Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

El paso de la cumbre

La historia que les narro hoy tiene -para mi entender- mucho sentimiento. Me la contó el hijo del protagonista hoy mismo. Estábamos sentados, huyendo del sol de mediodía, debajo de un olivo grande. Por cierto, ahora -finales de mayo- los olivos están perdiendo la flor y las aceitunas están del tamaño de un garbanzo. Como me he apartado de la historia, la continuaré diciendo que el relato empezó de esta manera


Tenía que ser por los años 1934 o 35. Nosotros vivíamos en Ayagaures, éramos en total catorce de familia: mi padre, mi madre y doce hermanos, contándome a mí.

Mi padre había salido para la cumbre acompañado de un vecino. Llevaban dos mulas cargadas de pimientas que pensaban cambiar en Cueva Grande por papas de semilla. El tiempo de invierno era tan malo que la gente les decía que esperaran y no se atrevieran a pasar la cumbre con ese tiempo. Pero ellos siguieron adelante

Pasado el Camino de La Plata, dentro de los Llanos de La Pez, mi padre se fué encontrando mal. El vecino le dijo que si paraba para refugiarnos en algún sitio. Él le contestó que tenía mucho frío, pero que siguiera a ver si llegábamos pronto. Mi padre era hombre de pocas palabras, agachó la cabeza para protegerse del frío y siguió adelante. Como estaría el hombre de grave que la bestia se paró y él siguió con la cabeza caída sobre el pecho, encima de la mula. El vecino cargó con él sobre la(s) espalda(s) y se acercó a la única casa que había en aquel lejío, donde le dieron leche caliente. ¡Pero, mi padre ya estaba muerto! ¡Quizás, si en vez de cargar con él, lo hubiera puesto a caminar, igual se habría salvado! ¡Pero, estaba de Dios....!

Y continuó

De allí, lo llevaron a San Mateo y lo enterraron. La mula y las pimientas servirían de pago del entierro. El tiempo seguía tan malo que el vecino tardó ocho días en poder pasar la cumbre y darle la mala noticia a mi madre. ¡Mi padre salió a buscar el sustento y se quedó enterrado en la Vega de San Mateo! ¡Y ocho días sin poder darnos la noticia de que éramos huérfanos! ¡Para colmo de males, a los cinco meses de morir mi padre, nos echaron a todos de la casa en que vivíamos porque no pudimos pagar un préstamo de 500 pesetas! ¡Una cosa igual a lo que hoy es una hipoteca!

De Ayagaures, nos tuvimos que venir a casa de mis abuelos....

No sigo más con el relato. Solo una reflexión. ¡Qué fatigas tenía que pasar la gente para encontrar el sustento! ¡Como era el clima en esa época que un hombre moría congelado en la cumbre! ¡Como eran las comunicaciones!

¿Entenderá este suceso real nuestra juventud? ¿Será capaz de transportarse empáticamente a ese tiempo y sentir las dificultades de supervivencia de ese momento de nuestra historia?
Saludos.

Rosendo, el de La Montaña


A Pancho le gusta jugar a la zanga, como todos ustedes saben. Cuando tiene algo de tiempo se acerca al lugar de reunión para echar unas partidas. Es la gasolinera de Rosiana, en Santa Lucía de Tirajana, justo en el linde con San Bartolomé. Cuando no hay juego, charla con gente mayor y entre ellos hay uno que tiene una buena memoria y le gusta recordar cosas de antes.


Se llama Félix Rosendo Sánchez Santana, pero se le conoce como Rosendo. Vive en La Montaña, en el término municipal de San Bartolomé de Tirajana. Nació el 30 /8/1932, es decir cuando llegue Agosto, cumplirá 79 años, aunque aparenta muchos menos, según pueden ustedes comprobar en la fotografía.


Ayer tarde hablábamos de canciones y de las taifas de su juventud. Otro parroquiano de su misma edad decía que Rosendo cantaba muy bien. Les pregunté por los instrumentos que se tocaban entonces y me dijeron que guitarra, laúd y a veces, una flauta de caña o un violín. Le dije que si recordaba alguna letra y me recitó las que ahora siguen (tienen como mínimo sesenta años) y se cantaban al ritmo de isa.
Ahí van


Anoche soñé, bien mío
miles y más boberías
que mi contrario era sastre
y con los cuernos cosía
-----------o0o-------------
Aunque transcurran los años
Siempre me estoy recordando
Aquel que pintó la mona
Un día en el campo arando
-----------o0o-------------
Si fuera a pensar las cosas
De dolor me hubiera muerto
Pero me ayuda a vivir
Mi poco conocimiento
-------------o0o------------
Ay de mi como perdí
La rosa, siendo ella mía
Hoy la veo en otros brazos
Marchita y descolorida
-------------o0o------------
Llevo un jardín en mis brazos
Malva, rosa y aceitiva (*)
Un ramo de siempreviva
En flor de seda hecha un lazo
-------------o0o------------
Si por dávila(**) me quieres
Yo seré tu fiel amante
Pero siento que me olvides
Cuando no tenga que darte
-------------o0o------------


Como verán Rosendo es una biblioteca andante, les prometo recoger sus historias e irlas publicando en este medio.
Saludos

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(*) Al parecer, una flor de montaña. No encuentro ningún dato en la red
(**) Posiblemente:
dádiva

