Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

Jambre o Gazuza



Fotografías tomadas de la red

Ahora que estamos en crisis, vamos a recordar otros tiempos en los que también el canario las pasó canutas. Fueron esos años después de la guerra civil, en los que no había nada que llevarse a la boca. La gente del campo tenía alguna ventaja pues los alimentos (pocos) los sacaban de la tierra. La labranza daba legumbres, verduras, el millo para el gofio y los animales: leche, queso y carne. Quien vivía en el campo y no tenía tierras, ese sí que lo pasó mal. Si cogía leña para hacer el fuego, lo denunciaban y menuda era la guardia civil de entonces. Alguno estuvo más de seis meses en la cárcel por robar una gallina para dar de comer a sus hijos.
De ese tiempo, dos décadas siguientes al fin de la guerra civil, les cuento dos historias de niños que me parecen tiernas y reveladoras.
La primera ocurrió cuando la abuela –una abuela cualquiera, que bien pudiera ser la mía- dijo a sus nietos que invitaran a merendar a los dos niños gemelos del vecino.
Llegada la hora de la comida, la abuelita puso bien ordenaditos sobre la mesa ocho vasos de leche, a uno por cabeza. Seis para los nietos, más dos para los gemelos. Al término, uno de los nietos se dirigió a la abuelita en estos términos:
-¡Abuela! ¿Y mi vaso de leche?
-¿No te lo bebiste?
-¡No hay!
Uno de los gemelos, contestó con la mayor naturalidad:
Pós, yo me comí dos!
Fíjense bien que no dijo, me bebí, sino me comí. Mi abuela, con una sonrisa en su cara al ver la naturalidad del niño, se dirigió a la cocina y trajo un vaso de leche más para mi hermano.

La siguiente, es una estampa que tengo en la memoria.

Cuando mis padres nos dejaban en casa de los abuelos, todas las tardes nos reuníamos en la puerta de la cueva, a la sombrita. Entonces salía mi abuela a contarnos cuentos.
Nos sentábamos a su alrededor y ella, metiendo la mano en el bolsillo derecho del delantal, iba sacando un trozo de pan bizcochado para cada uno. Cuando terminaba con el último de mis hermanos, empezaba con el bolsillo izquierdo y de él, iba sacando un higo pasado, para cada niño. Al día siguiente, cambiaba y repartía el bizcocho y del otro bolsillo, un tuno pasado, o unas almendras. Un día hubo reparto extraordinario: una pastilla con forma de limón, además de la tapa de bizcocho.
¡Por si no lo sabían, un tuno o un higo pasado, eran golosinas! ¡No les digo nada de la pastilla de limón! ¡Exquisiteces!
Saludos
...o0O0o...
Gazuza: Hambre
Sinónimos: hambre, apetito, apetencia, carpanta, gana, gusa

6 comentarios:

aroh dijo...

Me encantan tus escritos, Un Saludo compadre

Bencomo dijo...

Me pregunto, don Pancho, que
de donde,saca el material para sus historias.
Me pregunto y creo conocer la respuesta. Sentir lo nuestro y buscar la esencia oyendo a nuesta gente, especialmente a las personas mayores. Un abrazo y siga palantre que es una delicia leerle.

DORAMAS dijo...

Siempre das en el clavo. Estas cosas son las que hay que explicarles a los jóvenes.

pancho dijo...

Gracias a los tres por sus comentarios. Saludos

Moisés dijo...

Ya me contaba mi madre, que tenía diez años cuando terminó la guerra y me decía que mi abuelo se acercaba a la costa con un mechón de petroleo a coger cangrejos y pulpos y algún "pescao" para "troquiar" por algo de verdura fresca o queso. Y que cuando no había que echarse a la boca, machacaban las espinas de los "pescaos" para mezclaros con gofio y leche. Aquello si eran necesidad...En fin Pancho, sigue recuperando el pasado, ya sabes el pueblo que olvida su pasado...

Anónimo dijo...

Precioso, Moisés.