Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

Los papagüevos


Ustedes saben que en cada pueblo hay uno o varios “borrachitos”.  Son personas que por las vueltas que da la vida,  tienen problemas familiares, personales, de ausencias de familiares, etc. etc. que les ayudan a entrar en esa espiral de me emborracho hoy para olvidar, mañana también y terminan “arcolizados”.
Los hay  de los que llamamos “de mala leche”, malcriados. Esos son a los que se les dice: Borracho cochino, no pierde tino.
Pues bien, en la historia que sigue mi borrachito, Venancio, al que no le pondré su nombre verdadero para no molestar nos hizo vivir esta preciosa, para mí, anécdota.
Día de la patrona. Al amanecer, llega al pueblo la Banda de Agaete que va a tocar la Diana por todo el pueblo.
No hay más de 4 personas esperando. Ya están preparados los papagüevos, en una camioneta. Son cuatro: el maestro, el diablo, la mujer y el marinero.
No estando previsto por la Comisión de Fiestas y aprovechando la asusencia de algún comisionado, a Venancio se le ocurrió llevarlos a un barrio cerca del pueblo, donde viven no más de siete familias.
Los de la Banda que no le conocían, pensaron que era el Presidente de las Fiestas y en otro camioncillo tiraron para allí.
Ya estamos en el barrio. Músicos colocados, esperando la orden de empezar. Tres  personas  (entre ellas Venancio), se meten dentro de los  papagüevos.  No sé la razón pero nadie quiere coger el de la mujer. Se inicia la música  y empiezan a bailar dando vueltas sin parar, frenéticamente, al ritmo de La Madelón.
Venancio que lleva el papagüevo del Diablo se desestabiliza y después de varios tropezones queda en el suelo metido dentro del muñeco.
Las maderas de las patas, todas partidas. La música para en seco,  la gente corre asustada a ayudar, pensando que le ha pasado algo.
 Venancio sale por las enaguas del Diablo arrastrándose ¡oh, milagro! y dice con su hablar ronco y arrastrado de “chispa vieja”:

¡No ha pasado nada! ¡Solo el alma…  que se separó del cuerpo!

¡Ay, que ascua!



Nos ponemos en situación, Pancho paseando por Las Palmas. Al lado, van caminando dos mujeres, una mayor, pongamos 65 años, con su pañuelo negro a la cabeza. La otra debe ser su hija, de alrededor de cuarenta. En este momento la está corrigiendo
-¡Ascua,  no se dice madre, se dice:  asco!
-¡Pues a mí me suena más bonito, ascua!
-Pues dígalo como usted quiera madre,  pero no esté hablando tan alto. ¡Se tiene que enterar todo el mundo de lo que estamos hablando, cristiana!
-¡Yo le debo ná a nadie! Porqué tengo que esconderme. ¡Fuera del agua, que bien se ená (1)
Tanto se fue “cabriando” la hija que chascó un murmullo que se entendió clarito:
¡Enaquíqueteamaaarro!, que se traduce al castellano, por :  ¡Ven aquí que te amarro!
Solita la señora mayor, dio la vuelta y  se fue para el coche. La hija que marchaba detrás, lo abrió.
La madre  se sentó, le puso  el cinturón de seguridad, le dió su tapita de pan bizcochado y allí se quedó tranquilita, mirando el panorama;  mientras la hija se iba a comprar a la calle de Triana.
Si les ocurre se ponen hablar de violencia verbal y esas cosas. ¡Esténse, tranquilas!
Aunque ustedes crean que  no, añoro estas cosas. Una vida sin prisas, sin móviles que a la vez nos dejan sin comunicación. Sentarse a comer toda la familia junta, comentando las cosas que pasan, etc., etc.
 O cuando iba a mi pueblo a ver a los abuelos y al pasar por la calle, una señora que no conocía cruzaba y no se cortaba,  preguntando:
-¿Y de quien “sos(2)” tu?
Y yo que  contestaba sin problemas:
-¡De Mariquita, la de Antoñito Francisco, el de la Almatriche!
-¿Y tu padre, Miguelito, cómo está? ¿Siguen viviendo en Las Palmas, verdad?
¡Bien, gracias a Dios! ¡Sí, allí vivimos!
¡Pós(3), le das recuerdos a los dos, de parte mía!
-¡Y quién es usted?
-¡Lorencita, tú se lo dices que ella sabe quién soy!
-¡Pues, muchas gracias, señora!
Saludos.
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(1).-    Se nada (del verbo nadar)   
(2).-    Sos.- Eres    
(3) .-   Pues.

