Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

Vendedor en bicicleta


Vamos a recrear hoy una estampa rural de mediados del siglo XX en el que aparece un oficio -vendedor ambulante en bicicleta- . Se completa con una anécdota relacionada con el mismo.
El oficio es revendedor. El personaje se llama Laureano. Compra la mercancía en casa de su tío, la pone bien colocadita en su cereta (1) de caña. Sube la cereta a la bicicleta, la ata bien y.... ¡a vender!
¿Qué mercancía lleva en la cereta?

Toda la que cree poder vender. Llevaba: Jabón en barras, de las marcas Lagarto y La Jirafa(2), agujas, alfileres,carretillas y madejas de hilo (marca la Cadena), café, cebada en paquetes, azúcar, cigarros, picadura, etc... También dos artículos ya en desuso, destupidores para cocinillas de petróleo y mechas de quinqué.

Subido en su bicicleta va recorriendo en los barrios: casas, fincas, cuarterías, etc.. Sitios alejados del pueblo y de las tiendas. Llegado al lugar, aparca su bicicleta, carga sobre sus hombros o al brazo la cereta y se llega hasta el posible cliente. A la vuelta viene cargado con la cereta y además lleva una caña donde van los cueros de baifo colgados.
Un artesano del Ingenio de Santa Lucía, llamado Juan Ramos, hacía las ceretas a la medida. Rectangulares, con un asa central, de unas dimensiones aproximadas de 80 x 50 centímetros. Similares a la de la foto. Claro que no tan nueva y además de caña, no de mimbre.
¿Cual era la forma de pago?
Al haber muy poco dinero en esta época, la forma mayoritaria es el trueque, en el campo aún se dice: “turre pacá, turre pallá”. Toma y dame. Do ut des, que diría el fino. Se cambiaba mercancía, preferentemente, por huevos y cueros de baifo, también fruta si se terciaba.
Algunas fortunas de hoy se iniciaron comerciando de esta forma.
Y ahora, la anécdota en la que se cita al comerciante y su bicicleta
Se la traslado como siempre sin añadidos, y tal como me la contaron:
Mi padre, mi hermano y yo trabajábamos en la Era del Cardón, despedregando, armando tierra, desturronando (3)….
Donde está hoy el cementerio de Sardina, en el municipio de Santa Lucía de Tirajana se plantaban tomateros. Nosotros plantábamos todos los años allí.
El día de la historia, Laureano venía con una cereta encima de la bicicleta, vendía tabaco de picadura, cigarros, huevos y cositas pequeñas,
Mi padre tenía una relojera de cuero –se abría y se miraba la hora- parecida a esas que lleva hoy al cinto la gente para llevar el móvil. Y dentro tenía algún dinero escondido, veinte duros, quince duros….- apretuñados (4), todos llenos de azufre, porque ese día estábamos azufrando los tomateros.
- ¡Bartolito, no me compra tabaco hoy! ¡Cómpreme algo hombre, que no he vendido nada! ¡Cómpreme aunque sea un paquete de cigarros!
-¡Bastante ganas que tengo de fumar, pero no tengo un duro!
-¡Mire, si quiere le vendo la bicicleta con cereta y todo, en 20 duros!
Y mi padre, acercándose pa fuera, pa(ra) donde estaba él.
-¡Venga, hombre, si tiene 20 duros ahí le vendo la cereta y la bicicleta!.
Mi padre tenía un fecho que dá miedo. Trancó la bicicleta. Sacó la relojera, toda llena de azufre, abre la relojera y le pone los 20 duros llenos de azufre en la mano.
Laureano se queda mirando pá(ra) mi padre
-¡ Oiga, es una broma!
-¿Una broooma? ¡Usted me ha vendido y yo le he comprado!
Y mi padre no se bajaba de la burra
-¡Era una broma! decía Laureano
Mi padre cogió la bicicleta la echó pá(ra) la parte de allá.
Allí se quedó Laureano repitiendo su cantar. ¡Era una broma, hombre! Y mi padre en su trabajo. Al rato, le dice
-¿A usted le interesa la bicicleta?
-¡Claro, hombre déjemela ya y tenga sus cien pesetas!
-¡Si tanto le interesa, se la vendo! ¡Doscientas pesetas vale la bicicleta!
-¿Y me va a cobrar cien pesetas más?
-¡Si a usted le interesa déme 200 pesetas y si no la deja ahí quieta!
Después mucho ruego, Laureano sacó las 200 pesetas, se las entregó a mi padre, cogió la bicicleta con la cereta llena y se fue con las orejas coloradas.
Y terminó así de contarme la historia
¡Hace poco tiempo estaba por la costa y pasó Laureano por delante!. Se paró y dijo sonriendo: ¡Qué bien me la pegó tu padre con la bicicleta!
Pancho preguntó:
-¿Y su padre se quedó al final con las doscientas pesetas?
-¡Sí señor, para que fuera aprendiendo! ¿Se iba a reir de mi padre?
Fin
Esta historia me produce dos sentimientos: el primero, parece un abuso del señor mayor hacia el joven. Vamos, que se aprovechó de la broma para quedarse con parte del fruto de su trabajo.
El segundo, parece que Laureano tenía fama de burletero (5) y siempre se estaba riendo de los demás, como se dice por aquí: “dando quintadas” (6) y en ese aspecto parece que estuvo bien como corrección.

