Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.
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El helicóptero


Hace muchos años Pancho, todavía un niño, vio por primera vez un helicóptero. A su lado, una señora acompañada de su hija, comentó:
-¡Mira allí, niña, eso es un tricótico!
-¿Como? dijo Pancho
-¿No se dice así? ¿Cómo se dice?
-¡Yo he oído decir que se llama helicóptero, señora, pero no sé si está bien dicho!
La respuesta que dio la señora no se olvidará nunca.
-¿Y yo qué dije, burletero ? ¡Li-co-té-ro! ¿O tú crees que yo no lo sé decir?
Como Pancho seguía con su sonrisa socarrona pasó directamente al insulto.
-¡Te vas a reir de tu madre, buey topón!

Y patas pa qué te quiero

……ooOoo……


Recordando esta historia me viene a la cabeza otra anécdota relacionada con el mismo aparato que se puede adaptar a cualquier territorio. Como me contaron que sucedió en Cazadores, en esa localidad se queda.
Dicen que la primera vez que un helicóptero apareció volando bajo sobre el pueblo, los chiquillos salieron corriendo tras él tirándole piedras. Una viejita del lugar al verlos, se unió a ellos gritando:
-¡No le den en la cabeza, muchachos, a ver si lo cogemos vivo!
¿Hace falta que les aclare el cuento? ¿Verdad que no?
Saludos.

¡Adiós, José María!


Las últimas dos entregas de este blog han girado en torno a un personaje central, José María Alvarez Betancor, compañero de profesión durante al menos 34 años.
Lamentablemente, ayer me llegó la triste noticia de su fallecimiento. Muchas veces le he citado, poniendo a continuación del nombre, una frase: “para mi, para mis adentros” que utilizaba simpáticamente en su conversación conmigo.
Ayer, cuando fui al duelo, me despedí de él con una frase escrita en el libro que se expone en la sala del tanatorio.
Dice así: ¡Cuantas veces me alegraste la vida con tu socarronería! ¡Adiós, compañero!
Seguro que con el paso del tiempo les haré llegar alguna de sus anécdotas. Hoy solo quiero comunicar su fallecimiento.
La fotografía la he tomado de la red y fue realizada por José L. Pérez González, también compañero.
El entierro será esta tarde a las 16:30 desde el tanatorio de Las Rubiesas , en el Cruce de Melenara, Telde, hasta la Basílica de San Juan y desde allí al cementerio de San Gregorio.
Mi más sentido pésame a su familia.

Otra historia de gallos


Hoy recordé una anécdota ocurrida hace alrededor de 30 años, en la que se muestra la proverbial socarronería de José María, mi amigo el de los gallos.
Don Antonio War…, (en inglés: guerra) era en ese tiempo el Administrador de Arbitrios en el Aeropuerto de Gando. Hombre atento y servicial, mantenía buena relación con los administradores de otras islas. En esta historia, su homónimo, en Fuerteventura, D. Domingo Soto, le pide un favor. Quería conseguir un gallo de pelea.
Don Antonio, sabiendo que José María era un número uno como criador y aficionado a los gallos de pelea, se acercó a pedirle un animalito. José María le preguntó para que lo quería. Le contestó que no era para pelear, sino para tenerlo de vista.
Una semana después, apareció José María, con un hermoso gallito. Pequeño, pintado, con su incipiente cresta y espuelas. Don Antonio le compró una caja especial para el transporte por avión -¡le costó un dinero!- . José María colaboró en la entrega rellenando la declaración de Arbitrios, el famoso papel amarillo de Tráfico entre Islas. Al describir clase de mercancía puso de su puño y letra:

GALLO DE PELEA, en mayúsculas, y

en el apartado de valor (a efectos del seguro) puso 12.000 pesetas de entonces.

¡Eso sí, a fines puramente estadísticos!



