).
 
Saludos.
(1) No tiene cura (la Foto)

Frases para recordar

¿Echamos una manita al subastao?
Estos últimos días está rondando mi memoria un amigo que se fue. Y de él, algunas anécdotas cuyo recuerdo  me hace sonreir. Ahí van

 Estábamos jugando a las cartas, al  subastao.  Decir “subastado”, me pareció muy fino, la verdad.  Siempre había problemas por falta de monedas de cambio, debiéndonos dinero  - calderilla- unos a otros. Mi amigo,  para el juego en seco y me dice muy serio:
¡Pancho, me debes dos euros!

Le contesto
¡Yo a usted no le debo nada, señor!
Respuesta de aquel  coñón y  socarrón que siempre fue
-¡Fueeerte memooria  tienes! (*)
Otro día en que íbamos a  participar en una obra religiosa en la iglesia por Semana Santa,  le dije:

 -¡Brunito, tráite la botellita del año pasado, la que dejaste escondida!
Su respuesta fue rápida y para mí, contundente

-¡Que fecha tiene esa carta!
 ¡Tarde piaste! ¿Tú crees que en este pueblo no se celebran las pascuas?

Y para rematar de hablar de la botella terminó con un
-¡Dios la tenga en los reinos de la gloria!

La última frase suya, utilizada cuando le dieron dos quesos grandes para repartir en la fiesta, o sea que no le costaron nada.  Repetía esta frase cada vez  que metía la mano en la alforja, cortaba y comía (y daba) un pedazo de queso, repitiendo

-¡De este pan de mi compare, buen peaso me jinqué!

Buscando en internet un refrán similar, encontré éste -¡Del pan de mi compadre, buen pedazo para mi ahijado!  Que aunque no significa lo mismo, para mi que no anda muy lejano.
Saludos y
mi recuerdo para B.C.L.
_______________

(*) Léase como se escribe

La caja de tunos


 
Corría un verano de finales de los años 80 del pasado siglo en un caluroso lugar de la cumbre de Gran Canaria. Buscando actividades para entretener a los niños se gestó en la asociación de vecinos la idea de llevarlos  a aprender a nadar. Dado que en el pueblo no había ni siquiera un “tanquito”(1)  para hacer prácticas, se decidió hablar con el ayuntamiento vecino para que nos facilitaran el uso de la piscina. Pancho tenía amistades por allá y todo fue a pedir de boca, obteniendo un mejor trato como colindantes.
 Tres veces en semana y por la tarde los padres llevaban en sus vehículos a unos 25 niños (hoy habrá que decir niños y niñas, o niños/as)  al pueblo vecino y cargados de toallas y flotadores. También de bocadillos, fruta y galletas para cuando se terminaran las clases y así se pasaba -de forma entretenida y como una gran familia- la tarde de verano.

Había que pagar una cuota pequeña y solidariamente se tenían en cuenta las situaciones financieras familiares. Si tenían como es mi caso cuatro hijos, solo pagaban dos porque los otros sabían nadar y mientras se bañaban, hacían de cuidadores/monitores. Con el dinero reunido se pagaba al profesor y los padres colaboraban –bañándose gratis- haciendo también de vigilantes,  por “un” si acaso.
Unos niños eran atrevidos y se lanzaban al agua sin saber. A otros no había dios que los metiera en la piscina y el grueso de la formación atendía y aprendía fácilmente.
Pero la historia se centra en un niño que lo pasaba fatal. Por mucho que lo intentaba, se ponía nervioso y no flotaba -o flotaba poco- que también podía ser. El caso es que todos los días “se pegaba unas ahogaduras” de aquí te espero. Los ojos indicaban que tenía pánico. 
 
El día de autos y cuando iba a empezar la sesión,   el monitor  le llamó el primero para meterlo en el agua y dedicarse a él, de forma casi exclusiva.  El niño, nuestro  amigo de hoy, dejándose llevar por ese sentido tan práctico de la vida que tiene nuestra gente del campo,  lo tenía todo pensado. Alejó al maestro de la gente -aunque no lo suficiente para que yo  pudiera oirlo-  y  le dijo, casi llorando:
¡Mira, si tu no me metes en el  agua ¡coño!   yo te traigo mañana una caja de tunos!
Hoy nuestro personaje es un hombre con buena  formación académica, muy integrado, me dice que pusiera que “de cuerpo atlético y galán”,  y yo añado:  simpático, viajero empedernido, amante de nuestras costumbres y socarrón como él solo.