Saludos y hasta la próxima
___________________0O0_____________________
(1) Cereta.- Cesta de caña. La de nuestra historia es similar a la de la foto, con una sola asa.
(2) Según Enrique, de Aldea Blanca: el jabón Jirafa era azul, y se hacía una parte con tomates tiernos (¿?) Curioso.
(3) Desturronar.-Romper las pelotas de barro seco, que levanta el arado, para convertirlas en tierra. Definición del autor.
(3.1) Ver página: http://teror.es/cronica4.php, dice:
12 peones van detrás de la yunta desturronando
Crónicas de Teror, por José Luis Yánez Rodríguez, Cronista Oficial de la Villa de Teror. Publicado en el Programa de la Fiesta del Agua 2007
(4) Apretuñado.- Arrugado hasta la exageración de tanto apretar
(5) Burletero.- Burlón.
(6) Quintada.- Bromas que se daban a los quintos (reclutas). Por extensión: bromista
Quinto m. Joven que ha sido sorteado pero todavía no se ha incorporado al servicio militar o lo ha hecho recientemente: los quintos del pueblo organizaron una fiesta.
Quinta.- Reemplazo anual de soldados: mi hermano es de la quinta del 78. Quiere decir que nació 21 años antes, en 1957.
Conjunto de personas que nacieron en el mismo año: ese señor es de la quinta de mi padre.
Dedico esta historia a Enrique, cama 1190, deseando su pronta recuperación. ¡Vaya semana dura, compadre!

Zapatos de domingo


Hace algún tiempo, concretamente el viernes 26 de septiembre de 2008, escribí una historia que se tituló: la máquina de "solfatar". El personaje central es mastro Juan, el zapatero, ya desaparecido en el Palmar de Teror. Me ha llegado una anécdota del mismo señor que espero les guste. Ahí va

En los tiempos de antes, era costumbre entre los habitantes de los barrios alejados del pueblo, -lejíos se denominan aún en lenguaje campesino- salir de las casas con las alpargatas puestas. Al llegar a los aledaños del pueblo se sentaban en alguna acera y se las cambiaban por los zapatos de domingo que llevaban bien guardados en su cartucho de papel. Piensen que no se habían inventado las bolsas de plástico y... ¡qué bien se vivía sin ellas!.

La visita al pueblo se dejaba para el domingo, así se gozaba la misa y de paso aprovechar para comprar algo en las tiendas de aceite y vinagre de entonces.

La señora de mi historia, tuvo la mala suerte de que el dichoso zapato eligió para su defunción ese día, después de salir de la iglesia. Se partió por la mitad sin llegar a desprenderse las dos partes. A trancas y barrancas, disimulando, aguantó con ellos puestos. Al llegar a un lugar fuera de la vista de los vecinos, se cambió otra vez a las alpargatas y se marchó para su casa por que no estaba presentable.

El día siguiente, lunes. Recuerden que se dice: lunes zapatero, pues los lunes no abrían zapateros ni barberos, éstos últimos porque trabajaban los domingos, día que aprovechaban los vecinos de los pagos lejanos para arreglarse (pelarse y afeitarse).

Continúo….

Les decía que el lunes no pudo llevar a arreglar los zapatos por el motivo expuesto -cierre patronal-. El martes a primera hora, llegó mi vecina al zapatero y enseñándole los zapatos, suplicó que hiciera lo que pudiera para arreglarlos, pues no tenía otros y lo caro que costaban unos nuevos.

El zapatero cogiendo el zapato roto por el tacón –tal y como se ve en la figura- pregunta a la señora:

-¿Y cuando dice usted que le pasó esto?

-¡El domingo por la mañana, Juanito!

El zapatero, poniendo cara de pena y moviendo la cabeza de un lado a otro, soltó esta prenda para la historia

-¡Si me lo hubiera traído en sangre caliente, a lo mejor hubiera escapado, pero dos días después ya no hay nada que hacer! ¡Descansen en paz!. Y los botó pallá.

Aminatu

Entre los meses de Noviembre y Diciembre pasados fué noticia de alcance mundial la huelga de hambre protagonizada por la activista Aminatu Haidar, conocida como la 'Gandhi saharaui'. En los primeros momentos y saliéndome del objeto de este blog quise hacer una aportación al conocimiento de Aminatu y de la justa causa del pueblo saharaui. Desistí, dado que en la fotografía Pancho hace la señal de victoria y podía inducir al error haciendo creer erroneamente que había terminado su lucha en Lanzarote.
Hoy, una vez terminados felizmente los hechos, con la publicidad que aportó al conocimiento mundial de la causa saharaui, resulta innecesario hablar de ello.
No obstante, quiero dedicar esta fotografía a Ana María Rey - luchadora incansable por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres-, así como a su esposo Fernando, residentes en Guadix (Granada) que aportaron el 17 de diciembre información y apoyo a la causa saharaui, publicando varias fotografías. Sé que les alegrará saber que uno de sus amigos - el canario del campo- lleva muchos años militando en esa lucha, la de los derechos humanos, apoyando causas justas y la igualdad de todas las personas, intentando en la medida de sus fuerzas remover los obstáculos
a la libertad, especialmente de los más débiles.

