Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

Autógrafo perdido

Viendo fotografías en Internet, Pancho se encontró con ésta que les muestra y que le trajo  a la memoria una historia ocurrida alrededor del año 1968. En esa época,  estudiaba inglés y aparte de las clases con profesores/as nativos en la British School, “ampliaba sus estudios”  saliendo por las noches a encontrar turistas, preferentemente femeninas que le ayudaran en tan loable tarea. Pues bien, esa noche se encontraba ya de madrugada en la discoteca del Hotel Astoria, y no debió encontrar profesora  porque  salía corriendo escaleras arriba en busca del reparador sueño. En esa época a diferencia de la de hoy, había donde  ir a trabajar por la mañana.
La discoteca/sala de fiestas estaba situada en la planta sótano del hotel  y Pancho subía a zancadas para llegar al salón de entrada –donde estaba la recepción-  y salir a la calle. Por otro lado y bajando la escalera para llegar a la misma planta  lo hacía un señor “empaquetado” –que quiere decir en mi tierra, bien trajeado- .  Al oír  que alguien corría detrás, se dio la vuelta y me preguntó:
-¿Cuál es  su nombre?
Me quedé sorprendido. Era Antonio Machín, el célebre cantante de boleros, quien con una estampa-foto  en la mano, pensó que le pedía un autógrafo.
Sobre la marcha se lo di y me  regaló la postal donde escribió esta  frase:
A mi amigo Pancho, con afecto.  
Me quedé contento con el regalo y hablamos un poquito. Tenía acento cubano  muy dulce y cadencioso. Hoy recuerdo con añoranza sus canciones: «El Manisero», «Dos Gardenias», «Angelitos negros», etc.   Nacido  en Cuba en 1903,  falleció en Sevilla en 1977.
Sigamos con la historia.  Mi padre, para contribuir a mi independencia,  me hizo en la azotea un cuarto de baño y una habitación espaciosa para que tuviera mis cosas ordenadas y también – lo pienso ahora- para que mis amigos no estuvieran siempre sentados en el salón de mi casa. Por esa época, yo guardaba mis pequeños tesoros en una caja grande de madera  cerrada con un candado. Allí tenía entre otras cosas, conchas de caracolas, libros y revistas de contenido ideológico –prohibidas por aquel entonces- , así como sellos, monedas extranjeras  y alguna otra cosa que quería mantener  fuera de la vista y control directo de mi madre. A esa caja incorporé mi autógrafo de Antonio Machín.
Y miren que triste fin. Un día llegué a mi casa y estaban los bomberos apagando un incendio en la azotea. Todas mis pertenencias, entre ellas la estampita-autógrafo firmada  se perdió para siempre.  Bastantes veces he lamentado su pérdida y hoy al ver la imagen la recordé…….
Saludos  

