Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

Las perdices y el trabuco



Juan García, es cazador desde niño. Su especialidad son las perdices. Él les llama “las alperdices”.
Tiene sus perros perdigueros de los buenos, de esos que levantan la pata delantera y la nariz cuando huelen a la alperdiz, en un rictus de concentración.
Hoy es jueves, la veda está abierta y nuestro hombre está buscando territorios nuevos por esas cumbres de Dios.
Caminando a la orilla de la carretera, se cruza con un paisano al que le pide fuego para encender el cigarro. Y de paso, preguntarle que si ha visto algún bando de perdices por allí.
- ¡Buenas tardes! ¿Tiene fuego, amigo?
- Sí, hombre, ¿qué ganas tengo de dejar “la fuma”?
- ¡Gracias, caballero! Yo mismo me presento ¡Soy Juan García, de ahí abajo del Vecindario, en la costa! Gusto en conocerle.
Se dan la mano y Juan le espeta de nuevo
- ¿Y cuál es su gracia? (1)
- ¡Bienvenido Pérez, señor!
- ¡Mire, don Bienvenido, le quería preguntar una cosita! ¿Ha visto por aquí algún bando de alperdices en estos días?
- ¡Pues mire que sí! Casualmente ayer, vi uno. ¿Usted ve el barranco grande aquel allí abajo?
- ¿El de la casa de alto y bajo con la palmera solitaria?
-Sí. Pues, en ese no.  En el siguiente barranco, fue donde las vi.
- ¡Pues voy a acercarme, a ver si hay suerte!
Se despiden y mi hombre coge el trabuco, saca la pólvora, le echa un poco por el caño, la aprieta bien con la baqueta. Saca munición, la echa también dentro del caño. Coge un trapito y tapona bien para que no se caiga. La escopeta está cargada.
Alguno de ustedes se las dará de enterao y dirán que no puso el fulminante. Pero eso se pone por fuera, a la altura del percutor del gatillo, “es como una cabecita de fósforo”.
A las dos horitas, Juanito estaba en el sitio señalado. Soltó sus perritos perdigueros y hasta sol puesto, estuvo dando vueltas “parriba” y “pabajo” sin hallar rastro de “las alperdices”.
Cayó la noche y mi hombre, cansado ni descargó la escopeta. Se subió en la guagua de Global y, ¡Las Palmas!
Saltamos la historia y hoy es Domingo. Juanito está en el mismo sitio en que empezamos este relato.  Bienvenido viene otra vez por la orilla de la carretera. Y empieza el diálogo.
- ¿Cómo anda hombre? ¿Otra vez vino a dejarnos sin alperdices?
- ¡Qué dice, cristiano? ¡Ni las vi el otro día!
- ¿Usted fue a donde le dije? ¿Al siguiente barranco, al chico?
-¡Sí a ese mismo!
-¡Pues, aspéreme cinco minutos que voy a hacer una diligencia, vengo pabajo y voy con usted!
En lo que esperaba por Bienvenido, Juanito se puso a limpiar el trabuco y a prepararlo. Le quitó el trapo e hizo la operación de carga completa: pólvora, baqueta, munición y puesta del tapón. Todo ello, sin reparar en que ya estaba cargada de antemano.
Llega Bienvenido y ambos se ponen en marcha hacia el lugar. Empezando a entrar en el barranquillo, suelta los perros y se levanta un “bando” de alperdices.
Juanito atento, apunta y dispara.
Se arma tremenda explosión y queda él (Juanito) todo envuelto en humo. Bienvenido pregunta:
-¿Cayó alguna, Juanito?
Y éste -con la boca ensangrentada y tapándosela con la mano-, dijo esta frase que ha pasado a la posteridad en el mundo cinegético:
-¡De arriba, todas! ¡De abajo, más de la mitad!  ¡Menos las del fondo, volaron todas! ¡Y, ahora, cómo como?
Fin.

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Vocabulario

(1)    ¿Cuál es su gracia? Significa en lenguaje antiguo: ¿Cómo se llama, usted? o ¿Cuál es nombre? 

Cuentos de Tirajana.

Dos cuentos de Tirajana. Uno de cazadores y otro de jubilados.
Primero.-
4 conejos están "echando una zanga" en la "Gollá" (Degollada) de Manzanilla. (Para los que no lo sepan, la zanga es un juego de baraja, muy popular en ese Sur y Sureste de esta isla nuestra de Gran Canaria)

De repente, se oye a alguien silbar (silbiar, también se dice)

¿Quien viene áhi?
Reparen en el lugar que está situado el acento ortográfico o tilde

-Manolo Zacarías
El jefe los conejos, dice:

¡Sigan jugando!
Lo que quiere decir que no tiene puntería maldita y los conejos lo saben.