El tocadiscos del miedo

En las entradas anteriores he escrito sobre batatas –mentiras- en el ámbito rural, hoy voy a regalarles esta historia que pone fin a la serie.
Está cayendo la tarde, Gregorito acompañado de su hijo pequeño Lelo –de 12 años- están terminando de regar en el Ingenio. Todavía les queda un pedazo en la loma. El padre dice
- ¡Lelillo, abre el agua la loma y regas el millo antes que se haga de noche. Yo me voy pá la casa!
- ¡Padre, deje el millo pá la próxima regada que él aguanta. No se da cuenta que ya no se ve nada, hombre , y yo tengo miedo!
-¡Vaya usted y lo riega, carajo, pá que se le quite el miedo! ¡Usted cree que todavía hay brujas, o qué!
Lelo abre el macho y se dirige acompañando al agua hacia la loma. Asustado, oye ruidos por todas partes. Armándose de valor se pone a cantar para así no oir nada.
Pero un ruido supera a los demás retumbando
-¡Uuuhhhh, Uuuhhhh!
Lelo empieza a temblar. El ruido ahora baja, luego sube, pero él lo oye perfectamente mientras canta a grito pelado. Lelo pasa del susto al temor, de este al temblor y aterrado huye despavorido soltando atrás la azada, dejando el agua suelta.
Llega a la casa, allí están sus padres y no dice nada. Se lava un pizco y se acuesta sin comer, no sin aguantar a su madre repitiéndole que no se acostara sin cenar.
El padre, le contestaba
-¡Deja al chico que está cansado de tanto regar!

Al día siguiente, el padre lo levanta gritando:

-Lelo, ¿qué desastre hiciste en la loma? ¡Dejaste el agua suelta sin cambiarla pá los surcos!
El niño contó al padre lo que pasó y para quitarle el miedo éste decidió que fueran para la loma.
Y aquí viene el final increíble e imaginativo de la historia.
Cuando llegan juntos al lugar, Gregorito ve un trozo de disco de vinilo en el suelo. Al lado una pita, planta propia de los linderos de los cercados y sobre la marcha en su cabeza encuentra la solución
-¡Lelillo, mira lo que fue! ¡El viento movía la punta de la pita y rozaba el disco de música, hombre! ¡Ese era el ruido que usted oía! ¿No le dije a usted que las brujas no existen?

Saludos a todos y mi agradecimiento a Juanfra, del Ingenio

Batata del gallo

Siguiendo con las batatas, ahí va una de Angelito contando lo que le pasó un día con un gallo.
Iba yo con mi gallo bajo el brazo, con sus patitas amarradas cuando me encontré a Javier.
-¡Te doy 100 euros por el gallo, pero me lo tienes que matar tu!
-¡Eso está hecho!
Lo cogí por el cuello y lo sangolotié (1) dándole vueltas hasta que creí que estaba muerto. El animal aleteaba todavía.
-¡Ahí lo tiene, suelte los 100 euros!
-¡Primero, le corta usted la cabeza, para que yo sepa que está bien muerto!
Angelito puso el gallo sobre el mostrador y de un tajo le cortó la cabeza.
-¡Aquí tiene usted la cabeza, afloje la pasta!
-¡Si no me lo desplumas, no lo quiero!
-¡Ay, me cago en la madre que a mi me parió!
Cogió el cuerpo del gallo con una mano, con la otra le puso la cabeza sobre el cuello, colocándosela bien, con un rollo de cinta siva(2) la pegó, dándole varias vueltas. Al terminar le abrió el pico soplando fuertemente.
Lo gracioso fué el final.
Al hacerle la respiración artificial, el gallo se convulsionó tosiendo y lanzando un hermoso y bien afinado kikirikí.
Angelito terminó su trato de esta manera:
-¡Siga su camino y váyase al c.ño de su madre que a usted no le vendo mi gallo, carajo!
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1.-de zangolotear
tr. col. Mover continua y violentamente una cosa.
2.-cinta siva. Cinta adhesiva

¿Batatas o boniatos?


A Javier, el de Maximino y Angelito, el del Ingenio, les gusta contar “batatas”. Una batata es una mentira exagerada. Pero, una mentira es un pecado venial y por un pecado de este calibre no se va al infierno. Lo malo es que se las creen ellos mismos y no están dispuestos a quedar uno debajo del otro a la hora de presumir. Anoche se contaron unas cuantas. En las primeras ambos se las daban de hombres ricos, empresarios, presumiendo delante de nosotros, los sufridores de sus relatos. Luego pasaron a la agricultura.
Estábamos viendo un partido de fútbol, por la televisión y al terminar, Javier salió pá(ra) la calle y, sin que nadie oyera sonar su teléfono móvil, lo subió a la oreja, gritando y manoteando.

Cortó el teléfono –si es que estaba encendido- y entrando en el bar, dijo: Me cago en diez, arreglen las copas que me voy deprisa pá Las Palmas. Tengo que despedir a cuatro trabajadores y me cuestan dos millones de pesetas cada uno.

El dato cierto - les aseguro- es que no es empresario ni nada. Está en el paro, hace bastante tiempo.

Le contestó sobre la marcha Angelito:
¿Se acuerdan el otro día cuando no me pude quedar jugando a la baraja porque tenía que marcharme a un convite? Uno está obligado y a veces se tiene que gastar un dinero para no quedar como un “jediondo”. ¿Saben cuánto me costó aquello?

Fueron 150 kilos de carne de cabra y se incluía bebida de todo tipo. Lo contraté por 6000 euros. Yo, por mi cuenta, y fuera de presupuesto, llevé 10 kilos de langostinos tigre a la gabardina, de este tamaño.
Y señalaba el tamaño con el largo de su mano, de la punta del dedo meñique a la del dedo pulgar. A esta medida, aquí se dice: de una cuarta.
Y el remate final de la batata
Terminó la fiesta y cuando fui a pagar. ¿Qué se debe, caballero? Me dice: Se han pasado un poquito, don Angel. Son 6870 euros.
¡Le di 7000 y le largué 3000 euros de propina. ¿Qué se iba a creer?
Todo el mundo dice que Angelito nunca ha visto 1000 euros juntos.

Pasaron a hablar de agricultura, concretamente de las papas que habían cogido esta semana. Primero: que si dieron seis sacos por saco de semilla. Se dice, seis por uno. El otro que diez sacos. Remató Angelito:
-¡Mire, señor. Cogí 3000 kilos, los cargué en el coche y se los vendí al del supermercado, a euro el kilo!¡ Vaya y pregunte!
La compaña inquirió

-¿Y cuantos viajes diste, Angelito?
-¡Un viaje solo. Usted no sabe lo valiente que es este coche!