Los alisios


Desde siempre a los canarios nos gusta la música mejicana, tanto que parece incorpada a la música nuestra.  La he oído cantar desde pequeñito a mi familia, a nuestra gente mayor y en las parrandas todavía hoy es raro  que no se cante un corrido, una ranchera,  las mañanitas  del Rey David o
“Ay, Jalisco no te rajes….”

“Ya vamos llegando a Pénjamo”,  ya brillan allá sus cúpulas……
“Me he de comer esa tuna” en la que se dice: Guadalajara en un llano, Méjico en una laguna…..

“La feria de las flores”, la de:  En mi caballo retinto he venido de muy lejos,  y  llevo pistola al cinto y con ella doy consejos. …..
Se lo digo porque un servidor lo hace y  recuerda vagamente  un tiempo (el de su niñez)  en que en el cine habían muchas películas mejicanas y actores como Jorge Negrete , Pedro Infante (ambos cantantes ) y muchos más, eran muy seguidos y solicitados.

En fin, esta pequeña introducción, sirve para poner en escena la pequeña y breve historia que a continuación empieza:
En estos días estamos los canarios pasando algo de frío y,  ya saben que no estamos acostumbrados. El amigo Pepe, tapado hasta los ojos, pasa por la calle y saluda  a Carmelo:

-¡Fuerte tiempo hace, amigo!
La repuesta a mí me hizo mucha gracia

-¡Mientras no se vayan estos jaliscos, vamos a pasar más frío que el diablo!

Lo ven ustedes la influencia mejicana en nuestro hablar e imaginario popular.
Algunos finos le dicen: alisios.

La que no aumenta, no es poeta.


Tres señoras sentadas en el Centro de Salud de un pueblito de interior.  A la escucha Pancho, que no dijo palabra y hoy relata el caso, describiendo la situación.
La primera, Rosarito, cincuentona, de “josico revirao”, acapara toda la conversación.

La segunda,  más mayor,  de alrededor de sesenta y cinco años y de nombre Virtudes, intenta “meter el rejo” y decir algo. Pero ¡qué va, no hay manera!  

La tercera, todavía más mayor,  por encima de setenta y cinco, es Josefita.  Está haciendo barbilla con su aguja e hilo, atenta a su labor y a la vez escuchando –sin perder ripio- el diálogo de sus vecinas de consulta.
Está en el uso de la palabra,  Virtudes

-Ay, Rosarito, tengo un dolor en la espalda que me trae loquita. ¡Una hernia discá que me tiene en un sinvivir!
-¿Dolor?  ¡Dolor el mío que tengo 4 hernias: La L4, la L5, la L6 y la L7!

Se advierte solemnemente a los lectores que las vértebras lumbares,  son 5. Y que después de la L5, sigue la S1, o sea el sacro. Por tanto, no existen tales L6 y L7.
Sigue la conversación

-¡Pues, si que está usted fastidiada!  Por si fuera poco, ahora me dicen que también tengo mal las cervicales! Lo que digo yo, estoy bizcochadita!
-¡Usted no sabe lo que son dolores, Virtudita! ¡ Cuatro cervicales tengo yo pinzadas, ¡Cuatro! Que no puedo mover la cabeza porque me dan mareos. ¡Y siempre con ese zumba zumba “ahirriba” que me vuelve loca!.