Al ratito, se oye ruido otra vez.
El jefe los conejos, dice:

¿Quién viene áhi?

-Salvador, el de La Rueda (De La Ruéa, se dice)

¡Sigan jugando!

Y continúan la partida tan tranquilamente
Por tercera vez, vuelve a oírse ruido

¿Quién viene áhi?

-Pepe, el Macho
Me cago en la madre que lo parió ¡Recojan la baraja que nos vamos!
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Segundo
Pareja de personas mayores que están perdiendo la memoria y van al médico de cabecera. 
Lo único que les receta es que deben apuntarlo todo, para no olvidarse.
Ya con la respuesta del médico, se van para la casa. El caballero se echa en el sillón y le dice a la parienta

¡Tráeme un helado de la nevera y…lo apuntas!
Prosigue

¡Ah, y  también le pones un poco de nata por arriba y… lo apuntas!
Y, continúa

¡Ponle también unas nuecitas salteadas (sartiás) y… lo apuntas!

La señora entra en la cocina y a los quince minutos sale con una tortilla de papas en las manos

¡Toma: áhi tienes la tortilla!

A lo que él contesta:


¿Y la tostada?

Mi agradecimiento al amigo J.J.A.D.

El borracho del día de Reyes

El Policía local José Batista, en el año 1968, dirigiendo el tráfico en la esquina de Tomás Morales,
con Bravo Murillo, en  la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria. Foto de Krlos Lag.
Ayer les puse una historia -en el que de forma indirecta- se decían unas  palabras  escabrosas disimuladas  dentro de un contexto rural.
Casualmente hoy,  día de Reyes, tengo otra y se produce de nuevo la circunstancia de incluir una palabrota.  Dado que  sin ella, -la palabrota- la historia queda coja y sin gracia, vamos entonces  a prepararles a ustedes convenientemente para que no vayan a pensar que este es un blog descocado y de personas mal habladas.
La palabra o el palabro polla, es vulgarmente sinónimo de aparato reproductor masculino.
Y, de uso común y diario –vulgar, es cierto- entre la población, especialmente masculina.
En el caso de que estemos suficientemente preparados, empecemos con el cuento, anécdota o historia de hoy.  Para los que no le agrade el asunto, aquí termina su participación. Buenas tardes.  Para los demás valientes, vamos allá:
Era de uso común, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria que  por Navidades en el cruce de Bravo Murillo con Perojo, se pusiera una especie de peana de madera, en la que estaba subido un guardia (hoy Policía Local) dirigiendo el tráfico.
Había uno, muy famoso, el guardia Gregorio, que hacía su trabajo de forma muy simpática y llamativa –semejando  a Cantinflas-, haciendo gestos de que tenía retortijones de estómago, se tocaba el abdomen con una mano y con la otra daba el paso a los conductores que, paraban y depositaban el aguinaldo,  ya fueran cajas de ron, botellas de coñac, polvorones, turrones, etc, junto al redondel de madera. Ver fotos.
Aguinaldo 1965/70
Aguinaldo 1965/70
Bien. Demos ahora un salto temporal y ya pasó Navidad. Es día de Reyes. Gregorio sigue con sus gestos graciosos y en la acera, un borracho, le grita a cada instante
-          Guardia ¿qué te echaron los Reyes?
El guardia seguía impertérrito con sus gracias. Y el borrachito, cada dos minutos a vueltas con
-          Guardia ¿qué te echaron los Reyes?
Repitamos la historia, dos veces más, y de repente, el guardia, cansado de la “paliza” y aprovechando un “jacío” (1), se vira para él y dice, también gritando
-          ¡Una polla!
El borracho, raudo y veloz, le contestó también chillando
-          - Eso es que pusiste el culo, porque yo les puse una bota boyera y ¡me pusieron un timple!