Los zapatos de Antonio

                                
Hoy nuestros  niños se alimentan con jamón  y yogures. Antes  la dieta constaba de leche y gofio. Hoy son altos y fuertes. Todos son deportistas. Todos, no, casi todos. De hecho la estatura media en el país ha crecido en un siglo en 12 centímetros, siendo la media de 1,76 mts. los hombres y 1,61 las mujeres. (1)
Según el INE, 176,6 para varones entre 15 y 24 años.
Pero, a lo que íbamos, antes calzábamos alpargatas, hoy nuestros jóvenes llevan zapatillas de deportes de marca. Y los padres de alguna manera contribuimos a ese error de preferir la moda a la comodidad. A que se destaquen por lo que llevan puesto y no por lo bien amueblada que tengan la cabeza.
Pero siempre, antes y ahora, ha habido grandullones. Chicos de  casi 2 metros y hasta más. Antes, cuando un niño tenía una talla de pie diferente, por no decir “más grande de la cuenta”, los padres –que tuvieran posibles- les mandaban a hacerle zapatos a la medida en Agaete, localidad del norte de la isla de Gran Canaria.
Para los que carecieran de recursos,  la solución estaba en el zapatero del barrio o pueblo que amañaba un zapato de hombre para adaptarlo -recortando o ampliando – y dejarlo lo más cómodo posible para el niño grande.
 Yo recuerdo de mi niñez a Carmelito, el zapatero, -también hacía jaulas- con sus cuchillas bien afiladas, adaptando un zapato  para un niño del que ahora acabo de recordar nombre y apodo: Antonito, el  ”huevo frito”, niño fino del pueblo, hijo de un preboste. Tenía sus zapatos de Agaete, de los caros caros, pero también otros de Mastro Carmelo.
Mi historia de hoy , la que siempre sigue a estos prolegómenos es la siguiente:
Antoñito, cansado de los zapatos de maestro Carmelo, decidió un día buscar la solución. Le pidió dinero a su madre y acompañado de su amigo Pancho - sí, ese Pancho, el mío - bajaron a Las Palmas, justamente a la calle de Triana, principal zona comercial de  la ciudad de entonces.  Fuimos mirando por fuera, los escaparates de todas las peleterías. 
Ustedes saben, y es necesario conocerlo para la buena comprensión de la historia, que en una peletería se venden zapatos, bolsos, maletas y  artículos de cuero, como cinturones, carteras, pulseras, etc…
Antonio vió unos zapatos que le gustaron,  entró,  se acercó al mostrador y esperó a que le atendiera un dependiente varón,  pues tenía vergüenza de consultar a una señorita. El diálogo lo transcribo literalmente
Señaló un zapato que había en el escaparate y dijo
-¡De ése en marrón, tráigame uno para probármelo!
-¿Que talla calza usted?
Antonio contraatacó nervioso
-¿Cuál es la talla más grande que tiene?
-¡De estos  vienen hasta la talla 44  o 45!
-¡Tráigame los del 45!
El empleado  trajo los zapatos. ¡Zapatos, cristiano, zapatones!.  Antoñito se descalzó y empezó a probárselos. Pero nada, aquello no le entraba ni la mitad. Se quedó dudando, poniéndose colorado y repreguntó
-¿  Y más grande que este no tiene,  aunque sea de otro modelo?
La respuesta del dependiente -poniendo el tono jodelón de Pepe Monagas- fue tremenda para el pobre Antonio…. y sorprendente para mí que -con total falta de empatía- se me escapó una  carcajada.
-¡ Más grande que esto, señor, lo que tenemos son…..  maletas!

La respuesta de Antoñito no se puede reproducir aquí, pero fue un insulto a mi madre en dos palabras. Pobrecita. Precisamente a ella que no tenía que ver en el asunto.

Saludos………………..


(1) La Asociación Española de Pediatría ha fijado la talla media de los hombres españoles en 1,76 metros, un centímetro más que la media europea, y la de las mujeres en 1,61 metros, tres centímetros menos que la media de sus vecinas de continente.