Hasta aquí todo va bien y el gallo sigue creciendo. El problema se planteó un mes más tarde. Desconozco las conversaciones mantenidas entre ambos administradores, pero sí les juro que a la Terminal de Carga del Aeropuerto llegó un bulto dirigido a don Antonio el administrador, conteniendo en su interior el gallo viajero.
La documentación aneja decía también en mayúsculas:

Mercancía: AVE de CORRAL (Kíkere) (1), en devolución
Valor estadístico: CERO



Don Antonio se presentó cabreado ante José María, diciéndole en qué lugar le había dejado. Éste, se limitó a contestar:
- Antonio, ¿tú sabes bien, cuánto vale un gallo de pelea?
- Y, por si no lo sabes, yo cruzo mis gallos con kíkaras porque salen más fieros. ¡ Ese hombre sabe de gallos, porque algo de kíkere si tiene! Y, mire, hágame el favor de leerse el diccionario bagañete (2) y verá que dice:
El quíquere es una raza de gallos pequeños de pelea.

¡Así que yo no le ha engañado a usted!

¡José María no dijo HA, pero a Pancho le divierte escribirlo así! . Saludos
_____________________________


(1) Quíquere - Es una especie de gallina chica y con muy mala leche. También se suele decir que alguien es un quíquere cuando siempre va encogotado y con ganas de guerra. Habitualmente se emplea con las mujeres.
Quíquera - Hembra del quíquere.

(2)Diccionario bagañete: (De Tazacorte, en la Isla de La Palma)
** Quíquere: raza de gallos pequeños de pelea.

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A José María, un gallo fino


Hoy escuché un verso, titulado Recuerdos a un gallo fino recitado por Dacio Ferrera, cantante canario por el que siento admiración. Lo tengo situado como lo más auténtico de nuestro folklore, junto a Juanito Quintana, el Claca, en Gran Canaria o Manuel Navarro, nuestro Viejo Navarro, en Fuerteventura.
La letra del verso echó a volar mi mente que se posó en Telde, en un día de hace muchos años. Allí estaba acompañado de un amigo, José María Alvarez B. para mi, para mis adentros, una de las personas más socarronas que he conocido. Me está contando alguna de sus perrerías, relacionadas con su afición por los gallos y trata de como convenció a un amigo para que pusiera uno de sus gallos de pelea en el cercado de su casa del campo, al objeto de que el animal estuviera en contacto con la naturaleza. Para endulzarlo le dijo que cuando fuera el gallo a pelear, pondría en el cartel lo siguiente:


Gallo: Colorao
Propietario: Pepe María
Casteado por: nombre del amigo


El hombre accedió y parece ser que el gallo le destrozó el cercado, picoteando y escarbando todo lo que había plantado, especialmente verduras. Al día siguiente tuvo que ir, de urgencia, a buscarlo. Todavía creo que están pendientes las indemnizaciones.
Me llevó primero a ver un amigo que jugó al fútbol con Pancho y después a una gallera que estaba junto al barrio de San Francisco. Me quedé asombrado de la afición que existía, de los cuidados que se daban a los animales. En fin, de todo lo relacionado con los gallos de pelea. Tenía allí varios gallos de su propiedad. Intentó que me llevara uno a mi cercado y le dije:

-Pepe, si me lo llevo mañana comemos sopa de pollo de almuerzo. Así que tu sabrás...

Me dijo, dejándose ir pal pié con su cara de pícaro

-Entonces, mejor me quedo con él ¿verdad?

Les transcribo el verso


Tengo un gallo que en pelea
Le han dejado un ojo tuerto
De los que no se malean
Y habrá que sacarlo muerto

El viene de un gran castío
De una gallina sencilla
Tiene planta, mucho brío
No se va pá la guarida

Me gusta cuando los pechan
Y los ponen a correr
El que no es fuerte y se echa
Se lo tendrán que comer

Por eso quiero a ese pinto
Colorao o canabuey
Demostrando sus instintos
Y verlos “peliar” después

Y yo les digo señores
Que aunque seas un gallo tuerto
Cúrate de tus dolores
Y siente que no estás muerto

Ya viene un nuevo pollito
Que le gusta la pelea
Hay que buscarle un campito
Pá que crezcan sus espuelas



Casualidades de la vida, al llegar a Las Palmas me encontré con un amigo común, Pepe Arencibia.
Me cuenta, José María, que estás comiendo poco y eso no es bueno para la salud.
Esperando que lo leas, se me ocurrió escribirte este medio folio para traspasarte el verso que igual no conoces. Y ahora, una anécdota nuestra
¿Te acuerdas, Pepe, cuando me dijiste que yo era muy inteligente?