Rogando disculpen el uso de la palabrota, aprovecho para desearles a todos ustedes
¡Feliz Año Nuevo!
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Vocabulario
(1)     Jacío.-  Para mí, es un momento de descanso. Un hueco de tiempo sin actividad.
La Academia Canaria de la Lengua, lo define así:
1. m. Calma momentánea del mar, que se produce en las proximidades de la orilla tras un continuado oleaje. Había que esperar a que hubiera un jacío para poder meter el barco en la playa.
2. m. Escampada en el llover. Cuando haya un jacío, vas a la tienda y compras el pan.
3. m. FvGCGo y LP.  Cese momentáneo de una actividad laboral. En un jacío de las ventas, se echaba un cigarrito.


Aplicaría la tercera acepción: Cese momentáneo de una actividad laboral. 

El letrero de Lajares y Los Ratones.


EL LETRERO DE LAJARES
Entré en un establecimiento de Lajares (Fuerteventura) en busca de una lata de pintura, para usar en un mirafondos que estoy arreglando.
Me están atendiendo en el mostrador, cuando un señor toca mi espalda y dice:

-¡Caballero! ¿Y dónde está el mostrador!
Me dí cuenta que estaba un  poco bebido – beodo, para los finos- y le contesté

-¡Este es el mostrador, señor!

-¡El mostrador del bar, digo yo!

-¡Es que esto no es un bar! Es una ferretería.

-¿Usted me va a tomar el pelo o qué? Venga conmigo pá aquí fuera. ¡Mire lo que dice el letrero!

El hombre me señaló el anuncio sobre la puerta que dice claramente: Bazar Ferretería Lajares (ver foto recortada).
   

 Y al verlo, lo deletreó varias veces exclamando

-¡Ñoós, fuerte chispa, cristiano! Usted perdone, mi hermano. Y yo que leí: ¡Bar Cafetería!

Me dió un fuerte abrazo de complicidad, en el que contribuyó con su correspondiente olor a alcohol. 

Y, poniendo  cara de: ¡Que esto no se sepa!,  se metió en la tienda de al lado que, efectivamente, era una cafetería de nombre: Cafetería Canela.

Hasta luego, amigo. ¡Hay días en que los árboles impiden ver bien el bosque!
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Para completar esta entrega que ha resultado hasta ahora algo breve, añadamos otra de ambiente rural.

LOS RATONES
Gonzalo es un hombre listo y sencillo, eso sí con un toque socarrón que le hace simpático y agradable. 
No se calla ante nadie  y, si está en posesión de la verdad, para que tercie(1) habrá que matarlo.

Falta describir el antagonista: Don Néstor, hombre adinerado al que “no hay quien le tosa”(2).

Cuando él habla, se cierra el diálogo: ¡Si lo dice don Néstor, cualquiera le planta cara! O sea, como si dijera: Amén o suculúm.

Y comienza la historia:
A Gonzalo le han roído los ratones un quesito duro de Pajonales. El hombre cogió un cuchillo, lo limpió, raspándolo un poco, dejándolo perfecto para el consumo.

Para que se oriara(3), lo puso sobre un paño, en alto y a la vista.

Del asunto de los ratones y de lo que pasa en el pueblo, está hablando con otros vecinos sentados, sobre el banco de piedra que está a la puerta de la casa. 

En esto que pasó don Néstor  por la calle, se detuvo  y como burlándose, dijo:

-¿Este es el queso que te comieron los ratones, Gonzalo?

-¡No, don Néstor, este no fue! ¡Este es el que dejaron!

Con la respuesta y la risita sorda de los vecinos, el cabreo de don Néstor fue de época. Sin decir palabra, se perdió de vista.


Saludos.

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Vocabulario

(1)    Tercie.- En este caso: Cambiar de opinión.
(2)    No hay quien le tosa.- En este caso: No hay quien le lleve la contraria.
(3)    Oriara.- Oreara, de orear:
1.- Airear una cosa para refrescarla, secarla, desenmohecerla o quitarle el olor.
2.- Ventilar o airear un lugar.

El café de cebada

Hubo un tiempo en que la gente no tenía para comprar café, y usaba la cebada (oí decir que también le llaman achicoria(*1). Pero, como verán en la aclaración, no se trata del mismo producto.
Recuerdo que se vendían unos paquetes cilíndricos de papel, de más de una cuarta de largo (unos 30 cms.) y de unos tres centímetros de diámetro que decían por fuera:  Café tostado de cebada.