Burritos gemelos




Hoy me contaron una historia cortita, casi un chiste. Se la muestro al final de este escrito porque para entenderla se hizo necesaria una pequeña averiguación.
Se trataba de conocer las crías que pare una burra, dato necesario para comprender la anécdota final.
 Búsqueda de datos.-
Una vez concluida, sabemos
1.-Los sinónimos de burro: jumento, borrico, asno, pollino, rucio, rozno
2.- Que los burros tienen 16 cromosomas más que los seres humanos, y son capaces de reproducirse con animales de especies diferentes a la suya: una mula nace del cruce de un asno macho y una yegua. La reproducción de una burra y un caballo origina un burdégano; y los cebroides son frutos del apareamiento entre cebras y burros. Eso sí, la mayoría de estos animales no producen descendencia.
3.- Que en ambos casos son estériles debido a incompatibilidades genéticas, aunque se han dado casos que han conseguido reproducirse.
4.-Se podría decir que las crías obtienen el físico materno y el carácter paterno, por lo que siempre han sido más valiosos los mulos y mulas, al ser grandes y fuertes como los caballos pero de un carácter tranquilo y sufrido como los burros. Además suelen ser más fáciles de criar y más sanas, debido a que deben ser más compatibles sus cromosomas paternos y maternos entre sí, que en el caso de los burdéganos.
5.-Que en las últimas décadas la población de burros española así como la caballar y mular han ido disminuyendo, de forma general.
6.-Los asnos (burros), mejor dicho las burras, no tienen camadas, pues éstas son cuando hay varias crías en cada parto.
7.- Al igual que los caballos, sólo paren una cría cada vez, y en raras excepciones dos. Los equinos nacen con las patas muy largas, bastante desarrollados, y difícilmente cabrían 2 en el útero de una burra...o yegua, o cebra, etc...
8.-Que la gestación puede durar entre los 360 y 380 días.
9.- Otra curiosidad es que el mejor momento para quedar preñada la burra es una vez acabado un parto, pues la burra no se muestra cansada y durante un intervalo de 10 dias (ni uno más, ni uno menos) continúa su estado de celo. El índice de abortos puede ser de un 10%.
Lectura interesante
Aguda y certera es la reseña acerca del burro que Sebastián de Covarrubias ofrece en su 'Tesoro.., (1)'de 1611.
Da comienzo así: -asno (doc. 1076, del lat. asinus ) m. «Animal conocido, doméstico y familiar al hombre, de mucho provecho y poco gasto, de grande servicio y que no da ruido, salvo cuando rebuzna, que aquel rato es insufrible. No ha menester trabas ni maniotas, porque no da coces ni es malicioso, un niño le lleva donde quiere, no huye aunque se suelte, a todos ministerios se acomoda, con él nos acarrean el pan y el vino y las demás vituallas, él trae la rueda de la noria, el agua del río, muele en la tahona, lleva el trigo al molino y lo vuelve harina, limpia la casa de la basura y estercola el campo, acarrea materiales para los edificios, a veces ara y a su tiempo trilla y recoge la mies; todo esto con gran paciencia y simplicidad, porque, según refiere Aristóteles, lib. 3, cap. 20, de Historia animalium, no tiene hiel.»,
Búsqueda en el territorio
Mis primeros pasos se encaminaron hacia una instalación situada en la subida a Taidía en Santa Lucía de Tirajana. Su nombre Burro Safari Las Tirajanas.
 Allí me atendió, con mucha amabilidad D. Mateo Martín. Le expliqué el motivo de mi visita –número de crías en el parto de una burra-y su respuesta fue:
-¡Las mismas que una mujer, una. Y a veces, muy raras veces, dos. Pero cuando pare dos, es muy difícil que las logre. Y casi siempre muere una!
En las instalaciones habían unos setenta burros de tres razas canarias: la palmera, más alta y fuerte; la majorera, más pequeña; y la grancanaria, a la que también se conoce como “de la tierra”, de tamaño un poco más grande que la majorera. Al parecer las tres razas o variedades tienen una gran capacidad de carga y trabajo.       Me estuvo enseñando don Mateo una cría de 4 días, preciosa, limpita, de las que les muestro alguna fotografía. Causaba admiración como la trataba, casi como si fuera una niña pequeña. La cogía en sus brazos, hablándole con cariño.
Y para demostrarme lo dócil que era, la acostó, tapándole la cara con la manta o con un sombrero, quedándose la cría –de nombre Fortunata- totalmente quieta.
Y ahora la anécdota motivadora de esta historia:
: A un campesino -que tenía alguna dificultad al hablar- le parió una burra dos crías. Lo tenían harto con la pregunta
-¿Qué te parió la burra?
contestaba, hastiado
-¡Burriburra! (2)
Cuando iba con el animalito por el pueblo, con los dos pollinos sueltos saltando  detrás, todo eran preguntas al pasar
-¿Y como se hacen pá comer?
A lo que contestaba, muy tranquilamente
-¡Una mama, la ota mira!
Saludos..............

Dedicado a Manuel López Ojeda, de Tirajana, fiel seguidor de estas historias.


                                ___________________________________
    (1) El Tesoro de la lengua castellana o española es un diccionario del español obra del erudito Sebastián de Covarrubias publicado en 1611. Es el primer diccionario general monolingüe del castellano, es decir, el primero en que el léxico castellano es definido en esta misma lengua.
(2) Burro y burra.















Un gato en Los Cuchillos

Panchito Calderín salió de madrugada para Arucas. Llevaba sobre la burra, la carga de cochinilla. Once kilos. También unos albaricoques para completar la carga. Un dineral porque la cochinilla se pagaba seca a precio de oro. Allí la cambiaría en el almacén de los Rosales, por mercancía variada y dinero. Arucas era en esa época –años 50- el lugar donde mejor la pagaban en toda la isla. Dicho y hecho, negoció a buen precio higos frescos, recién llegados de Moya y también doce kilos pasados, quiero decir higos pasados, que él sabía vendería sin dificultad pues tenía siempre compradores para cualquier tipo de mercancías. No les he dicho -tampoco había hecho falta- que Panchito, el arriero, tenía justa fama de hombre serio. No era corriente, pero a muy pocos como a él, se le dejaba llevar la mercancía tratada y ya la pagaría a la vuelta. Como les decía, desde Arucas cogió rumbo con la burra cargada para Las Palmas capital. A su paso por Tenoya se encontró con mi abuelo Antonio Francisco, al que también conocía por Panchito.
-¿Cómo andamos, tocayo?

