Esta hoja no tiene más pretensiones que plasmar por escrito, para no olvidarme de aquellos momentos o situaciones que provocaron en mí una sonrisa, preferentemente historias relacionados con la socarronería del hombre o mujer del campo canario, o como decimos aquí, de los magos o maúros.

El beso robado

En la niñez e inicios de mi pubertad, 13-14 años, la educación sexual de los jóvenes no existía. Aprendíamos con los amigos lo que era una cosa y otra, pues en  casa nadie trataba esos temas, especialmente con los hijos varones. Las niñas, siguiendo la tradición eran enseñadas (aleccionadas, como hoy)  por sus madres. Aporto una frase clarificadora que escuché de una abuela a sus nietas:
-¡Mis niñas, ustedes salten y brinquen, pero guarden el albaricoquero!
Porque a diferencia de los niños, las niñas se quedan embarazadas. Y la frase no necesita más explicación ¿verdad? ¡Y con todos mis respetos, este no es un blog porno!
Sigamos. Entre los niños,  el que no sabía del asunto, que éramos todos, inventaba (mentía) para no quedarse atrás y así recuerdo la siguiente experiencia de mi despertar al tema.
En el colegio, había un chico de nombre Mauricio que era un ligón. Alto, moreno, guapillo, lo cierto es que le veía siempre rodeado de chiquillas. Todo el día dando besitos en la mejilla a las niñas, a veces hasta en conjuntos de cuatro. ¡Vamos, era la envidia del personal! Un día en el colegio, a la hora del recreo,  nos decía –pontificaba- que los labios de una mujer sabían a caramelo. ¡Dulcitos, dulcitos! Aquello me estuvo dando vueltas en la cabeza toda la semana. Y vean cual fue la experiencia. El domingo por la tarde, quedé con una niña de mi agrado y fuimos juntos al cine.
Al volver, fuimos paseando hasta la entrada de su casa, pero esta vez, en lugar de marcharme cuando llegaba a la puerta como siempre, cambié y me metí en el zaguán ¡y en un segundo! Le di un beso, pero medí tan mal las distancias que casi nos partimos los dientes. ¿Qué dientes? Las paletas, para mi; para los finos y educados, los incisivos.
El lunes por la mañana, esperé a estar en el patio del colegio con la misma tertulia. Y según llegó Mauricio, sin anestesia ni nada,  le solté estas palabras:
-¡Vete pallá, batata(1)! ¿Qué los labios sabían a caramelo? ¡Mentiroooso, eso no sabe a nada!
Se acabó……………………….
Saludos

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(1) Batata.- Tubérculo parecido a la patata, pero de sabor dulce.Boniato.
                     En algunos sitios de Canarias, sinónimo de mentira o mentiroso.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

yaaas Pancho!!! menuda fiera!!!
un abrazo desde Granadilla tio Pancho!!

TROYA dijo...

Hola Pancho. He paseado un rato por tu blog y me he divertido. Ya nos iremos viendo y leyendo.
Recibe un cordial saludo.