¡ Que no, que no pongo el nombre, carajo! ¡Eso queda entre él y yo!
Saludos
(1)    En nuestros pueblos todavía se llama al estanque, “tanque”. Como diminutivo: “tanquito”

Burritos gemelos




Hoy me contaron una historia cortita, casi un chiste. Se la muestro al final de este escrito porque para entenderla se hizo necesaria una pequeña averiguación.
Se trataba de conocer las crías que pare una burra, dato necesario para comprender la anécdota final.
 Búsqueda de datos.-
Una vez concluida, sabemos
1.-Los sinónimos de burro: jumento, borrico, asno, pollino, rucio, rozno
2.- Que los burros tienen 16 cromosomas más que los seres humanos, y son capaces de reproducirse con animales de especies diferentes a la suya: una mula nace del cruce de un asno macho y una yegua. La reproducción de una burra y un caballo origina un burdégano; y los cebroides son frutos del apareamiento entre cebras y burros. Eso sí, la mayoría de estos animales no producen descendencia.
3.- Que en ambos casos son estériles debido a incompatibilidades genéticas, aunque se han dado casos que han conseguido reproducirse.
4.-Se podría decir que las crías obtienen el físico materno y el carácter paterno, por lo que siempre han sido más valiosos los mulos y mulas, al ser grandes y fuertes como los caballos pero de un carácter tranquilo y sufrido como los burros. Además suelen ser más fáciles de criar y más sanas, debido a que deben ser más compatibles sus cromosomas paternos y maternos entre sí, que en el caso de los burdéganos.
5.-Que en las últimas décadas la población de burros española así como la caballar y mular han ido disminuyendo, de forma general.
6.-Los asnos (burros), mejor dicho las burras, no tienen camadas, pues éstas son cuando hay varias crías en cada parto.
7.- Al igual que los caballos, sólo paren una cría cada vez, y en raras excepciones dos. Los equinos nacen con las patas muy largas, bastante desarrollados, y difícilmente cabrían 2 en el útero de una burra...o yegua, o cebra, etc...
8.-Que la gestación puede durar entre los 360 y 380 días.
9.- Otra curiosidad es que el mejor momento para quedar preñada la burra es una vez acabado un parto, pues la burra no se muestra cansada y durante un intervalo de 10 dias (ni uno más, ni uno menos) continúa su estado de celo. El índice de abortos puede ser de un 10%.
Lectura interesante
Aguda y certera es la reseña acerca del burro que Sebastián de Covarrubias ofrece en su 'Tesoro.., (1)'de 1611.
Da comienzo así: -asno (doc. 1076, del lat. asinus ) m. «Animal conocido, doméstico y familiar al hombre, de mucho provecho y poco gasto, de grande servicio y que no da ruido, salvo cuando rebuzna, que aquel rato es insufrible. No ha menester trabas ni maniotas, porque no da coces ni es malicioso, un niño le lleva donde quiere, no huye aunque se suelte, a todos ministerios se acomoda, con él nos acarrean el pan y el vino y las demás vituallas, él trae la rueda de la noria, el agua del río, muele en la tahona, lleva el trigo al molino y lo vuelve harina, limpia la casa de la basura y estercola el campo, acarrea materiales para los edificios, a veces ara y a su tiempo trilla y recoge la mies; todo esto con gran paciencia y simplicidad, porque, según refiere Aristóteles, lib. 3, cap. 20, de Historia animalium, no tiene hiel.»,
Búsqueda en el territorio
Mis primeros pasos se encaminaron hacia una instalación situada en la subida a Taidía en Santa Lucía de Tirajana. Su nombre Burro Safari Las Tirajanas.
 Allí me atendió, con mucha amabilidad D. Mateo Martín. Le expliqué el motivo de mi visita –número de crías en el parto de una burra-y su respuesta fue:
-¡Las mismas que una mujer, una. Y a veces, muy raras veces, dos. Pero cuando pare dos, es muy difícil que las logre. Y casi siempre muere una!
En las instalaciones habían unos setenta burros de tres razas canarias: la palmera, más alta y fuerte; la majorera, más pequeña; y la grancanaria, a la que también se conoce como “de la tierra”, de tamaño un poco más grande que la majorera. Al parecer las tres razas o variedades tienen una gran capacidad de carga y trabajo.       Me estuvo enseñando don Mateo una cría de 4 días, preciosa, limpita, de las que les muestro alguna fotografía. Causaba admiración como la trataba, casi como si fuera una niña pequeña. La cogía en sus brazos, hablándole con cariño.
Y para demostrarme lo dócil que era, la acostó, tapándole la cara con la manta o con un sombrero, quedándose la cría –de nombre Fortunata- totalmente quieta.
Y ahora la anécdota motivadora de esta historia:
: A un campesino -que tenía alguna dificultad al hablar- le parió una burra dos crías. Lo tenían harto con la pregunta
-¿Qué te parió la burra?
contestaba, hastiado
-¡Burriburra! (2)
Cuando iba con el animalito por el pueblo, con los dos pollinos sueltos saltando  detrás, todo eran preguntas al pasar
-¿Y como se hacen pá comer?
A lo que contestaba, muy tranquilamente
-¡Una mama, la ota mira!
Saludos..............

