Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

Personajes. Maestro Manuel Robencino y Pepe El Negro.



A Pancho le gusta que le corten el pelo en la barbería de Tunte. Aprovecha esos momentos para hablar de otros tiempos con los dos hermanos barberos, Francisquito y Manolito, buenos conversadores ambos.
En la última charla que sostuvo se nombraron personajes, desaparecidos hace muchos, muuuchos años, cuya historia quiero contarles.

El primero, llamado Maestro Manuel Robencino, de profesión herrero, aunque también ejercía de estelero (1). Son esa gente que trata el pomo, los esguinces, que te manipula los huesos y que saben hasta de la ciática y la lumbalgia.
Su fama le llegó por esta última tarea. Al parecer, cuando alguien se acercaba a la herrería para que le colocara algún hueso, le rezara para un dolor, etc. etc. Su respuesta era una miradita arriba y abajo, haciéndose el doctor, y sobre la marcha, un encargo:
-¡Vaya y traiga una cuarta de ron! ¡Esto va con ron “bajiao”! (2)
Bajiar consistía en meterse un buen buche de ron en la boca, darle unas vueltitas dentro de la misma. Un mucho escapaba “pá bajo” y un poquito era lanzado en forma de nube sobre la zona afectada, restregando, mientras decía un rezado contra la enfermedad o el dolor. El tratamiento se acababa con el ron de la botella.
¡Como ven, mi hombre tenía un buen truco para echar copas gratis!
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El otro personaje, no menos interesante, es Pepe, el Negro. Su mujer se dedicaba a echar las cartas. ¡Vamos, Una adivina que echaba sus rezados! Eran tiempos en que no había llegado aún la luz eléctrica y los campos estaban llenos de brujas.
Pepe se inventó –no sé si la patentó- una forma de ganarse el pan, un tanto peculiar. Vean si no este caso que ahora describo.
Un día, iba por un camino alejado cuando se dió de bruces con una mula suelta con su albarda encima. Sin encomendarse a Dios ni al diablo, desamarró la albarda y con ella a cuestas, fue a esconderla en una cueva a unos cien metros del lugar.
Según llegó a la casa se lo contó a su mujer -ya se habrán dado cuenta que formaban buen tándem- con todo lujo de detalles.
Cuando el dueño de la mula, notó la falta de la albarda empezó a gritar buscándola por todas partes. Pasaron los días y al no encontrarla, creyeron –él y su mujer- que lo mejor sería ir a casa de la mujer de Pepe, porque tenía poderes. ¡Era sajorina!
Cuando llegaron, la mujer -de nombre Ludivina- les hizo pasar y
-¡Cuéntenme! ¿Qué les pasa?
-¡Ay, mire, Ludivinita, que el miércoles estaba cogiendo higos con mi mula y cuando fui a cargarla, resulta que no estaba la albarda! ¡Me volví loco buscándola y ..... seguro que algún demonio estaba suelto, porque no apareció! ¡Venía a ver si usted me puede dar alguna noticia de ella!
La adivina les pidió que si habían traído alguna cosa de la mula para rezarle
-¡Sí! ¡Aquí le traje una herradura vieja, a ver si le vale!
La bruja empezó a cuchichear en voz baja, tocando las caras y manos al matrimonio y de repente empezó a decir
-¡Veo una cueva en un sito alto! ¿Por donde usted estaba hay alguna cueva?
-¡Arriba en el solapón hay una!
-¿Hay dos pinos cerca de la puerta?
-¡Claro que hay pinos!
-¡Pues allí está. La veo clarita, clarita!
-¡ Pues iré a ver si está! ¿Se le debe algo, Ludivinita?
-¡A mi no se me debe nada! ¡Pero si está donde le digo, la próxima vez que me vea, me trae una cesta de higos y una botellita de ron para mi marido! ¡En caso de que no esté donde les digo, vengan de vuelta por aquí y vemos donde está esa cueva de los demonios!

¡Lo que está claro es que la albarda apareció! ¿Como no? ¡Para eso era adivina!
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(1) Estelero.- Según la Academia Canaria de la Lengua.
m. GC. Curandero que se dedica a arreglar dislocamientos de huesos y articulaciones.
(2) Bajiao. (De bajear .República Dominicana: echar el aliento)
Bajiao.-Que le echaron el aliento encima. Que lo embrujaron. Que le dieron bola negra. Que lo rechazaron.
(2.1.) En español, lo más parecido
vaharada f. Exhalación de vaho o respiración: las vaharadas de la mula le calentaron.
Golpe de vaho, olor o calor: nos llegó una vaharada a fritanga.
Sinónimos: aliento, hálito, soplo, bocanada

A perro macho, gofio en polvo

Con el afán de rescatar decires antiguos, les ofrezco hoy éste referido a la cacería. Entiendo que significa: ¡A cada persona, el trato que merece!

