Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.
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Unas décimas. Verso improvisado.

He hecho seis décimas y comprendo el valor que tienen estas personas.
A  las personas que figuran en este cartel, hay que añadir a la joven valor, Lydia Moreno, que también intervino en Tenteniguada.
 

 1
Un encuentro singular
Allí  en Tenteniguada  
De rimas improvisadas
pude anoche disfrutar.
Eran fiestas de San Juan
la plaza estaba sellada  
personas entusiasmadas
escuchaban  poesías
en décimas que veía
perfectamente ligadas.
 
2
Encuentro  Internacional
De Manolito el Pastor
Al que con todo el honor
este pueblo sin igual
celebra como un ritual
al recordar  cada año
a ese hombre solidario
que décimas componía
haciendo así  poesía
al cuidar de su rebaño
Acto en Casa Pastores (Santa Lucía de Tirajana)
3
Mucho me tuvo que gustar
Pues  fui al dia siguiente
en un lugar diferente
a un evento similar
Que se vino  a celebrar
Allá  en  Casa Pastores
Lugar que unos señores
Al ganado, dedicados
En estos lares fundaron
Regando con sus sudores.
 
4
Y cuando estaba sentado
allí muy cerca del cielo
cantó un señor Curbelo
con su sombrero tocado   
Y en lo que canta un gallo  
supimos que es uruguayo  
y tiene el  verso labrado  
No he de  olvidar aquí
A la argentina Marta Suint
Con su verso floreado
5 
¿no creerán que olvidé
Que allí estaban  Yeray,
 Expedito, ex Mestisay?,
Y con ambos dos disfruté
reí, aplaudí y  canté
Lograron emocionarte
al oir  en la tarima
que allí en segunda fila
estaba Miguel Ricarte.
Expedito Suárez, Miguel Ricarte, Yeray Rodríguez y Antonio Guedes
 6
Y cuando ya  al terminar
 fuera del escenario
Con abrazo solidario
a los dos  fui a saludar
se me ocurrió preguntar
que quien tiraba la foto
Fué desde  sitio remoto
La foto salió oscura
aviso a quien la mire
autor: Carmelo Ramírez
Y dicen no tiene cura(1).
 
Saludos.
(1) No tiene cura (la Foto)

El hocico de la uveja


Este fin de semana Pancho tuvo una conversación en la cumbre con Miguelito Moreno, el pastor.
Con el máximo respeto y cariño hacia él, con el afán de que disfruten de su forma de hablar y sabiduría se la transcribe totalmente y sin añadidos. Aquí empieza:
M.- ¡Mi abuelo Jiménez tenía un amigo en Artenara que se llamaba Guillermo. Ellos eran muy amigos. Mi abuelo estaba bajo Artenara con las uvejas!.
P.- En Artenara, ¿Dónde? ¿Paquí , pá Coruña?
M.- ¡Debajo Artenara! (Me dice un poco molesto porque no le gusta que le interrumpan)
P.- Pero, en Artenara, ¿Dónde? ¿Pá Juncalillo?
M.- No, hombre debajo de Artenara, debajo mismo de la Virgen de la Cuevita.
P.- Pero ¿mirando pal Bentaiga?.
M.- (Me mira con cara de disgusto, por las interrupciones). Siií. Y sigo con el cuento. ¡Ellos eran…., ellos eran muy amigos! Le dice un día:
-¡Jiménez, echa las ovejas pallá enfrente, pá la Jiguerrilla!
Hubieran plantado El Pajarcillo, de almendreros y La Jiguerilla también. Pero que los almendreritos estaban así. (Señalando con su mano, como un metro y medio de alto).
Pero que a los pocos días vuelven y se trompican.
-¡Coño, Jiménez, echa las uvejas pallá pa La Jiguerilla!
-¡Mia que las echo Guillermo!
-¡No te estoy diciendo que las eches. Cuando yo quiera que tu las atajes, las atajas!
(Prosigue). Y tal.... Bueno..... Que echa mi abuelo las uvejas. Que… el público se alevantó. Porque las ovejas entraron a la huerta y no voy a decir que no comieron. ¡Las espirrafaron! ¡Espirrafaron los almendreros!. ¡Se guindaban encima de las piedras y se comieron la huerta!
Vamos a ver como se va a arreglar esto. (Con esta frase última indica que va a terminar la historia y la está ordenando en su cabeza)
-¡El Pajarcillo era por debajo del Roque (Se refiere al Bentaiga) y pacá era La Jiguerilla!
-¡Que el Pajarcillo no tuviera al siguiente año una almendra, ni pá una melecina y que La Jiguerilla no se supo las fanegas de almendra que dió… que las medían por fanegas!
¿Usted me oyó? ¡Porque las ovejas tiene el hocico bendecido y tienen…!
¡El mato que la oveja se come, lo bendice con el hocico! ¡La cabra no!.
Y con su sonrisa pícara, mientras me daba un golpe en la espalda, me despidió con estas palabras:
¡Y entoavía no le jago más reportaje porque usted dice que tiene que dirse!
Espero que les haya gustado. ¡Hasta otra, Miguelito!