Dedicado a Manuel López Ojeda, de Tirajana, fiel seguidor de estas historias.


                                ___________________________________
    (1) El Tesoro de la lengua castellana o española es un diccionario del español obra del erudito Sebastián de Covarrubias publicado en 1611. Es el primer diccionario general monolingüe del castellano, es decir, el primero en que el léxico castellano es definido en esta misma lengua.
(2) Burro y burra.















Un gato en Los Cuchillos

Panchito Calderín salió de madrugada para Arucas. Llevaba sobre la burra, la carga de cochinilla. Once kilos. También unos albaricoques para completar la carga. Un dineral porque la cochinilla se pagaba seca a precio de oro. Allí la cambiaría en el almacén de los Rosales, por mercancía variada y dinero. Arucas era en esa época –años 50- el lugar donde mejor la pagaban en toda la isla. Dicho y hecho, negoció a buen precio higos frescos, recién llegados de Moya y también doce kilos pasados, quiero decir higos pasados, que él sabía vendería sin dificultad pues tenía siempre compradores para cualquier tipo de mercancías. No les he dicho -tampoco había hecho falta- que Panchito, el arriero, tenía justa fama de hombre serio. No era corriente, pero a muy pocos como a él, se le dejaba llevar la mercancía tratada y ya la pagaría a la vuelta. Como les decía, desde Arucas cogió rumbo con la burra cargada para Las Palmas capital. A su paso por Tenoya se encontró con mi abuelo Antonio Francisco, al que también conocía por Panchito.
-¿Cómo andamos, tocayo?

-¡Bien, hombre! ¡Ganas tenía de verlo, a ver si hacíamos trato!
Paró y bebieron agüita fresca, primero él –de la talla de mi abuela- y después la bestia, en un balde de cinc al que mi abuelo Antonio añadió un poco de paja y rollón. Doy este detalle -innecesario para el desarrollo de mi historia- del orden a la hora de beber agua, al recordar la canción canaria que dice:
Despacito y con cuidado
Dijo el pastor en la fuente
Primero bebe el ganado
Y después bebe la gente.
Hablando, hablando y observando arriba y abajo una vaca de mi abuelo, terminaron tratándola en 100 duros. Se dieron la mano en señal de que se había cerrado el trato y Calderín le dijo que en una semana vendría para llevársela, que no le dejaba dinero porque no lo tenía. También dijo que ya la tenía vendida en El Toscón, bastante cerca de Tamaraceite y por tanto, sin alejarse mucho del rumbo que seguía. Mi abuelo se empeñó en que se la llevara y él, trancado en que no. Dejemos por un momento el rumbo de Calderín y detengámonos en el cierre final del trato de mi abuelo. ¡Oiga, esto me lo contó él y por tanto no admite ni dudas ni réplica!
Aquel día no se la llevó y, como si fuera una maldición al día siguiente pasó otro tratante. Se empeñó en la vaca de mi abuelo que contestaba
-¡La vaca está vendida!

-¡Oiga, le doy 140 duros por la vaca! ¡ Mire aquí el dinero!

Enseñándole los billetes repetía:

¡ Lo vé!¡ El dinero está oyendo la conversación!