Silencio en la consulta. Al ratito, vuelve Rosarito  de nuevo a la carga.

-¡Y si supiera que para el mes que entra me van a poner una próstata en la rodilla, no hablaría usted!  ¡Y cuando la tenga mejorcita, me pondrán la otra! Hágame usted el favor, ¡doolooores!

Nadie le respondió y tras un minuto de silencio en el que no se oyó ni el vuelo de una mosca, el médico llamó en voz alta desde su despacho: ¡Rosario Martel!

Rosarito se levantó, entró a la consulta, cerrando la puerta.

Fue entonces cuando habló por primera y única vez, Josefita:

-¡Aquí, la que no aumenta, no es poeta!

 
 Saludos.

 

Los aperos y la barca

 

 Esta poesía de la que desconozco el autor fue recitada el día 7 de Febrero de 2014 por don Antonio Corujo Tejera en el Teatro Pérez Galdós, de Las Palmas de Gran Canaria. Fue durante el espectáculo de Domingo Rodríguez Oramas, "El Colorao", denominado Jable y como introducción a la Isa del uno. ¡Noche memorable para la música de las islas.!
 
A los aperos de arar
dijo una barca velera
yo también soy de madera
y hago surcos en la mar
con mi quilla marinera
 
Nos sentimos botavara
respondieron los aperos
recorren nuestros maderos
mares que nunca surcaron
nuestros sueños marineros
 
Soy de mástil y timón
soy de cuaderna y baranda
dijo el timple: soy quien manda
cuando llega el garugón (1)
en el mar de la parranda.
 
 
 Las fotos que ustedes ven fueron tomadas a finales de septiembre de este año en la barbería de don Antonio, en Arrecife, persona que me honra con su amistad.
 
Me acerqué por allí con la idea de charlar un rato, asunto que nos agrada. Me preguntó que si quería arreglarme y le dije que para mí sería un honor.
 
Me la recitó de nuevo y algunas otras más que guardo grabadas. En medio de la animada charla le pedí que si nos hacíamos una foto. 
-¿Cómo me pongo?
-¡Así mismo, don Antonio! ¡La quiero para tener un recuerdo suyo!
¿Mío? ¿Y quien soy yo?
Una joya y un ejemplo, don Antonio, de amor a su tierra y de transmisión del legado cultural que le vino dado.
Y,  apuntando el objetivo hacia el espejo, salieron estas fotos que guardo como oro en paño.
 
¡Larga vida a don Antonio Corujo Tejera, para que pueda seguir propagando nuestra cultura!



 


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(1). Garugón

La morita

De como caminan y se van transformando los poemas, mediante la transmisión oral.
Vean este popular de Fuerteventura

Allí en el barco de la amargura
En ese barco me embarco yo
Si por desgracia  yo en Ceuta quedo
Dejo un recuerdo de un fuerte amor
            ---o0o---
Marcha soldado  marcha tranquilo
Marcha tranquilo a pelear
Yo soy tu novia la que te quiere
que te ha querido y te esperará
            ---o0o---
A los 6 meses de estar en Ceuta
Una  gran carta el recibió
Era  de Amelia la que él quería
Y  le decía que se casó
             ---o0o---
Pobre soldado  tranquilo estaba
Y  cayó al suelo sin compasión
Y  una morita que allí se hallaba
Todas  sus penas le consoló.
               ---o0o---
A los 6 meses de estar en Ceuta
Otra  gran carta el recibió
Era  de Amelia la que el quería
Y  le decía que  ya enviudó
                ---o0o---
Tu bien viudita,  yo bien casado
Con  mi morita del corazón
Viva  mi mora, mora, morita
 La  que mis penas me consoló

Existe en otros muchos lugares de España con diferentes letras.
Y comparen con este otro, recogido en el pueblo vallisoletano de Villabrágima.
Artículo publicado como: LOS QUINTOS, de  MARTIN CEBRIAN, Modesto
Revista de Folklore, de la Fundación Centro Etnográfico Joaquín Díaz, nº: 043     Año: 1984        

-Adiós España
gritó un soldado
al despedirse
de su nación;
adiós mis padres
adiós hermanos
adiós Amelia
del corazón.
 
