Canario del campo

Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

martes 22 de diciembre de 2009

Cristobita, de La Breña




José Rodríguez García (Cristobita). Nació el 10 de Julio de 1934, en Lomo Magullo (Telde), aunque vive en La Breña, lugar del mismo municipio. Tiene, por tanto, 75 años cumplidos. Sencillo, simpático, alegre, educado, respetuoso… Es una delicia charlar con él.
Sus habilidades más notables son éstas: Estupendo bailarín –le habrán visto ustedes en televisión- y posee una  memoria a prueba de bombas. Mientras hablábamos, durante un baile de taifas,  varias mujeres conocidas de Pancho le pidieron, en voz baja:

-¡Dígale a Cristobita que me saque a bailar!.

Es una maravilla verle danzar en círculos, apoyado siempre en la punta de su pie izquierdo. Según dicen sus parejas de baile: ¡Es livianísimo!.
En el transcurso de la conversación contó esta historia que me sorprendió por su gracia. Fue una contestación a mi pregunta:
-¿Si su nombre es José, porqué le dicen Cristóbal?
 Ahí va la respuesta, sin añadidos.

Nací el día de San Cristóbal y me quitaron el nombre. Le voy a decir como fue. Yo a mi hermano le llamo José y mi hermano me llama a mí, Cristóbal. Tenemos el nombre cambiado. Cuando yo nací, nací en Lomo Magullo, no nací en La Breña. Y entonces….., mi padre fue a apuntarme al Ayuntamiento y me puso José, igual que él. Mi padre se llama José.
Al siguiente día, vinieron mis abuelos y le preguntaron a mi padre
            -¿Como se llama el chiquillo?
            -¡José!
Nací el día de San Cristóbal, ¡eh! .Y mis abuelos se echaron a llorar. Porque se les había muerto hacía poco tiempo un hijo que se llamaba Cristóbal, de 9 años.
Y mi padre dijo:
            -¡Pues se llama Cristóbal!
Y todo el mundo me llamó Cristóbal. Cuando nació el otro, lo apuntaron Cristóbal y  mi padre le dijo a mi abuelo:
-¡Ahora le cambiamos el nombre!
 Y mi abuelo dijo: ¡No, no!
Pues seguí Cristóbal y mi hermano José.
  
¿Que les parece la historia?
Y siguió….

Cuando fui al cuartel me tuve que aprender bien el apellido Montelongo.  Era el soldado que estaba en la lista antes de mí. Después de él, decían José Rodríguez –que soy yo-  y  no me daba cuenta. Pá no equivocarme, cuando decían Montelongo, ya estaba preparado porque detrás de él, me nombraban a mi.

En otro orden de cosas, Cristobita se sabe refranes y letras de puntos cubanos muy antiguos. Aunque recogí bastantes, les ofrezco estos tres:


1.- El comelón

En dos horas por el reloj
Me comí un saco de arroz
Siete vacas y un ternero
También me comí un cordero
Y de papas, un serón
Cien kilos de salchichón
Doscientos de huevos fritos
Y como comía poquito
me decían el comelón


2.- Canarias y Cuba

Canarias tiene terrenos
Mejores que los de Cuba
Donde se cosechan uvas,
Trigo, cebada y centeno
Y tabaco no tenemos,
Porque la tierra no deja
Tenemos vacas y ovejas
Canarias es un gran tesoro
Y sin embargo se quejan


3.- Distinta comida

Para mi mujer, cebollas
Y para mí, carne asada
Porque cada uno come
Lo que le agrada.


Un saludo cordial y  ¡¡ Feliz Navidad a todos!!



viernes 18 de diciembre de 2009

Romería de los Labradores año 2009



No tengo el cartel de la Romería de Los Labradores de este año. Lo he extraviado entre mis archivos. Espero subirlo esta tarde. Mientras tanto, aquí va esta foto de la fiesta para animarles a asistir. Eso sí, vestidos con la ropa apropiada para el evento, sin olvidarse el timplillo y la guitarra. 
Es el domingo, 20 de diciembre en Santa Lucía de Tirajana. Un consejo, hay que estar temprano en el pueblo. Las once es buena hora para llegar ya que empieza a la una de la tarde. Tendrán tiempo de tomarse una sopita caliente en cualquiera de los bares del pueblo y así estarán preparados para disfrutarla.
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Una vez subida la información, el amigo Carmelo Álamo me suministró el cartel que les muestro a continuación

  


 


Le agradezco su rapidez y ese estar siempre al quite que le distingue.


¡¡ Feliz Navidad a todos!!

miércoles 16 de diciembre de 2009

Roque, el del Sitio Bajo




Hace pocos días,  Pancho mantenía animada conversación con su amigo Juan Mederos –algún día escribirá algo sobre esta persona ejemplar- . En medio de la misma  se usó una frase que nunca había oído: “Que se joa, mamá Loló”.  Le pareció a Pancho que había dicho algo sobre el mal olor y preguntó:
-¿Qué dijiste, Juan, que no te entendí?
-¡Esta es una frase muy antigua que en mi casa se sigue empleando. Me la contó mi tío Mirito cuando era niño. Como te gustan estas cosas,  la voy a contar y si te parece la pones con esas historias tuyas de internet!.

Vaya si me gustó. No queriendo ser egoísta, la comparto con ustedes:

En el Sitio Bajo, lugar situado bajo el macizo de Amurga y sobre la presa de La Sorrueda,  en la parte de San Bartolomé de Tirajana, vivía un joven llamado Roque. Era un chico “cortito”, dicho con mucho cariño, con un bajo coeficiente intelectual. Siempre se movió  en un territorio muy pequeño del que apenas salió un par de veces para ir a San Bartolomé al médico. Saben que en aquellos tiempos, a estos niños se les escondía  y decían que era  “para no pasar vergüenza”. Hoy, hemos avanzado mucho –ventajas de la democracia- y están perfectamente visibles e integrados en la sociedad, algunos llegan, como el resto de los jóvenes al más alto nivel en sus estudios.

Seguimos.
Uno de los pocos vecinos del Sitio,  una  veintena en total,   se llamaba José Teodomiro, conocido por Mirito, hombre que sentía aprecio y empatía con Roque.  
Un día caminando en dirección al barranco oyó a nuestro personaje cantando a voz en grito. Le extrañó, pues hacía apenas dos días había fallecido su madre, Dolores, a la que   llamaba, mamá Loló.
Cuando Roque advirtió la presencia de Mirito dejó de cantar. Poniéndose en situación, bajó el ala del sombrero en clara seña de que estaba disgustado y  esperó con cara de tristeza.

Mirito le saludó, haciendo que no se había dado cuenta:
            -¿Cómo estás, Roquito?
            -¡Mamá Loló, se fue pa Tunte!
Estas palabras quisieron decir exactamente: Mi madre se murió y está enterrada en Tunte (San Bartolomé).
            -¡No te preocupes hombre que allá arriba está bien!
Se refería al cielo, el Tunte de Roque.
Mirito siguió su camino, dejando atrás a un joven triste,  con lágrimas en los ojos.
Cuando se encontraba alejado a unos cincuenta metros de distancia, de repente,  el muchacho rompió a cantar como un desesperado.
Volviendo  sobre sus pasos se llegó hasta Roquito, diciéndole:
            -¡Coño,  se muere tu madre y te pones a cantar!
La respuesta fue la siguiente:
            -¡Que se joa, mamá Loló!

Sinónimo de: “el muerto al hoyo, el vivo al bollo”.
En sus entendederas, Roque se había expresado con rotundidad:
Ya que no  puedo hacer nada, voy a cantar para olvidar.
Un saludo.

jueves 3 de diciembre de 2009

La tienda de Juanito Guerra



La historia de hoy se desarrolla alrededor del año 1950, en el pueblo y municipio de Valleseco, en Gran Canaria.
El lugar, una tienda de comestibles regentada por Panchita, aunque se la conoce más por el nombre de su esposo y también propietario, Juanito Guerra. No podemos decir que fuera una “tienda de aceite y vinagre”, más bien entraba en la categoría de almacén en general. Juanito tenía una  camioneta y con ella, se trasladaba casi todos los días a Las Palmas. Allí cargaba productos de importación y también frutas frescas, forraje de animales, etc.
El caso es que disponiendo de productos frescos y de calidad, la tienda/almacén fue cogiendo renombre. Venían personas de Valsendero, Lanzarote, Artenara, Firgas y hasta de Las Palmas a comprar.
Vemos a describirles ahora de forma breve, la tienda. A ambos lados de la puerta de entrada, estaban las argollas para amarrar las bestias. Nombre que se daba en esa época a las mulas, sufridos animales de carga. En algunas horas del día,  siempre ocupadas, lo que indica lo bien que iba el negocio. Más adentro y colgada del techo, una gran loncha (plancha, se decía entonces) de tocino, bien recubierta de sal. Un manjar era, en esa época, un bocadillo de tocino: un pan pequeño abierto con una tira de tocino del mismo tamaño dentro. Riquísimo. ¡Y nadie padecía de colesterol!.
Sobre el mostrador, entre otras cosas,  un tabal (1) de sardinas saladas. Comprabas una sardina y te la daban envuelta en papel vaso. Presionando el papel sobre la sardina se desprendía la parte externa, especialmente las escamas. Deliciosas de comer, acompañadas con su “pisquito” de ron.
Pasemos ahora a la anécdota correspondiente:
Era domingo. Mucha gente atraída por la fama de la tienda y la calidad de la fruta,  entre ellas, algunos clientes de la capital, Las Palmas. Panchita era algo autoritaria y, se estaba poniendo nerviosa porque los “capitalinos” no guardaban cola. Los parroquianos empezaron a protestar. Panchita reconvino:
            -¡Señora, tiene usted que esperar la vez!.
Lejos de esperar, la señora tildó de maleducada a Panchita y añadió un insulto grave
            -¿Que se van a creer los magos estos?
            -¿Señora, maga y maleducada yo? ¿Usted no es de aquí, verdad? ¿De donde es usted?
            -¡Yo, de la ciudad de Las Palmas y a mucha honra!
A lo que Panchita le puso el suculum.

            -¡Sabe lo que le digo, señora! ¡Los mejores cochinos que se han matado en mi casa, se han traído del Barranquillo de Don Zoilo (2)!
(1)

tabal

m. Barril de poca altura en que se conservan pescados en salazón y en especial arenques: recordaba los ultramarinos con su tabal de sardinas.

(2)
Para quien no conozca Las Palmas, el Barranquillo de Don Zoilo es un barrio que en las fechas en que transcurre la historia no tenía mucha categoría. Hoy, vivir allí, es un lujo.


Dedicado a una bella flor, ausente de Canarias: la Violeta del Perú

sábado 14 de noviembre de 2009

Conchita Pérez



A finales del verano de 2006 y coincidiendo con el 50 aniversario del corrimiento de Rosiana, en Santa Lucía, estaba Pancho haciendo un trabajo de recopilación cuyo objeto era conocer cuántas personas -con sus nombres respectivos- vivían en el perímetro del terreno que se desplazó en el año 1956.