La metamorfosis de Los Abeites



El último escrito que he subido al blog se titula: Los Abeites. Una vez terminado he tenido conocimiento de algunas cosas que quiero transmitirles.

Se trata del método que utilizamos para, sin darnos cuenta, ir transformando las palabras.

Para intentar descubrirlo, he estado por Ayacata, Tejeda, San Bartolomé de Tirajana y preguntando, preguntando, vean a la conclusión que he llegado.

Tengan en cuenta que no se trata, en absoluto, de hacer ningún trabajo académico de investigación, simplemente descubrir las cosas a través de la transmisión oral.

Empiezo aquí

Cuando Bartolito me contó la historia, noté que al decir Los Abeites, tuvo una pequeña duda. Por eso le pregunté de nuevo y, me pareció que había dicho fonéticamente: Lojabeites.

Alguien, en San Bartolomé, me dice que el nombre es Laja beitia porque había una laja (piedra) grande, otros me dieron como nombre correcto: Las Abeitia, Las Abeites, carretera de La Bestia, etc…

Al final, después de muchas preguntas y respuestas, estimo que la versión correcta me la proporcionó un vecino de Tejeda que trabajó en dicha carretera. Me dijo lo siguiente

-¡En aquellos tiempos había mucha falta de todo y necesitábamos un sueldo porque la tierra daba un puño de millo, la leche, las papas, alguna verdura, pero nada más. Teniendo un sueldo se podía comprar alguna ropa, un mueble…! ¡Todos trabajábamos en la agricultura pero cuando se fue a abrir la carretera a Mogán , fuimos a buscar trabajo!¡ En aquellos tiempos se decía: A ver si nos daban pega.! La empresa se llamaba Elejabeitia. Nos contó alguna cosa más, sobre la muerte en esa carretera del Ingeniero de Caminos que diseñó la Presa de Las Niñas, también la muerte de un “fueguista”, así le llamó a un experto que trabajaba con explosivos, etc..

Les muestro ya la conclusión: la empresa constructora se llamaba Pedro Elejabeitia “Contratas, S.A”. He visto en Internet y muchas carreteras de esa época le fueron adjudicadas a la misma. Les muestro foto de un BOE para su comprobación.

Al final, el pueblo la bautizó como de carretera de Elejabeitia por ser ese el nombre de la empresa constructora y en cuyo nombre se contrataba a los trabajadores.

¡Poco a poco, con el paso de los años y desapareciendo las personas que allí trabajaron, el nombre se fue “endulzando” hasta transformarse en Los Abeites!

Saludos.

Los Abeites


Esta semana estuve charlando con Bartolito Sánchez y su hermano Rosendo.

Me contaron una historia de cuando su padre trabajaba abriendo una carretera y las penas que pasó.. Aquí va, intentando no añadir nada ni corregir estilo.

Empieza la historia

-¡Mi padre trabajaba en la carretera de Los Abeites!

-¿Los Abeites? ¿Y eso donde está?

-¡Los Abeites es la carretera que baja desde Ayacata a Mogán , por la presa de Las Niñas!.

Y siguió

-Mire, yo cada vez que cuento esto, se me pega una cosa aquí (señalando al pecho)… Mi padre estaba trabajando con mi tío Eulogio. Y el viernes, se le acabó la comida, pero… ¡total. Con un potajito cenaron aquella noche. Se acabó totalmente la comida aquella noche. ¡El morral vacío!. Pegan a trabajar, a trabajar por la mañana. A las doce, a comer. Una hora.

Y mi padre y mi tío Eulogio como no tenían nada que echarse a la boca, se sentaron encima de una piedra a echarse un cachimbazo. ¡Una cachimba!

El encargado que los vió, se les acercó y dijo

-¿Que pasa? ¿ustedes no comen que vamos a trabajar ya?.

-¡No, no, es que se nos acabó la comida anoche!

Rosendo aclaró:

Tenían que trabajar una quincena completa por un subsidio, los puntos o algo. Tenían que trabajar los quince días completos. Se trabajaban los sábados y no podían faltar un día porque perdían el subsidio.

Siguió Bartolito:

-Y dice el capataz. Y eso que era malo como una cangrena (gangrena). ¡Pero aquel día se portó bien!

-¡Se marchan caminando y esperan en San Bartolomé para cobrar en casa de doña María Claret!

De nuevo, aclaró el hermano:

-Se llamaba doña Concha, pero le decían María Claret porque en el sitio donde tenía la tienda - hoy hay un garage- durmió el santo cuando pasó por Tunte.

Prosiguió Bartolito

-¿Y que pasa? Tira pá(ra) bajo mi padre viendo a ver donde había un almendrero, pá(ra) ver si conseguía un almendra pá(ra) comersela y seguir para el pueblo. Y no vieron una. Llegando al puente de la Barca, les alcanzó el camión con los trabajadores. Se subieron y llegaron a San Bartolomé.