Si por desgracia
en Ceuta muero
nunca te olvides
del que te amó.
 
-Marcha soldado
marcha tranquilo
vete dispuesto
a pelear
que soy Amelia
la que te quiere
y la que nunca
te olvidará.
 
Hacía tres meses
que en Ceuta estaba
y una carta
él recibió
era de Amelia
la que él quería
la que le dice
que se casó.
 
Pobre soldado
qué triste estaba
cayó en el suelo
sin compasión
y una morita
que allí se hallaba
gritó: -Soldado
aquí estoy yo;
no tengo padre
ni tengo madre
ni tengo hermanos
ni tengo amor
si tú quisieras
noble soldado
nos casaríamos
juntos los dos.
 
Hacía seis meses
que en Ceuta estaba
y otra carta
él recibió
era de Amelia
la que él quería
la que le dice
que ya enviudó.
 
-Tu bien viudita
yo bien casado
con una mora
que me apañó;
viva mi mora
viva mi mora
que mis penitas
me consoló.
 
Saludos.

De puntillas



Charla en el club de pensionistas de un pueblito de por aquí. Hace dos días que llegaron un buen grupo de vecinos de un viaje  -de éstos de la tercera edad – a Madrid.
Pancho azuza un poquito al personal con su acostumbrada socarronería para enterarse bien de lo que pasó.
                -¡Cuenten algo, hombres, como fue ese viaje. ¡Adonde fueron?
                -¡Oiga, fuimos a Madrid y estuvo “bienísimo”, cristiano!
                -¿Y gastaron mucho?
-¡Pues no. Todo estaba bien organizadito! ¡El hotel, un lujo!  Las comidas, una maravilla.  Con decirle que habían hasta churros por la mañana, se lo digo todo. ¡Y limpito como el oro!
-¿Y no visitaron nada? ¡Quiero decir: el Museo del Prado, la Cibeles, la Plaza Mayor, esos sitios… El Congreso, que sé yo!.
-¡Fuimos con guía a todos esos sitios ¡Muy bonitos, muy bonitos! Entramos al Congreso y todo. Donde si nos gastamos algo fue en comer por fuera del  hotel  y  en  entrar al Teatro Real.
-¡Eso si debe ser bonito!
-¡Y fuimos dos días a almorzar por fuera!  Un día: Cocido madrileño. ¡Coño, está buenísimo! Y al día siguiente: callos a la madrileña en Casa de un tal Mingo. ¡Oiga, amigo: cosa rica! Otra cosa que me sorprendió es  lo  educada  que es la gente de allí.
-¡Todas no serán así!
-Mire, fuimos al Teatro Real a ver un baile de esos finos que le llaman balén (ballet) y cuando las bailarinas se dieron cuenta que Dominguito se había quedado dormido. Se pusieron a bailar de puntillas para no despertarlo, cristiano. ¡Ditoseadiós, donde se ha visto cosa como esa!  No se oía una mosca….
 Fin.


Dedicado a María Suárez

Los taxis vuelan


Gervasio está sentado en el muro de la plaza “alegantiniando” con Rufino.
Hablan de lo rápida que es la vida en Las Palmas y en este momento, acaba de decir
-¡Por cierto, Rufino ¿dicen que vas a ir pa’ Las Palmas uno de   estos días?