La gente de nuestra isla ha sido siempre muy aficionada a tener sus perritos, hurones, la escopeta, pasar la revista ante la Guardia Civil, el permiso, el seguro, etc. etc.

Las molestias de los perros, ladrando fijo, especialmente por las noches y las enemistades que se producen en la vecindad, no han logrado hacer desaparecer este deporte. Es conocido que esta afición se transmite especialmente de padres a hijos. De padre cazador, hijos cazadores.

Vamos ahora con la historia


Hace muchos años llegó un peninsular a la zona de San Mateo y al ver la afición que allí existe, el hombre se la quiso echar de gran cazador. Era marido de doña Constanza, la maestra de escuela. Su nombre Carlos, pero le gustaba que le dijeran don Carlos. Cuando lo oyó, Zacarías dijo para sus adentros

-¡Don Carlos, nóoo! ¡Don leches!

El marido de la maestra mandó a traer un perro cazador de su tierra. ¡Sus perritas, le costaría! Y un día apareció por el pueblo con un ejemplar precioso de cacería, brillando (cuando nuestra costumbre es dejarlos con poca comida para que cazaran)

Zacarías, cuando lo vió suzurronaba (susurraba) en voz baja con el personal

-¡Ese perro no caza náa, igual me equivoco, pero no lo creo!

Carlos volvió loco a todo el mundo con su perro, no tenía otro tema de conversación. Siempre que había gente en la plaza, lo sacaba a pasear. Yo creo que era para presumir.

Una noche en el bar y en medio de una partida a las cartas, tanta lata dió a todos con su perrito que al final se preparó una salida a cazar.

Llegado el domingo, estaban todos a primera hora en el punto convenido. Cuando llegó Carlos (don Carlos, don leches, el peninsular) empezó la fiesta. Sepan que el canario es muy burletero con los fachentos (presuntuosos, presumidos) y siempre están intentando cogerles la vuelta.

Empezaron a dividirse en el campo y a Zacarías ¡qué suerte! le tocó de compañero a don Carlos. ¡Oiga, vaya guineo que tenía el pinsular con su perro! Para no cansarles y así lograr que lleguen ustedes a conocer el final de la historia, les diré que a la vuelta todos regresaron con algo (conejo, paloma, perdiz) y el peninsular, sin.

Zacarías comentó en voz alta

-¡Yo se los (sic) había dicho, ese perro ve a los conejos y todo lo que hace es saludarlos y darles los buenos días!

El hombre mosqueado contestó

-¡Es que mi perrito no está acondicionado a la zona, porque le traje de la península!

- Caballero ¿Que le echa Vd. de comer al perro?

-¡Hombre, mi perro come muy bien, lo mejor que se pueda atender.

Zacarías remató de esta manera

-¡Ya sé porque no caza el perro! ¡Al perrito ahora, no hay que echarle de comer! Usted no ha oído decir aquello de A perro macho, gofio en polvo. ¡Pues eso, cristiano! La próxima vez que salgamos a cazar, yo le dejo un par de perros de los míos. Y este se lo deja a la señora como compañía. ¡Un perro tan bonito, no está para estropearse en el campo. ¡Y menos aún, si es vegetariano!

Vendedor en bicicleta


Vamos a recrear hoy una estampa rural de mediados del siglo XX en el que aparece un oficio -vendedor ambulante en bicicleta- . Se completa con una anécdota relacionada con el mismo.
El oficio es revendedor. El personaje se llama Laureano. Compra la mercancía en casa de su tío, la pone bien colocadita en su cereta (1) de caña. Sube la cereta a la bicicleta, la ata bien y.... ¡a vender!
¿Qué mercancía lleva en la cereta?

Toda la que cree poder vender. Llevaba: Jabón en barras, de las marcas Lagarto y La Jirafa(2), agujas, alfileres,carretillas y madejas de hilo (marca la Cadena), café, cebada en paquetes, azúcar, cigarros, picadura, etc... También dos artículos ya en desuso, destupidores para cocinillas de petróleo y mechas de quinqué.