Mi abuelo repetía

-¡La vaca está vendida! ¡ Qué clase de hombre se cree usted que soy yo, carajo! ¡La vaca ya no es mía!
El tratante se fue molesto.Cuando mi abuelo me lo contó, dijo riéndose de sí mismo
-¿Tu sabes Panchillo que estuve dos años pá cobrar la vaca?
-¿Y eso, abuelo?
-¡Pues mira, los asuntos se le dieron mal a Calderín y se enfermó, mandó un par de avisos pá que supiera lo que pasaba y que no podía pagarme!
-¡Un día, pasado dos años, llegó por aquí un sobrino de él y me trajo el dinero! ¡Y lo que no hice en dos años, lo hice a la semana! ¡Alquilé un coche y fui con tu abuela a Tirajana a visitarlo y le llevé su baifito y unas naranjas chinas de La Hoya! ¡Buen amigo Calderín y un señor toda la vida!
Y remachaba
¡Ya no hay gente de ésa. Aquello era pura tea, hoy lo que hay es pinsapo!
¡Lo que jodía un poco era que cuando pasaba por aquí el marchante de los 140 duros, me decía pa calentarme! ¡Como corren las malas noticias!
-¿Qué, Panchito ya cobró la vaca?
A lo que respondía mi abuelo

-¡A usted no se la hubiera vendido ni en mil duros. Así que métase en sus carzones, carajo!
Y terminamos ahora la historia del viaje comercial de Calderín y su burrita rumbo a Las Palmas. Allí vendió y cambió su mercancía en el Mercado de Vegueta y cargado de queso tiró para Tirajana. Lo que sigue ahora me lo contó su nieta Paquita Hernández esta mañana.
Cuando subía por Los Cuchillos y al llegar a terreno llano en Guriete, se subió un rato en la burra para descansar. ¡El, no la bestia!
Era sol puesto y de repente, en esa penumbra un gato que salta y se acurruca detrás de él, sobre el animal. Calderín se azoró y con los pelos de punta aguantó callado casi dos kilómetros. Al llegar a casa de Mariquita Antonia - única casa que aún queda en todo el camino de Los Cuchillos, llegando a Santa Lucía, hoy a punto de caer derribada por el paso de los años- el gato que salta al suelo y desapareció difuminándose en el aire a la vez que se reía a carcajadas con voz de mujer que parecía venir del fondo de los infiernos:
-¡Mentecato, llevo un gran rato montado en la burra y tu medio dormido sin enterarte, ji, ji,ji!
¿Sería una bruja?
Ustedes saben como yo que en aquel tiempo no había luz y también saben que las brujas se acabaron cuando llegó la luz eléctrica. ¿O no lo sabían?
Saludos.

Estero/a con alas

Mi estero con alas
Hubo un tiempo en que no había interruptores para encender la luz. No hacían falta, pues no había corriente eléctrica. Las personas se iluminaban con quinqués –los antiguos, aún dicen quinkle- y las velas –bujías de parafina- para alumbrar eran un producto de uso común. Las cocinas utilizaban como combustible la leña, artículo muy valorado entonces y en estos tiempos  abandonada en esos campos para pasto de incendios veraniegos. Eso en cuanto a la energía eléctrica, ahora vamos a hablar del agua.

Los ayuntamientos no disponían de un servicio de agua de abasto a domicilio. En su defecto,  disponían para uso de los vecinos de agua potable, ya fuera en fuentes naturales o en pilares construidos a tal fin, siendo su uso gratuito. Desde allí se trasladaba a los domicilios en cacharros, lecheras o cualquier otro recipiente limpio. O sea, ni luz ni agua.
Al no haber luz eléctrica, no habían neveras o frigoríficos, como dicen los finos. Por tanto, los alimentos no disponían de ese medio de conservación tan importante.  La salazón de carnes y pescados, como método destinado a preservar los alimentos, de forma que se encuentren disponibles para el consumo durante un mayor tiempo era -y sigue siendo en menor medida- vital.
Los barcos de pesca salían a faenar cargados de sal y de unos artilugios, llamados en otras islas patacones y en Gran Canaria, esteros con alas que servían de embalaje al pescado.
Éste, recién cogido de la mar era  descabezado, desviscerado, abierto en canal y metido en sal dentro del estero con alas que cosido con tira de plataneras se convertía en un bulto de pescado salado.


Saber de este “embalaje” manufacturado con penca de palma –hoja de la palmera-, su pervivencia, recuerdos, importancia económica en su momento, dimensiones, palabras relacionadas, etc. etc.. y circunscrito a la caldera de Tirajana, municipios de Santa Lucía y San Bartolomé de Tirajana es el motivo de esta entrada.
En un estudio oficial de finales de los años ochenta del siglo pasado llegado a mis manos, se afirma señalando al detalle –lugar y número de ejemplares- que solo en la zona alta de Santa Lucía,  había 22.500 palmeras de porte, el  60% de las que existen en la isla de Gran Canaria. Los palmerales más importantes están en: La Sorrueda, Ingenio, Rosiana, Cuesta Garrote, Charco, Pueblo, Casita Balos, El Valle, El Mundillo, etc. En cuanto al municipio de San Bartolomé y desconociendo el número de ejemplares existentes, es muy importante el situado en Casas Blancas, lugar de buenos artesanos de la palma.