Mi respuesta fué cerrar la boca y apretar los dientes. Me preguntaste porqué hacía eso. Y te dije para que no se me caiga el queso, como en la fábula de la zorra y el cuervo.
¿Cuantas veces me lo has recordado?
Siempre has sido fuerte y has sabido enfrentarte a la vida con una sonrisa en tu cara.
¡Venga, otra demostración!


Un abrazo……….

Cristobita, de La Breña




José Rodríguez García (Cristobita). Nació el 10 de Julio de 1934, en Lomo Magullo (Telde), aunque vive en La Breña, lugar del mismo municipio. Tiene, por tanto, 75 años cumplidos. Sencillo, simpático, alegre, educado, respetuoso… Es una delicia charlar con él.
Sus habilidades más notables son éstas: Estupendo bailarín –le habrán visto ustedes en televisión- y posee una memoria a prueba de bombas. Mientras hablábamos, durante un baile de taifas, varias mujeres conocidas de Pancho le pidieron, en voz baja:

-¡Dígale a Cristobita que me saque a bailar!.

Es una maravilla verle danzar en círculos, apoyado siempre en la punta de su pie izquierdo. Según dicen sus parejas de baile: ¡Es livianísimo!.
En el transcurso de la conversación contó esta historia que me sorprendió por su gracia. Fue una contestación a mi pregunta:
-¿Si su nombre es José, porqué le dicen Cristóbal?
Ahí va la respuesta, sin añadidos.

Nací el día de San Cristóbal y me quitaron el nombre. Le voy a decir como fue. Yo a mi hermano le llamo José y mi hermano me llama a mí, Cristóbal. Tenemos el nombre cambiado. Cuando yo nací, nací en Lomo Magullo, no nací en La Breña. Y entonces….., mi padre fue a apuntarme al Ayuntamiento y me puso José, igual que él. Mi padre se llama José.
Al siguiente día, vinieron mis abuelos y le preguntaron a mi padre
-¿Como se llama el chiquillo?
-¡José!
Nací el día de San Cristóbal, ¡eh! .Y mis abuelos se echaron a llorar. Porque se les había muerto hacía poco tiempo un hijo que se llamaba Cristóbal, de 9 años.
Y mi padre dijo:
-¡Pues se llama Cristóbal!
Y todo el mundo me llamó Cristóbal. Cuando nació el otro, lo apuntaron Cristóbal y mi padre le dijo a mi abuelo:
-¡Ahora le cambiamos el nombre!
Y mi abuelo dijo: ¡No, no!
Pues seguí Cristóbal y mi hermano José.

¿Que les parece la historia?
Y siguió….

Cuando fui al cuartel me tuve que aprender bien el apellido Montelongo. Era el soldado que estaba en la lista antes de mí. Después de él, decían José Rodríguez –que soy yo- y no me daba cuenta. Pá no equivocarme, cuando decían Montelongo, ya estaba preparado porque detrás de él, me nombraban a mi.

En otro orden de cosas, Cristobita se sabe refranes y letras de puntos cubanos muy antiguos. Aunque recogí bastantes, les ofrezco estos tres:


1.- El comelón

En dos horas por el reloj
Me comí un saco de arroz
Siete vacas y un ternero
También me comí un cordero
Y de papas, un serón
Cien kilos de salchichón
Doscientos de huevos fritos
Y como comía poquito
me decían el comelón


2.- Canarias y Cuba

Canarias tiene terrenos
Mejores que los de Cuba
Donde se cosechan uvas,
Trigo, cebada y centeno
Y tabaco no tenemos,
Porque la tierra no deja
Tenemos vacas y ovejas
Canarias es un gran tesoro
Y sin embargo se quejan


3.- Distinta comida

Para mi mujer, cebollas
Y para mí, carne asada
Porque cada uno come
Lo que le agrada.