Teniendo en cuenta el tamaño del cochecito. Que es un coche de estos pequeños -de licencia, como el de la figura que se muestra más arriba- que no necesitan carnet para conducirlos y que el peso máximo señalado es de trescientos kilos. Parece una exageración. Pues no, señor. En ese vehículo se cargaron tres mil kilos de papas en un solo viaje.


Para que Vds. se hagan una idea, tendrían que caber 120 sacos de 25 kilos para llevar 3000 kilos. Cuando yo me vine todavía seguían discutiendo, si cabían o no.
Prometo contarles alguna más. Pero lo bueno de verdad, es estar escuchándoles.
Saludos.

Mi taño

Colección hecha por canario del campo
En los dos últimos meses Pancho ha estado asistiendo a un curso de cestería con fibras vegetales, impartido por el maestro Juan Ramírez, el conocido y laureado artesano de Santa Lucía de Tirajana. No es la primera vez que se sienta con el maestro a charlar, mientras hacen cestas o figuras de barro, cuestión ésta en la que es también un consumado maestro. Don Juan es un gran conversador y está dotado de una formidable memoria. Muchas veces es fuente de mis historias.
Tanto en su taller como en otros cursos que se han organizado, nuestro Pancho ha hecho sus pinitos, confeccionando alguna de estas “artesanías”, cuyo único y verdadero valor está en que han sido realizadas totalmente con sus manos.
En el año de 1999, con la colaboración de Aider Gran Canaria y con la aportación de fondos pertenecientes a la Iniciativa Comunitaria Leader II se grabó una película, denominada: Taños y Balayos, donde se muestra el proceso completo desde la obtención de las fibras vegetales, secado, preparación y confección de estos hermosos elementos de nuestra tradición.
El nombre de taños y balayos se pierde en la noche de los tiempos y solo les encuentro en Gran Canaria. Buscando el origen de la palabra balayo, existe una palabra cercana en el diccionario de la Real Academia Española, es balay (1) de uso en América y que procede del portugués balaio. El término que más se acerca en español es bálago (2), que significa paja de centeno.
En cuanto a la palabra taño (3), ninguna acepción se corresponde con el objeto que hoy mostramos.
La función tanto del balayo como del taño era guardar el grano, especialmente millo, evitando humedades y la acción de los roedores.
Casualmente este taño que acabo de terminar, cuyo proceso rápido de confección verán a continuación en una serie larga de fotos, está hecho sólo con paja de centeno y tomiza (4) -en Canarias, tomisa- de palma blanca. Vean las fotos desde el nacimiento hasta su final.




Espero que les haya gustado.
___________________________________

(1)balay.
(Del port. balaio, retama, escoba).
1. m.
Am. Cesta de mimbre o de carrizo.
2. m. Col. y Cuba. Cedazo formado por un aro de bejuco grueso en el que se asegura un tejido de tiras de hoja de palma, usado para cerner harinas de maíz, de trigo, etc.

(2)bálago.
(Quizá del celta hisp. *bálago- o *bálaco-).
1. m. Paja larga de los cereales después de quitarle el grano.
2. m. Paja trillada.

(3) taño.
(Etim. disc.).
1. m.
casca (‖ corteza de ciertos árboles).
(De cascar).
1. f. Hollejo de la uva después de pisada y exprimida.
2. f. Corteza de ciertos árboles, que se usa para curtir las pieles y teñir artes y aparejos de pesca.

(4)Tomisa.
La palabra tomisa no está registrada en el Diccionario. Las que se muestran a continuación tienen una escritura cercana.
tomiza
· (Del lat. thomix, -īcis, y este del gr. θῶμιξ).
· 1. f. Cuerda o soguilla de esparto.

Del diccionario de la Real Academia Española

¡No fumo más nunca!



Bienvenido es una persona mayor, jubilada hace lo menos diez años. Por tanto, tiene alrededor de 75 abriles. Socarrón, simpático, anecdótico y ser muy buena gente, son sus virtudes. Su mayor defecto: es un fumador irredento. Varias veces le he comentado que el tabaco le va a quitar la vida. Que esa asfixia es un peligro. Que un día se le van a cerrar los bronquios. Su contestación siempre la misma


-¡Si fumando estoy así de gordo, como lo deje me pongo como una ballena!


El otro día se levantó asfixiado. Yo creo que también por eso del polen de las plantas. Tan malito se puso que tuvieron que llevarlo en ambulancia al Hospital Dr. Negrín.


Las personas mayores sienten un miedo tremendo a que los lleven al hospital. Se creen que no van a volver. Una vez hablamos de eso y me dijo


-¡Pancho, cuando uno se lo llevan Las Palmas es que el médico de aquí ni el de Arucas pueden hacer nada! ¡Así que la cosa está jodida!


Sigamos con Bienvenido. Acaba de llegar al Hospital asustado por la sirena de la ambulancia y lo entran sobre la camilla al Servicio de Urgencias. Inmediatamente llegan el médico y los enfermeros, éstos portan una carretilla con dos botellas de oxígeno, una grande y otra pequeña. El médico ordena que le conecten la botella grande y es entonces cuando a Bienvenido le sale el niño chico que aún lleva dentro.


-¡No me pongan eso! ¡Lo juro por Dios que no fumo más nunca! ¡Llévenme Firgas!

Clemente, el de la cumbre


Hace unos días, estaba viendo jugar a la zanga. En un momento de la jugada, alguien dijo en voz alta. ¡Clemente, el de la cumbre siempre decía: Arrastre de arriba, carajo!

He estado preguntando a varias personas que le conocieron y el resultado se lo ofrezco a continuación.

