Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

El abuelo de Paola


Pancho tiene una nieta: Paola. Como buen abuelo está que se le cae la baba hablando de lo lista y guapa que es su niña.

Hace algún tiempo la llevó de excursión a conocer la Fortaleza de Ansite, lugar donde la tradición indica que Bentejuí y otros alzados, al grito de Atis Tirma, prefirieron lanzarse desde la cima al vacío, antes que rendirse a los conquistadores.


Fueron equipados con agua, bocadillos y chocolate. Cuando subieron a la gruta, la niña iba preguntando por todo y Pancho aprovechaba para entre bromas intentar explicarle lo que allí ocurrió, según la historia. Desde luego, obviando la tragedia citada que todavía no tiene la niña maduración suficiente para según qué cosas.


Entre sus bromas le contaba que los antiguos canarios eran muy altos, tan altos que apenas cabían en la cueva. Cada uno era más o menos como tres hombres de alto y dos de ancho. Como decía Pancho, eran como solares. Hoy somos todos enanos. Hablando desde el púlpito de piedra que allí existe parecía un maestro de escuela, mientras la niña escuchaba atentamente sus palabras .


Al salir de la gruta por la puerta norte y sabiendo que existe eco, el abuelo empezó a gritar:

- ¡Paoooola, Paola!

El eco respondía, hasta seis veces

-¡Oooooooolaaa, oooooola, oooola, oola!

La niña intentó hacer lo mismo gritando:

- ¡Paooola, Paola!

Pero incluso chillando su voz es muy bajita, y no llega a percibirse el eco.

- Abuelo ¿porqué a mí no me contesta?

- ¡Porque a mí me conoce desde hace mucho tiempo. Por eso me saluda y me dice hola.


Lo intentó un par de veces más y como no le contestaban dejó de llamar y seguimos caminando entre las cuevas. Ella se escondía y al pasar salía a asustar al abuelito, que se hacía el sorprendido. Después de merendar fuimos a ver la presa desde el Mirador de la Sorrueda y después de hacerle unas fotos nos fuimos para la casa. Al llegar a la plaza me dijo que parara. Lo hice y salió del coche hasta donde estaban los niños jugando. Desde lejos, escuché el comentario que orgullosamente les hacía:

- ¡Niños, ¿Ustedes saben una cosa? ¡Mi abuelo habla con las montañas! ¡Yo lo oí!

¡Qué linda es la inocencia!



9 comentarios:

DORAMAS dijo...

Como nos ponen la enseñándoles de todo y parecen esponjas, se quedan con todo.
Felicidades, abuelo.

Anónimo dijo...

CHO PANCHO LE ENCUENTRO DE VERDAN Y POCO CHOCHO CUIDESE ...

Anónimo dijo...

Aprovecho la presente para hacer ciertas precisiones sobre los bravos "alzados", en principio no eran "alzados" ya que ellos estaban en su casa tranquilamente cuando fueron invadidos.No fue un alzamiento como el que muchos blogeros añoran dirigido desde al lado del asadero de pollos de la plazuela.

Otra imprecisión muy comun es decir que los aborigenes eran muy altos, rubios y con ojos azules, vamos tios arios en plan Mr y Ms Suecia, y los godos feos bajos y renegridos que los invadieron, solo hay que ver las momias resecas de las 4 museos abandonados (tampoco hay nada que ver, algún hueso de pollo....)para ver que los habitantes prehispánicos ni eran altos ni rubios ni tenian ni idea de nada (los tios ni habian inventado la rueda, ni usaban la agricultura, ni la construcción o sean que eran unos pobres trogloditas o sea habitantes de las cavernas, quizas prefieran cavernícolas, sin ninguna inquietud cultural ni artística, ya que no existian subvenciones.

En Tenerife han datado construcciones de la época de Adan en forma piramidal, llamadas las piramides de Guimar posteriores la Loro Parque y previas al Siam Park.

Dejemos las historias romanticas sobre los pobrecitos para los niños y centremonos en la realidad que con la llegada de España, desparecio mucha jambre y piojos de estos señores, y que tenemos en la actualidad más que ver con la corona de Castilla, que con esa pobre gente asentada en grutas que no alcanzaban el grado de civilización. No busquen raices donde no las hay porque vdes no son los indios, son los descendientes del General Custer.

De lo de Pancho hablando por las montañas, no hace falta que lo juren, verlo vagando en taparrabos por la presa de sorrueda hablando solo como el Mencey loco de la canción no me sorprendería.

Anónimo dijo...

No se le puede negar a su anónimo veneciano cierta dosis de imaginación. Es como la vaca Flora que cuando se la m... chilla y cuando se la s..... llora.
Me divierte

Antonio dijo...

Don Pancho, me dicen que estuvo por la cumbre hablando con los pastores. ¿hay buen queso por airriba?

Moisés dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Moisés dijo...

La inocencia es como el primer vaso de agua que calma nuestra primigenia sed, se pierde con el primer trago.

Rosario Valcárcel dijo...

Mi querido amigo: Qué historia tan entrañable. Me ha encantado.
Dos besos grandes grandes, uno para ti y otro para Paola.


Cande Rguez... dijo...

Preciosa excursión compañero, me alegra mucho esa conexión que tienes con tu nieta.
Los abuelos nunca son olvidados por sus nietos siempre que exista ese lazo de confianza y amor, no permitas nunca se rompa ese hermoso hilo de seda...