El inicio del trabajo -ya terminado y como todos, inédito- dice así:

A partir del 15 de febrero de 1956 ocurrieron los hechos, que habían empezado con las lluvias que desde Octubre de 1955 fueron empapando el territorio y que hoy conocemos como el corrimiento  de Rosiana, dicho en lenguaje más técnico:
 “el deslizamiento de ladera del barranco de Tirajana, en Rosiana”.
...................................
Según el escrito del párroco de Santa Lucía en aquellas fechas, D. Antonio Hernández Rivero: “El miércoles 15 de Cenizas, se observó que la carretera general de Las Palmas a San Bartolomé de Tirajana presentaba algunas grietas y altibajos del kilómetro 53 al 54”…. “El 16 empezó la alarma, pues ya se notaba que lentamente la tierra se movía” y llegados al domicilio de  D. José Eulalio González Ramírez, notamos con gran sorpresa que a partir  de este punto la carretera se había desviado unos tres metros hacia el Barranco Real”.

Para la historia de hoy paso a transcribir una de las partes del relato referido a las Casas Corridas – que no quiere decir que corrieron (que se movieron), sino que eran seguidas. Una al lado de la otra- .

La primera casa, contando a partir de la esquina, era propiedad de José Vega Vega, padre de Conchita Vega, fallecida hace pocos meses, a la edad de 104 años. En ella vivían Conchita y su hermana María con su esposo Juan Pérez Vega. “Tenían 9 hijos, varones y hembras”

Recogido de don D. Fernando Pérez Vega y su esposa, Dª Inés Ascanio González, de La Montaña, en San Bartolomé de Tirajana. Más de noventa años, cada uno.

Esta información me pareció suficiente. Para mayor ilustración, les diré que el método de trabajo normal es:
Se recoge la información y se pasa a papel. Luego se va a la misma fuente y se lee para ver si encuentra algún error. En este caso estaba correcto.

Unos días después quedé con Conchita Pérez (*), cuya fotografía aparece más arriba. Le leí la nota anterior y al llegar a la parte de los nueve hijos, me dijo:
  - Apunte los nombres.
Y empezó a señalarlos uno a uno, así:
  - Los cinco varones  eran Juan, Pepe, Cristóbal, Emilio y Francisco; y las 4 hembras: Memita, Pilar, Rosa y María.

Cuando se los repetí, me corrigió:
  -¡¡No, no. Primero Cristóbal y después Emilio!!.

Me había equivocado al anotarlo.

¡¡ Increíble su memoria Conchita!!. 50 años después, recordaba al detalle –y por orden cronológico- los nombres de los nueve niños de entonces.
Hoy un poco más “flojilla”, con sus 103 años, vive con su familia en Vecindario. Le deseo lo mejor, Conchita.
Mujeres como usted forman parte de esa raíz campesina que tanto admiro por  laboriosa, honesta y seria.  Si encima le unimos el punto de socarronería que a usted le adorna, - y que está siempre presente en nuestra gente- es la imagen de “la gente de antes” que guardo como un tesoro en mis recuerdos.
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(*) En un almanaque editado por el Ayuntamiento de Santa Lucía hace algunos años dice asi:
María de los Angeles Pérez Vega, ese es su nombre completo, pero para todos y todas la conocemos más como Tití Concha. Nació el 2 de Agosto de 1906, en Santa Lucía, Rosiana.
Se dedicó desde muy temprana edad a la labranza, toda la vida. También cultivó tabaco que fue el que más ingresos le aportó, ayudándole a subsistir a ella y mantener a sus hijos, puesto que enviudó con 43 años.
Otro medio de subsistencia fue la realización de bordados para la Capilla de Telde, labor muy sacrificada que le exigía levantarse a la una de la madrugada para poderlos entregar al amanecer a la persona encargada de ello.
En la actualidad vive sola en su casa de Rosiana, rodeada por familiares que la visitan. Tiene 2 hijos, cuatro  nietos y dos bisnietos.


miércoles 4 de noviembre de 2009

Palabras en desuso


En estos días he recordado algunas palabras que se usan específicamente en determinados pueblos de esta isla de Gran Canaria y están cayendo inexorablemente en desuso.
Ahí va la primera que solo he oído en Agaete.
Contexto:
Alguien está acusando a otro de un defecto o falta de virtud. El caso es que quien lo dice es el que tiene en mayor grado el pecado.
Por ejemplo: Un borrachín le llama a una persona abstemia: borracho……
A lo que éste contesta:
¡Cual lega borracho!
Quiere decir, mira quien habla, derivación de: ¡Cual alega!
Similar: Siempre habla quien tiene que le diga.

En el mismo pueblo:
La oí decir a una señora joven el día de la Rama. Fue piropeada -sin mucha clase- por un vecino del pueblo con estas palabras.
-¡Ñó, fuertes pechos tienes, María!
La mujer en vez de callarse como impone el sentido común,  contestó a voz en grito así:
-¡Mira lo que dice el mané este! ¡Que tengo las tetas grandes! !Tírame uña!
El piropeador se puso colorado.
Quiere decir: ¡Mira el bobo éste!¡ Tócame que te parto la cara!.

En Tirajana:
Alguien está dando una broma con intención de “dar la quintada”, engañar para reírse. Al darse cuenta de la finalidad, se contesta con un
Dále alante!
Quiere decir: ¡Sigue, que a mí no me engañas!

En Tenoya:
Ese es un tiesto. Significa: es una persona ruin, burletera.
No tiene ningún parecido con tiesto = maceta. Con sacar los pies del tiesto = echarse fuera del plato. O mear fuera del tiesto = salirse por la tangente.

¡Hasta otra!

domingo 25 de octubre de 2009

La cámara de fotos. Punto cubano de Fidel



Este fin de semana me encontré con el amigo Fidel. Estaba sentado en la parada del Salcai en Rosiana (Santa Lucía),   cerca de su domicilio.   Su saludo fue este
- Oiga, amigo, el otro día paró un señor y me dijo: ¡A usted lo conozco!
- ¡Usted me dirá de qué, porque es la primera vez que yo a usted lo veo!
- ¡No,  le conozco de Internet,  allí fue donde ví una foto suya!

Siguió con su conversación, dando este salto:

-¡Buena foto me hizo usted, Pancho. Me la trajo mi hija y está muy bien. ¿Y como fue que  no me dí cuenta cuando me la hizo?

Prosiguió:
-¡Como sé que le gustan los puntos cubanos, hoy le voy a decir uno que tiene que ver con esta conversación!

Y empezó a recitar,  a veces cantando,  el punto cubano que sigue



¿Sería esta la cámara de Fidel?


...o0o...

Ya casi no sé que hacer
para mejorar mi estado
pues siempre a mi me ha gustado
en algo nuevo emprender

Compré una cámara ayer
y me puse a retratar
ya hoy mandé a revelar
el rollo discretamente
a ver si encuentro cliente
y lo  puedo acomodar

Retraté a un hombre sentado
y aquella fotografía
a nadie se parecía
y el hombre la vió y la vió
¿y quien era?  preguntó
pues ni él se conocía

Más tarde retraté a un viejo
que llamaban don Tomás
y ese pobre no era más
que pelo, hueso y pellejo
por el retrato complejo


No le cobré ni un centavo
pero él me dijo muy bravo

¡Eso no  es fotografía!
¡Esa es la radiografía
de una sombrilla sin cabo!


Un día se retrató conmigo
una buena vieja
que estaba gorda y pareja
y un gran berrinche me dió
resulta que se vistió
con bata de muselina
pero tan clara y tan fina
que con mi cámara mala
yo se la tiré en la sala
y salió hasta la cocina

Saludos, Fidel  y ¡Hasta la próxima!

lunes 19 de octubre de 2009

El encargo de café



Ricardo Santana, mi personaje de hoy, en adelante RS, iniciales del verdadero protagonista, va caminando por el Camino Nuevo con dirección a la parada de los coches de Molina. Se encuentra con don Pedro a quien conoce de toda la vida.

-RS ¿vas parriba?

Parriba voy!

-No te importa pasar por el tostadero y le llevas un encargo a mi mujer!

-¡Bueno fuera. Dígame qué!.

-¡Es un paquetito de café de Colombia que me tiene prometido!.

-¡No se preocupe que se lo llevo!

Nuestro amigo se presenta en el negocio de café pidiendo al dueño Francisco, el encargo.

Hablador como él solo, empieza a hablar de lo buena persona que es don Pedro. Que si un día lo necesitó y ¡oiga una maravilla de persona!. Y le largó una indirecta. ¡No como otros que todo se va en paja!

RS un poco molesto oliiendo que se refiere a él y que se le escapa el coche de hora, dice:

-¡Mire Francisco, la verdad es que hoy tengo un poco de prisa. Si no le importa, otro día hablamos con más detenimiento!

Se mete en el despacho saliendo con tres paquetes de café, dos de cinco kilos y uno de un kilo.

-¡Mire, le dice a don Pedro que es de caracol. Le lleva estos dos y éste –el de kilo- lo coge para usted por el favor!

-¡Muchas gracias!

Según cogió los paquetes, a RS se le mete dentro el diablo y comienza a darle vueltas a la cabeza, pensando en darle uno grande y uno chico a don Pedro y quedarse él con uno grande. ¡Total, él no se va a enterar! ¡Pá qué quiere tanto café si no tiene hijos, ni va a poner una tienda!

Al terminar el trayecto ya tiene decidido que hacer. Le dará un paquete grande a la mujer de don Pedro y él se quedará con dos.

Llegado al pueblo, deja las cosas en su casa y se dirige con el paquete grande a entregar el encargo. Toca a la puerta de la mansión y abre la criada.

-¿Está la señora? .De parte del señor que le entregue este paquete.

-¡Espere, que se lo digo!

La chica vuelve a la puerta y dice:

-¡Doña Lola que espere un momento porque le va a dar un encargo!

En el interín la señora ha abierto el paquete, poniendo una buena cantidad de café – como dos kilos- sobre un papel. Lo envuelve y con él en la mano, sale a la puerta y se lo entrega a RS.

-¡Muchas gracias, Ricardito!

Éste, perturbado no acierta a darle las gracias. Hizo ademán de no quererlo, pero aún y así, cogió el paquete, a la vez que se despedía con un entrecortado adiós.

Parte final de la historia.

Al llegar don Pedro a casa, su esposa le contó la historia del paquete de café, a lo que contestó:

-¿Cuántos paquetes dices que te entregó!

-¡Uno, y bien grande. Le di casi la mitad por el recado, como tiene tantos niñitos!

-¿Por el recado, dices? ¡Me cago en la madre que lo parió!. Yo pasé después por casa de Francisco. Me dijo que la había dado dos paquetes para mí y otro para él. ¡El muy cabr….! ¡ Se mamó de 3, dos paquetes y medio, el caballero!. ¡Vaya transporte más caro!. ¡Cuando lo vea, se va a enterar!.

Unos días después se encontró con el amigo Ricardo.

-¡Gracias por el encargo, hombre! ¿Pesaba mucho?

-¡ La verdad es que si pesaba pero gracias a su mujer, penas con pan son menos!. Déle las gracias a su señora, don Pedro y cuando necesite que le traiga algún encargo, no dude en decírmelo!.¡ En esta vida, estamos para ayudarnos unos a otros!

-¡No te preocupes que ya hablé con Francisco y me dijo lo que había. Pierde cuidado que no te vuelvo a ocupar en la vida!.

¡No se fie de ese hombre don Pedro, porque estoy casi seguro que lo malmetió! Todo el mundo sabe que ese hombre es un lenguatrapo y un enreador ! ¡Sabe Dios lo qué le habrá dicho!