-¡Bien, hombre! ¡Ganas tenía de verlo, a ver si hacíamos trato!
Paró y bebieron agüita fresca, primero él –de la talla de mi abuela- y después la bestia, en un balde de cinc al que mi abuelo Antonio añadió un poco de paja y rollón. Doy este detalle -innecesario para el desarrollo de mi historia- del orden a la hora de beber agua, al recordar la canción canaria que dice:
Despacito y con cuidado
Dijo el pastor en la fuente
Primero bebe el ganado
Y después bebe la gente.
Hablando, hablando y observando arriba y abajo una vaca de mi abuelo, terminaron tratándola en 100 duros. Se dieron la mano en señal de que se había cerrado el trato y Calderín le dijo que en una semana vendría para llevársela, que no le dejaba dinero porque no lo tenía. También dijo que ya la tenía vendida en El Toscón, bastante cerca de Tamaraceite y por tanto, sin alejarse mucho del rumbo que seguía. Mi abuelo se empeñó en que se la llevara y él, trancado en que no. Dejemos por un momento el rumbo de Calderín y detengámonos en el cierre final del trato de mi abuelo. ¡Oiga, esto me lo contó él y por tanto no admite ni dudas ni réplica!
Aquel día no se la llevó y, como si fuera una maldición al día siguiente pasó otro tratante. Se empeñó en la vaca de mi abuelo que contestaba
-¡La vaca está vendida!

-¡Oiga, le doy 140 duros por la vaca! ¡ Mire aquí el dinero!

Enseñándole los billetes repetía:

¡ Lo vé!¡ El dinero está oyendo la conversación!

Mi abuelo repetía

-¡La vaca está vendida! ¡ Qué clase de hombre se cree usted que soy yo, carajo! ¡La vaca ya no es mía!
El tratante se fue molesto.Cuando mi abuelo me lo contó, dijo riéndose de sí mismo
-¿Tu sabes Panchillo que estuve dos años cobrar la vaca?
-¿Y eso, abuelo?
-¡Pues mira, los asuntos se le dieron mal a Calderín y se enfermó, mandó un par de avisos pá que supiera lo que pasaba y que no podía pagarme!
-¡Un día, pasado dos años, llegó por aquí un sobrino de él y me trajo el dinero! ¡Y lo que no hice en dos años, lo hice a la semana! ¡Alquilé un coche y fui con tu abuela a Tirajana a visitarlo y le llevé su baifito y unas naranjas chinas de La Hoya! ¡Buen amigo Calderín y un señor toda la vida!
Y remachaba
¡Ya no hay gente de ésa. Aquello era pura tea, hoy lo que hay es pinsapo!
¡Lo que jodía un poco era que cuando pasaba por aquí el marchante de los 140 duros, me decía pa calentarme! ¡Como corren las malas noticias!
-¿Qué, Panchito ya cobró la vaca?
A lo que respondía mi abuelo

-¡A usted no se la hubiera vendido ni en mil duros. Así que métase en sus carzones, carajo!
Y terminamos ahora la historia del viaje comercial de Calderín y su burrita rumbo a Las Palmas. Allí vendió y cambió su mercancía en el Mercado de Vegueta y cargado de queso tiró para Tirajana. Lo que sigue ahora me lo contó su nieta Paquita Hernández esta mañana.
Cuando subía por Los Cuchillos y al llegar a terreno llano en Guriete, se subió un rato en la burra para descansar. ¡El, no la bestia!
Era sol puesto y de repente, en esa penumbra un gato que salta y se acurruca detrás de él, sobre el animal. Calderín se azoró y con los pelos de punta aguantó callado casi dos kilómetros. Al llegar a casa de Mariquita Antonia - única casa que aún queda en todo el camino de Los Cuchillos, llegando a Santa Lucía, hoy a punto de caer derribada por el paso de los años- el gato que salta al suelo y desapareció difuminándose en el aire a la vez que se reía a carcajadas con voz de mujer que parecía venir del fondo de los infiernos:
-¡Mentecato, llevo un gran rato montado en la burra y tu medio dormido sin enterarte, ji, ji,ji!
¿Sería una bruja?
Ustedes saben como yo que en aquel tiempo no había luz y también saben que las brujas se acabaron cuando llegó la luz eléctrica. ¿O no lo sabían?
Saludos.