Miguelito Moreno, de Caideros

En dos ocasiones anteriores he escrito sobre José María, una denominada El pastor de Caideros y Otra de José María, el pastor.
Es un personaje que me atrae y en busca de su estela, hace algunas semanas fuimos a Caideros. Allí me encontré con Miguelito Moreno, al que llaman el Jefe de los pastores. Le había conocido en Tejeda con motivo de una fiesta en la que se nombró a la Virgen del Socorro, patrona de los pastores y sin saber porqué simpatizamos. En la fiesta y procesión, mi personaje ocupó un papel principal dedicando unas palabras a la Virgen, en las que -recuerdo- decía que ningún pastor había sufrido un percance en la raya de Tejeda y eso es porque la Virgen les protegía.
El motivo de parar fue preguntarle si conocía algo sobre José María, el pastor. Anécdotas o sucedidos para contárselos a ustedes.
La sorpresa llegó cuando me dijo que José María fue su suegro, pues el está casado con la única hija hembra que tuvo, Francisca Moreno Díaz. Me presentó a su señora, por cierto, muy guapa y bien arreglada pues iba de visita a la costa. Nos invitó a probar queso ¡qué queso de flor hace!. De verdad, delicioso. Todavía se guardan en esas medianías las formas antiguas de hacer el queso de flor, parecidas al de Castelo Branco y la Serra de la Estrela, en Portugal o el del Casar en Cáceres.
La señora nos habló de su padre y me llevó al corredor de su casa donde mostró varias fotografías, en una de las cuales, enmarcada y colgada a la pared, están su padre José María y su madre. Nos permitió fotografiarla y es la que se muestra a la izquierda. Mírenla con detenimiento. Es un matrimonio de pastores, alrededor de su ganado. Pasamos un rato muy agradable en su casa, alrededor de un café con el que nos brindó y quedó claro que Miguelito es como Pancho, muy conversador. Como decimos nosotros, "dos alegantines iguales".
La esposa de Miguelito me relató la historia de cuando su padre fue a pelarse a Gáldar, confirmando lo que habíamos escrito. Mientras lo narraba, se le notaba orgullosa de su padre.
Su hija, es decir la nieta de José María, nos dijo que de niña, siempre estaba con su abuelo del que tiene grandes recuerdos y que aprendió de él muchos
"trucos", como ella dice.
Del porqué teniendo menos ganado que otro pastor, sacaba más leche y más queso que éste. Porque hay que tratar bien a los "alimales".
También contó como era su abuelo, al que describe bien esta historia: cuando tú quieres saber algo cierto hay que preguntarle a los niños, porque ellos nunca mienten. Cuando los padres decían una cosa y los niños otra. ¿A quien había que creer?.
Confirmó que José María era hombre de muchas lindes y por tanto, como se dice en el campo, "hombre de curia" o "de abogados". Al hilo, le dije el refrán : "Herencias y lindes, mondongo de abogados" y me salió con ésta: ¡Mi abuelo me decía que cuando iba a los abogados les quitaba los libros, para aprendérselos él! ¡Por eso, sabía más que los abogados!.
Quedamos en volver otro día para hablar de más sucedidos de José María y de los suyos propios. Cuando los tenga, prometo hacérselos llegar a ustedes.
Saludos

Otra de José María, el pastor.

En el mes de Julio escribí una historia denominada El Pastor de Caideros.

Me quedó el gusanillo de conocer más sobre el personaje, José María. Pues bien, el pasado sábado tuve la suerte de tropezar con una persona que le conoció personalmente: Don Arturo Diaz Godoy que regenta el comercio denominado Artesanía Canaria, en Lomo Guillén (Guía).

En su establecimiento -mientras compraba un trozo del estupendo queso de la zona- tuvimos esta conversación que resumida quiero repetir para ustedes:


-Sí, conocí a José María. Era un hombre alto, pelo cargado, con su gran bigote. Muy listo e inteligente, vestido con su traje de lana de oveja negra. Dicen que esos trajes dan mucho calor, pero yo siempre oí que la lana ataja al frío y al calor. Para eso llevaba un forro de raso que mantenía la parte interna fresca en verano y caliente en invierno. Sus botas herradas, hechas a mano en Agaete. Siempre montado a caballo. Tenga en cuenta que en aquella época había pocas carreteras y el mejor (y único) transporte para el mundo rural eran las bestias, por lo que era más una necesidad que un lujo. No obstante, hay que decir que José María, tenía un espléndido caballo, como no podía ser menos para un gran conocedor y amante de los animales como él..