-¡Nada más que la verdad, amigo. Nada más que la verdad!

-¿La verdad? ¡Deje que lo vea yo, a ver que le dijo! ¡Se va a enterar ese bandío!.


¡Que buena gente es Don Pedro!

viernes 9 de octubre de 2009

Cosas de la República

Con la llegada de la República andaba el personal un tanto alborotado por esos pueblos de la isla redonda de la Gran Canaria. Este caso real, lo vamos a situar en Teror y para ello, citaremos lugares que hagan más creíble la historia.

Como saben alrededor de cualquier ideología aparecen personas honestas, que creen a pies juntillas en lo que hacen, y otras que se aprovechan de la situación para su enriquecimiento personal o simplemente para afirmar su personalidad dándole satisfacción a su ego. Algunas veces, además son gandules o personas que no destacan por su amor al prójimo.

Empieza pues mi narración:

Plaza del Pino, de Teror, a la hora del mediodía. El recinto lleno de gente trabajadora –los sintierra- que había sido convocada allí por los sindicatos, como se decía entonces “por los comunistas”. Entre los asistentes, aparentemente fuera de lugar está don Juan Domínguez, empresario, bien vestido, tocado de sombrero. Está sentado a la sombra de un árbol muy cercano a la puerta de la iglesia observando. Es muy respetado entre la población –ricos y pobres- por su generosidad. Les da trabajo y en caso de necesidad siempre está dispuesto a resolver un problema. Por ello es un hombre reconocido por su bondad, por su sentido común y muy estimado en la vecindad.

Empieza el mítin. El jefe de los sindicatos, blandiendo un papel en su mano, a voz en grito arenga a los asistentes:

-¡ La finca de Osorio ha pasado al poder popular. Se la hemos quitado al terrateniente y vamos a repartirla entre todos los trabajadores! ¡Aquí, en este papel está el reparto! ¡Nadie se va a quedar sin su cachito de tierra para poder comer!.

Al observar la presencia de don Juan, dice:

-¡Don Juan, usted también tiene su parte! ¡Aquí está señalada! ¡Mire para que lo vea!

El hombre, viendo que aquello no tenía fundamento y la cosa no iba a llegar a nada, le contesta:

¡Fulanito, la parte mía me la das en dinero!

ooo0O0ooo

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Ante las preguntas sobre las iniciales que aparecen en la fotografía:

P.O.U.M.: significa Partido Obrero de Unificación Marxista

miércoles 7 de octubre de 2009

Ariñez


La estampa de hoy se sitúa en la parte cumbrera de la Vega de San Mateo. En los tiempos a que me refiero, la gran mayoría -por no decir todos- los vecinos tenían, o mejor, criaban dos o tres cabritas para abastecerse de leche y algún quesito "cuando cuadraba".
Entre los moradores había uno que no tenía cabras y poseía solo tres machos cabríos. Se llamaba Ignacito. Nuestro hombre salía de su casa, de vez en cuando, y acompañado por uno o más de sus animales hacía un recorrido por el pueblo ofreciendo sus servicios, a la vez que dejaba los caminos impregnados del perfume característico de los machos. ¡Fuerte olor, cristiano!
Conocía al dedillo el itinerario. Paraba con su animal a la puerta de una casa y decía:
-¡Margarita ¡ ¿Necesita macho?
-¡No, Ignacito. De las dos que tengo, una cogió macho y la otra no queda. A mi me da que se va a quedar machorra!
Proseguía su recorrido pues conocía perfectamente las casas a visitar…
-¡Antoñita! ¿Quiere macho?
-¡Pase pacá, Ignacito! ¡A ver si esta vez damos en la diana porque esta jodida cabra hace tiempo que no menea el rabo!
Siguiendo con mi historia, el que fueran mujeres las que contestaban al llamado tiene su explicación. Las mujeres se encargaban de todo el trabajo de la casa. Los hombres, rompiendo el alba, salían a sus distintas labores. Trabajar la tierra o cualquier empleo relacionado con la agricultura, principalmente: armar la tierra, arar, sembrar, plantar, recoger fruta, etc. etc...
Está claro que también había chóferes, albañiles, trabajadores por cuenta ajena y otros muchos más.
Hoy esta forma de vida no es posible. Las cabras están marcadas en las orejas con una chapita. Si alguien tiene un animal, los vecinos se quejan de los olores. En fin ¡que nos hemos vuelto muy finos! Y sin darnos cuenta, nos hemos alejado de la naturaleza. No vayan a creer porque la historia se sitúe en San Mateo, que esto no pasaba en la gran ciudad. En todos los barrios, se escuchaba balar a las cabras y cantar a los gallos. El ganado iba por la calle y el cabrero ordeñando y despachando la leche. Hoy, cuando un niño tiene alergia se le receta leche de cabra. Y que difícil es encontrarla en estado natural.
Para terminar mi historia con algún elemento gracioso, este es mi remate:
Uno de los machos de Ignacito era todo un campeón. Se lo arrendaba al Cabildo y en un año llegó a dejar embarazadas a 500 cabras. A la vista de que se pagaba por cubrición, los cabezas pensantes de la Casa Palacio, decidieron que había que comprarlo aunque fuera caro. Con el correr del tiempo fue el famoso macho del Cabildo, del que ustedes habrán oído contar. Una vez comprado por la Corporación para cubrir las cabras propiedad del Cabildo, no volvió a subirse a una. Dicen que cuando preguntaron que le había pasado al animalito, alguien contestó:
¡Es que el macho ahora es de plantilla y ¡caballero… es un funcionario!.

miércoles 23 de septiembre de 2009

Los 33 cines de Las Palmas y otros de pueblo

El edificio a dos aguas - nave con techo de Uralita- que aparece en la foto fue el Teatro Hermanos Millares, junto a la Playa de Las Canteras.
Hoy, Hotel Imperial Playa.



Cine Guanarteme

Cine Astoria, en la esquina de Olof Palme

Sobre este solar estaba hasta estos días el Cine Royal


Pancho pasó días atrás por la Calle de León y Castillo y al llegar a la esquina de Murga, notó la falta de un edificio. En su lugar solo estaba el solar.

-¿Y que había antes aquí? se preguntó

-¡Claro. El Cine Royal!.

Le vinieron a la memoria otros tiempos y recordando, recordando fue haciendo una lista de los cines que existían en Las Palmas de Gran Canaria en el siglo pasado. Si no olvida ninguno, llegaron a ser 33. ¡Treinta y tres! Les detallo nombres y situación geográfica, para que comprueben si falta alguno y me los hagan llegar.

cine

barrio

dirección

APOLO

SCHAMANN

PEDRO INFINITO, 186

ASTORIA

GUANARTEME

FERNANDO GUANARTEME, 42

AVELLANEDA

LAS PALMAS

MESA DE LEON, esq. HERRERÍA

AVENIDA

LAS PALMAS

1º DE MAYO, antes GRAL. FRANCO

BAHÍA

SANTA CATALINA

Secretario Artiles

CAIRASCO

LAS PALMAS

C/ SAN JUSTO, ESQ. SAN NICOLÁS

CAPITOL

LAS PALMAS

TOMÁS MORALES

CARVAJAL

LUGO

CARVAJAL

COLON

LUGO

Lugo?

CUYÁS

LAS PALMAS

VIERA Y CLAVIJO

DORAMAS

GUANARTEME

Cerca de la Plaza del Pilar

GOYA

ALCARAVANERAS

GOYA

GUANARTEME

GUANARTEME

FERNANDO GUANARTEME

HERMANOS MILLARES

PUERTO

FERRERAS, 1

LA LUZ

ISLETA

BENARTEMI

LITORAL

ISLETA

BENTAGACHE

PABELLON RECREATIVO

LAS PALMAS

JUAN DE PADILLA, Esq. PERDOMO

PABELLON STA. CATALINA

SANTA CATALINA

GENERAL VIVES, al lado del antiguo Tigaday, detrás del Parque

PLAZA

SCHAMANN

CÁDIZ

QUILMES

TAFIRA BAJA

Tafira Baja

REX

LAS PALMAS

SENADOR CASTILLO OLIVARES

RIALTO

ALCARAVANERAS

PRESIDENTE ALVEAR, esq. NÉSTOR DE LA TORRE

ROYAL

LAS PALMAS

LEON Y CASTILLO

SAN ROQUE

SAN ROQUE

A la entrada del Barrio de San Roque

SCALA

ESCALERITAS

HENRI DUNANT

SOL

SCHAMANN

GERONA, 2, ESQ. AGUSTINA DE ARAGÓN

TEATRO CINE DEL PUERTO (Cine Viejo)

PUERTO

JUAN REJÓN, ESQ. ALBAREDA

TORRECINE

VEGUETA-SAN JOSÉ

Dr. Ventura Ramírez

TRIANA

LAS PALMAS

TRIANA

UNIVERSAL

SANTA CATALINA

GENERAL VIVES

VEGUETA

VEGUETA

Padre José de Sosa

VICTORIA

ISLETA

PRINCESA GUAYARMINA

WOOD

TAFIRA

Tafira Alta


En su paseo por el mundo de los recuerdos apareció el cura-párroco. Llegados al final de la misa del domingo, leía las fechas de los cursos pre-matrimoniales y las misas de difuntos para la semana, sacaba una hoja del obispado que guardaba en el misal leyendo:


Calificación moral de espectáculos. En el cine tal, la película cual, calificación 3R. ¡Un cristiano no debe ver esta película!. Y proseguía: En el cine otro, ídem de ídem. Así iba mencionando los cines de su circunscripción. La calificación partía de Tolerada para Menores, el 1 y terminaba en el 4.

(Según el comentario de De Arucas, aportado hoy:

Otra calificacion era la de tolerada para menores (el uno), ya que todos los públicos era el 2 y luego el 3 el 3 con r (reparos) y luego el 4 (prohibida) como Gilda o Esplendor en la hierba). Gracias, amigo.

En Telde habían otros cuatro cines, todos en San Gregorio. Se denominaban Cervantes, Cinema Telde, Capri , Atlántico y Arauz (éste último aportación de Sony).

En Teror: uno. Pabellón Victoria.

En Arucas: Ya no hay cines, aunque sí los edificios. El Cine Rosales ahora se utiliza poco para representaciones teatrales y alguna proyeccion esporádica(es el mas moderno de los que habian). El Cine Diaz en la calle de Leon y Castillo, y el Teatro Cine de Arucas (Cine Viejo) en la calle de San Juan esquina a Herreria. Además funcionó en alguna ocasion sin acabar la obra el Teatro Nuevo, hoy local parroquial, en la calle Juan de Dios Martin, en el Terrero.
En los barrios: La Goleta (local sin terminarse de edificar) donde se proyectó algun film. En Bañaderos el Cine Hespérides, en Montaña de Cardones y tambien otro en Santidad que daban funciones regularmente. Aportación de De Arucas.

En Vecindario, Santa Lucía: Cine Doctoral, Las Vegas, San Rafael y en Doctoral casco, el de los Marrero.

En Gáldar, dos: La Unión y Guaire.

En Agaete : Cine de Agaete.

En Valleseco, según Saro, dos: El de Arriba y el de Abajo.