Y, es un suponer, si el café de ¼ kilo costaba 10 pesetas, en aquel entonces, el paquete de cebada de 100 gramos valía 1 peseta.  Recuerdo más, si alguien quería ½ paquete, el tendero cogía un cuchillo finito de esos de cortar jamón y lo cortaba por la mitad. Luego, cogía un papel vaso y  tapaba  tanto la parte que se vendía como la que se quedaba en la tienda, para que no se saliera. Esa era la cebada tostada y molida, sustitutivo del café.
Bueno, esto es el aspecto culinario (qué fino), vamos ahora a hablar de una historia que me contaron sobre la cebada. Igual que se llevaba (y lleva) el grano al molino, también la cebada tostada se llevaba para hacer gofito de este cereal.
Como ocurrió en el caso presente:  
Juanito Pérez, agricultor, llega al molino con un saco de cebada tostada, requintado hasta arriba, unos 80 kilos de nada. Como hay que ponerle un nombre a las personas, vamos a ponerle Miguelito Santana, al molinero, hombre astuto, despacioso, socarrón y "listo" como un lince.
Pues nada, que al día siguiente, vuelve Juanito a por el gofio de cebada, saluda a Miguelito que ya le había hecho la martingala (**):
-¡Ya estás aquí, Juan! ¡Acabo de terminar de moler tu cebada!
Y, pone en sus manos el saco con unos 40 kilos de gofio.
Extrañado, le dice: ¡Mano, yo a usted le traje 80 kilitos que tuve cargar la burra porque era mucho pa mí solo! Si la maquila es el 10%, ¿donde están mis setenta kilos?
Sin inmutarse, el molinero le dice:
¡Coño, Juan, tu sabes que la misma palabra lo dice! Cebá, se vá,.......... eso se vá casi todo en las piedras del molino! Eres un desconfiado!

Fin de la historia.
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        (*)       achicoria.
(De chicoria).
2. f. Bebida que se hace por la infusión de la raíz tostada de esta planta y se utiliza como sucedáneo del café.
No es, pues la cebada y muestro aquí lo que dice la red:  “Achicoria como sustituto del café. Hace muchos, muchos años, cuando el consumo de café no estaba tan extendido en nuestro país como lo está ahora, y sobretodo porque muchas personas no podían permitirse el ‘lujo’ de adquirirlo en unos momentos tan complicados y difíciles como lo fue durante la postguerra española, se utilizaba la achicoria como sustituto del café. Por este motivo fue también conocido popularmente como café de achicoria”
Añado y aclaro que la achicoria, es la escarola y se utilizaba la raíz para hacer el café de los pobres.



(**)   Martingala. (Del fr. martingale). 1. f. Artificio o astucia para engañar a alguien, o para otro fin.

Una vez terminado de editar esta entrada, una amiga - Paqui Santana - me recuerda dos datos, que incorporo:
1.- Que su abuela decía cafécafú para referirse al café de cebada solo.
2.- Que la marca de los paquetes era: LA ALDEANA. Lo recuerdo ahora, perfectamente. 
Muchas gracias, Paqui, por tu memoria y por permitir la publicación.

Los papagüevos


Ustedes saben que en cada pueblo hay uno o varios “borrachitos”.  Son personas que por las vueltas que da la vida,  tienen problemas familiares, personales, de ausencias de familiares, etc. etc. que les ayudan a entrar en esa espiral de me emborracho hoy para olvidar, mañana también y terminan “arcolizados”.
Los hay  de los que llamamos “de mala leche”, malcriados. Esos son a los que se les dice: Borracho cochino, no pierde tino.
Pues bien, en la historia que sigue mi borrachito, Venancio, al que no le pondré su nombre verdadero para no molestar nos hizo vivir esta preciosa, para mí, anécdota.
Día de la patrona. Al amanecer, llega al pueblo la Banda de Agaete que va a tocar la Diana por todo el pueblo.
No hay más de 4 personas esperando. Ya están preparados los papagüevos, en una camioneta. Son cuatro: el maestro, el diablo, la mujer y el marinero.
No estando previsto por la Comisión de Fiestas y aprovechando la asusencia de algún comisionado, a Venancio se le ocurrió llevarlos a un barrio cerca del pueblo, donde viven no más de siete familias.
Los de la Banda que no le conocían, pensaron que era el Presidente de las Fiestas y en otro camioncillo tiraron para allí.
Ya estamos en el barrio. Músicos colocados, esperando la orden de empezar. Tres  personas  (entre ellas Venancio), se meten dentro de los  papagüevos.  No sé la razón pero nadie quiere coger el de la mujer. Se inicia la música  y empiezan a bailar dando vueltas sin parar, frenéticamente, al ritmo de La Madelón.
Venancio que lleva el papagüevo del Diablo se desestabiliza y después de varios tropezones queda en el suelo metido dentro del muñeco.
Las maderas de las patas, todas partidas. La música para en seco,  la gente corre asustada a ayudar, pensando que le ha pasado algo.
 Venancio sale por las enaguas del Diablo arrastrándose ¡oh, milagro! y dice con su hablar ronco y arrastrado de “chispa vieja”:

¡No ha pasado nada! ¡Solo el alma…  que se separó del cuerpo!