Era un personaje hosco, poco hablador. Un poco menos de lo necesario. De baja estatura, tenía los dientes un poco anchos y largos, lo que hacía que no pronunciara muy bien las palabras. Me llegaron algunas anécdotas de este hombre al que no conocí.

Un día entró en un bar de Telde, pidió unas copas de ron y unas tapas. Al término, pidió la cuenta. Se la dieron. Dieciocho pesetas. Sacó la cartera, la revisó al revés y al derecho y dándole un golpe contra el suelo, exclamó:
- ¡Ah, cartera del diablo! ¡No tienes un puto duro!
Como era conocido del dueño, la cuenta quedó para otro momento.
…………………. O………………………

Otro día, mejor otra noche, acompañado de su mujer pasó delante de un bar en su pueblo. Clemente tiraba para entrar y la parienta también, pero en sentido contrario para no dejarle echarse su copita. Al final entró y uno de los vecinos le dijo socarrón:
-¿Te casaste, Clemente?
A lo que contestó de forma seca, contundente y atropellada
-¡Usted también se casó!
….……………..O……………………..

En otra ocasión, le prestó su burra a Genaro para trabajar en el campo allá por la zona de Trejo. Con tal mala suerte, que empujando para atrás, el animal se le desriscó, matándose. El hombre fue a disculparse y la cosa quedó en todo sea por Dios. Al poco tiempo, los graciosos que en ningún lugar faltan, hicieron correr la noticia de que Genaro había vendido la burra y que la vieron por el Carrizal de Ingenio. Clemente fue a Trejo, preguntó donde se había enterrado la burra. Cogió un sacho y exhumó el cadáver. Terminada la verificación, dijo:
- ¡Usted perdone, Genaro!

Y la última por hoy.
Llegó a una tienda-bar montado en su burra. La calle inclinada, la puerta del establecimiento más alta de lo normal y para corregir el fallo y aprovechar algo el dominio público, se había puesto una pequeña escalera de mampostería y de camino una terracita pequeña, donde el personal se sentaba al sol. En la misma había un banco de madera, pequeño para una sola persona. Clemente amarró la burra al banco y entró en la tienda. Después de los saludos de rigor, el Secretario del Juzgado –otro coñón- le dijo al policía local en broma:
-¡Tenga las llaves del cuartelillo y llévese a este hombre! ¡Lo he llamado a declarar tres veces y está en rebeldía!
Clemente con la fusta en la mano, le dijo amenazante
-¡Échese patrás, que lo frío!
El guardia muy serio, dijo
-¡Vamos, Clemente!
-¡Échese patrás que lo aso!
En resumidas cuentas que Clemente se calentó y le dió con la fusta. Al oir el restrallido(1) la burra salió corriendo, arrastrando el banco por toda la carretera general. Cuando pararon al animal, el banco se había deshecho y solo quedaba una tabla pequeñita. Eso sí, la broma se acabó al instante. Invitación para Clemente y disculpas. Alguien dijo por lo bajo
-¡Vaya hombre bruto!
Este era nuestro mundo rural…
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(1)
restallido
m. Ruido que produce algo al restallar: el restallido de un látigo

La catedral nunca ha cabido en San Telmo

Pepito Machín era revendedor de mercancías de ultramarinos, que es lo mismo que decir, comestibles y bebidas. Compraba en los almacenes mayoristas que allá por los años sesenta y setenta del siglo pasado existían por la zona de Guanarteme, aquí en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria: Hermanos Brito, Francisco Álvarez, alias “el calacimbre”; Gregorio Sosa, conocido como el policía; Bonifacio Viñas, los Hermanos Vega, etc.. y luego vendía la mercancía, muchas veces fiada, a los tenderos, aquellas recordadas tiendas de aceite y vinagre, entonces muy extendidas por el territorio insular.

La historia que les cuento a continuación ocurrió cuando estrenó un camión nuevo, - “del trinque” se decía antes- e intentó aparcarlo dentro del almacén del mayorista. Hasta ese momento, allí solo habían entrado camionetas y furgones. El vehículo nuevo era más ancho que el hueco de las puertas del susodicho almacén. Al hacer la maniobra, Pepito -todavía no hecho a la conducción del nuevo camión- solo miraba por el espejo retrovisor de su lado y como pasaba bien, intentó entrar. ¡Pam! Menudo golpe le dio a la pared del otro lado del marco de la puerta. ¡Fuerte estampido, cristiano!

Cabreado, rehizo la maniobra, que fué seguida con interés por la numerosa concurrencia .Esta vez el espejo que usó para mirar fue el de la parte derecha. Resultado: tremendo leñazo a la pared, esta vez en ambos lados de la puerta. El golpe fue tan fuerte que el propietario salió asustado, agarrándose la cabeza con ambas manos y gritando :

-¡ Pero, coño, usted está sanaca, o qué! ¡Ya me estás dando el seguro! ¿O es que todavía no te has enterado que la catedral nunca ha cabido en San Telmo?

Hasta la vista, amigos. ¿Verdad que frases como estas no se deben perder?


Entrada infantil



Después de haber escrito ”El polizón del derby”, muchas personas ¡bueeeno, alguuunas! me han preguntado el resultado del partido en Tenerife. Perdió la Unión Deportiva Las Palmas por 2-0. También recordé que se necesitaron cuatro partidos para decidir la eliminatoria. Este último dato me hizo desconfiar de mi memoria.

-¡Pancho! ¿Cómo van a ser cuatro partidos?

Hoy las reglas son: En caso de empate en la eliminatoria a dos partidos, se decidirá a favor del equipo que haya marcado más goles fuera de casa. Si siguieran empatados, al término del segundo partido habría prórroga –dos tiempos de 15 minutos y si persistiera el empate, lanzamiento de penalties. ¡Como han cambiado las normas!