En Ingenio:

Según Juan José Ramírez Martel de Ingenio; En el municipio de Ingenio ( hasta donde yo se ) el cine Plaza(ahora escuela de música), el del Ejido (ahora sala de juegos recreativos ) y el cine de atrás ( este edificio está cerrado); en la parte baja de Carrizal estaban el Cine Morales y el Cine Iberia.. 5 en total. Aportación de Carmelo Álamo)


El que aparece como Cine de El Ejido se llama Cine Moderno, pero era conocido como el "Cine de Alante" (por su cercanía con el cruce del Ejido), y el otro cine cercano era el Cine Universal (conocido como "Cine de Atrás"). Aportación de Saulo Valerón


También había Cines Parroquiales.

Lo dicho, el que conozca otros cines en la capital o en el resto de toda la isla, sepan que les agradezco de antemano su aportación.

Saludos.

jueves 3 de septiembre de 2009

Perras pál cine



Los cines de la época en que Pancho era niño no tienen nada que ver con los actuales. Para demostrárselo, voy a describirles un día de vacaciones de aquellos años, concretamente un jueves, pues era fémina, día de la semana en que se “echaban” dos películas. No sé que diferencia tenía con “sesión continua” pero en ambas, entrabas al cine a la hora que fuera, desde las 4 hasta las 11 de la noche y te marchabas cuando habías visto las dos películas, una o dos veces. Tenía entonces alrededor de los doce años y había que conseguir el dinero fuera de la casa para comprar la entrada.

¿Cómo conseguíamos el dinero?

Tareas productivas:

1.- Llevar el agua, por encargo, desde el pilar público hasta las casas. 10 latas, 50 céntimos = ½ peseta.

2.- Ir a coger un saco de hierba para las cabras. Dos sacos, ½ peseta también.

3.- Limpiar un gallinero u otra tarea de fuerza.

Les voy a describir el transporte del agua porque las otras dos son fáciles de comprender.

Llevar agua: Herramientas: dos latas y el gancho.

Hacer cola en el pilar con las latas, hasta que te llegara la vez. Llenar. Transportar. Volcar el agua en el depósito de la vecina y vuelta a la cola.

Las latas eran envases de belmontina (gasolina blanca), de aceite de oliva, de pastillas, etc... Se les quitaba la tapa superior, cortándolas con una tijera para hojalatas. Se mataban los filos, machacándolos hacia dentro, para que no cortaran y luego se hacían dos agujeros con un clavo en la parte alta. Por allí se pasaba el alambre que hacía de asa.

Recuerdo ahora este sucedido. Todas las latas en la cola, al menos sesenta o setenta. Cada uno está cuidando las suyas. En ese momento aparece Pepene, un chico con dificultad al caminar que trae cuatro latas, amarradas con un hilo de pita. Las pone más allá, fuera de la cola y viene a beber agua del chorro (que está permitido). De repente y cuando nadie le mira, lanza una patada a los cacharros que vuelan por los aires , y grita: ¡Rebumbio!. Todos corren a coger sus latas para colocarlas en el lugar anterior. Pero, por lazos del diablo, los envases de Pepene ya estaban colocados a la punta de "alante" de la cola.

Sigamos con el gancho que es un instrumento formado por una madera – la mejor, era de un barril de vino- a la que se ataban dos alambres que acababan en forma de gancho en los extremos. Ver figura. En ellos se colgaban las latas. Dos en total. Cuando estaban llenas, se enganchaban y agachado pasaba la madera encima de los hombros y por detrás del cuello y ¡arriba!. Primero habíamos puesto un saco mojado enrollado en la madera y en la parte del cuello,porque la madera hacía daño y se clavaba. Y a caminar despacito, porque si se movía mucho se desparramaba el agua.

Ya tenemos el dinero y ¡para el cine!

Al llegar habían dos posibilidades: Comprar butaca (1/2 peseta) o banco (0.25 céntimos) que es lo mismo que 1 real. Los bancos eran las tres primeras filas, muy cerca del telón y las figuras se veían alargadas, enormes. Parecían cuadros del Greco.

Compraba banco y me sentaba en butaca. Inconveniente, el acomodador conocía al personal y cuando no habían butacas vacías, alumbraba a los que él sabía y los mandaba a los bancos. Ibas a banco y te pasabas el rato mirando para atrás a ver si había otra butaca vacía. Al descanso y con el real ahorrado, compraba garbanzos tostados, chochos, “chuflas”, manzana caramelizada y otros…

Los gamberros que siempre hay y hubo -galletoncitos ya- hablaban y molestaban al acomodador que tenía muchas tablas. Recuerdo una vez que uno de ellos gritó:

-¡Acomodador, una pulga!

Y éste raudo contestó:

-¿Y que quieres por media peseta? ¿Una gallina?.

Al salir del cine, entusiasmados por la película nos poníamos a jugar a los indios y dando tiros para lo que poníamos las manos como si tuviéramos en ellas un revólver.

Adiós……..

sábado 22 de agosto de 2009

el jamón de York

Les voy a contar una historia que me vino a la memoria hace un rato. Me la contó asustado un niño, muy amigo mío. Quizás, con el que más mataperrerías hice en mis años de infancia. Ocurrió a finales de los 50 ¿de qué siglo va a ser? ¡Vaya pregunta!

Estaba quedándose en su casa un matrimonio regresado del extranjero por motivos de enfermedad del marido. En una de las visitas de éste al médico, le recetó comer jamón cocido. Ni mi amigo ni yo, ni casi nadie por aquellas fechas sabían lo que era eso. Hoy lo toma todo el mundo y, la mayoría de las veces al pasar dos días de comprado se lo echan al perro porque ¨huele mal”. ¡Qué finos nos hemos vuelto, los nuevos ricos!

Preguntado donde se vendía esta “medicina”, dijeron que en Las Palmas solo lo tenía Dolores Mayor, origen de los más tarde famosos Supermercados Cruz Mayor, en la calle General Bravo y que había que pedirlo como jamón de York.

Que también lo vendían en una charcutería, la del padre de Margarito, situada bajando a la derecha de la calle de San Bernardo. En aquellas fechas se la conocía como la Plaza de de San Bernardo.

A mi amigo le mandaron a comprar 100 gramos del preciado producto. Venía en una lata cuadrada y no recuerdo ahora la cantidad de pesetas que costó, pero fue carísimo.

El problema fue que el empleado le dio un poco a probar y le despertó los sentidos. ¡Como le supo! ¡Saladito y el olor a bueno que despedía! La tentación de volver a degustarlo se le fue metiendo entre ceja y ceja. Subido en la guagua que le llevaba a casa el demonio empezó a tentarlo. ¡Qué bueno es el jamón de York! Y así fue elaborando en su mente un plan que paso ahora a detallarles.

Entró en su casa y a la calladita, se metió en el baño. En el más absoluto silencio sacó una hoja de afeitar de la máquina del padre (marca, MSA acanalada) y armado con ella comenzó la operación quirúrgica. Poco a poco, fue cortando una tira de un par de milímetros alrededor de cada una de las lonchas, tal y como se ve en la figura de arriba. ¡Y cuanto más lo probaba, más le gustaba!.

Tuvo que parar. Las lonchas se estaban estrechando peligrosamente. Recogió todo y envolviendo bien la mercancía para que no pareciera manipulada, entró en el salón con el paquete en la mano. Lo entregó, le dieron las gracias y una propinita por el mandado.

Salió a la calle y se encontró con Pancho. Mientras le contaba la historia, el corazón le estaba saliendo por la boca del susto por si lo descubrían.

Antes, los abuelos decían: ¡Bien se pasa de niño! equivale a ¡Cuanto sufren los niños!

Y suculum, ¡se acabó la historia!.


Ahora, les toca a ustedes pensar….

jueves 20 de agosto de 2009

El hocico de la uveja


Este fin de semana Pancho tuvo una conversación en la cumbre con Miguelito Moreno, el pastor.

Con el máximo respeto y cariño hacia él, con el afán de que disfruten de su forma de hablar y sabiduría se la transcribe totalmente y sin añadidos. Aquí empieza:

M.- ¡Mi abuelo Jiménez tenía un amigo en Artenara que se llamaba Guillermo. Ellos eran muy amigos. Mi abuelo estaba bajo Artenara con las uvejas!.

P.- En Artenara, ¿Dónde? ¿Paquí , pá Coruña?

M.- ¡Debajo Artenara! (Me dice un poco molesto porque no le gusta que le interrumpan)

P.- Pero, en Artenara, ¿Dónde? ¿Pá Juncalillo?

M.- No, hombre debajo de Artenara, debajo mismo de la Virgen de la Cuevita.

P.- Pero ¿mirando pal Bentaiga?.

M.- (Me mira con cara de disgusto, por las interrupciones). Siií. Y sigo con el cuento. ¡Ellos eran…., ellos eran muy amigos! Le dice un día:

-¡Jiménez, echa las ovejas pallá enfrente, pá la Jiguerrilla!

Hubieran plantado El Pajarcillo, de almendreros y La Jiguerilla también. Pero que los almendreritos estaban así. (Señalando con su mano, como un metro y medio de alto).

Pero que a los pocos días vuelven y se trompican.

-¡Coño, Jiménez, echa las uvejas pallá pa La Jiguerilla!

Mia que las echo Guillermo!

-¡No te estoy diciendo que las eches. Cuando yo quiera que tu las atajes, las atajas!

(Prosigue). Y tal.... Bueno..... Que echa mi abuelo las uvejas. Que… el público se alevantó. Porque las ovejas entraron a la huerta y no voy a decir que no comieron. ¡Las espirrafaron! ¡Espirrafaron los almendreros!. ¡Se guindaban encima de las piedras y se comieron la huerta!

Vamos a ver como se va a arreglar esto. (Con esta frase última indica que va a terminar la historia y la está ordenando en su cabeza)

-¡El Pajarcillo era por debajo del Roque (Se refiere al Bentaiga) y pacá era La Jiguerilla!

-¡Que el Pajarcillo no tuviera al siguiente año una almendra, ni una melecina y que La Jiguerilla no se supo las fanegas de almendra que dió… que las medían por fanegas!

¿Usted me oyó? ¡Porque las ovejas tiene el hocico bendecido y tienen…!

¡El mato que la oveja se come, lo bendice con el hocico! ¡La cabra no!.

Y con su sonrisa pícara, mientras me daba un golpe en la espalda, me despidió con estas palabras:

¡Y entoavía no le jago más reportaje porque usted dice que tiene que dirse!

Espero que les haya gustado. ¡Hasta otra, Miguelito!

jueves 13 de agosto de 2009

El carbono14


Esta anécdota le ocurrió a un amigo cuya profesión es la de arquitecto técnico. Corría la década de los setenta del siglo pasado y los hechos ocurrieron así:

El señor alcalde intenta por todos los medios fastidiar a un vecino. La razón: una casa que según él, es ilegal porque no tiene licencia de obras. Además, le ha dicho que pare la obra y no le hace caso maldito.

Por si fuera poco, el "caballero" -como dice el alcalde- le ha plantado cara diciéndole, a voz en grito en la calle, que la suya es tan ilegal como las de los demás y si se la tira a él, se la va a tener que tirar a todo el mundo. Cabreado, va a utilizar todos los medios del régimen para derribarla.

Se traslada a la capital en busca de apoyo ante el delegado de Vivienda. Éste le dice que si trae un informe del técnico indicando que la vivienda tiene menos de 20 años de antigüedad, le autorizará el derribo. De vuelta al pueblo, el regidor llama al técnico y le dice con aire amenazador:

-¡Quiero ahora mismo un informe de la vivienda de fulanito! ¡Que diga los años, meses, semanas, días y hasta las horas que tiene de antigüedad! ¡Y lo quiero para ahora mismo, oyó!

