Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

La mula de Rafaelito


Rafaelito Santana, hombre bruto donde los haya, tenía varios oficios y entre ellos el que más le gustaba era el de arriero (1). Para ello, contaba con un par de buenas mulas.

La casa donde vivía estaba sobreelevada de la carretera por lo que tenía muy buenas vistas sobre todo lo que ocurría en el pueblo. Lo que se conoce como unas casas muy “goledoras”. Cuando digo casas, me refiero a habitaciones o compartimentos, pues es así como el canario antiguo describía su propiedad.

La frase: Mis casas del pueblo -hoy se entiende como que tenía más de una vivienda- venía a significar lo siguiente:

-¡Tengo dos habitaciones, una cocina hecha con paredes de piedra seca, una estercolera (génesis del actual cuarto de baño) y un cuarto para las mulas!

Sigamos pues, describiendo. Este alpendre para las bestias estaba situado en la parte más alta de la casa y se accedía por la parte de atrás. Era como un pequeño almacén con sus dos puertas grandes y como único respiradero, para cuando estuviera cerrada la puerta tenía un ventanuco pequeño desde el que Rafaelito -subido sobre un pequeño banco- vigilaba escondido, mejor dicho acechaba, a todo el que pasaba por la carretera. Su tendencia, de manera especial, era por las muchachas nuevas y por las parejas de novios que pasaban bromeando al creer que nadie les escuchaba. Porque ¿quién iba a pensar que habría alguien mirando o escuchando?

Pues bien, estando una noche, siendo oscuro ya, en tan “noble tarea” recibió una patada de una de las mulas que lo dejó “bardado” en el suelo. Rafaelito gimiendo y en un susurro llamó a Antoñita, su mujer, con estas palabras:

-¡ Antooonia, trae el “clinque” (2) y alumbra aquí, mujer, que la mula dió una patada. Y no sé si me la pegó a mí o a la pared. Porque como fuese a mí, me partió la pata!



(1) arriero m. Persona que trajina con bestias de carga: los arrieros iban de un pueblo a otro con las mulas.

(2) quinqué m. Lámpara portátil de petróleo o aceite con un tubo de cristal para resguardar la llama.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Rafaelito me recuerda a uno, que tambien tiene un cachito..., algo novelero el.

DORAMAS dijo...

Este país, esta lleno de agujeros para mirar,lo que ocurre, es que algunos lo utilizan para "golisnear".
Y mira que gusta el golisneo.

Anónimo dijo...

Esta bien que haga notas aclaratorias abajo, al finalizar sus batallitas, ya que por lo que veo este blog esta dirijido a personas de nivel cultural medio-bajo, le ruego prosiga en esta labor de socializar e integrar al pueblo llano, y colectivos de la 3 edad en la era tecnológica, la pena es que muchos no hagan comentarios, al no saber utilizar la herramienta por lo que opino que en beneficio del blog debería hacerla mas intuitiva. Ya que muchos por la desconfianza que les genera dar sus datos y mas cuando en el cuestionario para registrarse se pide el numero de cuenta corriente, de tarjeta de crédito, así como numero secreto, no hacen comentarios. Le ruego prosiga. Asimismo he visto una disminucion de comentarios desde que explotó el escandalo de la burbuja de la solidaridad.

Otra vez más me maravilla, como este blog ha sido premiado por tan prestigiosos organismos.

Reciba un cordial saludo

Anónimo dijo...

Ese anónimo es un Ramirez en toda regla.....