Subido en su bicicleta va recorriendo en los barrios: casas, fincas, cuarterías, etc.. Sitios alejados del pueblo y de las tiendas. Llegado al lugar, aparca su bicicleta, carga sobre sus hombros o al brazo la cereta y se llega hasta el posible cliente. A la vuelta viene cargado con la cereta y además lleva una caña donde van los cueros de baifo colgados.
Un artesano del Ingenio de Santa Lucía, llamado Juan Ramos, hacía las ceretas a la medida. Rectangulares, con un asa central, de unas dimensiones aproximadas de 80 x 50 centímetros. Similares a la de la foto. Claro que no tan nueva y además de caña, no de mimbre.
¿Cual era la forma de pago?
Al haber muy poco dinero en esta época, la forma mayoritaria es el trueque, en el campo aún se dice: “turre pacá, turre pallá”. Toma y dame. Do ut des, que diría el fino. Se cambiaba mercancía, preferentemente, por huevos y cueros de baifo, también fruta si se terciaba.
Algunas fortunas de hoy se iniciaron comerciando de esta forma.
Y ahora, la anécdota en la que se cita al comerciante y su bicicleta
Se la traslado como siempre sin añadidos, y tal como me la contaron:
Mi padre, mi hermano y yo trabajábamos en la Era del Cardón, despedregando, armando tierra, desturronando (3)….
Donde está hoy el cementerio de Sardina, en el municipio de Santa Lucía de Tirajana se plantaban tomateros. Nosotros plantábamos todos los años allí.
El día de la historia, Laureano venía con una cereta encima de la bicicleta, vendía tabaco de picadura, cigarros, huevos y cositas pequeñas,
Mi padre tenía una relojera de cuero –se abría y se miraba la hora- parecida a esas que lleva hoy al cinto la gente para llevar el móvil. Y dentro tenía algún dinero escondido, veinte duros, quince duros….- apretuñados (4), todos llenos de azufre, porque ese día estábamos azufrando los tomateros.
- ¡Bartolito, no me compra tabaco hoy! ¡Cómpreme algo hombre, que no he vendido nada! ¡Cómpreme aunque sea un paquete de cigarros!
-¡Bastante ganas que tengo de fumar, pero no tengo un duro!
-¡Mire, si quiere le vendo la bicicleta con cereta y todo, en 20 duros!
Y mi padre, acercándose pa fuera, pa(ra) donde estaba él.
-¡Venga, hombre, si tiene 20 duros ahí le vendo la cereta y la bicicleta!.
Mi padre tenía un fecho que dá miedo. Trancó la bicicleta. Sacó la relojera, toda llena de azufre, abre la relojera y le pone los 20 duros llenos de azufre en la mano.
Laureano se queda mirando pá(ra) mi padre
-¡ Oiga, es una broma!
-¿Una broooma? ¡Usted me ha vendido y yo le he comprado!
Y mi padre no se bajaba de la burra
-¡Era una broma! decía Laureano
Mi padre cogió la bicicleta la echó pá(ra) la parte de allá.
Allí se quedó Laureano repitiendo su cantar. ¡Era una broma, hombre! Y mi padre en su trabajo. Al rato, le dice
-¿A usted le interesa la bicicleta?
-¡Claro, hombre déjemela ya y tenga sus cien pesetas!
-¡Si tanto le interesa, se la vendo! ¡Doscientas pesetas vale la bicicleta!
-¿Y me va a cobrar cien pesetas más?
-¡Si a usted le interesa déme 200 pesetas y si no la deja ahí quieta!
Después mucho ruego, Laureano sacó las 200 pesetas, se las entregó a mi padre, cogió la bicicleta con la cereta llena y se fue con las orejas coloradas.
Y terminó así de contarme la historia
¡Hace poco tiempo estaba por la costa y pasó Laureano por delante!. Se paró y dijo sonriendo: ¡Qué bien me la pegó tu padre con la bicicleta!
Pancho preguntó:
-¿Y su padre se quedó al final con las doscientas pesetas?
-¡Sí señor, para que fuera aprendiendo! ¿Se iba a reir de mi padre?
Fin
Esta historia me produce dos sentimientos: el primero, parece un abuso del señor mayor hacia el joven. Vamos, que se aprovechó de la broma para quedarse con parte del fruto de su trabajo.
El segundo, parece que Laureano tenía fama de burletero (5) y siempre se estaba riendo de los demás, como se dice por aquí: “dando quintadas” (6) y en ese aspecto parece que estuvo bien como corrección.