¡Ay, que ascua!



Nos ponemos en situación, Pancho paseando por Las Palmas. Al lado, van caminando dos mujeres, una mayor, pongamos 65 años, con su pañuelo negro a la cabeza. La otra debe ser su hija, de alrededor de cuarenta. En este momento la está corrigiendo
-¡Ascua,  no se dice madre, se dice:  asco!
-¡Pues a mí me suena más bonito, ascua!
-Pues dígalo como usted quiera madre,  pero no esté hablando tan alto. ¡Se tiene que enterar todo el mundo de lo que estamos hablando, cristiana!
-¡Yo le debo ná a nadie! Porqué tengo que esconderme. ¡Fuera del agua, que bien se ená (1)
Tanto se fue “cabriando” la hija que chascó un murmullo que se entendió clarito:
¡Enaquíqueteamaaarro!, que se traduce al castellano, por :  ¡Ven aquí que te amarro!
Solita la señora mayor, dio la vuelta y  se fue para el coche. La hija que marchaba detrás, lo abrió.
La madre  se sentó, le puso  el cinturón de seguridad, le dió su tapita de pan bizcochado y allí se quedó tranquilita, mirando el panorama;  mientras la hija se iba a comprar a la calle de Triana.
Si les ocurre se ponen hablar de violencia verbal y esas cosas. ¡Esténse, tranquilas!
Aunque ustedes crean que  no, añoro estas cosas. Una vida sin prisas, sin móviles que a la vez nos dejan sin comunicación. Sentarse a comer toda la familia junta, comentando las cosas que pasan, etc., etc.
 O cuando iba a mi pueblo a ver a los abuelos y al pasar por la calle, una señora que no conocía cruzaba y no se cortaba,  preguntando:
-¿Y de quien “sos(2)” tu?
Y yo que  contestaba sin problemas:
-¡De Mariquita, la de Antoñito Francisco, el de la Almatriche!
-¿Y tu padre, Miguelito, cómo está? ¿Siguen viviendo en Las Palmas, verdad?
¡Bien, gracias a Dios! ¡Sí, allí vivimos!
¡Pós(3), le das recuerdos a los dos, de parte mía!
-¡Y quién es usted?
-¡Lorencita, tú se lo dices que ella sabe quién soy!
-¡Pues, muchas gracias, señora!
Saludos.
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(1).-    Se nada (del verbo nadar)   
(2).-    Sos.- Eres    
(3) .-   Pues.

Los alisios


Desde siempre a los canarios nos gusta la música mejicana, tanto que parece incorpada a la música nuestra.  La he oído cantar desde pequeñito a mi familia, a nuestra gente mayor y en las parrandas todavía hoy es raro  que no se cante un corrido, una ranchera,  las mañanitas  del Rey David o
“Ay, Jalisco no te rajes….”

“Ya vamos llegando a Pénjamo”,  ya brillan allá sus cúpulas……
“Me he de comer esa tuna” en la que se dice: Guadalajara en un llano, Méjico en una laguna…..

“La feria de las flores”, la de:  En mi caballo retinto he venido de muy lejos,  y  llevo pistola al cinto y con ella doy consejos. …..
Se lo digo porque un servidor lo hace y  recuerda vagamente  un tiempo (el de su niñez)  en que en el cine habían muchas películas mejicanas y actores como Jorge Negrete , Pedro Infante (ambos cantantes ) y muchos más, eran muy seguidos y solicitados.

En fin, esta pequeña introducción, sirve para poner en escena la pequeña y breve historia que a continuación empieza:
En estos días estamos los canarios pasando algo de frío y,  ya saben que no estamos acostumbrados. El amigo Pepe, tapado hasta los ojos, pasa por la calle y saluda  a Carmelo:

-¡Fuerte tiempo hace, amigo!
La repuesta a mí me hizo mucha gracia

-¡Mientras no se vayan estos jaliscos, vamos a pasar más frío que el diablo!