Añadió: Esto que le voy a decir es verdad. En el fondo, estaba diciendo, esto es lo que quería contarle (lo principal).

Cobraron sus perritas. Doña Concha intentaba que le compraran algo porque sabía que tenían dinero. Y mi padre y mi tío compraron cada uno un paquete de galletas, de esas que llamaban queque. Son los galletones Tamarán. Recordarán que echabas uno al café con leche y desaparecía todo el líquido.

Tira mi padre pá(ra) bajo, por el Calvario abajo, abre el paquete de galletas, coge una, se la echa a la boca y no le bajaba pá(ra) bajo. ¡Es porque se acordaba de los hijos que también estaban muertos de hambre en la casa!

Bajó la Hoya y llegó a mi casa en la Montaña, le dio una galleta a mi madre, a cada uno de mis hermanos y a mí. ¡Y ahora sí que le bajó la galleta!

Fin.

Recuerdo que siendo niño si encontramos un trozo de pan en el suelo,la costumbre era recogerlo, darle un beso y ponerlo en un lugar alto, por ejemplo en una ventana. Era por si pasaba un mendigo o persona necesitada lo cogiera y dejárselo a los animales.

A nuestros hijos hay que contarles, de vez en cuando, historias verdaderas como ésta, para que sepan que también aquí en este primer mundo de la abundancia, hemos padecido tiempos peores que esperemos no vuelvan. Con las sobras que tiramos en esta isla a la basura, podría subsistir en el tercer mundo una población igual a la que vive aquí, en Gran Canaria.

¡Dicen que el que no conoce su historia, está condenado a repetirla!

Saludos.

Los eucaliptos caminaban por Navidad



Ahora que han pasado las fiestas de Reyes Magos, quiero narrarles una vivencia relacionada con esta fiesta de los más pequeños, con el fin de que ustedes vean hasta donde llega la inocencia, en este caso la de aquel niño que yo fui.
Como les he dicho alguna vez nací en Tenoya, ese pueblo del norte de la Isla de Gran Canaria que se distingue de los demás lugares, entre otras cosas, por tener un túnel. A escasos 200 metros del mismo, tenía Pancho su domicilio a la orilla de la carretera general.
En lo alto de dicho túnel, mirando desde Tenoya hacia Las Palmas, existían y aún existen en lo alto de la montaña unos hermosos eucaliptos, árboles de enorme porte. De pequeño, siempre ví que había tres, aunque estos días he ido a hacerles una foto y son más. Se ve que mi ilusión trastornaba también mis sentidos, en este caso el de la vista. Como es lógico los árboles no se mueven, pero no así en mi historia. Cuando llegaban las Navidades y en mi casa se hacía el belén los eucaliptos ¡se transformaban en Reyes Magos! .
El día 13 de diciembre, Santa Lucía, se plantaba el alpiste en cajitas de madera ( el envase de la conserva de membrillo). Se ponía un papel dentro , se cubría con tierra, se sembraba la semilla y se regaba. En once días estaba nacido y teníamos las finquitas de los labradores o la hierba verde del pasto de los animales.
Vamos a recordar como se hacía el belén. Se ponía una mesa, cubierta con papel de envolver. Se cubría el fondo con corcho- eran las montañas-, piedras pequeñas, tierra, musgo, etc. Entonces, mi madre ponía las figuritas: ovejitas, patos, pastores, la mujer con la talla en la cabeza y lo principal: el niño Jesús, María y José, la mula y el buey. ¡Se me olvidaba, el ángel y la estrella! Eran figuras de las más baratas, de barro basto y mala calidad. La pintura era más bien, deficiente. ¡La economía mandaba, como hoy!
En la hierba del alpiste, poníamos al pastor con sus ovejas. Un espejo de mano hacía de fondo de lago, bien disimulados sus bordes con arena fina. Allí nadaban dos o tres patitos blancos, que se reflejaban en el espejo. El río, era de platina –hoy le llamaríamos papel de aluminio- y lo cruzaba un puente pequeño de corcho.
El encargado de la instalación eléctrica era mi padre. Ponía estratégicamente las luces: en el portal, dentro de alguna casa, en el molino, etc… Recuerdo el susto que le dí un día cuando al probar la instalación y en el momento de enchufar a la corriente, Pancho ese niño que soy y fui, le hizo un ruido como de cortocircuito. Asustado, levantó las manos como si se hubiera quemado. Casi le da un soponcio. Se reía de mi gracia, pero el corazón le latió a doscientos por hora.
En este nuestro Nacimiento, mi madre tenía por costumbre acercar -a partir del día de Navidad- un poco cada día los camellos con los Reyes, al niño Jesús. Y como reflejo, les juro que yo miraba a los eucaliptos del túnel y notaba en mi inocencia que cada día estaban más cerca de mi casa. En esos momentos, mi mente de niño o mi ilusión me hacía confundir los eucaliptos con los Reyes Magos de Oriente. El día 5 de enero, ya estaban encima mismo del túnel, y yo sabía que esa noche llegaban los Reyes con los regalos.
¿Los regalos de esa época? En la carta les pedía una bicicleta y lápices de colores -se ponía un plumier-. Yo no sabía lo que era ese artilugio de nombre raro, pero me lo hicieron poner en la carta.
Sus Majestades, en su deseo de traer lo más conveniente y mejor para mí me obsequiaban con: un trompo marino, un tambor y un saxofón, de cartón y con las teclas de lata. Las teclas se rompían enseguida. Se doblaban hacia atrás y dejaban pasar el aire. Al querer arreglarlas se partían y ¡adiós, saxofón!.
Alguna vez me trajeron una pistola de “mixtos” o un rifle de madera que disparaba tapones de corcho, amarrados convenientemente para que no se perdieran ni dañaran a nadie. Los “mixtos” de las pistolas “–también llamados “saltapericos”- venían en una tira enrollada que se vendía en la tienda y sonaban como disparos de repetición. Todavía no se había inventado el plástico.
Hoy, al llegar el día de Reyes veo la cantidad de juguetes que los Reyes traen a los niños. Debe ser que se portan todos muy bien. Pienso en los millones de niños a los que no les regalan nada y en lo mal repartido que está el mundo.
Y ese día, a Pancho se le nublan los ojos recordando con nostalgia la ilusión perdida.