Antes de entrar en materia, quiero con el permiso de los propietarios, mostrarles  la página http://www.pataconpuf.eu/  que, con una claridad de exposición que yo no podría mejorar, nos introduce en el tema.
Patacón es el nombre que recibían las esteras con dos aletones a ambos lados que se plegaban para formar un fardo para empaquetar el pescado salado.  Desde los años veinte hasta mediados de la pasada centuria muchas familias canarias complementaron su economía doméstica confeccionando esta pieza tejida de palma. Los caseríos próximos a palmerales fueron los principales abastecedores de este comercio. Conocedores de técnicas ancestrales, en perfecta simbiosis con el medio natural, no les fue difícil cubrir la demanda de las compañías de salazón de pescado.
Información etnográfica.
 La  palmera canaria es una especie endémica de nuestro archipiélago. Su cultivo se remonta a los tiempos de los antiguos, antes de la Conquista.


En la Gomera se dice que no hay  parte de este árbol que no se aproveche.


Cubrir las necesidades del mundo agrícola, ganadero y pesquero, hizo que se desarrollara esta práctica artesana que aprovecha  las hojas de la palma. El trenzado de la penca verde o el palmito blanco para hacer rollos de estera que después se transformaba en elementos de uso cotidiano, para la casa, el campo o la mar. Era una de las tareas desempeñadas por las mujeres, productos destinados al autoabastecimiento.
Hubo un tiempo en que esta actividad se convirtió en algo más que una tarea doméstica.
En las primeras décadas y  hasta ya entrada la década de los cincuenta del siglo XX, se necesitaron esteras para empaquetar el pescado salado. Empresas de Las Palmas, que traían pescado de la  costa africana, hicieron pedidos de miles
de estas esteras también conocidas como patacones. Las gentes de Tazo, Alojera y Taguluche encontraron así una fuente más de ingresos en la economía familiar. Las mujeres llevaron el peso de la producción, si bien, dada la importante demanda, hombres y chiquillos también ayudaron.
Los palmerales de estos pagos no fueron suficientes para abastecer de materia prima. Piensen ustedes que el ganado también se alimentaba de la penca verde, la hoja de la palma. Entonces se trataba con propietarios de palmas de Vallehermoso, Valle Gran Rey,… hasta Benchijigua se fueron a buscar.
Una vez en casa todo el tiempo era poco, así que muchas esteras para el pescado se tejieron de noche. La niñas se iniciaban en el oficio haciendo aletones que se cosían a la pieza mayor tejida por mujeres más experimentadas. El resto de la familia, abriendo las hojas. Listo el trabajo, se llevaba a las ventas del pueblo recibiendo y pagando con dinero o con productos necesarios, café, azúcar, jabón….

Los venteros preparaban fardos con los patacones y se bajaban con bestias hasta la playa de Alojera para embarcar la mercancía. Ya arreglarían cuentas con los compradores de Gran Canaria.
Pero todo se acaba, y ya dejaron de pedir los patacones. Ya las esteras no se usaban para empaquetar el pescado salado, ahora lo hacían con sacos de yute. Las mujeres de Tazo, Alojera y Taguluche siguieron tejiendo como antes lo hicieran, aunque ya no reportara los beneficios deseados. Esteras para el suelo de las casas, esteras para poner las papas, las judías, para despiezar el cochino y salar la carne, los días de matanza, seretas para ir a pescar, sombreras…..
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Otra página http://campoadentro.es/blog/author/antonio-ballester/page/2/ nos  muestra  el siguiente contenido
La semana pasa conocí a Demetria, una señora de Alojera que trabaja la penca desde ni se acuerda- dice.
Empezó haciendo esteras para secar todo tipo de frutos y cereales. Recuerda que durante los años cuarenta y cincuenta hubo mucha demanda de patacones, esteras con dos alas a los lados que se cerraban a modo de caja y que se mandaban a Tenerife destinados a la exportación de pescado salado – esto dio mucho trabajo – cuenta con un brillo en los ojos.