-¡El miércoles tengo bajar al médico en el hospital del Negrín! ¡Ahora me quieren  cambiar la próstata  que me pusieron en las rodillas! ¡A perro flaco, todo son pulgas! ¡O como decía Pepito Guedes,  a esta edad  todo son botanas!
-¡Consio! Dice Gervasio  ¿Y a mí que me parece que a eso no se le dice próstata!
- ¿Y como se dice, antonses?
- ¡No sé, pero no me suena! ¡Pero, sigamos con lo que estamos hablando le decía cristiano que en Las Palmas los coches van como locos! ¡ Usted ya no puede cruzar una calle porque se lo llevan por delante!
-¡Es que usted tiene que ir por los ”pasospatones” que pa’ eso están, hombre!
-¡Mire si le digo los taaxis!¡ Los taxis, los taaaaxis… vuelan!

Hasta aquí el diálogo en el pueblo.  

Y ahora, ya estamos de golpe en la ciudad de Las Palmas y terminada la visita al  hospital.  Rufino pregunta por la parada de la guagua, le dicen que está un poco lejos. Y en eso, que pasa un taxi. Mi hombre le hace señas. Para el coche y se sienta detrás
El taxista dice
                -¿Para donde va el señor?
                -¡A la Playa de Las Canteras!
                -¿A que altura?
Al oír esto, Rufino le agarra por la chaqueta y le soltó amenazante esta otra frase para la historia

                -¡Si usted me levanta las ruedas del suelo, le meto un “jaquimaso” (1) que le parto el alma, carajo!

Saludos.
                        --------------------oO0Oo--------------------

Dedicado a mi amigo Expedito Suárez, taxista
 
 
1.- jaquimazo. 1. m. Golpe dado con la jáquima. 2. m. coloq. Pesar o chasco grave dado a alguien.
1. Jáquima  f. Cabezada de cordel, que suple por el cabestro, para atar las bestias y llevarlas.

El potaje de colinos


 Los colinos, conocidos también como "col de orilla" o "col verde" es una variedad de la col común o blanca. Se caracteriza por tener unas hojas de color verde oscuro sobre un tallo largo. Su sabor es ligeramente amargo, que se acentúa en las hojas menos tiernas.
Olegario vive solo, allá en las medianías. Esto de vivir solo, no es bueno. No se recoge la casa como debiera, lo de lavar la ropa, también es una lata. No se  hace comida a diario, así me está contando mientras planta millo.

                  -Mire, Pancho estoy  “jarto" (1) de comer colinos. Yo no sé el tiempo  que no como otra cosa. El otro día, tuve que bajar a Las Palmas al médico y ¡se lo juro por Dios, que no pensaba en otra cosa que en “jartarme” (2) de carne!
Me fui al bar García, por allí por el Parque Santa Catalina, que dan comidas baratas y buenas. Me senté y me dijo el hombre

                -Buenas señor. ¿Pa’ beber?
                -¡Una cervecita!

Me puso un cartón escrito encima de la mesa y me dice
                -¡Aquí tiene la carta, señor!

Como yo no sé le leer. Me hice el farruco y señalé con el dedo  unas letras donde me pareció
                -¡Muy bien, señor. Gracias!

Dijo el camarero y yo me quedo contento por lo bien que salí del apuro.
A esto de los cinco minutos, me sirve la comida y ¡ la madre que lo parió! ¿Usted sabe que me trajo? ¡Un potaje de colinos!
¿Y qué iba a hacer? ¡Comérmelo!
Mientras  lo engullía, ponía los ojos como platos, mirando para la mesa de al lado, donde un señor se estaba “mandando” un filete de carne que no le cabía en el plato.

En ese momento pasa el camarero y el vecino de la carne, le dice:

                -¡Camarero! ¡Repito!

Ésta es la mía -me dije- y paré al camarero
                -¡Amigo! ¡Yo también repito!

Un cuarto de hora esperando  ¿Y saben lo que hizo el camarero? ¡Me trajo a mí otro potaje de colinos y a él, otro plato de carne!  ¡Tres veces le nombré a la madre del camarero. ¡Eso sí, para mí, para mis adentros, no me vayan a dar encima un tortazo!