No al Petróleo, sí a las energías renovables


 Ayer 24  de Marzo, tal  como había anunciado, Pancho participó en la manifestación en contra de las prospecciones petrolíferas en Canarias que se celebró en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Quedó gratamente sorprendido de la cantidad de personas, especialmente jóvenes, que allí se reunieron.   No se atreve a decir cuantas, ni emplear el manido argumento de según los organizadores o la policía, pero sí les dice que fueron  muchas y bastante más de la esperada. Se adjuntan fotografías -llenas  de originalidad y creatividad  del evento-, a la vez que les anima a participar en futuras acciones de apoyo en la justa causa de dejar la tierra para nuestros hijos en las mismas condiciones o mejores de la que nos la trasmitieron.
Saludos

FueLteventura


Un amigo majorero me ha enviado este archivo, solicitando apoyo. Les adjunto un enlace en el que se pueden formar/ informar sobre las prospecciones y crear su propio criterio en este asunto.

Otro enlace interesante: Ben Magec


Por nuestra parte, ya tenemos fijado la posición: Compartimos y consideramos justa causa la lucha de los hermanos de Lanzarote y Fuerteventura. Hay que hacerla extensiva a toda Canarias.
Pancho
Creo que vale la pena perder unos minutos.  Saludos.

Estero/a con alas

Mi estero con alas
Hubo un tiempo en que no había interruptores para encender la luz. No hacían falta, pues no había corriente eléctrica. Las personas se iluminaban con quinqués –los antiguos, aún dicen quinkle- y las velas –bujías de parafina- para alumbrar eran un producto de uso común. Las cocinas utilizaban como combustible la leña, artículo muy valorado entonces y en estos tiempos  abandonada en esos campos para pasto de incendios veraniegos. Eso en cuanto a la energía eléctrica, ahora vamos a hablar del agua.

Los ayuntamientos no disponían de un servicio de agua de abasto a domicilio. En su defecto,  disponían para uso de los vecinos de agua potable, ya fuera en fuentes naturales o en pilares construidos a tal fin, siendo su uso gratuito. Desde allí se trasladaba a los domicilios en cacharros, lecheras o cualquier otro recipiente limpio. O sea, ni luz ni agua.
Al no haber luz eléctrica, no habían neveras o frigoríficos, como dicen los finos. Por tanto, los alimentos no disponían de ese medio de conservación tan importante.  La salazón de carnes y pescados, como método destinado a preservar los alimentos, de forma que se encuentren disponibles para el consumo durante un mayor tiempo era -y sigue siendo en menor medida- vital.
Los barcos de pesca salían a faenar cargados de sal y de unos artilugios, llamados en otras islas patacones y en Gran Canaria, esteros con alas que servían de embalaje al pescado.
Éste, recién cogido de la mar era  descabezado, desviscerado, abierto en canal y metido en sal dentro del estero con alas que cosido con tira de plataneras se convertía en un bulto de pescado salado.


Saber de este “embalaje” manufacturado con penca de palma –hoja de la palmera-, su pervivencia, recuerdos, importancia económica en su momento, dimensiones, palabras relacionadas, etc. etc.. y circunscrito a la caldera de Tirajana, municipios de Santa Lucía y San Bartolomé de Tirajana es el motivo de esta entrada.
En un estudio oficial de finales de los años ochenta del siglo pasado llegado a mis manos, se afirma señalando al detalle –lugar y número de ejemplares- que solo en la zona alta de Santa Lucía,  había 22.500 palmeras de porte, el  60% de las que existen en la isla de Gran Canaria. Los palmerales más importantes están en: La Sorrueda, Ingenio, Rosiana, Cuesta Garrote, Charco, Pueblo, Casita Balos, El Valle, El Mundillo, etc. En cuanto al municipio de San Bartolomé y desconociendo el número de ejemplares existentes, es muy importante el situado en Casas Blancas, lugar de buenos artesanos de la palma.