Saludos y hasta la próxima
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(1) Cereta.- Cesta de caña. La de nuestra historia es similar a la de la foto, con una sola asa.
(2) Según Enrique, de Aldea Blanca: el jabón Jirafa era azul, y se hacía una parte con tomates tiernos (¿?) Curioso.
(3) Desturronar.-Romper las pelotas de barro seco, que levanta el arado, para convertirlas en tierra. Definición del autor.
(3.1) Ver página: http://teror.es/cronica4.php, dice:
12 peones van detrás de la yunta desturronando
Crónicas de Teror, por José Luis Yánez Rodríguez, Cronista Oficial de la Villa de Teror. Publicado en el Programa de la Fiesta del Agua 2007
(4) Apretuñado.- Arrugado hasta la exageración de tanto apretar
(5) Burletero.- Burlón.
(6) Quintada.- Bromas que se daban a los quintos (reclutas). Por extensión: bromista
Quinto m. Joven que ha sido sorteado pero todavía no se ha incorporado al servicio militar o lo ha hecho recientemente: los quintos del pueblo organizaron una fiesta.
Quinta.- Reemplazo anual de soldados: mi hermano es de la quinta del 78. Quiere decir que nació 21 años antes, en 1957.
Conjunto de personas que nacieron en el mismo año: ese señor es de la quinta de mi padre.
Dedico esta historia a Enrique, cama 1190, deseando su pronta recuperación. ¡Vaya semana dura, compadre!

Zapatos de domingo


Hace algún tiempo, concretamente el viernes 26 de septiembre de 2008, escribí una historia que se tituló: la máquina de "solfatar". El personaje central es mastro Juan, el zapatero, ya desaparecido en el Palmar de Teror. Me ha llegado una anécdota del mismo señor que espero les guste. Ahí va

En los tiempos de antes, era costumbre entre los habitantes de los barrios alejados del pueblo, -lejíos se denominan aún en lenguaje campesino- salir de las casas con las alpargatas puestas. Al llegar a los aledaños del pueblo se sentaban en alguna acera y se las cambiaban por los zapatos de domingo que llevaban bien guardados en su cartucho de papel. Piensen que no se habían inventado las bolsas de plástico y... ¡qué bien se vivía sin ellas!.

La visita al pueblo se dejaba para el domingo, así se gozaba la misa y de paso aprovechar para comprar algo en las tiendas de aceite y vinagre de entonces.

La señora de mi historia, tuvo la mala suerte de que el dichoso zapato eligió para su defunción ese día, después de salir de la iglesia. Se partió por la mitad sin llegar a desprenderse las dos partes. A trancas y barrancas, disimulando, aguantó con ellos puestos. Al llegar a un lugar fuera de la vista de los vecinos, se cambió otra vez a las alpargatas y se marchó para su casa por que no estaba presentable.

El día siguiente, lunes. Recuerden que se dice: lunes zapatero, pues los lunes no abrían zapateros ni barberos, éstos últimos porque trabajaban los domingos, día que aprovechaban los vecinos de los pagos lejanos para arreglarse (pelarse y afeitarse).

Continúo….

Les decía que el lunes no pudo llevar a arreglar los zapatos por el motivo expuesto -cierre patronal-. El martes a primera hora, llegó mi vecina al zapatero y enseñándole los zapatos, suplicó que hiciera lo que pudiera para arreglarlos, pues no tenía otros y lo caro que costaban unos nuevos.

El zapatero cogiendo el zapato roto por el tacón –tal y como se ve en la figura- pregunta a la señora:

-¿Y cuando dice usted que le pasó esto?

-¡El domingo por la mañana, Juanito!

El zapatero, poniendo cara de pena y moviendo la cabeza de un lado a otro, soltó esta prenda para la historia

-¡Si me lo hubiera traído en sangre caliente, a lo mejor hubiera escapado, pero dos días después ya no hay nada que hacer! ¡Descansen en paz!. Y los botó pallá.