¡Y también me lo largué! ¡No iba a dejarlo allí!  Y me puse a acechar al camarero por si se estaba riendo de mí. Así que lo paré y le dije
 
                 -¡Amigo, como se llama ese plato de carne!
                 -¡Escalope, señor!

En eso que dice el comensal vecino

                -¡Camarero. Tráigame un limpiabotas!
Sobre la marcha, le dije

                -¡A mí también me trae otro!
Y dice el vecino

-¡Hombre, con uno tenemos pa’ los dos!
¡Mire, me jodió que me lo dijera y se lo largué en su cara!

                -¡Muchas gracias! ¡Pero menos confiancitas! ¡Usted se come el suyo que yo me como el mío!

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(1) y (2) Harto, hartarme.

La medalla de Juanito Correa


Juanito Correa tuvo que resolver unos asuntillos en el juzgado de Las Palmas, allí por la zona de Vegueta.   Usted sabe cómo son esas cosas. Que si pa’ aquí, que si al procurador, que si las fotocopias, que si deme el recibo….  Él no es muy despierto para esas cosas, pero tampoco quiere pagar y no saber de qué  va el asunto ¿me entiende? Así que cargó un par de gallinas amarraditas de patas y con la cabeza pa’ abajo y  dos cajitas de higos blancos para pagar favores y tiró pa’ la capital.
En fin, repartiendo regalos y “meniando” papeles estuvo ocupado hasta la una del mediodía. Y eso que llegó temprano. Les cuento que cogió el coche de hora de las 7 y media de  la mañana en Firgas y a eso de las nueve, nueve y cuarto,  ya estaba en el Hoyo del Parque de San Telmo.
Pues bien,  como les dije, una vez terminado de arreglar sus asuntos, se fue caminando  para la zona del Mercado de Vegueta,  al restaurante “El Herreño” de toda la vida a echarse su pitanza. ¡Bien le gustan a mi hombre pedir una media de carajacas con su botellín de cerveza, de entrante!  

Y para acabar su sancochito de cherne, con su cebolla, batatita, pellita de gofio, papas nuevas y su mojito colorao.

Según terminó, pagó la cuenta y fue a tomarse el cortadito a la churrería del mercado. A medio consumo, le entraron al hombre ganas de ir al servicio.
                -¡Caballero, donde está el baño!
                -¡Subiendo por esa escalera, al fondo a la derecha! Tenga la llave ¡y no se me olvide de tirar de la cadena!

Juanito subió renqueante por la escalera. ¡Señor, fuerte escalera pendiente! Al llegar arriba, abrió su puerta y no les voy a detallar que más hizo. ¿A quién le interesa? ¡A nadie! ¡Por eso!

Una vez que se “habilitó” cerró con llave, bajó la escalera y se acercó al mismo empleado, devolviéndosela .
                -¿Qué? preguntó: ¿ Tiró de la cadena? ¡Es que si no, no hay quien aguante ahí arriba!

A lo que Juanito, muy serio, contestó
                -¡La cadena si la tiré! ¡Pero la medalla, no, porque es un recuerdo de mi madre!

 

Saludos.

La bandera

José y Nicolás, también llamados  Pillo y Colacho, son primos hermanos, se llevan solo doce días uno al otro. Desde que nacieron siempre han estado juntos, a las duras y a las maduras. Los bautizaron el mismo día e hicieron la primera comunión y la confirmación, también a la vez.
Antes, todo varón debía hacer el servicio militar, ocasión que servía para que todo campesino saliera por una vez de su tierra y conociera otras gentes. Hace dos meses que los primos se incorporaron al servicio militar -a mí me gusta más decir, el cuartel- en Hoya Fría, Tenerife.
 