Me he puesto a buscar en algunos archivos para asegurarme de la certeza del dato y ofrecerles a Vds. con seguridad si fueron o no cuatro partidos. Este es el resultado de la búsqueda.
Copa del Generalísimo 1/16 Dieciseiavos de final
1er. Partido: Domingo 25/01/1965 Estadio Insular Las Palmas 2 Tenerife 0
2º . Partido: Domingo 16/05/1965 Heliodoro Rodguez. Tenerife 2 Las Palmas 0
Desempate
3er. Partido: Miércoles, 19/05/1965 Estadio Insular Las Palmas 0 Tenerife 0, tras prórroga.
4º. Partido: Jueves, 20/05/1965 Estadio Insular Las Palmas 1 Tenerife 0 (gol de Collar)
La Unión Deportiva pasó a 0ctavos de final. ¡Vaya rollo para el que no le guste el fútbol!

Como siempre me gusta contar alguna anécdota, la de hoy está relacionada con esa época y con el fútbol.
Mi amigo Paquito, era bajo, regordete, de piel blanca y desde la edad de catorce años lucía un bigote, de pelo muy fuerte, como una sombra negra. Llamaba la atención porque en las demás partes de la cara no tenía pelo alguno. Se lo afeitaba diariamente y además lo disimulaba con polvos de talco. También era de piernas muy fuertes y velludas. Este detalle tan exhaustivo, viene a cuento con el precio de la entrada al fútbol de las localidades que ahora nos interesan, eran
General: 35 pesetas General Infantil: 10 pesetas, como verán en la siguiente imagen.

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¿Saben que hacía Paquito cuando iba a comprar la entrada? Se ponía el dedo índice tapando el bigote y se remangaba los pantalones como si todavía llevara pantalón corto. Ponía 10 pesetas sobre el mostrador. El taquillero lo miraba y remiraba. Se echaba hacia atrás para poder ver por debajo de la taquilla. Al ver las piernas desnudas y con cara de extrañeza le vendía la entrada infantil.
¿Qué les parece la picardía? ¡Siempre estábamos -como hoy- a vueltas con la economía!

Yo vengo de un tiempo de cerezas

Hace un mes, Pancho asistió a la entrega de los Premios Leader. Se trata de un galardón con el que la REDR (Red Española de Desarrollo Rural) premia a aquellas personas o entidades que apoyan y difunden con su tarea diaria el mundo rural, reivindicando el territorio y sus gentes. Se reconocieron a personas como Montxo Armendariz, Imanol Arias, Juan Echanove, Carlos Barrabés, Monserrat Domínguez y Eugenio, el pastor de Robladillo, o José Antonio Labordeta, a título póstumo, entre otros.
El lugar elegido para la celebración del acto fue el Círculo de Bellas Artes de Madrid. Quiero ceñirme a la actuación de Luis Pastor, cantautor y poeta. Acompañado de Lourdes Guerra subió al escenario para unirse al homenaje a uno de los premiados, su amigo José Antonio Labordeta, al que llamó El Abuelo, compañero de muchas actuaciones.
Recitó con voz cadenciosa un poema de su autoría que refleja toda una época, cercana a la mía. Ahí va la letra. Les recomiendo leerla despacio



Yo vengo de un tiempo de cerezas
De la espiga del viento y de la hoz
Mapa que retiene la memoria
Como una fotografía en blanco y negro
Yo vengo de un tiempo que me nombra
Con espada de madera y crucifijo
En la escuela se cantaba el cara al sol
Y en la calle a Molina y Joselito.
Era el tiempo de ser niño.

Por la dulce voz, por el agudo grito
La calle una plaza abierta.
La plaza un planeta unido.
Con calles a muchas puertas.
Casas de abuelos y de primos
Era el tiempo del caballo y de la yegua
De los cerdos, las gallinas y los nidos
Y el huerto con todos sus manjares, olores y sabores
Que mi padre labraba, artesano del surco.
Escultor del manzano y de la higuera.
Sabio en su oficio, dueño de la azada y la guadaña
Gigante humano domando la tierra
Era el tiempo de la era y de la trilla.
Campanas y cigüeñas. Paraíso del pobre.
Pan y espigas
Era el tiempo del trino y el jilguero
Cantaor de coplas, ruiseñor de sueños
Era el tiempo de la radio y de los rezos
De las tristes procesiones para muertos
De los muertos tan cercanos a la era
De los lobos y bandidos por la sierra
Era el tiempo de los juegos en pandilla
De la comba, de la piedra,
Del pinchete, de la pídola
Y el verano, como un año al sol entero
Con siestas en la manta por el suelo
Era el tiempo de la madre y sus caricias
De su dulce voz, de sus ojos dulces,
De su tierna risa
Del abuelo y su secreto de tristeza
Que ahogaba cada noche con vino de taberna
Era el tiempo de la pana y los remiendos
Del café de estraperlo,
De la sopa de tomate y de patata
Del pecado que mata.
Del miedo, del castigo y del perdón
Era el tiempo de temer a dios

Seguidamente y a dúo con su mujer Lourdes Guerra -tinerfeña de Güimar; hermana de Pedro, el cantautor canario- bordaron con sentimiento una canción de Labordeta, "Ya ves". Fue una noche mágica.
Al término del acto, me acerqué a saludar a Luis Pastor, para expresarle la emoción que había sentido en su actuación. Lo extraño es que me saludó con un fuerte abrazo, preguntándome como estaban las islas. Le dije como sabes que soy canario. Asombrado le dije que era la primera vez que le saludaba. Dijo que si estaba de coñas.
-¿Ya no te acuerdas de las copillas que nos echamos aquella tarde-noche? ¡Fue en La Laguna! ¿verdad? Cantando folías y unos boleritos!
Sonreí, prefiriendo dejarle en su equivocación y seguimos hablando de otros temas. Nos despedimos y al salir a la calle un pensamiento me rondaba la cabeza.
-¿Estaré perdiendo el tino? ¡Soy canario, me gusta la guitarra y el timple, cantar canario y boleros! ¡En fin: que me gusta un buen tenderete!
Me habría gustado haber pasado el rato que dijo, pero les juro que yo no fui.
Ahora me pregunto:
-¿Tendré un doble por ahí que encima tiene mis gustos?
Cuidado, amigos: Si les pide dinero prestado, exijanle que enseñe el carnet de identidad, para asegurarse que soy yo.
Un abrazo