El técnico se dirige a la casa, observa la antigüedad en las paredes. La parte baja es de piedra seca, la siguiente capa de cantos unidos con cal y, la más elevada de bloques. A la vista de su percepción emite el informe y lo entrega al alcalde.

Éste lo recoge. Con la calentura y en su deseo de venganza, ni lo lee. Lo mete en una carpeta, llama al guardia que hace de chófer y le indica que tire para Vivienda, en la zona del parque Santa Catalina, en Las Palmas de Gran Canaria.

Entra en el departamento de Vivienda y entrega el informe al delegado provincial que abre el sobre, lo lee con detenimiento y de repente empieza a reír.

-¿Qué pasa? ¿Le hace gracia?

-¡Con este informe yo no le puedo autorizar nada! ¿Usted lo leyó, alcalde?

El alcalde lo toma en su mano y lee el siguiente contenido:

____________________________________________________________

El técnico que suscribe hace constar que

Trasladado al domicilio del vecino fulanito se ha comprobado que la vivienda situada en la calle tal, número cual, tiene una antigüedad estimada de 25 años.

En cuanto a la indicación de que informe sobre los años, meses, semanas, días y hasta horas, le informo que en este Ayuntamiento no se dispone de la prueba del Carbono14, única que pudiera confirmar estos extremos.

Firmado.

El Aparejador municipal.

________________________________________________________________________

No les cuento el detalle de lo que pasó entre el técnico y el alcalde, solo conozco que fue tal la persecución iniciada contra el mismo que terminó por operarse de la vesícula –sin estar enfermo- y, entre la recuperación y unos puntos criados pasaron una buena cantidad de meses de baja. Por entonces, se rumoreaba que iban a cesar al alcalde y el técnico rogaba a Dios esperando que ocurriera. Al darle el alta médica, mi hombre se tuvo que incorporar a sus tareas. Con la mala suerte que según entraba en el Ayuntamiento, se encontró en el pasillo con el alcalde que le preguntó:

-¿Qué, amigo, ya se incorporó?

-¡Sí, señor alcalde, ya estoy un poquito mejor!

Entonces fué cuando el mandamás sentenció con estas palabras:

¡Pues vaya ahora con mucho ojo, no sea que tenga que volver a operarse otra vez!


Les juro por Dios que es verdad.

Aprovecho para mandarle un abrazo fuerte al protagonista de la historia.

domingo 9 de agosto de 2009

El mentidero de las Cuatro Esquinas. De mentiras y paraguas.



Hace al menos cincuenta años, todo pueblo agrícola que se preciara tenía su mentidero, allí se reunía la gente mayor para hablar de la vida diaria y contar historias reales o inventadas. Se trataba de pasar el rato y, claro, son los momentos en que aparece en plenitud la socarronería y el sentido del humor de nuestra gente.
Hoy, Tenoya, mi pueblo de nacimiento, ha pasado de ser totalmente agrícola -aunque quedan algunas fincas de plataneras- a casi urbano. Y, con ese cambio Las Cuatro Esquinas, nombre del citado “mentidero”, en el Lomo de San Pedro, ha perdido parte de su encanto.
Entre los muchos participantes de esa tertulia estaba mi abuelo y el amigo Macías. Su nieto Manolo, al que conocí esta semana nos relató dos historias breves del repertorio del mentidero que tienen la gracia suficiente, o al menos así me lo parece, para contarlas.

Ahí va la primera:

Está nuestro cazador en el campo descansando a la sombra, tomándose su "roncito" con aceitunas. Medio “endormilado” por el calor, de repente, se le para justo enfrente un conejo. Mi hombre tira de su escopeta. Se da cuenta de que no le quedan cartuchos. Más rápido que un avión coge una aceituna y con ella carga el arma. Dispara, está seguro de haberle dado pero el conejo echa a correr y desaparece.
Año siguiente. El abuelo de Manolo está otra vez cazando en el mismo sitio. Delante de él, ve moverse las ramas de un olivo. Lo observa con la escopeta preparada esperando que salga un conejo y ¡oh, sorpresa! El olivo sale corriendo. Extrañado mira fijamente y entonces se da cuenta ¿saben de qué? ¡era el conejo del año pasado! ¡ La aceituna había germinado en la piel del animalito! ¡Y, cacho olivo, hermano! No le disparó y pensó, como el amigo José María, para sí, para sus adentros:


¡Si yo estaba seguro de haberle dado!



¿Se la creyeron? ¿Noooó? Pues ahí va la otra:



Está oscureciendo. El personaje de la historia va caminando hacia el pago de El Toscón. La vereda es intransitable. En un mal paso, resbala con una piedra suelta y tras varios trompicones, fue a dar al fondo de un hoyo profundo a la orilla del camino. Intenta subir por las paredes, no encuentra donde agarrarse con las manos. La tierra que desprende intentando subir va cayendo sobre el fondo. Los dedos los tiene en carne viva. Así sigue durante un buen rato hasta que llegó el oscuro. Cansado, se sienta en el suelo y va acurrucándose para pasar la noche lo mejor que pueda.


Al alba, aterido de frío por el sereno y el rocío, va llegando la claridad. Al ratito, un rayo de sol finito, finito penetra en el agujero. Mi hombre, raudo se agarra del rayo con las escasas fuerzas que le quedan y trepando por él, escapó de la trampa.


¡Esta sí que se la creyeron! ¿Verdad?



Mi agradecimiento a Manolo Macías por el rato que nos hizo pasar mientras colaboraba con su pueblo en la romería de la Encarnación. ¡Y que siga cultivando esa claridad y precisión narrativa con que nos deleitó!

La Fotografía se denomina TENOYA. Ha sido tomada del Archivo de Fotografía Histórica de la FEDAC (http://fotosantiguascanarias.org)

lunes 3 de agosto de 2009

El gato está en la talega

Hoy voy a hablarles de algunas frases utilizadas especialmente en el ámbito rural y que incluso ahí, se están perdiendo por su escaso uso. En las ciudades lamentablemente solo se escucha y muy poco, en los barrios de solera, esto es, en los más antiguos (pongamos, la Isleta, El Risco, San José, San Roque, etc.). Es una pena que estas expresiones se pierdan. Debemos hacer un esfuerzo para seguir utilizándolas de forma natural en nuestra conversación, pues con ello contribuimos a mantener viva una parte importante de nuestro acervo cultural y también de nuestra forma de ser.

Vamos ahora a situarlas en una conversación :.

Pancho está hablando en la calle con Antonio de sus asuntos. Pasa caminando Juanillo y le dice:

- ¡Juan, como vas pa(ra) abajo mira ver si me consigues dos (de aquello) que tengo un compromiso!.

-Vamos a ver porque la cosa está jodida, Panchito.

Explicación: Le ha encargado algo y no quiere que Antonio sepa de que se trata.

Su contertulio le espeta:

-¡Si no quieres que me entere, mejor te callas.

-¡Al que mucho quiere saber, poco se le da a entender!.

-¡A mi me da lo mismo, pero parece que no está bien!. ¡Avemería, tanto secreto, coño!

Al darse cuenta que dos mujeres se han detenido disimuladamente para escuchar la discusión, lanza esta otra frase:

-¡Detrás de un mato, hay un gato!.

Pancho mira alrededor y viéndolas baja el tono de voz, para no ser escuchado.

También pudo haberse dicho:

-¡Hay ropa tendida! o ¡Hay moros en la costa!

El significado es el mismo. Pero estos súltimos se usan, normalmente, cuando los oyentes son niños y la conversación gira sobre asuntos de personas mayores.

Sigamos con nuestra historia. Pasa un ratito. Juanillo vuelve por el camino andado y al pasar frente a Pancho, dice:

-¡El gato está en la talega!.

Le acaba de decir que el encargo lo tiene ya en su poder y dispuesto para la entrega.

Fin.


lunes 27 de julio de 2009

Cata de quesos en la Madrelagua


Este fin de semana Pancho participó en la Cata Insular de Quesos de Valleseco. Esta iniciativa municipal en colaboración con el Cabildo, está encuadrada dentro de las medidas de desarrollo de su sector primario. La Cata se llevó a efecto en la Asociación de Vecinos de Madrelagua, bajo la atenta mirada de Santa Rita, imagen que el día anterior se había trasladado a dicho barrio para presidir la fiesta anual de Los Paperos que se celebra en el citado barrio.
En la mesa de cata se sentó junto a un vecino de Valleseco, don Manuel Ponce Herrera, que regenta un bar, situado frente a la Caja de Ahorros, situado en la calle principal del pueblo. Al término de la misma entablaron conversación que derivó hacia la figura de Silvestre, del que hemos hablado en estas páginas con anterioridad. Ver: Silvestre, pobre de Valleseco y fotografía posterior. Manuel conoce muchas historias de nuestro personaje y tiene colgadas en las paredes de su establecimiento fotografías del mismo, entre ellas ésta que les ofrezco hoy y que he obtenido gracias a su amabilidad. Entre otras cosas, me contó que Silvestre fue sepulturero. Que en esos tiempos existía un ataúd de la beneficiencia, como servicio gratuito a las personas necesitadas. Cuando lo pedían, Silvestre lo llevaba a cuestas a la casa del difunto y una vez usado, lo devolvía al lugar de origen en el cuarto del cementerio. Como decía el amigo Ponce, si hasta Valsendero hay 3.800 metros en los que Silvestre iba cargado del ataúd. Luego tenía que volver andando. En total casi ocho kilómetros. También nos contó que nuestro personaje solía dormir dentro del citado ataúd, en ese cuarto del camposanto. Quizás por eso la fama que cogió y el temor de los niños a su figura. También que su casa estaba en Lanzarote y que la parte alta de la misma era propiedad de los conocidos Hermanos Rogelio, restauradores establecidos desde hace muchos años, en Las Palmas de Gran Canaria. Manuel comparte aficiones con Pancho. La de recuperar nuestra memoria a través de historias, de objetos antiguos, de los juguetes y sus vivencias; también de otras formas de vida ya desaparecidas o en trance de serlo.
Como ejemplo de su labor, nos enseñó una matraca de carrizo, juguete que se utilizó mucho en su tiempo y que está formada por un punzón de madera que se clava a una piña de millo madura y que se hace girar mediante una cuerda enrollada dentro de una nuez y, que al tirar de ella produce el giro de la mazorca (piña). Por cierto, una nuez gigante -nunca había visto una tan grande- y que según Manuel procede de un nogal del mismo Valleseco.
Buscando el teléfono de don Manuel Ponce en Internet me apareció esta noticia de la página web municipal fechada en el año 2008 y que dice así:



El empresario Manuel Ponce Herrera, será este Viernes 8 de agosto el encargado de dar el pistoletazo de salida a las fiestas en honor a Santa Rosa de Lima en el barrio vallesequense de Lanzarote, vinculado toda su vida al barrio ha sido el elegido por la Comisión de fiestas para llevar a cabo ese cometido, el mismo tendrá lugar el viernes a las 21 horas.
Por tanto, fue el pregonero de las fiestas del lugar donde siempre ha vivido (Lanzarote de Valleseco).