Aminatu

Entre los meses de Noviembre y Diciembre pasados fué noticia de alcance mundial la huelga de hambre protagonizada por la activista Aminatu Haidar, conocida como la 'Gandhi saharaui'. En los primeros momentos y saliéndome del objeto de este blog quise hacer una aportación al conocimiento de Aminatu y de la justa causa del pueblo saharaui. Desistí, dado que en la fotografía Pancho hace la señal de victoria y podía inducir al error haciendo creer erroneamente que había terminado su lucha en Lanzarote.
Hoy, una vez terminados felizmente los hechos, con la publicidad que aportó al conocimiento mundial de la causa saharaui, resulta innecesario hablar de ello.
No obstante, quiero dedicar esta fotografía a Ana María Rey - luchadora incansable por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres-, así como a su esposo Fernando, residentes en Guadix (Granada) que aportaron el 17 de diciembre información y apoyo a la causa saharaui, publicando varias fotografías. Sé que les alegrará saber que uno de sus amigos - el canario del campo- lleva muchos años militando en esa lucha, la de los derechos humanos, apoyando causas justas y la igualdad de todas las personas, intentando en la medida de sus fuerzas remover los obstáculos
a la libertad, especialmente de los más débiles.

La metamorfosis de Los Abeites



El último escrito que he subido al blog se titula: Los Abeites. Una vez terminado he tenido conocimiento de algunas cosas que quiero transmitirles.

Se trata del método que utilizamos para, sin darnos cuenta, ir transformando las palabras.

Para intentar descubrirlo, he estado por Ayacata, Tejeda, San Bartolomé de Tirajana y preguntando, preguntando, vean a la conclusión que he llegado.

Tengan en cuenta que no se trata, en absoluto, de hacer ningún trabajo académico de investigación, simplemente descubrir las cosas a través de la transmisión oral.

Empiezo aquí

Cuando Bartolito me contó la historia, noté que al decir Los Abeites, tuvo una pequeña duda. Por eso le pregunté de nuevo y, me pareció que había dicho fonéticamente: Lojabeites.

Alguien, en San Bartolomé, me dice que el nombre es Laja beitia porque había una laja (piedra) grande, otros me dieron como nombre correcto: Las Abeitia, Las Abeites, carretera de La Bestia, etc…

Al final, después de muchas preguntas y respuestas, estimo que la versión correcta me la proporcionó un vecino de Tejeda que trabajó en dicha carretera. Me dijo lo siguiente

-¡En aquellos tiempos había mucha falta de todo y necesitábamos un sueldo porque la tierra daba un puño de millo, la leche, las papas, alguna verdura, pero nada más. Teniendo un sueldo se podía comprar alguna ropa, un mueble…! ¡Todos trabajábamos en la agricultura pero cuando se fue a abrir la carretera a Mogán , fuimos a buscar trabajo!¡ En aquellos tiempos se decía: A ver si nos daban pega.! La empresa se llamaba Elejabeitia. Nos contó alguna cosa más, sobre la muerte en esa carretera del Ingeniero de Caminos que diseñó la Presa de Las Niñas, también la muerte de un “fueguista”, así le llamó a un experto que trabajaba con explosivos, etc..

Les muestro ya la conclusión: la empresa constructora se llamaba Pedro Elejabeitia “Contratas, S.A”. He visto en Internet y muchas carreteras de esa época le fueron adjudicadas a la misma. Les muestro foto de un BOE para su comprobación.

Al final, el pueblo la bautizó como de carretera de Elejabeitia por ser ese el nombre de la empresa constructora y en cuyo nombre se contrataba a los trabajadores.

¡Poco a poco, con el paso de los años y desapareciendo las personas que allí trabajaron, el nombre se fue “endulzando” hasta transformarse en Los Abeites!

Saludos.

Los Abeites


Esta semana estuve charlando con Bartolito Sánchez y su hermano Rosendo.

Me contaron una historia de cuando su padre trabajaba abriendo una carretera y las penas que pasó.. Aquí va, intentando no añadir nada ni corregir estilo.

Empieza la historia

-¡Mi padre trabajaba en la carretera de Los Abeites!

-¿Los Abeites? ¿Y eso donde está?

-¡Los Abeites es la carretera que baja desde Ayacata a Mogán , por la presa de Las Niñas!.

Y siguió

-Mire, yo cada vez que cuento esto, se me pega una cosa aquí (señalando al pecho)… Mi padre estaba trabajando con mi tío Eulogio. Y el viernes, se le acabó la comida, pero… ¡total. Con un potajito cenaron aquella noche. Se acabó totalmente la comida aquella noche. ¡El morral vacío!. Pegan a trabajar, a trabajar por la mañana. A las doce, a comer. Una hora.

Y mi padre y mi tío Eulogio como no tenían nada que echarse a la boca, se sentaron encima de una piedra a echarse un cachimbazo. ¡Una cachimba!

El encargado que los vió, se les acercó y dijo

-¿Que pasa? ¿ustedes no comen que vamos a trabajar ya?.

-¡No, no, es que se nos acabó la comida anoche!