Un saludo cordial y ¡¡ Feliz Navidad a todos!!



El encargo de café


 
Ricardo Santana, mi personaje de hoy, en adelante RS, iniciales del verdadero protagonista, va caminando por el Camino Nuevo con dirección a la parada de los coches de Molina. Se encuentra con don Pedro a quien conoce de toda la vida.
-RS ¿vas parriba?
-¡Parriba voy!
-No te importa pasar por el tostadero y le llevas un encargo a mi mujer!
-¡Bueno fuera. Dígame qué!.
-¡Es un paquetito de café de Colombia que me tiene prometido!.
-¡No se preocupe que se lo llevo!
Nuestro amigo se presenta en el negocio de café pidiendo al dueño Francisco, el encargo.
Hablador como él solo, empieza a hablar de lo buena persona que es don Pedro. Que si un día lo necesitó y ¡oiga una maravilla de persona!. Y le largó una indirecta. ¡No como otros que todo se va en paja!
RS un poco molesto oliiendo que se refiere a él y que se le escapa el coche de hora, dice:
-¡Mire Francisco, la verdad es que hoy tengo un poco de prisa. Si no le importa, otro día hablamos con más detenimiento!
Se mete en el despacho saliendo con tres paquetes de café, dos de cinco kilos y uno de un kilo.
-¡Mire, le dice a don Pedro que es de caracol. Le lleva estos dos y éste –el de kilo- lo coge para usted por el favor!
-¡Muchas gracias!
Según cogió los paquetes, a RS se le mete dentro el diablo y comienza a darle vueltas a la cabeza, pensando en darle uno grande y uno chico a don Pedro y quedarse él con uno grande. ¡Total, él no se va a enterar! ¡Pá qué quiere tanto café si no tiene hijos, ni va a poner una tienda!
Al terminar el trayecto ya tiene decidido que hacer. Le dará un paquete grande a la mujer de don Pedro y él se quedará con dos.
Llegado al pueblo, deja las cosas en su casa y se dirige con el paquete grande a entregar el encargo. Toca a la puerta de la mansión y abre la criada.
-¿Está la señora? .De parte del señor que le entregue este paquete.
-¡Espere, que se lo digo!
La chica vuelve a la puerta y dice:
-¡Doña Lola que espere un momento porque le va a dar un encargo!
En el interín la señora ha abierto el paquete, poniendo una buena cantidad de café – como dos kilos- sobre un papel. Lo envuelve y con él en la mano, sale a la puerta y se lo entrega a RS.
-¡Muchas gracias, Ricardito!
Éste, perturbado no acierta a darle las gracias. Hizo ademán de no quererlo, pero aún y así, cogió el paquete, a la vez que se despedía con un entrecortado adiós.

Parte final de la historia.

Al llegar don Pedro a casa, su esposa le contó la historia del paquete de café, a lo que contestó:
-¿Cuántos paquetes dices que te entregó!
-¡Uno, y bien grande. Le di casi la mitad por el recado, como tiene tantos niñitos!
-¿Por el recado, dices? ¡Me cago en la madre que lo parió!. Yo pasé después por casa de Francisco. Me dijo que la había dado dos paquetes para mí y otro para él. ¡El muy cabr….! ¡ Se mamó de 3, dos paquetes y medio, el caballero!. ¡Vaya transporte más caro!. ¡Cuando lo vea, se va a enterar!.
Unos días después se encontró con el amigo Ricardo.
-¡Gracias por el encargo, hombre! ¿Pesaba mucho?
-¡ La verdad es que si pesaba pero gracias a su mujer, penas con pan son menos!. Déle las gracias a su señora, don Pedro y cuando necesite que le traiga algún encargo, no dude en decírmelo!.¡ En esta vida, estamos para ayudarnos unos a otros!
-¡No te preocupes que ya hablé con Francisco y me dijo lo que había. Pierde cuidado que no te vuelvo a ocupar en la vida!.
¡No se fie de ese hombre don Pedro, porque estoy casi seguro que lo malmetió! Todo el mundo sabe que ese hombre es un lenguatrapo y un enreador ! ¡Sabe Dios lo qué le habrá dicho!
-¡Nada más que la verdad, amigo. Nada más que la verdad!
-¿La verdad? ¡Deje que lo vea yo, a ver que le dijo! ¡Se va a enterar ese bandío!.