Lo señalado en estas dos páginas, es copia literal de lo que ocurrió en la Caldera de Tirajana en esas mismas fechas y para que se pueda comprobar la tradición de Tirajana en la artesanía de la hoja de palma o penca, les ofrezco la importante visión referencial que nos indicó, en su visita a Santa Lucía de Tirajana, la escritora viajera inglesa Olivia Stone a finales del siglo XIX.
Dice así:

El camino era serpenteante y bajaba atravesando las casas pobres que habíamos visto desde el risco que se elevaba sobre ellas. Alcanzamos la parte baja del valle, cuyos lados son empinados y están cubiertos por una buena cantidad de arbustos y palmeras.
Una mujer está fabricando esteras de palma junto a una casa cerca del agua, trenzando las tiras, con el dorado maíz extendido delante de la puerta secándose al sol.
(…) Nos encontramos camino de Santa Lucía. El camino cruza ahora el curso del barranco…, sobre nuestras cabezas, se ven racimos dorados de dátiles, las hojas de las palmeras cortadas para permitir que el fruto se madure al sol... Los dátiles de color rojo dorado, dominados por algunos plumones verdes, parecen guirnaldas que coronan las altas y majestuosas palmeras.

Recogida de información: 
Hablando con personas mayores de 70 años, he recogido la siguiente información
Doña María Vega y Doña Flora Vélez
Los esteros se empaquetaban en bultos de 20 unidades. El mayor comprador era Rafael Ramos, en su comercio situado a la entrada del pueblo de Santa Lucía. La gente entregaba los esteros y les pagaban con mercancía que hiciera falta: café de cebada, azúcar, garbanzos, etc. (Don Juan Gutiérrez)
Para su confección, nos entregaban un pírgano (1) con las medidas: el largo –entre 1,20 y 1,40 metros- ,  y que tenía dos marcas, a la mitad que era el ancho y la cuarta parte: las medidas de las alas. (Doña Matilde Jorge)
Cuando se lo mencioné a doña Flora Vélez (1927) hizo este gesto: girando el cuello a la izquierda y poniendo un dedo en la comisura de la boca, extendió el brazo derecho y dijo: Una braza y… una cuarta. Por curiosidad medí la distancia  y.…  la braza (2) de ella mide justo un metro hasta el dedo corazón, y la cuarta (3) 20 centímetros. Por tanto, el estero medía 120 centímetros de largo, pero ella misma señaló que a veces se hacían más grandes. Asimismo dijo que las alas tenían una cuarta y cinco dedos: 25 centímetros.


Un camión de esos grandes –americanos- de un hombre de Sardina, que se llamaba Ruano era el que llevaba los esteros para Las Palmas. Fíjese si llevaba mercancía que un día le dije si me llevaba y fuí atrás en el camión sobre los esteros. Al llegar al túnel de La Laja, ¡fíjese si era alto,oiga! que toqué el techo con las manos. (Salvador Almeida, 1940)
Doña María Vega (1926) dijo: Mi padre nos daba unas ramas de arco para hacer esteras  de alas para venderlas y así ayudar a la casa. Aparte nos regalaba a mi hermana y a mí una rama para que hiciéramos para nosotras, para el dote. Las cambiábamos por platos, cucharas, etc.
La gente de Fataga no confeccionaba las esteras, solo hacía metros y metros de empleita y las vendían así.  ¡Porque no sabían cabecear! (Doña Flora Vélez)
En Fataga no se hacían esteras, solo hacían rollos de empleita. Pero, metros y metros. Luego venía gente de Santa Lucía a comprarla. (Doña Clara Cabezas)
Se hacían en todo el pueblo: En Rosiana, en Casas Blancas, en la Sorrueda y, sobre todo, en el Ingenio de Santa Lucía. Varias fuentes.
Para recrear la historia he confeccionado con ayuda de doña María Vega un estero grande y dos pequeños para aprender a hacerlo y de esta manera hacer unas fotos que hagan más agradable y comprensible la historia.

Espero que les haya gustado.
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1.-pírgano.  m. Can. Vástago con que se une la rama al tronco de la palmera, utilizado para mangos de escobas y en cestería.

(2).- Braza .- Nada que ver con la braza canaria, que según  (DOLORES DE LA COBA GARCÍA),  medía la  braza.:.... 1,6718 metros, equivalente a  2 varas de Castilla
(3).- Cuarta. En este caso, casi concuerda, según la misma autora:   Cuarta.............. 0,2105 metros