Rosendo aclaró:

Tenían que trabajar una quincena completa por un subsidio, los puntos o algo. Tenían que trabajar los quince días completos. Se trabajaban los sábados y no podían faltar un día porque perdían el subsidio.

Siguió Bartolito:

-Y dice el capataz. Y eso que era malo como una cangrena (gangrena). ¡Pero aquel día se portó bien!

-¡Se marchan caminando y esperan en San Bartolomé para cobrar en casa de doña María Claret!

De nuevo, aclaró el hermano:

-Se llamaba doña Concha, pero le decían María Claret porque en el sitio donde tenía la tienda - hoy hay un garage- durmió el santo cuando pasó por Tunte.

Prosiguió Bartolito

-¿Y que pasa? Tira pá(ra) bajo mi padre viendo a ver donde había un almendrero, pá(ra) ver si conseguía un almendra pá(ra) comersela y seguir para el pueblo. Y no vieron una. Llegando al puente de la Barca, les alcanzó el camión con los trabajadores. Se subieron y llegaron a San Bartolomé.

Añadió: Esto que le voy a decir es verdad. En el fondo, estaba diciendo, esto es lo que quería contarle (lo principal).

Cobraron sus perritas. Doña Concha intentaba que le compraran algo porque sabía que tenían dinero. Y mi padre y mi tío compraron cada uno un paquete de galletas, de esas que llamaban queque. Son los galletones Tamarán. Recordarán que echabas uno al café con leche y desaparecía todo el líquido.

Tira mi padre pá(ra) bajo, por el Calvario abajo, abre el paquete de galletas, coge una, se la echa a la boca y no le bajaba pá(ra) bajo. ¡Es porque se acordaba de los hijos que también estaban muertos de hambre en la casa!

Bajó la Hoya y llegó a mi casa en la Montaña, le dio una galleta a mi madre, a cada uno de mis hermanos y a mí. ¡Y ahora sí que le bajó la galleta!

Fin.

Recuerdo que siendo niño si encontramos un trozo de pan en el suelo,la costumbre era recogerlo, darle un beso y ponerlo en un lugar alto, por ejemplo en una ventana. Era por si pasaba un mendigo o persona necesitada lo cogiera y dejárselo a los animales.

A nuestros hijos hay que contarles, de vez en cuando, historias verdaderas como ésta, para que sepan que también aquí en este primer mundo de la abundancia, hemos padecido tiempos peores que esperemos no vuelvan. Con las sobras que tiramos en esta isla a la basura, podría subsistir en el tercer mundo una población igual a la que vive aquí, en Gran Canaria.

¡Dicen que el que no conoce su historia, está condenado a repetirla!

Saludos.