¡Que buena gente es Don Pedro!

Boda en Lomo Las Palmas


Tenía mi madre una sirvienta de alli, de Lomo Las Palmas, que se llamaba Juana, la hija de Maria Cestillo. Cuando vino pa Las Palmas, era ya treintona y no sabía encender la luz ni apagarla. ¡Ella no sabía la corriente!. No había visto el cine más que una vez, cuando lo ponía en la plaza don Juan el cura, que era de Tejeda. El mismo don Juan que ponía la mano delante de la pantalla cuando la pareja protagonista se iba a besar, para que no la vieran los vecinos.

Pues bien, un día Juana llegó a la casa contándonos lo que había pasado el domingo en su pueblo. Resulta que hubo boda en Lomo Las Palmas a la luz de un petromar (lámpara de alumbrado). Y que los novios le daban poco fuelle al "parato", pá así poderse ir rápidos a la chocita adonde iban a vivir. Al parecer esta vez, se fueron demasiado temprano porque la gente empezó a preguntarse: ¿ Y los novios? ¿Y los novios? ¿Y donde están los novios?

Nadie los veía y buscando, buscando, dieron con el escondite de los muchachos en su nueva choza. Se acercan todos los convidados a la puerta y oyen que dentro el novio le está diciendo a la novia, con énfasis:

-¡Esnúese!

-¡Ay, Pepe, no seas así, hombre!

-¡Le he dicho que se esnúe!

-¡Ay, Dios mío ! ¿Y esto va a ser siempre así?

La mujer se desnuda y ahora parece ser que Pepe puso el dinero en el suelo.

-¡Recójalas!

-¡Ay, Pepe! ¡Tu estás loco!

-¡Le he dicho que las recoja!

Aquí está el macho, propietario de la hembra, como marido, que al verla en el suelo, desnuda y recogiendo el dinero le dice con pasión:

-¡Coooño, qué bonita estaaás pá retratarte!

En esto se oye un ruido seco fuera y Pepe pregunta:

-¿Quien anda ahi?. Ojo; no dijo ahí, dijo ay

A lo que contestaron los invitados a coro:

-¡Los retratiiistas!

El polígano

Esta anécdota es real. Ocurrió allá por los años 80. En esa época, la asistencia sanitaria de Pancho y su familia se dispensaba en el Servicio de Consultas Externas del Hospital Insular. Allí se encontraban las familias de todos los funcionarios del Cabildo, la Jiai, etc. De hecho las mujeres e hijos de los funcionarios se conocían de verse en el hospital. Eran tiempos en que todos nuestros niños padecían bronquitis asmática y pies valgos. Por cierto, que por ese motivo todos los niños llevaban botas correctoras porque, al parecer, ninguno nacía con los pies bien. A lo largo del tiempo resultó que era una práctica equivocada y hoy ya no se utiliza de forma tan masiva este tratamiento. Pues bien, al hospital se dirigió mi hombre a ver al médico. Una vez atendido por el galeno, le señalaron día y hora para nueva consulta. Para ello, había que hacer "cola" en una ventanilla grande, situada a la entrada del edificio y atendida por dos enfermeras.

En la fila delante de Pancho estaban dos señoras, al parecer amigas. Por la conversación que tenían, nuestro hombre sacó la conclusión de que eran “chacalotas”, nombre que también en masculino -“chacalotes”- se daba en Las Palmas a la gente del barrio marinero de San Cristóbal. Al llegar el turno de ser atendida la primera de ellas, la enfermera le pregunta su domicilio, a lo que contesta:

- En la calle Málaga, aquí en el “polígano”.