Antes de entrar en materia, quiero con el permiso de los propietarios, mostrarles  la página http://www.pataconpuf.eu/  que, con una claridad de exposición que yo no podría mejorar, nos introduce en el tema.
Patacón es el nombre que recibían las esteras con dos aletones a ambos lados que se plegaban para formar un fardo para empaquetar el pescado salado.  Desde los años veinte hasta mediados de la pasada centuria muchas familias canarias complementaron su economía doméstica confeccionando esta pieza tejida de palma. Los caseríos próximos a palmerales fueron los principales abastecedores de este comercio. Conocedores de técnicas ancestrales, en perfecta simbiosis con el medio natural, no les fue difícil cubrir la demanda de las compañías de salazón de pescado.
Información etnográfica.
 La  palmera canaria es una especie endémica de nuestro archipiélago. Su cultivo se remonta a los tiempos de los antiguos, antes de la Conquista.


En la Gomera se dice que no hay  parte de este árbol que no se aproveche.


Cubrir las necesidades del mundo agrícola, ganadero y pesquero, hizo que se desarrollara esta práctica artesana que aprovecha  las hojas de la palma. El trenzado de la penca verde o el palmito blanco para hacer rollos de estera que después se transformaba en elementos de uso cotidiano, para la casa, el campo o la mar. Era una de las tareas desempeñadas por las mujeres, productos destinados al autoabastecimiento.
Hubo un tiempo en que esta actividad se convirtió en algo más que una tarea doméstica.
En las primeras décadas y  hasta ya entrada la década de los cincuenta del siglo XX, se necesitaron esteras para empaquetar el pescado salado. Empresas de Las Palmas, que traían pescado de la  costa africana, hicieron pedidos de miles
de estas esteras también conocidas como patacones. Las gentes de Tazo, Alojera y Taguluche encontraron así una fuente más de ingresos en la economía familiar. Las mujeres llevaron el peso de la producción, si bien, dada la importante demanda, hombres y chiquillos también ayudaron.
Los palmerales de estos pagos no fueron suficientes para abastecer de materia prima. Piensen ustedes que el ganado también se alimentaba de la penca verde, la hoja de la palma. Entonces se trataba con propietarios de palmas de Vallehermoso, Valle Gran Rey,… hasta Benchijigua se fueron a buscar.
Una vez en casa todo el tiempo era poco, así que muchas esteras para el pescado se tejieron de noche. La niñas se iniciaban en el oficio haciendo aletones que se cosían a la pieza mayor tejida por mujeres más experimentadas. El resto de la familia, abriendo las hojas. Listo el trabajo, se llevaba a las ventas del pueblo recibiendo y pagando con dinero o con productos necesarios, café, azúcar, jabón….

Los venteros preparaban fardos con los patacones y se bajaban con bestias hasta la playa de Alojera para embarcar la mercancía. Ya arreglarían cuentas con los compradores de Gran Canaria.
Pero todo se acaba, y ya dejaron de pedir los patacones. Ya las esteras no se usaban para empaquetar el pescado salado, ahora lo hacían con sacos de yute. Las mujeres de Tazo, Alojera y Taguluche siguieron tejiendo como antes lo hicieran, aunque ya no reportara los beneficios deseados. Esteras para el suelo de las casas, esteras para poner las papas, las judías, para despiezar el cochino y salar la carne, los días de matanza, seretas para ir a pescar, sombreras…..
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Otra página http://campoadentro.es/blog/author/antonio-ballester/page/2/ nos  muestra  el siguiente contenido
La semana pasa conocí a Demetria, una señora de Alojera que trabaja la penca desde ni se acuerda- dice.
Empezó haciendo esteras para secar todo tipo de frutos y cereales. Recuerda que durante los años cuarenta y cincuenta hubo mucha demanda de patacones, esteras con dos alas a los lados que se cerraban a modo de caja y que se mandaban a Tenerife destinados a la exportación de pescado salado – esto dio mucho trabajo – cuenta con un brillo en los ojos.


