Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

Dos de barberos




Desde siempre se les ha achacado a los barberos que son muy dicharacheros, esto es, que hablan mucho y están al corriente de todo. Vamos, una especie de periódico del pueblo o barrio. Recuerdo a mi padre decir que cuando iba a que le cortaran el pelo, su barbero siempre hacía lo mismo. Primero le hablaba de fútbol, si no entraba al trapo, pasaba a la política y si tampoco, entonces hablaba del último cliente que se levantó de su asiento. Sin que esto signifique que todos son así, sí digo que siendo o no verdad esta es la fama que les ha quedado.

Hoy quiero contarles dos casos de barberos que quizás pueda hacerles sonreir.

El primero, ocurrió en Arucas. Su personaje central don Antonio, agricultor platanero y exportador, célebre por sus “golpes” y rapidez mental. Como diría el canario: ¡Oiga, un hombre que siempre la tiene preparada. Y te dá unos parones de aquí te espero. Educado sí es, porque él no le falta a nadie, pero también es verdad que no le aguanta ni a su madre. Lo que tiene que decir, lo dice y ya está!.

Don Antonio va siempre trajeado, incluso a diario, de chaleco y corbata, tocado con sombrero y su reloj de leontina. Hoy no tiene muchas ganas de charla porque ha tenido un día malo. Se acerca a la barbería para arreglarse, dentro está el barbero y tres vecinos desocupados charlando de lo divino y lo humano, mientras otro más lee el periódico en un rincón. El sillón del barbero, vacío. Nuestro personaje entra y saluda.

-¡Buenos días, señores!.

El barbero contesta el saludo y pregunta:

-¡Buenos días, don Antonio! ¡Vaya sentándose que ya voy!.

Don Antonio sin contestar palabra toma asiento. El barbero le pone el paño por encima y vuelve a la carga.

-¿Cómo quiere que le arregle?

Su contestación fue autoritaria, rápida y escueta:

¡Ca-lla-do!.

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La segunda historia corre por los ambientes rurales de la isla de Tenerife. Me la contó con su natural simpatía el amigo Pedro Molina, de La Laguna.

Nos tenemos que situar en una de aquellas barberías antiguas. Sobre ellas he escrito anteriormente en La barbería .

Es el caso de un barbero que está “pelando” a su cliente con una de aquellas maquinillas antiguas, como la que se muestra en la foto. Los tirones que le daba en el cuello lo tenían a mal traer. Huía continuamente de los pellizcones que le daba el barbero con la dichosa máquina. Estaba a punto de levantarse por no poder aguantar el dolor cuando coincidió que en la calle se oyó un fuerte frenazo de un coche y a continuación los ladridos lastimosos de un perro que al parecer resultó atropellado. El barbero oyendo los lamentos del animal, dice:

-¿Qué le habrá pasado al perrito?

A lo que contestó el cliente con aire de sufrimiento:

¡Lo estarán pelando!


5 comentarios:

Anónimo dijo...

¡Coño, a estas horas de la noche y estás poniendo historias, Pancho¡
No paras. Cuando te vea, te voy a contar uno que estoy seguro que te gustará. Buenas noches, mi hermano.

Anónimo dijo...

Cho Pancho está Vd. como el reloj de su blog

Anónimo dijo...

Estas también me hicieron sonreir Papá...gracias.

DORAMAS dijo...

Recuerdo un barbero que me pelaba de chico y lo que mas recuerdo, era la tabla que ponía sobre los apoya brazos del sillón para que me sentara encima y ponerme a su altura. Estaba en la calle Obispo Rabadán, cerca de Víveres California.
Como pasa la vida.

Anónimo dijo...

Que pasa con el blog hace por lo menos 2 semanas que no le han dado ningún premio, parece que el tonto de los premios esta muy ocupado pelandose