Un premio. Gracias.


Nos citan como Premio al Blog del mes de Diciembre en la página: www.premiosblogsgrancanaria.blogspot.com

La cita dice así:
Premio al blog CANARIO DEL CAMPO, por su consciente labor de recordarnos de donde venimos y hacia donde vamos.
No lo sabíamos. Agradecemos la deferencia que indica que hay personas a las que gusta esta afición nuestra de provocar sonrisas. ¡Gracias!
Pancho

Mi durmiente hermafrodita

El pasado día 16 de diciembre, escribí una historia titulada: Roque, el del Sitio Bajo. A la hora de subirla al blog no disponía de foto alegórica. Y, no era buen día para hacerla. Estaba lloviendo en la caldera de Tirajana. Por ello, decidí poner un pequeño mapa indicativo del lugar donde están situados Los Sitios.
Ayer, con un día esplendoroso, me decidí a hacer la foto que ahora incorporo en la historia correspondiente. Mientras hacía la fotografía observaba una parte del Macizo de Amurga con forma de cabeza que para mí guarda un precioso recuerdo y que me impulsó a compartirlo con ustedes.
Fotografía tomada desde la puerta de mi casa

Esta imagen me ha acompañado muchos años, pues está situada justo frente a la puerta de mi casa. Todos los días al levantarme, le lanzaba el saludo:

-¿Cómo estás, pariente?
Y sin esperar respuesta, seguía rumbo a mis ocupaciones.
Siempre me pareció un guerrero dormido. En la propia foto les señalo las partes de su cuerpo que ha idealizado mi imaginación. Distingo claramente, su cabello, la cara, el pecho, el sexo, las rodillas… Cuando acaba la figura, la montaña desciende para dejar claro que allí acaba la imagen.
La bauticé, sin sacramento religioso ni registro civil, como: Mi Durmiente Hermafrodita, pues posee pecho femenino y un sexo masculino prominente. En la parte más elevada del imaginario pecho, existe un almogarén de los antiguos canarios, en perfecto estado que bien merece una visita.
Les muestro una fotografía. El camino no es muy bueno, por lo que les recomiendo ir acompañados de personas conocedoras del lugar.
Cuando subo a la Caldera y desde el momento que veo Amurga, voy mirando como el paisaje cambia y la imagen del guerrero se revuelve, estira, encoge y nunca pierde la forma. Seguro que ustedes tendrán algún recuerdo similar. Un paisaje que se les parece a algo concreto y que guardan en su memoria visual. Este es uno de los míos, pero les advierto que tengo más.
Feliz año 2010.

Cristobita, de La Breña




José Rodríguez García (Cristobita). Nació el 10 de Julio de 1934, en Lomo Magullo (Telde), aunque vive en La Breña, lugar del mismo municipio. Tiene, por tanto, 75 años cumplidos. Sencillo, simpático, alegre, educado, respetuoso… Es una delicia charlar con él.
Sus habilidades más notables son éstas: Estupendo bailarín –le habrán visto ustedes en televisión- y posee una memoria a prueba de bombas. Mientras hablábamos, durante un baile de taifas, varias mujeres conocidas de Pancho le pidieron, en voz baja:

-¡Dígale a Cristobita que me saque a bailar!.

Es una maravilla verle danzar en círculos, apoyado siempre en la punta de su pie izquierdo. Según dicen sus parejas de baile: ¡Es livianísimo!.
En el transcurso de la conversación contó esta historia que me sorprendió por su gracia. Fue una contestación a mi pregunta:
-¿Si su nombre es José, porqué le dicen Cristóbal?
Ahí va la respuesta, sin añadidos.