El polizón del derby

Correíllo León y Castillo


Corría la primera mitad de los años sesenta y como hoy, la rivalidad entre el C.D. Tenerife y la U.D. Las Palmas en el aspecto futbolístico era muy grande.
El Domingo próximo se celebraba una eliminatoria de la Copa del Generalísimo (¿Qué les parece el nombre?). Hoy se llama Copa del Rey. El que manda, copa. Pancho junto a varios amigos fue a comprar el billete para el correíllo León y Castillo. El partido comenzaba a las 5 de la tarde en el Heliodoro (nombre del campo del Tenerife). La salida del barco fue a las 12 de la noche del sábado. A eso de las 11 y media ya estábamos todos embarcados. Habíamos comprado los billetes de ida y vuelta de la clase más barata: Sillas de cubierta, nada de camarotes que no estaba la economía para según que cosas.
Desde la cubierta nos despedíamos entre bromas de nuestro amigo Juan Hoyos que, aunque portaba como nosotros una bolsa tipo macuto entre sus manos, nos había dicho que no podía ir al no contar con permiso del trabajo.
Cuando el barco empezó a separarse del muelle vimos con sorpresa que Juan salía corriendo hacia el barco y de un salto subía a bordo desapareciendo por la escalera hacia los camarotes. A los pocos minutos, apareció vestido con una camiseta amarilla de la Unión Deportiva, gafas de sol y una gorra camuflado entre la gente. Véase en la foto 2, por dónde saltó el “polizón”.
Foto 2
Hasta la entrada del estadio, nada destacable. Durante el partido, recuerdo como los aficionados –más bien los forofos- de uno y otro equipo hacían gracias como las siguientes: Un aficionado grancanario llevó una bolsa de arena que extendió sobre la grada, gritando: ¡ Areeena!. La claqué grancanaria repetía a coro la misma palabra.
En la parte tinerfeña, la palabra que se repetía a coro era esta otra: ¡Fumarooola! Ésta, más potente, seguida por todo el público, dado que jugaban en casa.
Les aclaro que estos piques querían significar: Tenerife no tiene arena amarilla en sus playas. Más tarde, hicieron una artificial en Las Teresitas.
En cuanto a las fumarolas, son unos escapes de azufre que hay en la parte alta del volcán Teide. No hay en Gran Canaria.
Vamos ahora a la parte final de la historia.
Llegó la hora del embarque hacia Gran Canaria. Serían cerca de las diez y media de la noche cuando llegamos al muelle. La hora señalada para la partida, las once. De repente, vemos que el barco se está separando del muelle.

Foto 3
Empezamos a correr, el único que llegó a tiempo de saltar fue otra vez Juan Hoyos, también sin billete. Exhaustos, nos sentamos en el suelo, diciendo:
-¡Fuerte suerte tiene este tipo! ¡Todo le sale bien!
Cuando fuimos a la caseta del muelle de la Compañía Transmediterránea a preguntar cuando salía barco para Las Palmas, nos dijeron que ya estaban embarcando en la otra parte del muelle. Para allí salimos y a las seis de la mañana llegamos al Muelle de La Luz.
A la hora del mediodía me llegó esta noticia.
-¡Pancho! ¿Sabes que el barco en el que se subió Hoyos no venía para Las Palmas? ¡Su destino, era La Palma! ¡La madre acaba de mandarle un giro para que pueda comprarse un pasaje para acá, vía Tenerife!
Cuando llegó tras su odisea, nos contó con su gracia natural la aventura:
Dijo que cuando subió a cubierta, estuvo un rato apoyado en la barandilla, viendo alejarse Santa Cruz de Tenerife. A su lado una pareja mantenía una conversación que llegaba a sus oídos. La parte final que escuchó fue ésta
-¡Mañana a las siete estaremos en Santa Cruz!
A Hoyos se le puso la carne de gallina del susto
-¡Perdonen! ¿A dónde dijo Vd. que va este barco?
-¡A Santa Cruz de la Palma!¿No lo sabe?
-¡Ay, mi madre! ¿Y yo que voy pá Las Palmas? ¡No te lo dije, Juan Hoyos! ¡No se puede vivir tan deprisa, hombre¡



Saludos..