En este preciso instante, están  haciendo instrucción desfilando de un lado a otro y, de vez en cuando, les dejan descansar un poco para echarse un cigarrito. Este es el momento que aprovechan los jefes para impartir algo de Formación del Espíritu Nacional.
Dentro de una semana será la jura de bandera y quizás por ello, el capitán se dirige a Colacho preguntando
-          Soldado  ¿qué es para usted la bandera?
-          ¡La bandera, mi capitán es… es…. ¿Cómo le diría   yo?     Como un mantel  grande, una tela de colores que se pone en un palo allí a la entrada del cuartel!
-          ¿Cómo dice usted, hombre? ¡En primer lugar: No se dice palo, se llama asta! ¡Lea aquí!
El capitán acerca un libro y Colacho lee
                bandera. Tela de forma comúnmente rectangular, que se asegura por uno de sus lados a un mástil y se emplea como enseña o señal de una nación.
El capitán interrumpe la lectura y continúa
-    ¡Y la bandera además, es el símbolo supremo del país! ¡La bandera no es una tela sin más. Es como una madre, su madre! Y todos debemos respetarla y quererla como la  madre que es. !Es lo más grande que hay en el mundo!  Soldado ¿Qué es la bandera?
 
    -     ¡Una madre, mi capitán! ¡Mi madre!
Pillo ha seguido con interés las preguntas porque sabe que ahora le van a preguntar.  Dicho y hecho,  el capitán se le dirige entonces con esta pregunta
     -      ¡No serás tan ceporro como Nicolás! ¿Sabes lo que es la bandera, soldado?

Y Pillo sobrado porque ya se sabía la respuesta, dijo

 
                -¡Esa es fácil, mi capitán! ¡ Ya lo sé, la bandera es  la madre de Colacho, mi tía Isidorita, la de la entrada del pueblo!

Juan Lana

Juan ”Lana” vive solo y es huérfano desde hace  muchos años. Cuarentón, no se cuida mucho y es verdad que huele un poquito, ¡como diría yo, sin ofender! , tiene un olorcillo entre establo y macho cabrío.  Los vecinos que le quieren mal, dicen que "jié" (1)
Se dedica a la agricultura y la gente que le tiene afecto,  dice que se tiene que echar una novia y casarse.
¡No hace mucho caso al aseo y si no es que de vez en cuando  le invitan a un bautismo, boda o acto similar, incluso un entierro no se lava y se pone ropa limpia.
La casa tampoco es un dechado de limpieza. ¡Ustedes verán, un hombre solo, sin lavadora ni nada en estos tiempos! En fin, para terminar con tanta descripción : la casa está manga por hombro.
El otro día, casualmente, fue a un bautizo  de una sobrina/nieta. Y, miren lo que son las cosas que a la vuelta compró un cochino. Con su ropita limpia y todo se lo cargó al hombro y tiró para la casa. Esa que ya les dije como estaba  de “desastrada”.
En el camino se encontró con Jaime Jesús, de apellido Jesús, que le dijo
-¿Coño, Juan, donde vas con ese puerco?
-¿Qué dónde voy? ¡Pa’ mi casa!
-¿Y donde lo vas a poner si no tienes un triste chiquero?
-¡En mi habitación debajo de la cama! ¡Pasa algo!
             - ¡Tu estás loco y quien vive ahí con esa peste, cristiano!

Juan remató la conversación con esta respuesta

¡ Que se joda!
 
Fin de la historia.
 
Saludos.
 
......................................oO0Oo........................................
P.D.:
1.- Hago saber que esta alocución simple y procaz ha pasado a la historia de frases archipelágicas célebres de Canarias, territorio también denominado "comunidad autótona” que dice mi amigo Félix.
2.- Asimismo el autor (o sea, yo) quiere hacer constar To whom it may concern lo que sigue:
Esta corta historia está destinada a personas despiertas y normales, si usted no lo entiende y perdonando la confianza: ¡allá tú, capirote!.
(1) Hiede, apesta.