Nací el día de San Cristóbal y me quitaron el nombre. Le voy a decir como fue. Yo a mi hermano le llamo José y mi hermano me llama a mí, Cristóbal. Tenemos el nombre cambiado. Cuando yo nací, nací en Lomo Magullo, no nací en La Breña. Y entonces….., mi padre fue a apuntarme al Ayuntamiento y me puso José, igual que él. Mi padre se llama José.
Al siguiente día, vinieron mis abuelos y le preguntaron a mi padre
-¿Como se llama el chiquillo?
-¡José!
Nací el día de San Cristóbal, ¡eh! .Y mis abuelos se echaron a llorar. Porque se les había muerto hacía poco tiempo un hijo que se llamaba Cristóbal, de 9 años.
Y mi padre dijo:
-¡Pues se llama Cristóbal!
Y todo el mundo me llamó Cristóbal. Cuando nació el otro, lo apuntaron Cristóbal y mi padre le dijo a mi abuelo:
-¡Ahora le cambiamos el nombre!
Y mi abuelo dijo: ¡No, no!
Pues seguí Cristóbal y mi hermano José.

¿Que les parece la historia?
Y siguió….

Cuando fui al cuartel me tuve que aprender bien el apellido Montelongo. Era el soldado que estaba en la lista antes de mí. Después de él, decían José Rodríguez –que soy yo- y no me daba cuenta. Pá no equivocarme, cuando decían Montelongo, ya estaba preparado porque detrás de él, me nombraban a mi.

En otro orden de cosas, Cristobita se sabe refranes y letras de puntos cubanos muy antiguos. Aunque recogí bastantes, les ofrezco estos tres:


1.- El comelón

En dos horas por el reloj
Me comí un saco de arroz
Siete vacas y un ternero
También me comí un cordero
Y de papas, un serón
Cien kilos de salchichón
Doscientos de huevos fritos
Y como comía poquito
me decían el comelón


2.- Canarias y Cuba

Canarias tiene terrenos
Mejores que los de Cuba
Donde se cosechan uvas,
Trigo, cebada y centeno
Y tabaco no tenemos,
Porque la tierra no deja
Tenemos vacas y ovejas
Canarias es un gran tesoro
Y sin embargo se quejan


3.- Distinta comida

Para mi mujer, cebollas
Y para mí, carne asada
Porque cada uno come
Lo que le agrada.


Un saludo cordial y ¡¡ Feliz Navidad a todos!!



Romería de los Labradores año 2009



No tengo el cartel de la Romería de Los Labradores de este año. Lo he extraviado entre mis archivos. Espero subirlo esta tarde. Mientras tanto, aquí va esta foto de la fiesta para animarles a asistir. Eso sí, vestidos con la ropa apropiada para el evento, sin olvidarse el timplillo y la guitarra. 
Es el domingo, 20 de diciembre en Santa Lucía de Tirajana. Un consejo, hay que estar temprano en el pueblo. Las once es buena hora para llegar ya que empieza a la una de la tarde. Tendrán tiempo de tomarse una sopita caliente en cualquiera de los bares del pueblo y así estarán preparados para disfrutarla.
                                         --------------o=0=o-------------


Una vez subida la información, el amigo Carmelo Álamo me suministró el cartel que les muestro a continuación

  


 


Le agradezco su rapidez y ese estar siempre al quite que le distingue.


¡¡ Feliz Navidad a todos!!

Roque, el del Sitio Bajo


-->

Hace pocos días, Pancho mantenía animada conversación con su amigo Juan Mederos –algún día escribirá algo sobre esta persona ejemplar- . En medio de la misma se usó una frase que nunca había oído: “Que se joa, mamá Loló”. Le pareció a Pancho que había dicho algo sobre el mal olor y preguntó:
-¿Qué dijiste, Juan, que no te entendí?
-¡Esta es una frase muy antigua que en mi casa se sigue empleando. Me la contó mi tío Mirito cuando era niño. Como te gustan estas cosas, la voy a contar y si te parece la pones con esas historias tuyas de internet!.

Vaya si me gustó. No queriendo ser egoísta, la comparto con ustedes:

En el Sitio Bajo, lugar situado bajo el macizo de Amurga y sobre la presa de La Sorrueda, en la parte de San Bartolomé de Tirajana, vivía un joven llamado Roque. Era un chico “cortito”, dicho con mucho cariño, con un bajo coeficiente intelectual. Siempre se movió en un territorio muy pequeño del que apenas salió un par de veces para ir a San Bartolomé al médico. Saben que en aquellos tiempos, a estos niños se les escondía y decían que era “para no pasar vergüenza”. Hoy, hemos avanzado mucho –ventajas de la democracia- y están perfectamente visibles e integrados en la sociedad, algunos llegan, como el resto de los jóvenes al más alto nivel en sus estudios.

Seguimos.
Uno de los pocos vecinos del Sitio, una veintena en total, se llamaba José Teodomiro, conocido por Mirito, hombre que sentía aprecio y empatía con Roque.
Un día caminando en dirección al barranco oyó a nuestro personaje cantando a voz en grito. Le extrañó, pues hacía apenas dos días había fallecido su madre, Dolores, a la que llamaba, mamá Loló.
Cuando Roque advirtió la presencia de Mirito dejó de cantar. Poniéndose en situación, bajó el ala del sombrero en clara seña de que estaba disgustado y esperó con cara de tristeza.