Fotos tomadas de la página de Trasmediterránea: http://www.trasmeships.es/

El pelirrojo

Juanillo cuando niño fue un mataperro. Yo creo que estaba predestinado. Pelirrojo, pecoso, con el pelo rebelde, lleno de remolinos. Les informo que en aquellos tiempos a los niños pelirrojos se les llamaba genéricamente “canelos” . Mi teoría es que los niños pelirrojos al ser diferentes, destacan más y nos parece que todas las maldades las hacen ellos y no es verdad.
Sí lo es, que al ser tan inquietos están siempre en el ojo del huracán.
Quiero decirles que en mi experiencia, cuando los pelirrojos llegan a mayores son personas cariñosas y muy comprensivas con las travesuras de los niños. Como decimos aquí, se vuelven unos "santos". Les comprenden perfectamente, pues ven reflejados como en un espejo al niño que fueron. Recuerdan las palizas que recibían y por ello, perdonan y aceptan de buen grado las travesuras.
Un día de verano estábamos todos los niños jugando a hacer presas con el agua del barranco, cerca de la finca de la vaquería. Pancho, un servidor, también hacía su represa y además tenía puesta su jiñera de caña, regalo de Maestro Carmelo, su vecino el zapatero que era -además de remendón- un gran constructor de jaulas, especialidad: las que tenían forma de iglesias. 
Haciendo un aparte en la historia, recuerdo las horas que pasé en la zapatería viéndole hacer una jaula para capirotes, réplica de la catedral de Las Palmas y como me engañó diciendo que era para mí. Como lloré cuando delante de mí, se la entregó a un señor que vino con su coche negro, marca Citroen, exactamente igual al de la fotografía y cuya imagen se me ha quedado grabada en la cabeza.
Sigamos con Juanillo, el canelo y alguna de sus andanzas. De repente apareció nuestro personaje montando a galope sobre una mula. Detrás corriendo y tirándole piedras el dueño del animal. Bajando el barranco, el hombre quedó atrás rendido por la carrera. Juanillo pasó delante de nosotros, orgulloso y siguió subiendo la cuesta, perdiéndose entre las casas como un jinete de película. Todos los niños salimos corriendo a buscarlo. Estaba en el pilar de agua dándole de beber al animal. Cuando se bajó, presumiendo, descubrimos que estaba totalmente ensangrentado. El propietario tenía buena puntería, pero el Canelo no estaba dispuesto a parar aunque se desangrase. Había visto muchas películas del oeste y no estaba dispuesto a rendirse. La herida en la parte de atrás de la cabeza era muy grande y fue destilando sangre que llenó toda la camisa, parte del pantalón y el lomo del animal. Cuando más lo admirábamos como héroe, apareció el padre de Juanillo y sin preguntar a nadie, empezó a golpear al niño, diciendo:
¡Ahora mismo vas y le devuelves la mula a su dueño!
Y mientras le seguía golpeando con el cinturón, apareció el dueño de la mula. El padre se disculpaba.
¡Usted perdone, señor! ¡Este niño me va a matar a disgustos!
El hombre recogió su mula y poniendo mala cara, dijo:
¡Caballero, cuide usted a su muchacho! ¡Como lo vuelva a hacer, lo denuncio a usted y a su hijo!

Real como la vida misma. Seguimos ahora con la segunda del pelirrojo.

En otra ocasión, se celebraban las fiestas del pueblo. Las casetas estaban colocadas por todos los rincones. La de los churros, la de las muñecas, -más tarde llamada: la de las “chochonas”-, la de los bares, conocidas también como bochinches, guachinches, ventorrillos , etc... Y la que nos importa hoy, las casetas de tiro. Nosotros la conocíamos como la caseta de los balines. El año en que ocurrió la historia estaba instalada junto al solar de Pedro Mesa, chófer de AICASA (Autobuses Interurbanos Canarias, S.A.) al lado de donde tenía aparcado el coche de hora. Por allí pasó Juanillo. Vió juntas –caseta y vehículo- y se le ocurrió lo peor. Cogió una cadena y amarró las dos cosas.

Por la mañana, don Pedro a quien siempre se le hacía tarde, no le dió la vuelta de ordenanza al coche para comprobar el estado general, inflado de ruedas, etc. No conozco más detalles de este caso. Solo sé que a primera hora de la mañana, casi de madrugada, el coche de hora salió arrastrando la caseta de tiros hasta la esquina de la iglesia. ¿Saben a quién echaron la culpa?
Solo les digo que hoy día aquel Juanillo, tan travieso de niño, es un hombre tranquilo, incapaz de matar una mosca aunque le pique la calva.
Saludos.

Los Labradores 2010



Otro año más, se acerca el Día de Los Labradores, la última romería del año en Gran Canaria, concretamente en Santa Lucía de Tirajana. Faltan solo tres días, es el 19 de Diciembre. Se celebra siempre el domingo siguiente a Santa Lucía –como saben, es el día 13 - con algunas especificidades que no viene a cuento ahora explicar.
Si Vd. es de los que gustan del folclor y del auténtico ambiente campesino, véngase. Le hago una advertencia de caballero, tiene que estar en Santa Lucía antes de las 11 de la mañana. Si llega más tarde, en vez de a una romería, usted llegó a un problema de tráfico de cuidado. Dicen que llegan a estar en la romería hasta 20000 personas. ¡No sé si serán tantas! ¡A lo mejor, son menos! Pero si le digo una cosa, hermano: el ambiente es diferente, -ni mejor, ni peor-, dije: diferente. Si Vd. además, sabe tocar un instrumento musical o tiene una voz aseadíta, (quiere decir, que canta bien) entonces está garantizado, porque está muy bien cotizado entre los numerosos grupos. ¡Como decía Benjamín: La pitanza está garantizada!
A eso de la una de la tarde la Virgen del Rosario subida en una carreta de bueyes y seguida de su comitiva multicolor, parte de la preciosa iglesia situada en el alto sobre la carretera que llaman El Lugarejo y después de hacer su recorrido de no más 3 kilómetros vuelve a la iglesia. La romería se ha quedado detrás y tarda ¡¡ cinco horas!! La gente de las carrozas van ofreciendo productos de la tierra: mejunje, chicharrones, aceitunas, naranjas, mantecados, pan bizcochado, quesito duro que pega bien con un roncito del país.
Se corta el tránsito de vehículos totalmente. El personal se va distribuyendo por todo el pueblo en parrandas, cantando, comiendo, bebiendo y bailando. Los romeros –hay algunos roneros, con n- cantan isas, folías, malagueñas, polkas… . Eso al principio. Todos cantan los estribillos. Más tarde, se sigue con los boleros y las canciones mejicanas. Sepan que también es nuestra música.
Todo el personal viene vestido con ropa de labrador. Algunos, y algunas, visten unos trajes ¡cristiano! que tienen que costar un dineral. Te dicen que son réplicas del siglo XVIII o XIX, de tal o cual pueblo. Lo malo es que no disfrutan el momento por estar cuidando que no se lo manchen. ¡Hágame el favor!
A eso de las seis y media empieza a caer la noche. Los Labradores veteranos van subiendo a los Salcais –hoy Global- y parten para sus pueblos, con los instrumentos a cuestas. ¡Hasta el año que viene! Saben que la carretera de Los Cuchillos, no sirve para ir en copas.
Otros, más jóvenes siguen tocando y cantando hasta la medianoche, mientras en el parque miles de personas ¿cinco o seis mil? ataviadas con ropa típica bailan en la verbena en un hermoso espectáculo para la vista. Una semana, o dos después de la romería, todavía quedan en el pueblo coches abandonados. El Ayuntamiento localiza a los propietarios y algunos se enteran en ese momento donde lo dejaron. Hicieron bien en marcharse en otro coche.
El cartel de este año 2010 muestra una fotografía de Alfonso, el panadero, desaparecido este año. Personaje con una peculiar forma de ser y que tras su aparente seriedad, escondía un socarrón que se quedaba con todo. A su panadería subían y suben expresamente desde la costa a comprar su pan de puño todos los fines de semana multitud de personas. Santa Lucía es un pueblo que cuenta con cuatro panaderías. Su pan llega hasta Tejeda y toda la costa sur de la isla. Se las conoce por el nombre del propietario: de Amado, de Alvarado, de Alfonso y de Julio.
Lo dicho. Les invito a que vengan a disfrutar de la Romería de Los labradores, este domingo en Santa Lucía de Tirajana.