Al escuchar lo que dijo su amiga, la otra señora –más “cultivada”- le corrigió así:

- ¡Mi niña, qué cabezúa eres, por Dios! El “polígano” es el de Jinámar. El de aquí, el nuestro de San Cristóbal, es el “po-lí-ga-mo”. ¡A ver si te enteras, que ya te lo ha dicho más de cuatro veces y sigues con lo mismo!.

La mirada de complicidad entre la enfermera y Pancho fue tan grande que ambos a un tiempo empezaron a reírse, intentando disimular, del docto y sesudo comentario de la “maestra correctora”. ¡Todo, menos polígono!


Uno de animales


Tal como me lo contaron lo cuento. Don Antonio, de apodo el Gato, está esperando en la parada al único taxi del pueblo. Para que lo vea todo el mundo lleva en su mano una toalla -indicando que va a la playa- y gafas oscuras. De lejos, un amigo le pregunta:

-¿Qué, Antonio, pá la playa ?

Este, con gesto altivo, presuntuoso y autosuficiente, lo que nosotros conocemos como un echador, le contesta:

¡Sí, pasa algo! .

Al segundo personaje se le conoce como Luis, el Grillo que vuelve a la carga:

-¡Ya coño, y no me llevas gatito!.

Siempre han sido buenos amigos y compañeros de fatigas. Con una cierta dependencia del Grillo –siempre está fallo a oros, que quiere decir falto de dinero –.

Contesta don Antonio:

- ¡Mire, si se dá Vd. prisa, lo llevo!

En un soslaire llegó Luis, con su bañador puesto, de esos de pata larga, su toalla, chanclas y también sus gafas de sol.

Subieron en el primer taxi que llegó y Antonio ordena al chófer:

-¡Pál sur!.

Y se dirigieron concretamente a Maspalomas.

En aquel tiempo, allí junto al faro estaba, como hoy, el hotel Oasis, pero tenía un jardín lleno de palmeras que empezaba a más de 250 metros del hotel. Al llegar a la entrada del jardín había un letrero que decía:

Prohibido el paso a personas no alojadas.

Antonio siguió adelante como si nada.

Luis le dijo:

¡Mira Antonio, hay un letrero!

Antonio, imperturbable:

¡Siga palante. Eso no es pa nosotros!.

Siguen caminando un rato y de pronto se tropiezan con otro letrero, que dice:

Prohibido animales.

Fue entonces cuando Luis paró en seco y le dijo a Antonio la frase que tanta gracia me hizo:

¿ Gatito, los animales que dice el cartel que son: vertebrados o invertebrados ?

¡Señores, el sábado no hay machorra!

En un pueblo de la isla de Gran Canaria, existe la costumbre en los entierros que una vez enterrado el difunto, sube a un lugar elevado del cementerio –para ser visto- un señor con su terno azul oscuro y una corbata azul clara que al parecer es “el de la funeraria” y hablando en nombre de la familia dice:
” La familia agradece su asistencia y les comunica que el día y hora tal y en la iglesia cual, se celebrará el funeral por el alma de don fulano de tal….”
Este dato es necesario para la comprensión de la historia que sigue a continuación:
Estamos en el cementerio, esperando por el coche fúnebre y oigo a un señor que le dice a otro: ¡Oye, el sábado, por la mañana, Alberto mata una machorra, no me faltes!.
Jurado por Dios que a mí no me invitaron, pero si les puedo decir que esta conversación la oí casi todas las veces, -dicha por otros o por mí- mientras esperábamos.
Lo gracioso fue cuando ya terminaba el entierro, se sube el señor del traje oscuro para notificar y cuando va a hablar, se sube también Alberto cabreado por tantos invitados a su fiesta y a voz en grito, dice:
¡Señores, el sábado no hay machorra!
¿Qué pensarían las personas que estaban allí para un entierro y no tenían conocimiento de la fiesta de la machorra?. ¿Era un buen lugar y momento para anunciar una fiesta? ¿Saben quien invitaba a todo el mundo? ¿No lo sospechan? Saben que Pancho (PT) no se llevaba con Alberto?

Mi agradecimiento al amigo Pepe Trujillo, de Telde.