Mirito le saludó, haciendo que no se había dado cuenta:
-¿Cómo estás, Roquito?
-¡Mamá Loló, se fue pa Tunte!
Estas palabras quisieron decir exactamente: Mi madre se murió y está enterrada en Tunte (San Bartolomé).
-¡No te preocupes hombre que allá arriba está bien!
Se refería al cielo, el Tunte de Roque.
Mirito siguió su camino, dejando atrás a un joven triste, con lágrimas en los ojos.
Cuando se encontraba alejado a unos cincuenta metros de distancia, de repente, el muchacho rompió a cantar como un desesperado.
Mirito, volviendo sobre sus pasos se llegó hasta Roquito, diciéndole:
-¡Coño, se muere tu madre y te pones a cantar!
La respuesta fue la siguiente:
-¡Que se joa, mamá Loló!

Sinónimo de: “el muerto al hoyo, el vivo al bollo”.
En sus entendederas, Roque se había expresado con rotundidad:
Ya que no puedo hacer nada, voy a cantar para olvidar.
Un saludo.

La tienda de Juanito Guerra



La historia de hoy se desarrolla alrededor del año 1950, en el pueblo y municipio de Valleseco, en Gran Canaria.
El lugar, una tienda de comestibles regentada por Panchita, aunque se la conoce más por el nombre de su esposo y también propietario, Juanito Guerra. No podemos decir que fuera una “tienda de aceite y vinagre”, más bien entraba en la categoría de almacén en general. Juanito tenía una  camioneta y con ella, se trasladaba casi todos los días a Las Palmas. Allí cargaba productos de importación y también frutas frescas, forraje de animales, etc.
El caso es que disponiendo de productos frescos y de calidad, la tienda/almacén fue cogiendo renombre. Venían personas de Valsendero, Lanzarote, Artenara, Firgas y hasta de Las Palmas a comprar.
Vemos a describirles ahora de forma breve, la tienda. A ambos lados de la puerta de entrada, estaban las argollas para amarrar las bestias. Nombre que se daba en esa época a las mulas, sufridos animales de carga. En algunas horas del día,  siempre ocupadas, lo que indica lo bien que iba el negocio. Más adentro y colgada del techo, una gran loncha (plancha, se decía entonces) de tocino, bien recubierta de sal. Un manjar era, en esa época, un bocadillo de tocino: un pan pequeño abierto con una tira de tocino del mismo tamaño dentro. Riquísimo. ¡Y nadie padecía de colesterol!.
Sobre el mostrador, entre otras cosas,  un tabal (1) de sardinas saladas. Comprabas una sardina y te la daban envuelta en papel vaso. Presionando el papel sobre la sardina se desprendía la parte externa, especialmente las escamas. Deliciosas de comer, acompañadas con su “pisquito” de ron.
Pasemos ahora a la anécdota correspondiente:
Era domingo. Mucha gente atraída por la fama de la tienda y la calidad de la fruta,  entre ellas, algunos clientes de la capital, Las Palmas. Panchita era algo autoritaria y, se estaba poniendo nerviosa porque los “capitalinos” no guardaban cola. Los parroquianos empezaron a protestar. Panchita reconvino:
            -¡Señora, tiene usted que esperar la vez!.
Lejos de esperar, la señora tildó de maleducada a Panchita y añadió un insulto grave
            -¿Que se van a creer los magos estos?
            -¿Señora, maga y maleducada yo? ¿Usted no es de aquí, verdad? ¿De donde es usted?
            -¡Yo, de la ciudad de Las Palmas y a mucha honra!
A lo que Panchita le puso el suculum.

            -¡Sabe lo que le digo, señora! ¡Los mejores cochinos que se han matado en mi casa, se han traído del Barranquillo de Don Zoilo (2)!
(1)

tabal

m. Barril de poca altura en que se conservan pescados en salazón y en especial arenques: recordaba los ultramarinos con su tabal de sardinas.

(2)
Para quien no conozca Las Palmas, el Barranquillo de Don Zoilo es un barrio que en las fechas en que transcurre la historia no tenía mucha categoría. Hoy, vivir allí, es un lujo.


Dedicado a una bella flor, ausente de Canarias: la Violeta del Perú

Conchita Pérez



A finales del verano de 2006 y coincidiendo con el 50 aniversario del corrimiento de Rosiana, en Santa Lucía, estaba Pancho haciendo un trabajo de recopilación cuyo objeto era conocer cuántas personas -con sus nombres respectivos- vivían en el perímetro del terreno que se desplazó en el año 1956.

El inicio del trabajo -ya terminado y como todos, inédito- dice así:

A partir del 15 de febrero de 1956 ocurrieron los hechos, que habían empezado con las lluvias que desde Octubre de 1955 fueron empapando el territorio y que hoy conocemos como el corrimiento  de Rosiana, dicho en lenguaje más técnico:
 “el deslizamiento de ladera del barranco de Tirajana, en Rosiana”.
...................................
Según el escrito del párroco de Santa Lucía en aquellas fechas, D. Antonio Hernández Rivero: “El miércoles 15 de Cenizas, se observó que la carretera general de Las Palmas a San Bartolomé de Tirajana presentaba algunas grietas y altibajos del kilómetro 53 al 54”…. “El 16 empezó la alarma, pues ya se notaba que lentamente la tierra se movía” y llegados al domicilio de  D. José Eulalio González Ramírez, notamos con gran sorpresa que a partir  de este punto la carretera se había desviado unos tres metros hacia el Barranco Real”.