Un día estaba conversando conmigo aquí, donde mismo está usted ahora, esperando al “coche de hora” para ir a Las Palmas, a hablar con su abogado. De repente, pasó el coche y no paró. José María, corrió hacia la puerta, gritando:


¡Ah, reniego del diablo, toa la mañana esperando por ti y ahora pasas como un “cuete”, coño! (sic).


E introduciéndose los dedos en la boca, al estilo de los pastores, soltó un agudo silbido que llegó perfectamente al chófer y paró enseguida.

Don Arturo, a quien acompañaba su esposa, doña Rosa Benítez Hernández, -más de cincuenta años casados- me siguió contando:

José María tenía una finca muy grande, con muchos linderos.

Quiero advertir al lector el sentido de la frase: Tener muchos linderos, es tener muchos problemas con las lindes, porque en el campo, como es sabido y casi siempre por la noche: caminan los mojones, avanzan cañas y tuneras cerrando caminos, se cambia la torna del agua, etc.


Por ventura, estas cosas apenas suceden hoy pero en aquellos tiempos, en el mundo rural tenía plena vigencia la máxima: Herencias y lindes, mondongo de abogados.


Por una cualquiera de esas causas, iba el pastor a hablar con el picapleitos.


Para abreviar la historia nos situamos -de golpe- en el bufete del letrado, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.


-¿Cómo va la cosa, don Ifigenio?.


-Bien. Vamos escapando, José María.


-¿Y mi asunto?


-Ahí va. Al golpito. Tu sabes que las cosas de palacio, van despacio.


-Aquí le traigo un quesito.


Está claro que era "pá tenerlo más a la mano". Así un día llevaba queso, otro un saco de papas, un "puñito" –medio saco- de millo, etc. Hoy no se entiende que se llevara millo a un abogado, pero era época de miseria y hambre, con escasez de todo, especialmente de alimentos.

Siguiendo con la historia, José María perdía todos los pleitos. Y la respuesta de hoy de don Ifigenio fue diferente:


-¡La cosa está jodida, José María. Se perdió el pleito. ¿Que le vamos a hacer?. Vamos a hablar de los honorarios, porque yo también tengo que comer.


-¿Y cuanto es la cuenta, señor?


-¡Seiscientas cincuenta pesetas! ¡Pero te lo voy a dejar en quinientas por ser tu y no te gano nada, porque eres como de la familia!.


- ¿Quinientas pesetas? ¡Pues muchas gracias, por cobrarme solo los gastos! Mire, las cuentas mías son éstas: Cuatro quesos, un baifo, tres sacos de papas y uno de millo, hacen un poquito más de quinientas pesetas. Y , como familia no le cuento los gastos de transporte.


¡Así que cuenta con pago. Ni le debo ni me debe. Buenas tardes, Don Ifigenio!


Mi agradecimiento a Alberto Soto por su dibujo. Vean el artículo de finales de Septiembre denominado: Los dibujos de Alberto

El pastor de Caideros


Cuentan hermosas historias de José María, pastor ya desaparecido. Inteligente natural, dotado de una rapidez mental extraordinaria a la que unía la graciosa agudeza de sus respuestas, le han convertido en leyenda en esas cumbres del norte de Gran Canaria. Si tuviéramos que hacer una descripción física de José María, diríamos que destacaba por su fortaleza, el color de su piel más bien blanca, la que se corresponde con el frío de esa zona de la isla. El pelo largo, de un color parecido al de la lana de sus ovejas, cargado y revuelto, le caía sobre los hombros. Lucía además con orgullo un gran bigote.

Un día nuestro personaje bajó para Gáldar a hacer algunas gestiones y a cortarse el pelo, como se decía antes a “arreglarse”. A esa hora no había clientes en la barbería, entró, saludó, se sentó directamente en el sillón y dijo

- Pelao y afeitao.

- Pós la verdad es que aquí hay tela que cortar, dijo el fígaro, buscando las cosquillas.

Estando en la labor de desmoche entró otro cliente de la calle y al maestro no se le ocurre otra cosa que coger por el cuello la cabeza del pastor girándola y mostrándosela en plan de burla al recién llegado

-Oye, Mateo ¿que te parece el carnero que me vino hoy de arriba de la cumbre?.

José María no dijo ni mú. El silencio se hizo eterno, mientras el esquilador seguía cortando el pelo que, poco a poco, iba llenando, el suelo de la barbería. Cuando terminó de “arreglarlo”, incluida su colonia y masaje para la cara, el peluquero lo peinó apresurándose a sacudir con el cepillo los cabellos que le habían caído sobre la ropa. José María se puso en pie ceremoniosamente, se acercó a la puerta despidiéndose

-Buenas tardes, señores.

El barbero sobre la marcha le gritó

-José María, ¿no me pagas?

El pastor contestó señalando al cabello esparcido por el suelo y arrastrando las palabras, con esta frase que ha pasado a la historia

-¡Amigo, en mi tierra los carneros pagan con la lana! ¡Así que ahí la tiene!