Lo señalado en estas dos páginas, es copia literal de lo que ocurrió en la Caldera de Tirajana en esas mismas fechas y para que se pueda comprobar la tradición de Tirajana en la artesanía de la hoja de palma o penca, les ofrezco la importante visión referencial que nos indicó, en su visita a Santa Lucía de Tirajana, la escritora viajera inglesa Olivia Stone a finales del siglo XIX.
Dice así:

El camino era serpenteante y bajaba atravesando las casas pobres que habíamos visto desde el risco que se elevaba sobre ellas. Alcanzamos la parte baja del valle, cuyos lados son empinados y están cubiertos por una buena cantidad de arbustos y palmeras.
Una mujer está fabricando esteras de palma junto a una casa cerca del agua, trenzando las tiras, con el dorado maíz extendido delante de la puerta secándose al sol.
(…) Nos encontramos camino de Santa Lucía. El camino cruza ahora el curso del barranco…, sobre nuestras cabezas, se ven racimos dorados de dátiles, las hojas de las palmeras cortadas para permitir que el fruto se madure al sol... Los dátiles de color rojo dorado, dominados por algunos plumones verdes, parecen guirnaldas que coronan las altas y majestuosas palmeras.

Recogida de información
Hablando con personas mayores de 70 años, he recogido la siguiente información
Doña María Vega y Doña Flora Vélez
Los esteros se empaquetaban en bultos de 20 unidades. El mayor comprador era Rafael Ramos, en su comercio situado a la entrada del pueblo de Santa Lucía. La gente entregaba los esteros y les pagaban con mercancía que hiciera falta: café de cebada, azúcar, garbanzos, etc. (Don Juan Gutiérrez)
Para su confección, nos entregaban un pírgano (1) con las medidas: el largo –entre 1,20 y 1,40 metros- ,  y que tenía dos marcas, a la mitad que era el ancho y la cuarta parte: las medidas de las alas. (Doña Matilde Jorge)
Cuando se lo mencioné a doña Flora Vélez (1927) hizo este gesto: girando el cuello a la izquierda y poniendo un dedo en la comisura de la boca, extendió el brazo derecho y dijo: Una braza y… una cuarta. Por curiosidad medí la distancia  y.…  la braza (2) de ella mide justo un metro hasta el dedo corazón, y la cuarta (3) 20 centímetros. Por tanto, el estero medía 120 centímetros de largo, pero ella misma señaló que a veces se hacían más grandes. Asimismo dijo que las alas tenían una cuarta y cinco dedos: 25 centímetros.


Un camión de esos grandes –americanos- de un hombre de Sardina, que se llamaba Ruano era el que llevaba los esteros para Las Palmas. Fíjese si llevaba mercancía que un día le dije si me llevaba y fuí atrás en el camión sobre los esteros. Al llegar al túnel de La Laja, ¡fíjese si era alto,oiga! que toqué el techo con las manos. (Salvador Almeida, 1940)
Doña María Vega (1926) dijo: Mi padre nos daba unas ramas de arco para hacer esteras  de alas para venderlas y así ayudar a la casa. Aparte nos regalaba a mi hermana y a mí una rama para que hiciéramos para nosotras, para el dote. Las cambiábamos por platos, cucharas, etc.
La gente de Fataga no confeccionaba las esteras, solo hacía metros y metros de empleita y las vendían así.  ¡Porque no sabían cabecear! (Doña Flora Vélez)
En Fataga no se hacían esteras, solo hacían rollos de empleita. Pero, metros y metros. Luego venía gente de Santa Lucía a comprarla. (Doña Clara Cabezas)
Se hacían en todo el pueblo: En Rosiana, en Casas Blancas, en la Sorrueda y, sobre todo, en el Ingenio de Santa Lucía. Varias fuentes.
Para recrear la historia he confeccionado con ayuda de doña María Vega un estero grande y dos pequeños para aprender a hacerlo y de esta manera hacer unas fotos que hagan más agradable y comprensible la historia.

Espero que les haya gustado.
_________________________
1.-pírgano.  m. Can. Vástago con que se une la rama al tronco de la palmera, utilizado para mangos de escobas y en cestería.

(2).- Braza .- Nada que ver con la braza canaria, que según  (DOLORES DE LA COBA GARCÍA),  medía la  braza.:.... 1,6718 metros, equivalente a  2 varas de Castilla
(3).- Cuarta. En este caso, casi concuerda, según la misma autora:   Cuarta.............. 0,2105 metros