Para la historia de hoy paso a transcribir una de las partes del relato referido a las Casas Corridas – que no quiere decir que corrieron (que se movieron), sino que eran seguidas. Una al lado de la otra- .

La primera casa, contando a partir de la esquina, era propiedad de José Vega Vega, padre de Conchita Vega, fallecida hace pocos meses, a la edad de 104 años. En ella vivían Conchita y su hermana María con su esposo Juan Pérez Vega. “Tenían 9 hijos, varones y hembras”

Recogido de don D. Fernando Pérez Vega y su esposa, Dª Inés Ascanio González, de La Montaña, en San Bartolomé de Tirajana. Más de noventa años, cada uno.

Esta información me pareció suficiente. Para mayor ilustración, les diré que el método de trabajo normal es:
Se recoge la información y se pasa a papel. Luego se va a la misma fuente y se lee para ver si encuentra algún error. En este caso estaba correcto.

Unos días después quedé con Conchita Pérez (*), cuya fotografía aparece más arriba. Le leí la nota anterior y al llegar a la parte de los nueve hijos, me dijo:
  - Apunte los nombres.
Y empezó a señalarlos uno a uno, así:
  - Los cinco varones  eran Juan, Pepe, Cristóbal, Emilio y Francisco; y las 4 hembras: Memita, Pilar, Rosa y María.

Cuando se los repetí, me corrigió:
  -¡¡No, no. Primero Cristóbal y después Emilio!!.

Me había equivocado al anotarlo.

¡¡ Increíble su memoria Conchita!!. 50 años después, recordaba al detalle –y por orden cronológico- los nombres de los nueve niños de entonces.
Hoy un poco más “flojilla”, con sus 103 años, vive con su familia en Vecindario. Le deseo lo mejor, Conchita.
Mujeres como usted forman parte de esa raíz campesina que tanto admiro por  laboriosa, honesta y seria.  Si encima le unimos el punto de socarronería que a usted le adorna, - y que está siempre presente en nuestra gente- es la imagen de “la gente de antes” que guardo como un tesoro en mis recuerdos.
-----------------o0O0o------------------


(*) En un almanaque editado por el Ayuntamiento de Santa Lucía hace algunos años dice asi:
María de los Angeles Pérez Vega, ese es su nombre completo, pero para todos y todas la conocemos más como Tití Concha. Nació el 2 de Agosto de 1906, en Santa Lucía, Rosiana.
Se dedicó desde muy temprana edad a la labranza, toda la vida. También cultivó tabaco que fue el que más ingresos le aportó, ayudándole a subsistir a ella y mantener a sus hijos, puesto que enviudó con 43 años.
Otro medio de subsistencia fue la realización de bordados para la Capilla de Telde, labor muy sacrificada que le exigía levantarse a la una de la madrugada para poderlos entregar al amanecer a la persona encargada de ello.
En la actualidad vive sola en su casa de Rosiana, rodeada por familiares que la visitan. Tiene 2 hijos, cuatro  nietos y dos bisnietos.


Palabras en desuso


En estos días he recordado algunas palabras que se usan específicamente en determinados pueblos de esta isla de Gran Canaria y están cayendo inexorablemente en desuso.
Ahí va la primera que solo he oído en Agaete.
Contexto:
Alguien está acusando a otro de un defecto o falta de virtud. El caso es que quien lo dice es el que tiene en mayor grado el pecado.
Por ejemplo: Un borrachín le llama a una persona abstemia: borracho……
A lo que éste contesta:
¡Cual lega borracho!
Quiere decir, mira quien habla, derivación de: ¡Cual alega!
Similar: Siempre habla quien tiene que le diga.

En el mismo pueblo:
La oí decir a una señora joven el día de la Rama. Fue piropeada -sin mucha clase- por un vecino del pueblo con estas palabras.
-¡Ñó, fuertes pechos tienes, María!
La mujer en vez de callarse como impone el sentido común,  contestó a voz en grito así:
-¡Mira lo que dice el mané este! ¡Que tengo las tetas grandes! !Tírame uña!
El piropeador se puso colorado.
Quiere decir: ¡Mira el bobo éste!¡ Tócame que te parto la cara!.

En Tirajana:
Alguien está dando una broma con intención de “dar la quintada”, engañar para reírse. Al darse cuenta de la finalidad, se contesta con un
Dále alante!
Quiere decir: ¡Sigue, que a mí no me engañas!

En Tenoya:
Ese es un tiesto. Significa: es una persona ruin, burletera.
No tiene ningún parecido con tiesto = maceta. Con sacar los pies del tiesto = echarse fuera del plato. O mear fuera del tiesto = salirse por la tangente.

¡Hasta otra!