Felicidades, amigo Manuel, especialmente porque haya sido reconocido entre su gente. Y, siga usted con su afición -noble tarea- por recuperar lo nuestro (que es lo de todos).


lunes 20 de julio de 2009

Obras en el Doctoral

Como ustedes saben, Pancho estuvo un tiempito de concejal. En esa época había falta de todo, ni existía saneamiento –cada casa tenía su pozo negro- , tampoco había parques, ni jardines, escaso alumbrado público, había muchas infraviviendas –cuarterías, sobre todo- y solo había tres o cuatro carreteras asfarcadas, -que todavía hay gente que le dice asi al asfaltado-. Me estoy refiriendo a los primeros años de democracia municipal, en concreto a mediados de la década de los pasados años 80. En el escuálido plan de obras municipal tocaba asfaltar la zona de Doctoral, en el municipio de Santa Lucía.

Se iba a pasar de tener veredas de piso polvoriento a calles asfaltadas con su alumbrado público, aceras y saneamiento –para quien no sepa, las cloacas-.

Para ello, se hizo una campaña informativa municipal animando al personal a conectar al saneamiento. Se utilizaron carteles, reuniones en las asociaciones de vecinos e incluso un coche con altavoz que iba recitando por las tardes el siguiente aviso:

Se van a asfaltar las calles. Deben contactar con el Ayuntamiento para conectarse al saneamiento. Se puede pagar la conexión hasta en plazos de quinientas pesetas. Una vez asfaltada la calle no se podrá conectar hasta pasados diez años, porque después no se va a romper la calle para conectar un solo vecino.

Primera parte. En estas estamos y las calles están preparadas para terminar la obra. Se han cubierto las tuberías, rellenado el piso con broza, compactado con la máquina china y cuenta con una capa fina de betún asfáltico pues mañana se terminan los trabajos con el pavimentado final. El domingo habrá la fiesta de inauguración de las calles.

Once de la mañana. Al ayuntamiento llega un vecino con la intención de que le den permiso para conectarse al saneamiento. En la Oficina Técnica (OT) le dicen que no. Que ya es tarde y ha tenido seis meses para hacerlo. De todas formas, que vaya a hablar con el alcalde. Este le dice que no puede ser. Pero que lo intente con el Teniente de Alcalde a ver que se puede hacer. Este le contesta que imposible que ha venido muy tarde y ahora tiene que esperar hasta que haya otro presupuesto. El vecino, alicaído, vuelve a la OT y pregunta por el aparejador. Le cuenta lo que ha hablado con los políticos y el técnico le ofrece una posibilidad:

-Vete a casa de Germán Medina, el de la ferretería y te compras una lata de betún asfáltico (piche le dices tú). Esta noche, al oscuro, abres una zanjita, metes un tubo y lo conectas a la tubería gorda, lo coges con mezcla y lo metes dentro de tu casa. Cuando termines, rellenas la zanja, nivelas la tierra y le echas por encima un poco de betún de la lata. Que parezca que allí no ha pasado nada. Ya mañana de puertas adentro, arreglas lo que falte.

Dicho y hecho. El hombre sigue los consejos al pie de la letra y termina su obra externa. Al día siguiente, las máquinas terminan el trabajo y la calle queda nuevita de estreno y la tubería puesta por debajo.

Segunda parte de la historia. Llega Septiembre, mes de la zafra del tomate. De repente, en la casa de nuestro vecino empieza salir agua de los baños, con tal violencia que los muebles salen flotando para la calle. Llegan los bomberos de Maspalomas y al final se corta el agua que entraba en la casa.

¿Quieren saber que pasó?

Nuestro vecino, con las prisas conectó su tubería a la de los Betancores que lleva el agua agrícola desde la Orilla de Sardina hasta el estanque de Casa Santa.

Quiero contarles el fin de la historia. El técnico municipal –asesor de la obra clandestina- le preparó al vecino la reclamación ante la compañía constructora – de las importantes- que respondió ante el informe del técnico municipal, reconociendo su error debido a una mala práctica, pagando los daños al reclamante que representó una buena cantidad de dinero.

Vaya mi mejor recuerdo para el técnico citado del que no quiero mencionar su nombre. Ahora bien ¿Cuántos de nosotros al leerlo sabemos de quien se está hablando?. Desde esas fechas hasta hoy al técnico en cuestión le llega desde El Doctoral todos los años un saquito de papas. ¿Le llamaría usted a este caso corrupción o se trata de un caso típico de las labores que tiene que realizar un aparejador? ¿O quizás debí decir-: un trabajador social del municipio?

viernes 10 de julio de 2009

Mehmet, el barbero de Estambul

Pancho estuvo estos días de viaje, con esas cosas del desarrollo rural. Tuvo reuniones en Sevilla, Madrid y ¡para que vean ustedes que hombre más viajado! ¡Se llegó hasta Turquía!
En la preciosa ciudad de Estambul, muy cerca de los monumentos de Hagia Sophia y Mezquita Azul, conoció a un barbero -allí se dice berber- de nombre Mehmet. Hombre agradable, de estatura mediana, tirando a baja, con su pelo blanco rizado. Sonrisa cómplice. Simpatizaron, que es lo mismo que decir, se cayeron bien. Primero tuvieron un período amplio de negociaciones sobre el precio, sin emplear una palabra de español ni de inglés, porque Mehmet habla el turco, como su idioma universal, sin ningún tipo de interferencias lingüísticas.

-¿Cuanto, pelado y afeitado de barba?, decía Pancho con señas.
-15 liras turcas.
- Muy caro. ¡Ocho!
-¡No, no!.
-¡Quince!, señalaba con los dedos.
Al final lo dejamos en 12 liras.
Nos entendíamos con papel y bolígrafo. Señalaba una foto colgada en la barbería en la que aparecía con pinta de hippy y escribió: 1950. Así adiviné que el hombre tiene 72 años.
- ¿De donde eres?
Yo le contestaba: kurdo. El decía: ¡Miii, kurdo!. Efectivamente, Mehmet es kurdo y está orgulloso de serlo.
Le escribí que era canario y le dibujé un mapa. Él estuvo trabajando en Alemania.
Como decía mi padre: Y en lo que el diablo se estregó un ojo ya estaba Pancho pelado. Le dije que rebajara un poco el escaso flequillo. Me dijo que no, moviendo la cabeza Que así estaba bien. Y ni por Dios cambió de opinión. ¡Qué vamos a hacer! ¿Cómo se dió cuenta que uno no tiene gusto para estas cosas?.
Siguió con la barba. Continuó prendiéndole fuego- ¡así como suena!- no menos de seis veces a los pelillos de las orejas. Para ello, impregnaba un bastoncillo de algodón con un líquido azul, parecido al alcohol. Prendía el bastoncillo, lo acercaba a cada oreja quemando y apagando rápido con las manos. ¡Fuerte olor a chicharrones, caballero!
También le cortó (emparejando) las cejas y le masajeó cara, frente, hombros y brazos.
La gran sorpresa llegó cuando le depiló el entrecejo ¡esto tampoco lo había visto nunca!. Sacó una carretilla de hilo de coser, estiró el hilo lo cruzó y manteniéndolo con dedos y boca hizo una especie de pinza que aplicando una y otra vez sobre la ceja, iba eliminando uno a uno los pelos mal colocados.
Al término de su trabajo, Pancho fue espléndido en el pago pues había realizado más trabajo del concertado. Y pareció que él ya lo esperaba. Que lo del trato no era más que una forma de jugar, entre personas mayores. Le regalé un llavero de las Islas Canarias y nos dimos un abrazo fuerte, sentido. Está claro que todos somos hermanos y que en todos sitios hay gente especial. A partir de ese momento, cada día cuando pasaba por su puerta , Mehmet saludaba con alegría levantando la mano y diciendo:
-¡Canario, amigo!.
Han pasado algunas fechas. Tengo las fotos para recordarle, pero en mi memoria solo quedó grabada su sonrisa de buena gente. ¡Amigo Mehmet, hasta la próxima pelada o afeitada!

lunes 6 de julio de 2009

Miguelito Moreno, de Caideros

En dos ocasiones anteriores he escrito sobre José María, una denominada El pastor de Caideros y Otra de José María, el pastor.
Es un personaje que me atrae y en busca de su estela, hace algunas semanas fuimos a Caideros. Allí me encontré con Miguelito Moreno, al que llaman el Jefe de los pastores. Le había conocido en Tejeda con motivo de una fiesta en la que se nombró a la Virgen del Socorro, patrona de los pastores y sin saber porqué simpatizamos. En la fiesta y procesión, mi personaje ocupó un papel principal dedicando unas palabras a la Virgen, en las que -recuerdo- decía que ningún pastor había sufrido un percance en la raya de Tejeda y eso es porque la Virgen les protegía.
El motivo de parar fue preguntarle si conocía algo sobre José María, el pastor. Anécdotas o sucedidos para contárselos a ustedes.
La sorpresa llegó cuando me dijo que José María fue su suegro, pues el está casado con la única hija hembra que tuvo, Francisca Moreno Díaz. Me presentó a su señora, por cierto, muy guapa y bien arreglada pues iba de visita a la costa. Nos invitó a probar queso ¡qué queso de flor hace!. De verdad, delicioso. Todavía se guardan en esas medianías las formas antiguas de hacer el queso de flor, parecidas al de Castelo Branco y la Serra de la Estrela, en Portugal o el del Casar en Cáceres.
La señora nos habló de su padre y me llevó al corredor de su casa donde mostró varias fotografías, en una de las cuales, enmarcada y colgada a la pared, están su padre José María y su madre. Nos permitió fotografiarla y es la que se muestra a la izquierda. Mírenla con detenimiento. Es un matrimonio de pastores, alrededor de su ganado. Pasamos un rato muy agradable en su casa, alrededor de un café con el que nos brindó y quedó claro que Miguelito es como Pancho, muy conversador. Como decimos nosotros, "dos alegantines iguales".
La esposa de Miguelito me relató la historia de cuando su padre fue a pelarse a Gáldar, confirmando lo que habíamos escrito. Mientras lo narraba, se le notaba orgullosa de su padre.
Su hija, es decir la nieta de José María, nos dijo que de niña, siempre estaba con su abuelo del que tiene grandes recuerdos y que aprendió de él muchos
"trucos", como ella dice.
Del porqué teniendo menos ganado que otro pastor, sacaba más leche y más queso que éste. Porque hay que tratar bien a los "alimales".
También contó como era su abuelo, al que describe bien esta historia: cuando tú quieres saber algo cierto hay que preguntarle a los niños, porque ellos nunca mienten. Cuando los padres decían una cosa y los niños otra. ¿A quien había que creer?.
Confirmó que José María era hombre de muchas lindes y por tanto, como se dice en el campo, "hombre de curia" o "de abogados". Al hilo, le dije el refrán : "Herencias y lindes, mondongo de abogados" y me salió con ésta: ¡Mi abuelo me decía que cuando iba a los abogados les quitaba los libros, para aprendérselos él! ¡Por eso, sabía más que los abogados!.
Quedamos en volver otro día para hablar de más sucedidos de José María y de los suyos propios. Cuando los tenga, prometo hacérselos llegar a ustedes.
Saludos

domingo 31 de mayo de 2009

Recordando una frase


Hoy me contaron el origen de una frase utilizada en el ámbito de nuestras medianías y cumbres, aunque también la he oído en la ciudad. Ahí va.

Un campesino, Manuel, tenía un hermano en Venezuela que le mandaba (enviaba) de vez en cuando sus durillos, hoy se dice eubros.