El helicóptero


Hace muchos años Pancho, todavía un niño, vio por primera vez un helicóptero. A su lado, una señora acompañada de su hija, comentó:
-¡Mira allí, niña, eso es un tricótico!
-¿Como? dijo Pancho
-¿No se dice así? ¿Cómo se dice?
-¡Yo he oído decir que se llama helicóptero, señora, pero no sé si está bien dicho!
La respuesta que dio la señora no se olvidará nunca.
-¿Y yo qué dije, burletero ? ¡Li-co-té-ro! ¿O tú crees que yo no lo sé decir?
Como Pancho seguía con su sonrisa socarrona pasó directamente al insulto.
-¡Te vas a reir de tu madre, buey topón!

Y patas pa qué te quiero

……ooOoo……


Recordando esta historia me viene a la cabeza otra anécdota relacionada con el mismo aparato que se puede adaptar a cualquier territorio. Como me contaron que sucedió en Cazadores, en esa localidad se queda.
Dicen que la primera vez que un helicóptero apareció volando bajo sobre el pueblo, los chiquillos salieron corriendo tras él tirándole piedras. Una viejita del lugar al verlos, se unió a ellos gritando:
-¡No le den en la cabeza, muchachos, a ver si lo cogemos vivo!
¿Hace falta que les aclare el cuento? ¿Verdad que no?
Saludos.

Día de excursión


Ayer Pancho fue con su pareja de excursión. Había quedado con ella a las nueve de la mañana. Como siempre ocurre, tuvo que esperar 40 minutos más, para que saliera de la casa. Seguro que se estaría probando una y otra prenda a ver como quedaba más guapa.
Habíamos quedado en ir a la cumbre a coger piñas de pino que, una vez pintadas de distintos colores, adornarían el árbol de Navidad. Paramos en Ayacata, para saludar a un amigo común: Juan Castro. Desde allí seguimos hasta la entrada del Roque Nublo. Aparcamos y provistos de las correspondientes botellitas de agua, empezamos la subida. Mi muchacha, muy interesada con la naturaleza, preguntaba el nombre de diferentes plantas : salvia blanca, jaras, etc. Al llegar a la altura del Fraile, paramos . Ella trepó hacia la cueva del alto y cuando bajó, una persona que pasó les tiró una foto. La mente de Pancho echó a volar recordando una situación similar – o un sueño- que le gustó recordar…. Pero esta vez no había botones de oro, una bella planta de flor amarilla que parece plástica.
Ya un poco cansados -¿porqué no decir extenuados?- llegamos a la llanura del Roque Nublo. Allí estaba, radiante, majestuoso, junto a su Rana. El día precioso, con el cielo totalmente azul y ese fresco característico que enfría la cara. Mi pareja dijo:
-¡Bueno, ya lo vimos, vámonos ya!
Le contesté :
-¡Si tu llegas hasta aquí y no tocas el Roque Nublo, te caerá la maldición del guanche!
- ¿Qué maldición?
-¡No se puede decir, porque si no, me cae a mí!
Seguimos caminando, nos hicimos muchísimas fotos, buscando encuadrar el Roque Nublo como si lo tuviéramos entre las manos, tal como se muestra. Caminamos hasta el Roque, lo tocamos y nos sentamos delante de él un buen rato admirando el paisaje, mientras ella tiraba fotografías. Al marcharnos, se alegró al descubrir el Teide sobre el mar de nubes en la lejanía.
La bajada estuvo ocupada con temas ecológicos, sobre cómo debemos cuidar de la naturaleza. Hizo una foto a un bejeque en flor que también les muestro.
La vuelta la hicimos por La Pasadilla y Pancho contaba el susto que pasó una vez cuando se quedó sin frenos en esa carretera. Que después paró en Ingenio para comprobar la avería y Lamariya no quiso ponerse en marcha. Que tuvo que llamar a Carlos, el padre de ella, para que resolviera el problema.
Pues, ya ven que sin querer se descubrió quien era mi chica. Es mi nieta: Paola, la más guapa, la que me tiene aburrido con su saxofón soprano.
El viaje terminó al llegar a casa, salió del coche corriendo y gritando:
-¡Fuimos al Roque Nublo y lo toqué para que no me maldijera el guanche!
-¿Qué guanche?
A lo que contestó:
-¡No sé, pero tampoco se puede decir! ¿verdad, abuelo?


P.D.:
Sé que le acaba de nacer un nietito a mi amigo A. Alba. En primer lugar las felicidades de rigor para sus padres y familia. Esta historia pretende mentalizarle que ya no es lo mismo. Que vaya preparándose para sacar a los nietos de excursión . ¡Ay, su babita!