Lo ven ustedes la influencia mejicana en nuestro hablar e imaginario popular.
Algunos finos le dicen: alisios.

La que no aumenta, no es poeta.


Tres señoras sentadas en el Centro de Salud de un pueblito de interior.  A la escucha Pancho, que no dijo palabra y hoy relata el caso, describiendo la situación.
La primera, Rosarito, cincuentona, de “josico revirao”, acapara toda la conversación.

La segunda,  más mayor,  de alrededor de sesenta y cinco años y de nombre Virtudes, intenta “meter el rejo” y decir algo. Pero ¡qué va, no hay manera!  

La tercera, todavía más mayor,  por encima de setenta y cinco, es Josefita.  Está haciendo barbilla con su aguja e hilo, atenta a su labor y a la vez escuchando –sin perder ripio- el diálogo de sus vecinas de consulta.
Está en el uso de la palabra,  Virtudes

-Ay, Rosarito, tengo un dolor en la espalda que me trae loquita. ¡Una hernia discá que me tiene en un sinvivir!
-¿Dolor?  ¡Dolor el mío que tengo 4 hernias: La L4, la L5, la L6 y la L7!

Se advierte solemnemente a los lectores que las vértebras lumbares,  son 5. Y que después de la L5, sigue la S1, o sea el sacro. Por tanto, no existen tales L6 y L7.
Sigue la conversación

-¡Pues, si que está usted fastidiada!  Por si fuera poco, ahora me dicen que también tengo mal las cervicales! Lo que digo yo, estoy bizcochadita!
-¡Usted no sabe lo que son dolores, Virtudita! ¡ Cuatro cervicales tengo yo pinzadas, ¡Cuatro! Que no puedo mover la cabeza porque me dan mareos. ¡Y siempre con ese zumba zumba “ahirriba” que me vuelve loca!.

Silencio en la consulta. Al ratito, vuelve Rosarito  de nuevo a la carga.

-¡Y si supiera que para el mes que entra me van a poner una próstata en la rodilla, no hablaría usted!  ¡Y cuando la tenga mejorcita, me pondrán la otra! Hágame usted el favor, ¡doolooores!

Nadie le respondió y tras un minuto de silencio en el que no se oyó ni el vuelo de una mosca, el médico llamó en voz alta desde su despacho: ¡Rosario Martel!

Rosarito se levantó, entró a la consulta, cerrando la puerta.

Fue entonces cuando habló por primera y única vez, Josefita:

-¡Aquí, la que no aumenta, no es poeta!

 
 Saludos.

 

Los aperos y la barca

 

 Esta poesía de la que desconozco el autor fue recitada el día 7 de Febrero de 2014 por don Antonio Corujo Tejera en el Teatro Pérez Galdós, de Las Palmas de Gran Canaria. Fue durante el espectáculo de Domingo Rodríguez Oramas, "El Colorao", denominado Jable y como introducción a la Isa del uno. ¡Noche memorable para la música de las islas.!
 
A los aperos de arar
dijo una barca velera
yo también soy de madera
y hago surcos en la mar
con mi quilla marinera
 
Nos sentimos botavara
respondieron los aperos
recorren nuestros maderos
mares que nunca surcaron
nuestros sueños marineros
 
Soy de mástil y timón
soy de cuaderna y baranda
dijo el timple: soy quien manda
cuando llega el garugón (1)
en el mar de la parranda.
 
 
 Las fotos que ustedes ven fueron tomadas a finales de septiembre de este año en la barbería de don Antonio, en Arrecife, persona que me honra con su amistad.
 
Me acerqué por allí con la idea de charlar un rato, asunto que nos agrada. Me preguntó que si quería arreglarme y le dije que para mí sería un honor.
 
Me la recitó de nuevo y algunas otras más que guardo grabadas. En medio de la animada charla le pedí que si nos hacíamos una foto. 
-¿Cómo me pongo?
-¡Así mismo, don Antonio! ¡La quiero para tener un recuerdo suyo!
¿Mío? ¿Y quien soy yo?
Una joya y un ejemplo, don Antonio, de amor a su tierra y de transmisión del legado cultural que le vino dado.
Y,  apuntando el objetivo hacia el espejo, salieron estas fotos que guardo como oro en paño.
 
¡Larga vida a don Antonio Corujo Tejera, para que pueda seguir propagando nuestra cultura!



 


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(1). Garugón