En aquella época y dado que el dinero venía del país americano lo correcto era decir, los bolos, apócope ¿cómo dice? ¡Jesús, qué fino!. Apócope(1) repito, de bolívares, moneda del país venezolano.

Manuel estaba preocupado por no saber nada de su hermano desde hacía dos años, lo que le hacía pensar si le habría pasado algo. También porque echaba en falta el dinerito de las remesas de su hermano. Estaba desgranando por los carosos y lo necesitaba para seguir viviendo.

Mi hombre se fué amulando hasta el punto que evitaba a la gente para no hablar con ella. Se volvió sordo, o se lo hacía para no contestar a nadie y así vivir aislado en su mundo inferior, como decía Rosarito.

El día del cuento iba con su yunta de bueyes por la calle principal del pueblo. Los vecinos le saludaban y él ni se inmutaba. Otros le hablaban y nada de nada. Entonces fue cuando el palanquín socarrón que en todo pueblo hay, hizo señas para que se callaran la boca y, en voz más baja de lo normal, dijo:

¡Ay que ver como está Manuel. Más sordo que una caja! ¡Mira que lo está llamando el cartero y no se entera!.

Como respuesta Manuel paró en seco a los animales, al grito de


¡Quieeetas las vacas aaaahi! ¿Dónde está el cartero?


No sé si la historia es cierta. Al menos nos sirvió para dejar clarito que no hay más sordo que el que no quiere oir.


(1) Apócope. f. Gram. Supresión de algún sonido al fin de un vocablo; p. ej., en primer por primero.

martes 19 de mayo de 2009

El abuelo de Paola


Pancho tiene una nieta: Paola. Como buen abuelo está que se le cae la baba hablando de lo lista y guapa que es su niña.

Hace algún tiempo la llevó de excursión a conocer la Fortaleza de Ansite, lugar donde la tradición indica que Bentejuí y otros alzados, al grito de Atis Tirma, prefirieron lanzarse desde la cima al vacío, antes que rendirse a los conquistadores.


Fueron equipados con agua, bocadillos y chocolate. Cuando subieron a la gruta, la niña iba preguntando por todo y Pancho aprovechaba para entre bromas intentar explicarle lo que allí ocurrió, según la historia. Desde luego, obviando la tragedia citada que todavía no tiene la niña maduración suficiente para según qué cosas.


Entre sus bromas le contaba que los antiguos canarios eran muy altos, tan altos que apenas cabían en la cueva. Cada uno era más o menos como tres hombres de alto y dos de ancho. Como decía Pancho, eran como solares. Hoy somos todos enanos. Hablando desde el púlpito de piedra que allí existe parecía un maestro de escuela, mientras la niña escuchaba atentamente sus palabras .


Al salir de la gruta por la puerta norte y sabiendo que existe eco, el abuelo empezó a gritar:

- ¡Paoooola, Paola!

El eco respondía, hasta seis veces

-¡Oooooooolaaa, oooooola, oooola, oola!

La niña intentó hacer lo mismo gritando:

- ¡Paooola, Paola!

Pero incluso chillando su voz es muy bajita, y no llega a percibirse el eco.

- Abuelo ¿porqué a mí no me contesta?

- ¡Porque a mí me conoce desde hace mucho tiempo. Por eso me saluda y me dice hola.


Lo intentó un par de veces más y como no le contestaban dejó de llamar y seguimos caminando entre las cuevas. Ella se escondía y al pasar salía a asustar al abuelito, que se hacía el sorprendido. Después de merendar fuimos a ver la presa desde el Mirador de la Sorrueda y después de hacerle unas fotos nos fuimos para la casa. Al llegar a la plaza me dijo que parara. Lo hice y salió del coche hasta donde estaban los niños jugando. Desde lejos, escuché el comentario que orgullosamente les hacía:

- ¡Niños, ¿Ustedes saben una cosa? ¡Mi abuelo habla con las montañas! ¡Yo lo oí!

¡Qué linda es la inocencia!



martes 12 de mayo de 2009

¿Quién fué Chó Plomo?


Frase usada en la ciudad y en el campo de esta isla redonda. Desde la Isleta a Tirajana pasando por San Mateo, la Aldea de San Nicolás y el Risco de Agaete. En concreto, la oí esta semana en un bar de Las Lagunetas, en la Vega de San Mateo y en el siguiente contexto:
Juego de cartas a la zanga. La partida era buenísima con jugadores de edad, sabios por atravesados y socarrones, como los canarios del campo suelen ser. Jugador que pierde y, según termina la jugada, Mauricio, el clásico espectador "repugnante" que nunca falta, le recrimina que si hubiese jugado otra carta, habría ganado. No tiene en cuenta que él está viendo el juego de todos y, claro así cualquiera. La respuesta del jugador fue esta:
-¡Pá sajorín, chó Plomo!
Viene a significar: Si yo lo hubiera sabido, lo habría hecho de otra forma. O también: Para adivino (zahorí), Fulano.
Pancho hizo enseguida la pregunta del millón:
-¿Quien sería este Chó Plomo?.
Le contestó el mismo jugador con segundas intenciones
-¡Yo lo he oído toda la vida. Y seguro que fué un pesado del carajo, todavía más pesado que el Mauricio este que no se calla, coño, ni en misa!.
Me pareció gracioso y representativo de nuestra forma de ser. Aprovecho para pedir ayuda a cualquier persona que pueda aportar quien fué Chó Plomo.






viernes 1 de mayo de 2009

El chupo


El domingo pasado Pancho, el del desarrollo rural, fué invitado a la fiesta vecinal de un pueblito cumbrero de Gran Canaria. El ambiente era de alegría, con su baile amenizado por dos guitarras, laúd y acordeón. Entre las parejas que danzaban, una le llamó especialmente la atención.

El hombre bastante alto, no menos de 1,80 mts. de estatura. La mujer bajita, quizás 1,60. Bailaba agarrada a su hombre con una mano, mientras en la otra sostenía un bastón que descansaba en el pecho de su marido. Al terminar la pieza, ella parecía cansada y él la acompañó a sentarse con ternura en su rostro. Tuve oportunidad de conversar con él y desgranando, desgranando, apareció la historia que hoy les ofrezco a ustedes.


Resulta que el amigo, vamos a llamarle Felito, estuvo mamando de su madre hasta la edad de cinco años. Hoy ronda los noventa y esa misma edad cumplirá en noviembre, su dama. Tiene gran simpatía personal y es de lo más expresivo con sus gestos de cara y manos.

Me lo contó así:

-Cuando tenía alrededor de cinco años, jugaba aquí mismito con mi primo Manuel que tiene la misma edad que yo. Al caer la tarde, mi hermana mayor me venía a recoger para llevarme para la casa.

-¡Felito, vamos casa que ya es de noche!.
Refunfuñando le contestaba:
-¡Que me dejes aquí jugando con mi primo!. ¡Vete tú, que yo voy cuando termine de jugar!.
Era el momento en que mi hermana aplicaba su truco de siempre para que le siguiera
-¡Mamá, que vayas darte un chupo!

Al oirlo, salía como un volador para la casa. Un chupo era justamente lo que ustedes suponen, darle un poco de teta al niño porque aunque tenía cinco añitos no lo habían despegado (destetado) todavía. ¡Äy, aquellos años de la escasez!


La historia me la contó poniendo cara de pícaro el protagonista y la remató con esta otra que hay que entenderla en su contexto y tratarla con el respeto y cariño que se debe a estas personas y a su edad.

Decía haciendo gestos explicativos con las manos

-Mi madre tenía unos pechos grandísimos. Recuerdo como si fuera ahora mismo que cuando terminaba de mamar de uno para pasar al otro, me quedaba enchumbado en sudor, como un baifito jarto de leche.

Y terminando de hablar se levantó, invitando a bailar, esta vez a mujeres nuevas. Quiero decir jóvenes, y ¡vaya arte, cristiano!. Al cabo de tres o cuatro piezas andaba mi hombre cansado y nos sentamos junto a su señora para tomarnos unos pizquitos, disfrutando la conversación que continuará cuando nos encontremos de nuevo. Hasta nos hemos puesto de acuerdo en la fecha. Adelantarles que Felito es una biblioteca de las buenas, buenas.

viernes 24 de abril de 2009

¡Al cálcalo!


Ceferino es un agricultor de cierta edad, chapado a la antigua. Sigue en esta época de la agricultura ecológica, de la energías limpias, de la biodiversidad, del ahorro energético y demás vainas, regando "a manta" las papas, el millo y lo que sea. Guarda sus semillas de un año para otro y no cambia la forma de cultivar, sigue haciendo las cosas como lo hacía su padre.
Es hombre de tradiciones y no planta ninguna semilla moderna. Como veterano sabe cosas como que en esta época no se planta, porque "quien planta en Abril, recoge rama y raíz".
El ayuntamiento lo está acechando porque sospecha que es él quien rompe las tuberías de saneamiento a su paso por las tuneras de su propiedad. La verdad es que los tunos engordan que dá gusto. Él lo niega y le echa la culpa a las tuneras dice que las raíces "apretan" la tubería y la estalla como un cartucho. ¿Y que culpa tiene él?. Pancho lo ha visto de madrugada rompiéndola pero él no dice nada. Que cada cristiano jale por su cachimba, ¿vale?
Lo cierto es que está cogiendo unos tunos como puños y ¡se está forrando, el caballero!.
A Pancho le sorprenden esos riegos por la noche y más aún que busque cambiar el turno. O sea le toca regar por el día y prefiere hacerlo por la noche. Dice que por el día el agua mengua. Me extraña que para regar en noches oscuras, solo lleve el sacho pero ninguna linterna para alumbrarse. El otro día hablamos y le dije
-¡Ceferino, pásate por mi casa que tengo allí una linterna y te quedas con ella. Tiene hasta las pilas nuevas! ¡No sé como coño, te las arreglas para regar al oscuro!
-¡Igual que por el día!
-¡Sí. Pero amigo, hay que llenar las pozas y unas se te quedarán cortas de agua y las de al lado se te rebosarán, digo yo!
Su respuesta fue la que me desternilló de risa
-Pancho, parece mentira que me lo diga usted: eso se hace ¡Al cálcalo!
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La palabra es bonita, ¿por qué no hacemos campaña para que se incorpore al Diccionario de la Lengua?. Quedaría más o menos así en el diccionario:
Al cálcalo.- Palabro originario de las Islas Canarias. Utilizada por el agricultor Ceferino, el de los tunos.
Sinónimo de Al cálculo.

miércoles 22 de abril de 2009

La décima de Fidel


El 23 de Junio del año pasado escribí unas notas sobre un peculiar personaje. Se titulaba: El amigo Fidel.
Terminaba la historia diciendo que Fidel sabía muchos puntos cubanos y que iba a intentar recogerlos. Pues bien, ya conseguí uno que les ofrezco a Vds. y dice así:

Mi suegra, doña Pepilla
Se ha perdido en muchas rutas
Y se ha puesto a vender frutas
Sola, en una carretilla

Ya se peló la rodilla
La pobre de trajinar
Empujando sin cesar
La carretilla de mano
Porque no hay un ser humano
Que se la quiera empujar

Ayer temprano cargó
La carretilla de anones (1)
De fruta bomba (2), melones
Naranjas y qué sé yo

Los melones los vendió
En la primera pasada
Pero regresó cansada
Y dijo engruñando el ceño
¡Ay, la fruta bomba la enseño
Y nadie me dice nada!