Los eucaliptos caminaban por Navidad



Ahora que han pasado las fiestas de Reyes Magos, quiero narrarles una vivencia relacionada con esta fiesta de los más pequeños, con el fin de que ustedes vean hasta donde llega la inocencia, en este caso la de aquel niño que yo fui.
Como les he dicho alguna vez nací en Tenoya, ese pueblo del norte de la Isla de Gran Canaria que se distingue de los demás lugares, entre otras cosas, por tener un túnel. A escasos 200 metros del mismo, tenía Pancho su domicilio a la orilla de la carretera general.
En lo alto de dicho túnel, mirando desde Tenoya hacia Las Palmas, existían y aún existen en lo alto de la montaña unos hermosos eucaliptos, árboles de enorme porte. De pequeño, siempre ví que había tres, aunque estos días he ido a hacerles una foto y son más. Se ve que mi ilusión trastornaba también mis sentidos, en este caso el de la vista. Como es lógico los árboles no se mueven, pero no así en mi historia. Cuando llegaban las Navidades y en mi casa se hacía el belén los eucaliptos ¡se transformaban en Reyes Magos! .
El día 13 de diciembre, Santa Lucía, se plantaba el alpiste en cajitas de madera ( el envase de la conserva de membrillo). Se ponía un papel dentro , se cubría con tierra, se sembraba la semilla y se regaba. En once días estaba nacido y teníamos las finquitas de los labradores o la hierba verde del pasto de los animales.
Vamos a recordar como se hacía el belén. Se ponía una mesa, cubierta con papel de envolver. Se cubría el fondo con corcho- eran las montañas-, piedras pequeñas, tierra, musgo, etc. Entonces, mi madre ponía las figuritas: ovejitas, patos, pastores, la mujer con la talla en la cabeza y lo principal: el niño Jesús, María y José, la mula y el buey. ¡Se me olvidaba, el ángel y la estrella! Eran figuras de las más baratas, de barro basto y mala calidad. La pintura era más bien, deficiente. ¡La economía mandaba, como hoy!
En la hierba del alpiste, poníamos al pastor con sus ovejas. Un espejo de mano hacía de fondo de lago, bien disimulados sus bordes con arena fina. Allí nadaban dos o tres patitos blancos, que se reflejaban en el espejo. El río, era de platina –hoy le llamaríamos papel de aluminio- y lo cruzaba un puente pequeño de corcho.
El encargado de la instalación eléctrica era mi padre. Ponía estratégicamente las luces: en el portal, dentro de alguna casa, en el molino, etc… Recuerdo el susto que le dí un día cuando al probar la instalación y en el momento de enchufar a la corriente, Pancho ese niño que soy y fui, le hizo un ruido como de cortocircuito. Asustado, levantó las manos como si se hubiera quemado. Casi le da un soponcio. Se reía de mi gracia, pero el corazón le latió a doscientos por hora.
En este nuestro Nacimiento, mi madre tenía por costumbre acercar -a partir del día de Navidad- un poco cada día los camellos con los Reyes, al niño Jesús. Y como reflejo, les juro que yo miraba a los eucaliptos del túnel y notaba en mi inocencia que cada día estaban más cerca de mi casa. En esos momentos, mi mente de niño o mi ilusión me hacía confundir los eucaliptos con los Reyes Magos de Oriente. El día 5 de enero, ya estaban encima mismo del túnel, y yo sabía que esa noche llegaban los Reyes con los regalos.
¿Los regalos de esa época? En la carta les pedía una bicicleta y lápices de colores -se ponía un plumier-. Yo no sabía lo que era ese artilugio de nombre raro, pero me lo hicieron poner en la carta.
Sus Majestades, en su deseo de traer lo más conveniente y mejor para mí me obsequiaban con: un trompo marino, un tambor y un saxofón, de cartón y con las teclas de lata. Las teclas se rompían enseguida. Se doblaban hacia atrás y dejaban pasar el aire. Al querer arreglarlas se partían y ¡adiós, saxofón!.
Alguna vez me trajeron una pistola de “mixtos” o un rifle de madera que disparaba tapones de corcho, amarrados convenientemente para que no se perdieran ni dañaran a nadie. Los “mixtos” de las pistolas “–también llamados “saltapericos”- venían en una tira enrollada que se vendía en la tienda y sonaban como disparos de repetición. Todavía no se había inventado el plástico.
Hoy, al llegar el día de Reyes veo la cantidad de juguetes que los Reyes traen a los niños. Debe ser que se portan todos muy bien. Pienso en los millones de niños a los que no les regalan nada y en lo mal repartido que está el mundo.
Y ese día, a Pancho se le nublan los ojos recordando con nostalgia la ilusión perdida.

Un premio. Gracias.


Nos citan como Premio al Blog del mes de Diciembre en la página: www.premiosblogsgrancanaria.blogspot.com

La cita dice así:
Premio al blog CANARIO DEL CAMPO, por su consciente labor de recordarnos de donde venimos y hacia donde vamos.
No lo sabíamos. Agradecemos la deferencia que indica que hay personas a las que gusta esta afición nuestra de provocar sonrisas. ¡Gracias!
Pancho

Mi durmiente hermafrodita

El pasado día 16 de diciembre, escribí una historia titulada: Roque, el del Sitio Bajo. A la hora de subirla al blog no disponía de foto alegórica. Y, no era buen día para hacerla. Estaba lloviendo en la caldera de Tirajana. Por ello, decidí poner un pequeño mapa indicativo del lugar donde están situados Los Sitios.
Ayer, con un día esplendoroso, me decidí a hacer la foto que ahora incorporo en la historia correspondiente. Mientras hacía la fotografía observaba una parte del Macizo de Amurga con forma de cabeza que para mí guarda un precioso recuerdo y que me impulsó a compartirlo con ustedes.
Fotografía tomada desde la puerta de mi casa

Esta imagen me ha acompañado muchos años, pues está situada justo frente a la puerta de mi casa. Todos los días al levantarme, le lanzaba el saludo:

-¿Cómo estás, pariente?
Y sin esperar respuesta, seguía rumbo a mis ocupaciones.
Siempre me pareció un guerrero dormido. En la propia foto les señalo las partes de su cuerpo que ha idealizado mi imaginación. Distingo claramente, su cabello, la cara, el pecho, el sexo, las rodillas… Cuando acaba la figura, la montaña desciende para dejar claro que allí acaba la imagen.
La bauticé, sin sacramento religioso ni registro civil, como: Mi Durmiente Hermafrodita, pues posee pecho femenino y un sexo masculino prominente. En la parte más elevada del imaginario pecho, existe un almogarén de los antiguos canarios, en perfecto estado que bien merece una visita.
Les muestro una fotografía. El camino no es muy bueno, por lo que les recomiendo ir acompañados de personas conocedoras del lugar.
Cuando subo a la Caldera y desde el momento que veo Amurga, voy mirando como el paisaje cambia y la imagen del guerrero se revuelve, estira, encoge y nunca pierde la forma. Seguro que ustedes tendrán algún recuerdo similar. Un paisaje que se les parece a algo concreto y que guardan en su memoria visual. Este es uno de los míos, pero les advierto que tengo más.
Feliz año 2010.

Cristobita, de La Breña




José Rodríguez García (Cristobita). Nació el 10 de Julio de 1934, en Lomo Magullo (Telde), aunque vive en La Breña, lugar del mismo municipio. Tiene, por tanto, 75 años cumplidos. Sencillo, simpático, alegre, educado, respetuoso… Es una delicia charlar con él.
Sus habilidades más notables son éstas: Estupendo bailarín –le habrán visto ustedes en televisión- y posee una memoria a prueba de bombas. Mientras hablábamos, durante un baile de taifas, varias mujeres conocidas de Pancho le pidieron, en voz baja:

-¡Dígale a Cristobita que me saque a bailar!.

Es una maravilla verle danzar en círculos, apoyado siempre en la punta de su pie izquierdo. Según dicen sus parejas de baile: ¡Es livianísimo!.
En el transcurso de la conversación contó esta historia que me sorprendió por su gracia. Fue una contestación a mi pregunta:
-¿Si su nombre es José, porqué le dicen Cristóbal?
Ahí va la respuesta, sin añadidos.

Nací el día de San Cristóbal y me quitaron el nombre. Le voy a decir como fue. Yo a mi hermano le llamo José y mi hermano me llama a mí, Cristóbal. Tenemos el nombre cambiado. Cuando yo nací, nací en Lomo Magullo, no nací en La Breña. Y entonces….., mi padre fue a apuntarme al Ayuntamiento y me puso José, igual que él. Mi padre se llama José.
Al siguiente día, vinieron mis abuelos y le preguntaron a mi padre
-¿Como se llama el chiquillo?
-¡José!
Nací el día de San Cristóbal, ¡eh! .Y mis abuelos se echaron a llorar. Porque se les había muerto hacía poco tiempo un hijo que se llamaba Cristóbal, de 9 años.
Y mi padre dijo:
-¡Pues se llama Cristóbal!
Y todo el mundo me llamó Cristóbal. Cuando nació el otro, lo apuntaron Cristóbal y mi padre le dijo a mi abuelo:
-¡Ahora le cambiamos el nombre!
Y mi abuelo dijo: ¡No, no!
Pues seguí Cristóbal y mi hermano José.

¿Que les parece la historia?
Y siguió….

Cuando fui al cuartel me tuve que aprender bien el apellido Montelongo. Era el soldado que estaba en la lista antes de mí. Después de él, decían José Rodríguez –que soy yo- y no me daba cuenta. Pá no equivocarme, cuando decían Montelongo, ya estaba preparado porque detrás de él, me nombraban a mi.

En otro orden de cosas, Cristobita se sabe refranes y letras de puntos cubanos muy antiguos. Aunque recogí bastantes, les ofrezco estos tres:


1.- El comelón

En dos horas por el reloj
Me comí un saco de arroz
Siete vacas y un ternero
También me comí un cordero
Y de papas, un serón
Cien kilos de salchichón
Doscientos de huevos fritos
Y como comía poquito
me decían el comelón


2.- Canarias y Cuba

Canarias tiene terrenos
Mejores que los de Cuba
Donde se cosechan uvas,
Trigo, cebada y centeno
Y tabaco no tenemos,
Porque la tierra no deja
Tenemos vacas y ovejas
Canarias es un gran tesoro
Y sin embargo se quejan


3.- Distinta comida

Para mi mujer, cebollas
Y para mí, carne asada
Porque cada uno come
Lo que le agrada.


Un saludo cordial y ¡¡ Feliz Navidad a todos!!