Seguro que una chiquilla
Si es bonita y no se ofusca
Vendiendo fruta se busca
La plata en la carretilla

Pero mi suegra Pepilla
Que es vieja y llena de huesos
Se le hacen agua los sesos
Y me dice al regresar
Ay como he tenido que dar
la fruta pá hacer dos pesos.

(1) Mientras me lo recitaba le paré y dije:
-¿Danone, Fidel? ¿Eso no es una marca de yogur?
-¡Oiga, pues sí, eso parece, pero yo tengo en mí que es una fruta!
Le contesté diciendo que lo iba a buscar y le diría lo que encontrara en el diccionario o en Internet. Lo encontré y, efectivamente, es una fruta cuya fotografía y descripción les ofrezco a ustedes, por si les interesa.

Nombre común o vulgar: Anón, Anona, Anona blanca, Anona del Perú, Riñón

Nombre científico o latino: Annona squamosa

Familia: Annonáceas (Annonaceae).

Origen: se encuentra bastante distribuido en la región tropical y subtropical de América Latina.

Son países productores Perú, Cuba, Puerto Rico y en general, la mayoría de países de centroamericana y otras islas del Caribe.

El Anón es una fruta parecida a la chirimoya, con escamas exteriores muy pronunciadas.

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(2) La fruta bomba es para nosotros, el papayo o la papaya.

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¡De nada!

sábado 18 de abril de 2009

Dos de barberos


Desde siempre se les ha achacado a los barberos que son muy dicharacheros, esto es, que hablan mucho y están al corriente de todo. Vamos, una especie de periódico del pueblo o barrio. Recuerdo a mi padre decir que cuando iba a que le cortaran el pelo, su barbero siempre hacía lo mismo. Primero le hablaba de fútbol, si no entraba al trapo, pasaba a la política y si tampoco, entonces hablaba del último cliente que se levantó de su asiento. Sin que esto signifique que todos son así, sí digo que siendo o no verdad esta es la fama que les ha quedado.

Hoy quiero contarles dos casos de barberos que quizás pueda hacerles sonreir.

El primero, ocurrió en Arucas. Su personaje central don Antonio, agricultor platanero y exportador, célebre por sus “golpes” y rapidez mental. Como diría el canario: ¡Oiga, un hombre que siempre la tiene preparada. Y te dá unos parones de aquí te espero. Educado sí es, porque él no le falta a nadie, pero también es verdad que no le aguanta ni a su madre. Lo que tiene que decir, lo dice y ya está!.

Don Antonio va siempre trajeado, incluso a diario, de chaleco y corbata, tocado con sombrero y su reloj de leontina. Hoy no tiene muchas ganas de charla porque ha tenido un día malo. Se acerca a la barbería para arreglarse, dentro está el barbero y tres vecinos desocupados charlando de lo divino y lo humano, mientras otro más lee el periódico en un rincón. El sillón del barbero, vacío. Nuestro personaje entra y saluda.

-¡Buenos días, señores!.

El barbero contesta el saludo y pregunta:

-¡Buenos días, don Antonio! ¡Vaya sentándose que ya voy!.

Don Antonio sin contestar palabra toma asiento. El barbero le pone el paño por encima y vuelve a la carga.

-¿Cómo quiere que le arregle?

Su contestación fue autoritaria, rápida y escueta:

¡Ca-lla-do!.

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La segunda historia corre por los ambientes rurales de la isla de Tenerife. Me la contó con su natural simpatía el amigo Pedro Molina, de La Laguna.

Nos tenemos que situar en una de aquellas barberías antiguas. Sobre ellas he escrito anteriormente en La barbería .

Es el caso de un barbero que está “pelando” a su cliente con una de aquellas maquinillas antiguas, como la que se muestra en la foto. Los tirones que le daba en el cuello lo tenían a mal traer. Huía continuamente de los pellizcones que le daba el barbero con la dichosa máquina. Estaba a punto de levantarse por no poder aguantar el dolor cuando coincidió que en la calle se oyó un fuerte frenazo de un coche y a continuación los ladridos lastimosos de un perro que al parecer resultó atropellado. El barbero oyendo los lamentos del animal, dice:

-¿Qué le habrá pasado al perrito?

A lo que contestó el cliente con aire de sufrimiento:

¡Lo estarán pelando!

sábado 11 de abril de 2009

¡Casi nadie Antoñito!

Cuando Pancho tenía alrededor de 12 años, estudiaba tercero de bachiller en el colegio de don Antonio Ojeda -hoy Colegio Arenas- del barrio de Las Alcaravaneras, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

Durante las vacaciones andaba siempre con el hijo de una vecina que le daba golosinas y, algún dinero de vez en cuando para ir al cine a cambio de "aguantarlo". El niño se llamaba Antoñito y era muy, pero que muy despierto con sus seis años o quizás menos. Tenía un "poblema", vocalizaba muy mal y apenas se entendía lo que hablaba. Pancho le cogió cariño pues le vió crecer y además se convirtió para la madre en una especie de traductor-intérprete que condujo alguna vez a a situaciones como ésta.

Hoy la madre le había preguntado por los regalos que quería que le echaran los Reyes Magos.
-¿Pancho, tu entiendes que está diciendo el niño?

- ¡A ver Antoñito que le dijiste a tu madre!

-¡Que me taigan una plestineta, una polota y una catarra!.

Dicho además muy rápido. Así y todo Pancho trasladó sobre la marcha:
- ¡Quiere una patineta, una pelota y una guitarra!

Sigamos con el niñito y sus cosas. Un día, -seguro que era Jueves, día de sesión continua en el cine o fémina, como se decía antes- Pancho fué con su amigo Ismael a a coger dos sacos de hierba para las cabras y se llevaron al recorte de Antoñito.

Llegó el mediodía y tenían dos sacos llenos cada uno. Los anudaron y cargados al hombro tomaron rumbo para la casa. Allí sus madres les darían media peseta para ir al cine. En esa época costaba 25 céntimos, los tres bancos primeros y 50 céntimos -media peseta- las butacas.

Y continuamos con la historia de la hierba. A mitad de camino, al llegar al fondo del barranco descargaron para descansar y al tirar los sacos contra el suelo en los de Pancho sonó algo raro, duro, como cristal . Al abrirlos, para la comprobación oportuna Antoñito salió corriendo como un tiro, señal que sabía lo que estaba pasando. El chiquillo de los cajones le había metido cuatro piedras grandes -dos en cada saco- bien escondiditas en medio de la hierba para reirse de él. Y ahora le estaba mirando allá lejos haciendo señas como riéndose de él . ¿Qué les parece la broma del niñito con solo seis años?.

No exagero si digo que pesaban las cuatro piedras alrededor de 8 kilos. ¡Con razón venía derrengado! ¿Fuerte falta de respeto? Ismael se reventaba de risa y hoy al leerlo, lo recordará con cariño, porque siempre le ha gustado ver perder a Pancho. ¡Esos son los amigos que tiene!

Durante dos días, Antoñito -con sus cinco años y medio, el caballero- no se dejó ver. ¿Se han dado cuenta que de repente me vino a la memoria la edad justa del pollito?.

Cabreado, Pancho se llegó a la casa, tocó a la puerta y preguntó:

-¿Rosarito, le pasa algo al niño que llevo días sin verlo?

La madre contestó:

-¡Panchillo, yo sé lo que pasó y el niño te está cogiendo miedo! !Perdónalo, hombre!

-¿Que lo perdone? ¿Usted sabe la cantidad de veces que el machango éste me ha hecho cosas como esta?. ¡Su niño no me respeta, Rosarito! A mí lo que fastidia son las risitas de los demás. ¡Oiga, que no tiene todavía seis años, el niñito! ¡Pá hablar no es muy despierto pero pá hacer perrerías que lo llamen a él! Como siga así de burletero va a llegar a catedrático!

Y hoy reflexionando me pregunto para mí, para mis adentros:

¿No aguantaría yo las perrerías del dichoso Antoñito por las golosinas y el dinerito pál cine que me daba la madre por el cuido, en una época tan precaria para el asunto de la economía ? ¿Como no iba yo a perdonar al niño? ¿Ustedes saben que las penas con pan son menos penas?

¡A mi me da que la madre en el fondo era una abusadora, conocedora de mi falta de liquidez!

¡Qué tiempos!

martes 7 de abril de 2009

El pájaro de Lorencita



En el barrio de un pueblo de las medianías de la isla de Gran Canaria había tres escuelas, dos de niños y una de niñas. Los niños se repartían en dos de ellas a gusto de sus padres, siempre que el equilibrio numérico se mantuviera.
La vida escolar se ajustaba a la siguiente rutina diaria:
Entrada a las nueve de la mañana, en el patio de la escuela había instalado un pitón seco (el palote de la flor de la pita) que hacía de mástil. Allí se colgaba la bandera española a los acordes del “Caralsol”, “Por Dios, por la patria y el rey” o el “Prietas las filas” que cantaban los alumnos puestos en hileras, con la mano derecha tiesa, apuntando a la bandera.

A lo largo de la mañana se impartían las clases y al salir……. otra vez lo de la bandera.
Quiero aquí explicar que en todas las casas habían cacharros -les decíamos latas- que servían para transportar el agua desde el pilar (grifo de agua pública) hasta las casas, pues en esa época no había suministro de agua domiciliaria. Se hacían dichos cacharros acondicionando envases de pastillas o de aceite de comer –de oliva- , preparándolos poniendo un alambre en la parte superior para poder transportarlo, sea con un gancho o a mano.
La mayoría de los chiquillos llegaban a la casa corriendo a buscar el cacharro para ir a buscar el “tabique” o “tabefe” (suero de la leche, sobrante de la elaboración del queso) que les daban en el cortijo o finca de fulanito o menganito.
Los cortijos –palabra muy poco usada en las islas, pero que se mantiene en algunos municipios de Gran Canaria- son pequeños latifundios (véase la contradicción entre pequeño y latifundio, pero así me lo contaron) donde se mantienen rebaños de cabras y ovejas exclusivamente para obtener la leche para el queso. A mí me gusta más, oir como dice el pastor: uvejas. Las señoras que lo estaban elaborando, contaban a los chiquillos y repartían el líquido que había, equitativamente.
Una de las escuelas estaba cerca de la casa de una señora, llamada Lorencita mujer muy aficionada a los pájaros. Tenía el corredor de la casa lleno de jaulas de canarios que cantaban que era un gusto. En el portal había una preciosa jaula en la que cantaba un pájaro “mulo” , para ella era el mejor de todos, hasta que un día se lo robaron.
Lo primero que se le ocurrió a la buena mujer fue pensar que a alguno de los chiquillos de la escuela le entró la tentación y apresuradamente recurrió al maestro para contarle lo sucedido.
El maestro, cuando estaba en clase y sospechando de uno de ellos, lo llamó a la tarima y con la vara en la mano, dijo:
-¡Vicente, Lorencita tenía en el portal, una jaula con un pájarito dentro … ¿tu fuiste el que se llevó la jaula?
- ¡No, señor maestro, yo no le ha visto el pájaro a Lorencita!
- ¿Seguroooo, Vicente?
- No, señor maestro, ni se lo ha visto, ni se lo ha cogido!






Agradecimiento a Hnavcar